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La mayoría de las aventuras bélicas de Estados Unidos han buscado no sólo asegurarle recursos naturales, sino frenar su debacle financiera. Husein, Gadafi y ahora Bashar al Assad han tenido en común que han renunciado al dólar y con ello debilitaron aún más a la moneda. Con guerras, Estados Unidos busca alargar la agonía de su endeudado y volátil sistema financiero, explican especialistas

 
Alberto Rabilotta/Prensa Latina
 
Montevideo, Uruguay. La ya endémicamente peligrosa coyuntura en Oriente Medio se agravó con la adopción por la Unión Europea del embargo sobre las compras de petróleo y petroquímicos iraníes, acompañadas por otra tanda de sanciones contra el Banco Central de Irán.
 
Cuando aún no se cumple el primer aniversario de los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para cambiar el régimen en Libia, Trípoli, y se ven signos de una guerra civil con los combates entre las facciones “revolucionarias” y los ataques de los simpatizantes del derrocado político y militar libio Muamar el-Gadafi, los gobernantes de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y otros países de la Unión Europea que reclamaron una acción rápida contra el gobierno de Trípoli están exhortando a acciones militares contra Siria e Irán.
 
Todo esto en el contexto de la crisis financiera y económica que azota a la Unión Europea, con secuelas de desempleo y empobrecimiento masivo, y que va camino de convertirse en una “guerra monetaria” por los niveles estratosféricos de endeudamiento de países occidentales, en particular de Estados Unidos que financia su endeudamiento gracias a la primacía del dólar como moneda de reserva y de pago para las transacciones comerciales mundiales.
 
Muchos países ya están buscando una alternativa al dólar estadunidense porque, con el nivel altísimo de endeudamiento de Estados Unidos, la divisa carece de un respaldo sólido a mediano y largo plazos, y por lo tanto no es una moneda de reserva confiable.
 
Incluso el Fondo Monetario Internacional planteó, hace menos de un año, que era necesario buscar una opción al dólar. Otros países la quieren para liberarse de las presiones y sanciones de Washington y sus aliados europeos, y también para corregir las distorsiones en los términos de intercambio que actualmente provoca el uso casi exclusivo del dólar para el comercio mundial de materias primas.
 
 

Billete verde y oro negro

 
El analista y periodista brasileño Pepe Escobar, que desde hace años cubre la lucha de intereses imperialistas en los países clave por sus riquezas en hidrocarburos o porque son el tránsito ideal u obligado de los ductos para transportar petróleo o gas natural a los mercados occidentales, escribió a mediados de enero pasado (The myth of “isolated” Irán, http:// atimes.com y www.tomdispatch.com) que la “línea roja” en la crisis iraní no es la cuestión nuclear, sino el petróleo y los petrodólares.
 
Washington y sus aliados europeos quieren provocar un cambio de régimen en Irán –país que cuenta con más del 12 por ciento de las reservas globales de hidrocarburos–, para lo cual han lanzado una guerra monetaria destinada a provocar una “megadevaluación” del rial iraní mediante sanciones decididas por el Congreso estadunidense, en diciembre de 2011, a los bancos y empresas que hagan transacciones con el Banco Central Iraní.
 
Esta política, de acuerdo con Escobar y otros analistas, no tendrá necesariamente los resultados esperados, porque esas agresiones apuntalarán la política de “sustitución de importaciones” (que tanto sirvió en el pasado y que sirve actualmente muchos países suramericanos) lo que generará empleos, facilitará la exportación de productos iraníes –que no son del ramo petrolero– y consolidará en el mercado iraní la predominancia de China como proveedor de bienes industriales y de alta tecnología.
 
Irán no está tan aislado como Washington quisiera. El gasoducto Irán-Pakistán –indica Escobar– está en marcha y el primer ministro paquistaní, Yusuf Gilani, visita con frecuencia Teherán. El presidente afgano, Hamid Karzai, asegura que quiere estrechar lazos con Irán, y hasta las autoridades de Turquía, que actúa como punta de lanza contra el gobierno sirio en estos momentos, han “señalado su rechazo a más sanciones de Estados Unidos contra el petróleo iraní”, porque Turquía quiere ser la nación por la cual pase el gasoducto que “algún día” llevará el gas iraní a Europa.
 
Los analistas latinoamericanos, los que no están sujetos al filtro mediático europeo o estadunidense, saben que la reciente gira del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, por varios países de América Latina –región donde si alguien está aislado es Washington– fue exitosa. Y en Asia, donde están los principales clientes del petróleo iraní, Teherán cuenta con al menos dos compradores fieles –India y China– que ya rechazaron participar en esa “guerra económica” lanzada por Washington y la Unión Europea.
 

Oro negro sin billete verde

 
Beijing está comprando petróleo con yuanes en otros países y negociando adquisiciones futuras de crudo con su moneda en Catar, ese pequeñísimo país del Golfo Pérsico gobernado por una monarquía absoluta que defiende totalmente la introducción por la fuerza de “la democracia de la OTAN” en naciones que están lejos de sus fronteras, como Siria y Libia.
 
El embajador Melkulangara K Bhadrakumar, exdiplomático de India que tuvo cargos en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Corea del Sur, Turquía y en varios países asiáticos, y que escribe regularmente en diario Asia Times, analiza la reciente visita que el primer ministro chino, Wen Jiabao, hizo a Catar, y sus declaraciones a la prensa.
 
