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En Tamaulipas la cultura de la donación de órganos aún es muy pobre, por lo que miles de personas tienen que esperar pacientemente el momento en que podrán recibir esa parte de su cuerpo que necesitan para seguir viviendo. Los que peor la pasan son los ciudadanos de escasos recursos, quienes tienen que vender todas sus pertenencias apenas para sobrevivir

 
Nadia Irene González Guzmán
Matamoros, Tamaulipas
 
Eleuterio Argüelles, de 34 años, y Mario Tenorio, de 35, recibieron este 2012 con la esperanza de ser sometidos a un trasplante de riñón en Ciudad Victoria. Son originarios de Matamoros. Las cirugías se programaron el día último del mes de febrero y a mediados de marzo, respectivamente.
En ambos casos la fundación ALE A.C. ha significado un apoyo invaluable, pues su condición económica es precaria y sufren los embates de un padecimiento que los alejó de la vida laboral y que los confinó, desde hace más de un año, al forzado reposo.
Son muestra de la predominante necesidad de órganos en familias muy humildes, pues el primero de los pacientes, Eleuterio Argüelles, dejó de trabajar en una refaccionaria desde hace un año, cuando fue diagnosticado.
Ellos acuden a recibir hemodiálisis tres veces por semana, y pagar cada una de estas sesiones es una carga para cualquier familia, sobre todo si éstas cuestan en promedio de 1 mil 300 a 1 mil 500 cada una.
Mario Tenorio ya vendió sus pocas pertenencias de valor, pues luego de la cirugía de trasplante requerirá de fármacos cuyo costo se estima en hasta 40 mil pesos mensuales.
El Hospital General Dr. Alfredo Pumarejo, en Matamoros, cuenta con un área en la que exclusivamente se brinda el tratamiento de hemodiálisis a pacientes con insuficiencia renal aguda, pero este costoso servicio no está incluido en el esquema del Seguro Popular.
Para atender a la población que se canaliza a dicha área se cuenta con cuatro equipos para atención de 40 personas a la semana.
Se estima que para atender a toda la población afectada con fallas renales severas y desconcentrada de las alternativas de Seguridad Social (Imss e Issste), tan sólo en este municipio se requieren –como mínimo- 30 equipos.
El número de pacientes con complicaciones va en aumento y, de 300 pacientes con padecimientos renales, por lo menos el 50 por ciento requiere de un trasplante de órgano inminente, por lo que esta cirugía es su única esperanza de vida.
LA ANTESALA DEL TRASPLANTE
 
El nefrólogo Santiago Alberto Menchaca Alanís dijo que la insuficiencia renal es el principal motivo de un trasplante de riñón y puede ser crónica, en cuyo caso sólo se requiere de un tratamiento peritoneal, o aguda, que es la pérdida de capacidad para eliminar toxinas y líquido.
“Lo ideal para que se considere un trasplante es que el paciente sea desde niño hasta menor de 60 años y sólo en muy pocos casos y en condiciones más óptimas de salud se contempla como viables a los pacientes de 70 años”, explicó.
Admitió que debido a que se tiene un gran número de pacientes que necesitan hemodiálisis, la lista de espera es de dos semanas como máximo, por ello algunos pacientes sólo reciben dos sesiones a la semana.
En tanto el Imss en Matamoros concentra a 140 pacientes con tratamiento por insuficiencia renal, de los cuales 80 reciben hemodiálisis de modo indefinido hasta que se someten a un trasplante.
 
