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En respuesta a la hambruna que se sufre en México y en distintos países del mundo, la Cruz Roja Mexicana hizo aportaciones económicas por más de 2 millones 500 mil pesos durante el periodo de 2009 a 2011, para combatir este mal. De éstos, 1 millón 548 mil 630, alrededor del 64 por ciento de los recursos, fueron destinados exclusivamente para combatir el hambre en Somalia

 
 
De 2009 a la fecha, la Cruz Roja Mexicana ha aportado 99 mil 681 toneladas de alimento para atender el problema del hambre en México. De acuerdo con estimaciones de Adrián Ruiz Briseño, director general de este órgano de ayuda humanitaria, la cifra se traduciría en 996 mil 810 pesos, aproximadamente (a razón de 10 pesos por kilo).
 
Hasta ahora la ayuda sólo se ha distribuido en tres entidades de la República Mexicana: Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Nada se ha destinado a otras regiones en pobreza extrema, como la Sierra Tarahumara de Chihuahua. Sin embargo, la aportación hecha por esta institución durante 2011, para combatir el mismo problema en Somalia es superior: 1 millón 548 mil 630 pesos. Es decir que la ayuda enviada al extranjero representa alrededor del 64 por ciento del total de las aportaciones. Sólo el 39.2 por ciento de esos recursos han sido para subsanar el hambre al interior del país.
 
El director general de la Cruz Roja Mexicana asegura que es el principio de solidaridad el que ha motivado las acciones para combatir el hambre no sólo en México, sino en el mundo. Somalia, aquejada por la sequía, vivió durante 2011 una de las crisis alimentarias más graves, de acuerdo con estimaciones del Comité Internacional de la Cruz roja (CICR) y la Media Luna Roja.
 
En el país, la Cruz Roja Mexicana registra al menos tres entidades que han sufrido graves problemas de desnutrición desde 2009. Sin embargo, aun cuando se han detectado zonas de extrema pobreza en todo el territorio, no existe un plan permanente de atención a las necesidades alimentarias de dichas regiones.
 
En entrevista con Contralínea, Ruiz Briseño explica que las aportaciones hechas por la Cruz Roja Mexicana están sujetas a la aprobación del Consejo Nacional. Es decir, en una primera fase la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja hace un llamamiento a las organizaciones homólogas en todo el mundo; a continuación son los consejos nacionales quienes evalúan la situación y su propia capacidad para responder o no.
 
En el caso de la Cruz Roja Mexicana, el Consejo Nacional es el que ha decidido responder a tanto de delegaciones internacionales como estatales. Da cuenta de ello la ayuda humanitaria enviada en situaciones de desastre, como los acaecidos en Haití, luego del terremoto de enero de 2010; el sismo de Chile, en febrero de 2011; el terremoto en Japón, en marzo de 2011; y el huracán Jova en Jalisco y Colima, en octubre de 2011, entre otros.
 
Además de responder a los llamamientos de ayuda en situaciones de desastres naturales y emergencias sanitarias, la institución de asistencia privada también recibe las solicitudes para combatir el hambre, aun cuando no se den en el contexto de un desastre natural. El caso de Somalia es emblemático. En septiembre de 2011, se hizo pública la entrega de 1 millón 548 mil 630 pesos por parte de la Cruz Roja Mexicana al CICR para combatir este mal.
 
En el caso específico del combate al hambre, hasta ahora la Cruz Roja Mexicana no cuenta con un programa permanente para hacer frente a este flagelo en el país. De acuerdo con las cifras proporcionadas por la propia institución, se estarían destinando más recursos para el combate del hambre en otros países que en México.
 
Si bien los donativos dependen de la cantidad que voluntariamente aporte la sociedad, explica Ruiz Briseño, es preciso aclarar que en primer lugar corresponde al Consejo Directivo de la Cruz Roja Mexicana convocar y responder a los llamamientos de ayuda de sus homólogos para iniciar el proceso de recaudación de fondos. Es decir, a pesar de que existen mecanismos de colaboración previamente establecidos, históricamente la Cruz Roja Mexicana no ha hecho llamamientos de ayuda a la Federación Internacional para recibir ayuda alimentaria en las regiones más necesitadas de México.
 
El problema del hambre en el mundo se recrudeció en 2010, acusa el reporte de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, World Disasters Report Focus on Hunger and Malnutrition 2011.
 
 
A pesar de que las necesidades de alimentación de un país son responsabilidad de su gobierno, Daniel Goñi Díaz, presidente de la Cruz Roja Mexicana, aclara que, frente a este panorama, la institución funge como un auxiliar del gobierno de México y de los internacionales. “El objetivo de la institución es aliviar el sufrimiento de la gente”.
 
Además, considera que la capacidad de respuesta de la institución obedece a la confianza que la sociedad mexicana ha depositado en ésta. Explica que la Cruz Roja Mexicana podría considerarse como una empresa altamente rentable, pues de cada 100 pesos que recibe, 96 van directamente a los programas de ayuda, y sólo 4 pesos se destinan a gastos de operación.
 
De acuerdo con un estudio de percepción pública de la Cruz Roja Mexicana, realizado por Parametría en 2010, el 66 por ciento de las personas encuestadas aseguran confiar en que la institución hace buen uso de los recursos que obtiene. Y el 61 por ciento confía más en esta institución de asistencia privada en caso de un desastre natural, que en la respuesta de los gobiernos estatales y del gobierno federal. Adrián Ruiz Briseño asegura que la confianza de la que goza la institución no es fortuita, pues periódicamente acreditan auditorías ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la Junta de Asistencia Privada, así como auditorías internas y revisiones de sus principales donadores como Nacional Monte de Piedad y Fundación Río Arrionte, entre otras.
 
La Cruz Roja, que motivada por el principio de solidaridad responde ante las necesidades nacionales e internacionales, podría estar desatendiendo  una necesidad constante y urgente al interior del país por la falta de programas permanentes en las regiones aquejadas por el hambre. A pesar de que las necesidades de alimentación deberían de ser cubiertas por programas públicos del gobierno, Daniel Goñi aclara que “la Cruz Roja es el mejor puente para canalizar la ayuda de la sociedad a través de programas públicos”.