Esperando que llame

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Día con día, miles de familias mexicanas viven con la incertidumbre por no saber nada de su familiar que vive de forma ilegal en Estados Unidos. Aunque las autoridades mexicanas ofrecen opciones para ayudarlos, la ignorancia provoca que muy pocos se acerquen para apoyarse en sus pesquisas

 
Nadia Irene González Guzmán
Matamoros, Tamaulipas
 
¿Dónde están los que se van a Estados Unidos y no regresan?, preguntó Filomena Hernández en la primera conversación acerca de su hija Araceli mientras muestra
las escazas fotos que aún conserva de ella.
Filomena es una mujer tehuana que denota su orgulloso origen en la ropa bordada que porta, en su peinado de dos largas trenzas, pero sobre todo en su manera de ver la vida. En medio del dolor de la ausencia de su hija se mantiene tan fuerte como puede, aunque no puede evitar llorar.
“La encomiendo mucho a Dios, qué más me queda”, dijo mientras admite que no sabía que el Consulado de México en Estados Unidos tiene la responsabilidad de buscar a las personas que están ilocalizables.
En donde ella vive, el Istmo de Tehuantepec, informarse se dificulta. La pobreza y las escazas representaciones consulares, con el poco dominio de la información de los propios representantes la trajo, dijo, “dando palos de ciego” desde hace más de un año.
Araceli Ojeda Hernández, de 29 años, es originaria de Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca.
Morena, de grandes y expresivos ojos negros, es el orgullo de sus padres pues desde muy joven comenzó a trabajar para ayudar con los gastos de la casa.
Tras dificultades económicas decidió aceptar la propuesta de su cónyuge, Rubén Méndez Bernabé, para ir a Estados Unidos con él. Ella no estaba muy convencida pero accedió tras la latente necesidad en la que viven.
Su madre, Filomena, narró que un 27 de septiembre de hace seis años, después de celebrar el cumpleaños número tres de su única hija, Zadely Yamilet Méndez Ojeda, Araceli se fue con lágrimas y sollozos. No quería dejar a su pequeña y prometió volver pronto.
 

LAS LLAMADAS CONSTANTES

 
Cada tercer día, y no sólo los fines de semana, Chely, como le dicen cariñosamente en casa, llamaba desde Los ángeles, California.  Preocupada por su hija siempre estaba en contacto con sus padres y mandaba puntualmente dinero.
Su matrimonio sin embargo atravesaba una crisis y contó a su mamá que su esposo la había dejado en Los ángeles y que ella había tenido que mudarse para poder solventar sus gastos y seguirles mandando dinero.
Optó por continuar en Estados Unidos. Rubén, su aún esposo, se desatendió totalmente de su pequeña hija y Araceli asumió mantener la casa en la que además vivían sus padres.
Incluso hacía depósitos a su abuelo paterno eventualmente para que éste, conocedor del oficio de albañil, le construyera un par de cuartos en un terreno de la familia.
Vivía cerca del aeropuerto angelino y, por la poca información que poseen sus padres, se les ha dificultado dar con ella.
“No hay quién nos diga nada y yo pienso lo peor… no quiero, pero qué puedo hacer, desde hace más de un año no sé nada de ella”, dice Filomena, mientras seca las lagrimas que no puede reprimir.
Araceli trabajaba en una florería del sector. Cuando ella no podía realizar los envíos de dinero a su familia las remesas eran emitidas a nombre de Juan Carlos Montoya.
Filomena dijo, incluso, que habló con la patrona de Chely y le llamaba a la florería si se presentaba una emergencia con la niña, si se enfermaba o si sencillamente por extrañarla lloraba, pero luego la dueña del local se mudó.
Araceli dijo a su madre, semanas después, que ella modestamente ya había puesto un pequeño local donde vendía arreglos florales.
Todo parecía marchar bien, pero después de unos meses, a inicio de 2010, Araceli dejó de llamar un par de días, pues fue deportada.
Filomena se angustió, pero la tranquilidad llegó cuando Araceli le dijo que estaba bien y que una “gringa” la había cruzado por “la línea”, por el punto fronterizo en Nogales.
De regreso en Los ángeles siguió llamando. Habló por teléfono con su familia por última vez el 27 de septiembre de 2010, cuando su hija cumplía años, le mandó dinero para que le comparan un pastel y celebraran, luego de eso ya no llamó más.
Su padre, Ignacio Ojeda, la busca desesperadamente y espera que Araceli llame, a la hora que sea.
“Esperando que llame… así estoy, sólo esperando y esperando, no pienso en nada más, sólo quiero escucharla bien, que me diga que está bien”, dice Ignacio, un hombre de pocas palabras, dice Filomena, pero con la mirada profundamente triste.
Ignacio se frota los ojos rudamente con la palma de las manos tratando de disimular el dolor que le causa no saber nada de su hija.
 

