Cordero, copia de Calderón

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Felipe Calderón Hinojosa no quiere dejar el poder que, mediante la violencia y el fraude, obtuvo en 2006. Para mantenerse en la Presidencia tiene varios caminos: puede intentar un golpe militar, abierto o disfrazado; o tratar de poner en su lugar a un títere, a un incondicional que dependa absolutamente de él, dispuesto a exhibirse como su copia fiel, labor en la que visiblemente se afanó el panista Ernesto Cordero.
 

Seis mil pesos

 
Ernesto Javier Cordero Arroyo nació en el Distrito Federal, el 9 de mayo de 1968. Es actuario por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). En 2000, fue nombrado director de la Fundación Miguel Estrada Iturbide del Partido Acción Nacional (PAN). En 2003, de la mano de Calderón, trabajó en el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos y después en la Secretaría de Energía, de la que renunció en 2004, para unirse a su incipiente precandidatura.
 
Ha dado clases en el ITAM y en la Universidad Panamericana, del Opus Dei. El 15 de enero de 2008, pasó a ser titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) del gobierno espurio y el 9 de diciembre de 2009, Calderón lo nombró secretario de Hacienda en sustitución de Agustín Carstens, y renunció a ese cargo en septiembre de 2011 para dedicarse a buscar la candidatura presidencial por el PAN.
 
Como alguien ha notado, “la trayectoria de Ernesto dentro del servicio público sorprende tanto por su parquedad como por su burocrática grisura” (Carlos López Arriaga, “Delfinato blando: Cordero”, El Diario de Ciudad Victoria, 5 de enero de 2012).
 
Lo más memorable de su breve trayectoria política, que ha dependido totalmente de la voluntad de Calderón, ha sido su afirmación, que hizo en febrero de 2011, de que con 6 mil pesos a una familia mexicana le alcanza para pagar el crédito para una vivienda, un coche y hasta mandar a sus hijos a una escuela privada (El Universal, 21 de febrero de 2011).
 
Con esa frase absurda, insultante para la sociedad, quería hacer alarde de los supuestos “logros económicos” del gobierno calderonista, que sólo existen en los insistentes mensajes de la propaganda oficialista.
 
A principios de 2012, como precandidato panista, se vanagloriaba del conocimiento de los temas del país, y al recurrir sin pudor al autoelogio, pues quiere copiar el estilo de Calderón, afirmaba: “Estoy probado (sic) en la conducción económica de México […] He estado en donde se toman las decisiones de política económica difíciles y lo hice bien…” (Publimetro, 9 de enero de 2012).
 

Cordero y la Iglesia

 
Represores y agresivos con el pueblo, los panistas son dóciles ante la jerarquía católica, que a su vez les brinda su apoyo político, de suerte que en su momento la Conferencia del Episcopado Mexicano aplaudió su nombramiento en la Sedesol, dependencia que a lo largo de los gobiernos panistas ha respaldado decididamente los proyectos clericales.
 
En septiembre de 2011, como aspirante del PAN a la Presidencia, Cordero apoyó, como cabía esperar, la demanda derechista de encarcelar a las mujeres que abortan. Un mes después, también apoyó la intromisión del clero en asuntos políticos y particularmente las declaraciones de Norberto Rivera en ese sentido.
 
Para justificarlas quiso esgrimir un alegato tan tramposo que en realidad resultó absurdo. Al ser interrogado sobre si con su dicho el cardenal violaba la ley adujo que sólo el prelado, en su fuero interno, podía conocer el significado de sus palabras.
 
Ante la insistencia de las preguntas que giraban en torno a si Rivera quebrantaba la ley con sus declaraciones, respondió: “Depende de lo que el cardenal pensaba cuando lo dijo”, y, molesto, se negó a dar más respuestas (La Jornada, 18 de octubre de 2011).
 
Igual que Calderón y que la mayoría de los políticos panistas, Cordero muestra un apego incondicional a los jerarcas católicos; además de que siquiera se ha esforzado por parecerse a su amo hasta en sus ridículas rabietas.
 

Hasta la ignominia

 
Durante su precampaña, Cordero se jactó de contar con el apoyo de Calderón y de su hermana, Luisa María, a quien con la retórica mentirosa, que nace del servilismo, calificó como una mujer “con una trayectoria propia, una mujer de lucha”, y dijo que para él “es un honor (es decir, una ventaja) que lo esté apoyando” (Las Noticias de Hoy, Eduardo Ruiz-Healy, 12 de diciembre de 2011, http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=219220).
 
Además contó con el apoyo público de otra pariente de Calderón, Mariana Gómez del Campo, exlideresa del PAN capitalino, y quien, junto con Gabriela Cuevas, abogó por él en algunos spots de su precampaña.
 
Al evidenciar su disposición hasta llegar hasta la ignominia con tal de conservar el apoyo de Felipe Calderón, Cordero dijo que este último “deja un legado de una gran Presidencia”, ya que “pocos mandatarios han tenido tan buenos resultados como Calderón”, y que se siente “muy orgulloso de haber sido parte de su gabinete”.
 
También practicó una imitación verdaderamente simiesca de Calderón, al grado de que en sus oficinas de la colonia del Valle ostenta una playera enmarcada, de un jugador de futbol (Publimetro, 9 de enero de 2012). Aunque la oferta que reiteró Cordero en su discurso fue continuar con las políticas criminales y expoliadoras del presidente actual, perdió la contienda interna del PAN. Ello a pesar de  los constantes spots, repetidos hasta el cansancio, que pregonaron de manera pretenciosa y cínica sus inexistentes logros.
 
*Filósofo; especialista en estudios acerca de la derecha política en México
 
 
 

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