NO TODOS SON CANDIDATOS
 
Para llegar al trasplante de riñón se tiene que superar una serie de complejas condiciones, como el tener un donante voluntario, primordialmente un familiar cercano, que puede ser padre, madre o hermano y en algunos casos hijos jóvenes y hacer todo un protocolo del trasplante.
De tenerse óptimos resultados en la exhaustiva valoración se culmina en una cirugía de trasplante, que sólo garantiza una extensión de vida por 10 años más y sólo en casos de compatibilidad absoluta, por otros 20 ó 25 años.
La Fundación ALE A.C. en Matamoros absorbe el costo de la cirugía de quienes no tienen recursos para solventarla, además de que paga la medicación postoperatoria hasta por seis meses, pero antes de culminar con el trasplante se involucra en el seguimiento exacto del paciente, para evitar la menor posibilidad de aplazar o suspender el procedimiento quirúrgico.
En caso de que el paciente sea derechohabiente del Seguro Social o Issste, ambos institutos absorben el costo generado, pero deben de esperar con paciencia a que sean llamados por el turno que ocupen en la larga lista de cirugías programadas de hasta 500 pacientes, tan sólo en el Imss de Monterrey.
La Asociación Civil ALE es una de las más interesadas en promover la donación, pero sobre todo en hacer que la sociedad se forme una nueva opinión sobre la importancia de prevenir padecimientos que culminan con la inminente necesidad de un trasplante.
Sin embargo, no todos pueden donar un riñón pues factores como obesidad, consumo de alcohol, drogas y tabaco e incluso datos bioquímicos o de laboratorios irregulares inhiben que se realice y en le caso del paciente receptor se debe controlar toda complicación posible.
El doctor Santiago Alberto Menchaca Alanís, responsable del área de Hemodiálisis en el Hospital General en Matamoros, describe que un paciente que requiere un trasplante debe ser valorado exhaustiva e integralmente.
Para ello dijo que interviene la opinión y valoración de varias especialidades, las más importantes son la de otros colegas del área de Cardiología, Psiquiatría, Urología  o Ginecología, si se trata de una paciente y hasta el dentista.
“Si el paciente tiene una caries debe detectarse y corregirse, así como cualquier otro problema que pueda derivar en una complicación, por eso se agotan todos los estudios y aunque hay muchos pacientes con cirugía en puerta, sólo pocas se realizan”, explicó.
 
INCOSTEABLE
 
En el sector privado una cirugía de trasplante de riñón llega a tener un costo de hasta medio millón de pesos, pero el tratamiento anual por hemodiálisis es de 20 mil dólares anuales.
En promedio cada sesión de hemodiálisis tiene un costo de 1 mil 500 pesos, si se requiere por lo menos dos a la semana.
Al Instituto Mexicano del Seguro Social el tratamiento de un año para cada paciente, (con tres sesiones de hemodiálisis a la semana), le representa un gasto de 140 mil pesos anuales y es por eso que el gobierno federal asume que no habría presupuesto que alcance para financiar cada tratamiento a los pacientes diagnosticados con insuficiencia renal aguda.
Lo lamentable para los que no están dentro de algún esquema de Seguridad Social, es que el Seguro Popular excluye totalmente el tratamiento de este padecimiento en su catálogo de enfermedades e incluso no contempla la consulta externa es estos casos.
“Muy caro” o “caro” depende de un estudio socioeconómico que realice una trabajadora social, dice una paciente que hace antesala en el área de hemodiálisis del Hospital General Alfredo Pumarejo de Matamoros. Ella segura que ahora le han ajustado el pago y que paga menos, pero aún así a veces sólo se hace dos de tres sesiones a la semana.
Esperando que se les realice el trasplante que necesitan, algunas personas ven como se consume su ánimo y su estado de salud hasta que su cuerpo sencillamente no resiste.
Cuando se ven favorecidos porque algún familiar o ser querido le dona un órgano como un riñón, deben enfrentar un largo proceso de adaptación.
En los casos de quienes esperan un riñón, superar las dificultades que vienen luego de recibir un “regalo de vida” de un ser querido o familiar es incierto, pese a que en ellos es más sencillo esperar un trasplante porque quien dona puede vivir con uno solo de estos órganos.
La falta de recursos económicos, o que sencillamente estos se agoten, es una clara y decisiva  limitante que hace la diferencia entre vivir y morir, a pesar del trasplante.
Otros factores adversos son el rechazo del organismo a su nuevo huésped y las complicaciones en la salud lógicas porque, en la mayoría, al menos eso ocurre con  los pacientes con problemas renales graves.
El padecer de estos dos últimos, trae consigo una larga lista de riesgos y aparentemente detalles mínimos, como una caries, son decisivos para una intervención exitosa, su postergación indefinida o su definitiva cancelación.
 