Indica que su país quiere invertir en Catar para producir petroquímicos, para lo cual Beijing y Doha destinarán dinero de manera conjunta en la construcción de una refinería en China. Añade que empresas chinas quieren participar en los “proyectos de infraestructura en Catar” y que, en lo tocante al gas natural, ambas naciones están en discusión sobre “una cooperación a largo plazo, estable y exhaustiva”.
 
Y como subraya Bhadrakumar, Jiabao dejó la sorpresa para el final cuando se refirió a “otro punto importante”: “A fin de encarar temas de inversión, nosotros [China y Catar] necesitamos apoyo financiero. Por lo tanto llegamos a otro acuerdo, uno de cooperación que vincula las finanzas con la inversión. Catar también propuso el uso de una moneda local en los pagos comerciales e incluso una tasa específica. Pienso que esta propuesta se puede estudiar”.
 
Unos días antes, indica el exembajador y analista, el primer ministro chino firmó un acuerdo de intercambio monetario entre su país y los Emiratos Árabes Unidos por un monto equivalente a 5 mil 500 millones de dólares. Este “swap” (permuta financiera), conforme a la declaración del Banco Central de China, apunta a “fortalecer la cooperación financiera bilateral, promover el comercio e inversiones y conjuntamente salvaguardar la estabilidad financiera regional”.
 
Al hablar frente a una “cumbre energética en los Emiratos Árabes Unidos, Wen lanzó la propuesta de crear un organismo internacional que tenga el mandato de determinar el precio del petróleo y que regule las políticas de toda la cadena de suministro, lo que involucraría a los países proveedores,  consumidores e incluso a los de tránsito”, agrega el exembajador Bhadrakumar.
 
 
La introducción del yuan, el euro, la libra, el rublo y otras divisas, e incluso el plan de crear una “canasta” de divisas en el comercio petrolero para terminar con la “tiranía del dólar estadunidense” es una vieja aspiración de gobernantes que en algunos casos, como señala Escobar, terminaron siendo derrocados por intervenciones militares: en 2000, “[el expresidente de Irak] Sadam Husein abandonó el dólar como la divisa para las transacciones del petróleo que el país exportaba” y, tres años más tarde, Estados Unidos inició una guerra el país para efectuar un “cambio de régimen”; Gadafi había propuesto la creación de una moneda para los intercambios comerciales del continente africano –el dinar de oro–, y en marzo de 2011, “Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Catar y otros países de la OTAN invadieron Libia”, para llevar a cabo un “cambio de régimen”.
 
Por eso mismo, de acuerdo con Escobar, si se deja de lado las nuevas sanciones contra el Banco Central Iraní (que tardarán meses en ser aplicadas en su totalidad) y se ignoran las amenazas de cerrar el tráfico petrolero en el Estrecho de Ormuz –algo improbable porque por ahí sale la mayor parte del petróleo que Irán exporta–, quizá la “clave principal de la crisis en el Golfo Pérsico proviene de este movimiento para estropear el petrodólar como la divisa para todo tipo de intercambio”.
 
Irán y Rusia ya utilizan sus divisas nacionales para realizar el comercio bilateral. India acordó con Irán que los pagos por las importaciones de petróleo iraní –que suman entre 12 y 14 mil millones de dólares anuales– serán efectuados en rupias indias y que después se convertirían en una moneda denominada de forma separada. Una fuente israelí cercana a los servicios de inteligencia (http://debka.com/) afirmó que Irán e India están negociando el pago en oro como alternativa.
 
Lo que el exembajador Bhadrakumar subraya es que mientras Rusia e India tienen posiciones no subordinadas ante Estados Unidos, éste no es el caso de los Emiratos Árabes Unidos y Catar, monarquías que constituyen piezas clave de la estrategia occidental en Medio Oriente y un vital apuntalamiento para el reciclado de los petrodólares.
 
El gobierno chino “está posicionándose en medio de la línea divisoria” y fortaleciendo sus intereses en ambas riberas del Golfo Pérsico, lo cual “abre un fantástico panorama de cooperación entre China y el Consejo de Cooperación del Golfo”, indica Bhadrakumar, quien añade que la utilización del yuan y de las divisas de los países del Golfo Pérsico en los intercambios bilaterales crea “una nueva matriz”, la que permite avizorar el reemplazo del dólar estadunidense como la moneda de intercambio en el comercio petrolero con los países asiáticos.
 
En el artículo Europe at war with Iran, el analista Escobar recuerda que nada menos que la gigantesca petrolera británica British Petroleum ha pedido al gobierno de Barack Obama ser exceptuada del sistema de sanciones contra Irán para no comprometer el desarrollo del yacimiento gasífero Shah Deniz II en Azerbaiyán, que tiene un costo de 22 mil millones de dólares y que alimentará el proyectado gasoducto Nabucco, diseñado para abastecer a la Unión Europea con el gas del Mar Caspio, lo que evitaría el tránsito por Rusia, (que actualmente es el principal abastecedor de gas natural de muchos países de la Unión Europea).
 
Y al añadir que Irán tiene una participación en este proyecto que le permite bloquearlo, Escobar ironiza sobre la “situación possurrealista” de British Petroleum “que implora a Estados Unidos que la exceptúe de sanciones porque de otra manera se pondrá en riesgo la seguridad energética europea”.
 
China, Rusia, India, Japón y otros países, entre éstos muchos de América Latina, están tejiendo una serie de acuerdos bilaterales para negociar con sus propias monedas que –de acuerdo con Escobar– se convertirá inexorablemente en un asunto multilateral, lo que significa que el dólar será paulatinamente desplazado como la divisa de reserva a nivel mundial, “con todas las consecuencias sísmicas que esto implica”.