LA RESPUESTA

 
Aunque la respuesta fue casi inmediata luego de que se requirió el apoyo consular para el caso de Araceli, no fue alentadora. Filomena no sabe leer y entiende menos lo que quiere decir el representante de la Secretaría de Relaciones Exteriores. A ella sólo le cuesta creer que su hija no pueda llamar, que no tenga los medios para decirle a sus padres dónde o con quién está.
Este es un extracto de la respuesta que la familia Ojeda Hernández obtuvo:
 
En atención a su comunicación de la referencia, se le informa que para estar en condición de atender el caso de la señora Araceli Ojeda Hernández, deberá usted comparecer ante el Consulado de México, Delegación y/o Oficina Municipal de Enlace de la Secretaría de Relaciones Exteriores más cercana a su domicilio, con el propósito de acreditarse como familiar directo y proporcionar información mas detallada sobre este caso.
A t e n t a m e n t e
Luis Chao Pratt
Cónsul de Protección y Asuntos Legales
 
 

CON TODO Y LA POBREZA

 
Parece paradójico pero las familias más pobres juntan cantidades que van entre los 3 mil y los 6 mil dólares para cruzar a territorio norteamericano desde un Estado como Oaxaca, esto fijado en virtud de las rutas y las garantías que puedan dar los traficantes de personas a sus clientes.
Algunas de las familias, como la de Araceli, recurren a  préstamos para poder hacer un viaje que tomó varios días y que marca la ausencia por años de los seres más queridos.
Los datos duros revelados por el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos (DHS, por sus siglas en ingles), demuestran que de más de 4 mil 800 indocumentados en el año 2000, el número creció en un aproximado al 50 por ciento en una década.
En la actualidad se calcula que hay 11 mil personas que viven y trabajan ilegalmente en el vecino país del norte.
La población femenina ilegal llega a más de 4 mil 500 y, de esta cifra, el 34 por ciento está en el rango de los 24 a los 35 años de edad.
Sin embargo, además de la edad productiva las mujeres jóvenes son, de acuerdo a observadores de derechos humanos, un grupo vulnerable debido a que es común la esclavitud, el trabajo forzado, mal remunerado e incluso la explotación sexual.
Se calcula que 1 mil 773.58 millones de dólares se envían como remesa de Estados Unidos a México por parte de los mexicanos que mantienen a sus familias en este territorio. El Banco de México aseguró que el envío de dinero de connacionales a este país creció en un 8.86 por ciento hasta noviembre de 2011.
 

CONSULADOS Y SU ACTUACIÓN

 
Entre las múltiples responsabilidades que tienen los Consulados de México en Estados Unidos están incluidos la búsqueda de personas en calidad de ilocalizables, la atención a repatriados y visitas a centros de detención migratoria.
Además debe verificar la repatriación de enfermos, la repatriación de menores, los traslados de restos a territorio nacional, la identificación de restos, las visitas a connacionales detenidos en centros de detención penal, la ayuda económica directa a mexicanos en situación de indigencia y la asesoría legal en materia migratoria, penal, laboral y civil.
Cada uno de los 46 consulados mexicanos en territorio norteamericano deben aplicarse en la recuperación de salarios, indemnizaciones laborales, intervención en caso de abusos en contra de menores, compensación para víctimas de crímenes violentos, procesos de patria potestad de menores y proceso de adopciones.
Otras tareas son la obtención de pensiones alimenticias y la oportuna actuación para el pago de indemnización por lesiones, negligencia médica, sucesiones, presunción de nacionalidad y la recuperación de pertenencias.
Sin embargo, muy pocas personas se informan sobre la cobertura y el apoyo que se puede obtener con sólo demostrar que son mexicanos en el extranjero.
En las diferentes oficinas de enlace de Relaciones Exteriores se indica a quienes solicitan cómo iniciar la búsqueda de un familiar, que deben comunicarse vía telefónica para hacer una cita y que debe ser un familiar directo quien debe hacer el trámite.
En tanto, Filomena, Ignacio y Zadely esperan que Araceli esté bien y que pronto se comunique con ellos o que se pueda localizar a través del consulado. La espera, sin embargo, no deja de ser dolorosa y el tiempo transcurre en espera que llame… a la hora que sea