MUCHOS EN ESPERA
 
En el país se realizaron 4 mil 560 cirugías de trasplantes y esto fue gracias a un número inferior de donadores, sólo 318 en total.
Estadísticamente el tipo de trasplante que más se requiere es por padecimientos renales agudos, y se considera que es el resultado de la falta de una verdadera prevención en padecimientos de enorme incidencia como la diabetes y la hipertensión.
Para un enfermo con un diagnóstico de insuficiencia renal, la calidad de vida es critica. No importa que tan joven es, se confina a la esperanza de recibir un trasplante de riñón y la espera es más angustiante si se trata de esperar el trasplante de un corazón.
El deseo de vivir alienta a someterse a tratamiento, una vez que han sido diagnosticados, pero se requiere de coraje, recursos económicos y el apoyo indispensable de la familia para mantenerse luchando. Pese a la suma de todos estos elementos, sólo unos cuantos alcanzan un nivel óptimo de recuperación.
Costear el tratamiento es sencillamente  imposible para muchos.
Si bien la donación de órganos creció en los últimos años y se atribuye a la información del tema como la llave para despertar conciencia sobre su importancia, los avances son insuficiente frente al creciente número de pacientes que están en espera de una donación de órganos.
“Resultan insuficientes los esfuerzos si  no se vence la desinformación, los tabúes y los temores infundados a convertirse en un donante o en permitir, como ocurre casi siempre, que se dispongan de los órganos de un familiar o ser querido”, dijo Laura García Villanueva, en su calidad de presidenta del Patronato de ALE A.C. de Matamoros.
Agregó que los esfuerzos deben ser mayores al promover la donación de órganos, pues pese a que un paciente recibe un trasplante no siempre se gana la batalla a una enfermedad, se tiene que pasar por un tortuoso y, para muchos, infernal proceso.
También admitió que en México es desproporcional el número de pacientes incluidos en una larga lista de espera del sistema nacional que concentraba, al cierre del primer trimestre de 2011, a más de 14 mil 700 personas que requieren con urgencia un nuevo órgano, principalmente riñón, corazón y córnea.
 
BRINDANDO VIDA
 
García, expresó que las cirugías que se tienen en puerta son muy importantes, pues se trata de salvar vidas a través de la donación de órganos y de eliminar cada uno de los tabúes de los que se habla con respecto al tema.
“Si se salva a una sola persona se hace mucho, y lo ideal es poder ayudar a un mayor número de personas, sobre todo a aquellas que no pueden pagar una cirugía y tratamiento y hacer los posible por insertar a los pacientes en recuperación en el terreno laboral”, dijo.
Un modo de apoyo que buscan promover las empresas es que se brinde un horario de cinco horas a los pacientes en tratamiento tras recibir un trasplante, de modo que queden afiliado a cualquiera de los servicios de las instituciones de seguridad social.
Pero además se trata de llevar pláticas de salud preventiva a los centros laborales, porque es la población en edad productiva la que más se ha visto afectada por problemas de salud que derivan en la necesidad de un trasplante de órgano.
También opinó que es indispensable seguir fortaleciéndose en materia de procuración de órganos, porque se debe tener cada vez más especialistas médicos debidamente preparados para retirar y trasladar un órgano.
Y conminó a la población a tener una nueva percepción acerca de la donación, pues si bien en otros Estados ya se tienen sistemas de donación altruista con los datos vertidos en la licencia de conducir, en Tamaulipas no se tiene mucha participación al respecto.
“Muchas personas quieren donar si le ocurre una tragedia que les cause muerte cerebral, pero no dejaron clara dicha voluntad y hay resistencia de parte de los familiares y se requiere de más gente dispuesta a brindar vida a través de donar sus órganos”, resaltó García Villanueva.
Menchaca Alanís es claro al definir que una labor más importante que la promoción de la donación es la prevención.
Aseguró que la atención temprana a la salud y la mejora en la calidad del estilo de vida de la población debe ser prioritaria, porque la consecuencias de desatender estos aspectos son costosas, irreversibles y mortales.
 
UN CORAZÓN RODÓ POR LOS SUELOS
 
México inició 2012 con la buena noticia de que la difusión para crear conciencia sobre la donación de órganos crecía. Al menos la población nacional fue testigo de cinco casos de trasplantes simultáneos, cubiertos en su mayoría por los medios de comunicación.
Pero el considerado para muchos “pie derecho” en la cirugía de trasplante en el país, dio un tropiezo con un memorable accidente.
El pasado 11 de enero, cuando las cámaras de varias televisoras captaban un operativo para trasladar un corazón donado para trasplantarse, éste cayó al suelo al salirse de su embalaje.
Técnicos y elementos del grupo capitalino Cóndor, se movilizaban con una hielera que contenía el órgano vital y que esperaban expertos cirujanos del Hospital Magdalena de las Salinas, pero la caja se abrió durante el trayecto.
La imagen del corazón rodando por el suelo dentro de una envoltura plástica dio la vuelta al mundo, pese a la prisa con la que fue levantado y nuevamente colocado en el contenedor.
Tras el incidente se realizó la cirugía
de trasplante, aunque con pronósticos reservados.
La Fundación ALE A.C. es ejemplo nacional, pero no es hasta 2007 cuando comienza a promover la donación de órganos en Tamaulipas, y actualmente el Estado cuenta con cinco patronatos que trabaja de la mano con la red hospitalaria del Sistema Nacional de Trasplante.
Se calcula que en México, por lo menos, 10 mil pacientes estarán en condiciones de necesitar un riñón y sólo la mitad (en pronósticos optimistas), podrán recibir uno y recuperarse tras la cirugía.