Ni la burla perdonan

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Aunque Felipe Calderón no tiene tan desarrollada la vena cómico-involuntaria como, por ejemplo su antecesor, Vicente Fox Quesada, en ocasiones nos sorprende a los mexicanos con alguna graciosada que ya no sabemos si nos va a poner a reír o llorar.
La más reciente la dijo durante la activación de la segunda etapa de los programas de cambio de focos y refrigeradores ahorradores de electricidad, mismos que, según el mandatario, permiten a las familias un fabuloso ahorro de 90 pesos en cada recibo (lo de fabuloso fue sarcasmo, que conste).
En su intervención, el presidente de la República reconoció que las familias mexicanas gastan mucho para el pago de la electricidad y por eso les recomendó “gastar menos”.
A estas alturas del partido no me queda claro si el presidente de la República estuvo consciente de cómo sonó su consejo o, lo que es peor, decidió burlarse de millones de mexicanos que sufren las de Caín para completar el recibo de la CFE.
En su intento por justificarse, Calderón dijo que el gobierno también paga mucho por la luz, al subsidiar el consumo de las familias más pobres.
Este es el mismo argumento con el que el gobierno defiende su posición de no reducir las tarifas de la gasolina, que son otra roca en el zapato de los mexicanos.
Cada día me queda más claro que los que están encumbrados en el poder no tienen la menor idea de las necesidades de la población y cuando llegan a conocerlas, las ignoran.
¿Y por qué habría de importarles? Ni Calderón o su gabinete sabe lo que es pagar un recibo de luz, un tanque de gasolina, una mensualidad de agua potable, una cuenta de supermercado.
Esas cosas las pagamos todos los mexicanos, quienes somos los que mantenemos a esa clase política que vaya que sabe darse la gran vida, después de todo no tiene que trabajar para conseguirlo.
Si en verdad estos políticos agradecieran todo lo que les estamos dando, tendrían por lo menos la decencia de conectar la boca con el cerebro antes de indignarnos con declaraciones como la que hizo el presidente de la República.
Suena gastado, pero en estos casos es cuando me uno al reclamo: “Salario mínimo al presidente… para que vea lo que se siente”.
 
HAY DE MUJERES
A MUJERES
Finalmente ha concluido el proceso interno del PAN para elegir a su candidato a la presidencia de la República, mismo que resultó ser un verdadero petardo pues, fuera de los medios de comunicación, para el grueso de la población pasó completamente desapercibido.
La mañana del 6 de febrero los pocos mexicanos que se despertaron temprano para ver las noticias o leer los periódicos, prestaron más atención al triunfo de los Gigantes de Nueva York en el Súper Tazón o la derrota del América en el torneo local de fútbol.
En Tamaulipas la elección interna fue tan famélica, que ni los mismos panistas se tomaron la molestia de acudir a emitir su sufragio, lo que se demuestra al ver que apenas el 35 por ciento del total del padrón participó en la jornada.
Los pocos que están emocionados con el triunfo de Josefina Vázquez Mota ya empezaron con su labor de exaltar las cualidades de esta dama quien, tristemente, lo más relevante por lo que se puede recordar es haber escrito el libro “Dios mío hazme viuda por favor”.
¿O alguien puede enumerar los logros de la hoy candidatas panista a la presidencia en la Secretaría de Educación? ¿Qué tal en la Secretaría de Desarrollo Social? ¿Quizás en el Congreso de la Unión?
Sin embargo los vazquesmotistas andan emocionadísimos “vendiendo” la imagen de su candidata, con el argumento de que al fin México tiene una candidata a la presidencia de la República con posibilidades reales de ganar.
En lo personal el argumento me parece tanto risible como ofensivo, pues con todo respeto que me merece una dama como Vázquez Mota, no creo que tenga mayor estatura política que Cecilia Soto, Patricia Mercado y Marcela Lombardo… las otras mujeres que han buscado la silla presidencial.
A Rosario Ibarra ni la metemos en la ecuación, es obvio que Vázquez Mota se encuentra a años luz de distancia.
Por lo tanto mis queridos vazquesmotistas, si van a querer “venderme” la imagen de su abanderada, encuentren un mejor argumento que el puro hecho de que es mujer.