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Se avecinan tiempos nuevos y debemos de prepararnos para enfrentar los nuevos retos. El político ruso Vladímir Lenin decía que “el error principal de los revolucionarios es mirar atrás […] No tienen en cuenta a la vida que marcha siempre hacia adelante, que crea situaciones siempre nuevas”. La fuerza del futuro radica en el trabajo. Toda la propaganda financiada durante décadas en los medios y círculos académicos para “probar” la inexistencia de la clase obrera y de las clases en general ha fracasado. Hoy los proles seguimos siendo proles, y a mucha honra. Cada día es más evidente la contradicción entre la gran mayoría que no tiene propiedad y la minoría que acapara las riquezas, entre los que trabajan y construyen y los que especulan y destruyen. La llamada clase media se proletariza a pasos agigantados. Comúnmente se contabiliza el número de trabajadores al tomar en cuenta a los que están empleados, pero esto es un error, ya que el proletario es el que no tiene medios de producción y se ve obligado a contratarse, y su condición estriba en que puede o no tener trabajo, ya que carece de los medios propios; ése es un prole.
 
La clase obrera es la que produce los bienes y los servicios indispensables para la existencia y buena marcha de la sociedad, es el pueblo trabajador quien genera la riqueza. No hay carretera o aeropuerto, hospital, escuela  vivienda, automóvil, tráiler o ferrocarril, chamarra, vestido o zapato, televisión, estéreo, computadora, mueble o maquinaria que no haya sido fabricada por dicha clase encargada de realizar toda la producción. Por sus condiciones de vida y existencia, además de ser la más importante, es la que tiene la capacidad y la vocación de unir al pueblo para lograr la construcción de una nueva sociedad y que puede construir el futuro.
 
Además, es el sector de la población que más ha padecido el neoliberalismo y la negación de todos los derechos consagrados en la Constitución: el del empleo, un salario digno, jornada de ocho horas, descanso dominical, contratos colectivos, vacaciones y estabilidad laboral. Por lo tanto, necesita que se modifique la actual situación que se ha descompuesto a grados inverosímiles para beneficiar a unas cuantas grandes corporaciones. No hay clase más interesada en que cambien las cosas que la obrera, “los proles”, y que cambie en su interés, que además coincide con el de toda la sociedad. Para lo cual es condición necesaria rescatar a México, defender la soberanía nacional y popular. Sólo la clase trabajadora tiene el interés de luchar hasta el fin, en forma consecuente por la plena independencia del país y por una democracia auténtica. El interés del pueblo y la nación es el mismo de la clase obrera.
 
El rumbo antinacional y antipopular que implementaron los gobiernos federales de los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN) en el neoliberalismo ha llevado a la gradual integración de México a los intereses del imperio, al grado de que pueden involucrarnos en un futuro inmediato en las guerras de agresión que emprende Washington y que hoy amenaza a Venezuela, Irán, Siria y aumenta la tensión con China y Rusia. En Europa se están colocando misiles en nombre de la guerra contra Irán, al mismo tiempo que se está tomando como blanco a Rusia. Irán nunca ha invadido ninguna nación, al contrario de Estados Unidos cuya historia se basa en la agresión y el genocidio contra los pueblos latinoamericanos y el mundo, los pueblos indígenas originarios para quitarles sus tierras ancestrales, para esclavizar a la población proveniente de África, colonizar Puerto Rico, invadir a decenas de países de Latinoamérica y el Caribe. Y en los últimos años la ocupación contra Irak, Afganistán, Palestina, Libia y los continuos ataques contra Pakistán. Estados Unidos viola todas las leyes internacionales y fue quien nos robó más de la mitad del territorio e invadido decenas de veces. Sin embargo los gobiernos del PRIAN han respaldado la política agresiva de Washington e implementado la integración militar con el pretexto de la “seguridad” y la “cooperación en la lucha contra el crimen”, al traer la guerra que promueven los vecinos del Norte al territorio nacional donde ya suman 60 mil muertos y 10 mil desaparecidos. Pero nuestro pueblo, al contrario de lo que han promovido el PRI y el PAN, lo que quiere es paz y un gobierno que finalice con la “guerra” calderonista y denuncie y se oponga a las ofensivas de Estados Unidos en todo el mundo. Por eso hace falta derrotar a dichos partidos, y volver a aplicar la política exterior que marca el artículo 89 constitucional: autodeterminación de los pueblos, no injerencia extranjera en conflictos de un país y la solución pacífica de los conflictos.
 
Para que el pueblo pueda decidir el futuro en su beneficio necesita la renovación democrática y romper con el sistema actual en el que la toma de decisiones es acaparada por una mafia al servicio de la oligarquía proestadunidense y de Washington. Que el pueblo tome en sus manos el poder, requiere de una profunda transformación política, económica, social, cultural; quien puede conducir este proceso es la clase obrera al convocar ampliamente a todo el pueblo para formar un frente que sea invencible. El primer paso es la derrota del PRI y el PAN, la “mancuerna” que garantiza la imposición de los intereses de las grandes corporaciones y de dicha oligarquía.
 
La clase obrera tiene su propia agenda que es la lucha por la paz y el desarrollo, la solución de la crisis en términos que favorezcan al pueblo y el desarrollo de un programa prosocial y la solución de las dificultades de modo que sea a favor de los intereses de la nación, la sociedad y el país soberano, al colocar al centro el factor humano. Rechaza los intentos de las corporaciones de usar la crisis como una forma de negarle más derechos a los trabajadores. Como con la nueva ley laboral que impulsa el presidente Felipe Calderón, que con el pretexto de “crear empleos” lo que hace es negar los derechos constitucionales al trabajo, la contratación colectiva, jornada de ocho horas, etcétera. Y hoy la agenda de la clase obrera y el pueblo se enfrenta a la de las grandes corporaciones que buscan redoblar las condiciones de explotación de los trabajadores, la guerra y el nuevo reparto del mundo.
 
Al mismo tiempo que se camina hacia la integración militar y la virtual anexión de México a Estados Unidos de las corporaciones de dicho país, se atacan los derechos de los trabajadores, los sindicatos, las pensiones en México, pero también en Estados Unidos y Canadá. En éstos tres existe una ofensiva de dichas corporaciones contra los derechos laborales, la empresa pública, los espacios públicos y los derechos públicos y programas sociales. Pero en las tres naciones hay una reacción de defensa. Hoy los trabajadores resisten: los del Sindicato Mexicano de Electricistas, los trabajadores mineros de Norte a Sur, los de la aerolínea Mexicana de Aviación, los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y obreros de diversos gremios. Y la lucha no es sólo de la clase obrera mexicana: en Estados Unidos, en Ohio, los trabajadores abrogaron la ley antilaboral SB 5, y hay grandes luchas como la de los trabajadores migrantes, los postales, la de Wisconsin, etcétera. En Canadá, los trabajadores del acero en Hamilton, los postales, los de la construcción en Quebec, también se oponen a las políticas de gobiernos como el del conservador Stephen Harper, que imponen la dictadura de las corporaciones. Cada día se fortalece el rechazo a los monopolios globales y a los políticos que los representan para que se logre el reconocimiento del derecho público y de los productores.
 
Al tiempo que el gobierno en todos los niveles incrementa sus ataques contra los sindicatos, está en manos de los trabajadores reafirmar su derecho a establecer su propia agenda, inclusive el derecho a discutir y determinar sus propios salarios y condiciones de trabajo y de participar de lleno en la arena electoral, de elegir ellos a sus compañeros trabajadores y ser electos, y de apoyar a un gobierno con un nuevo proyecto de nación que abra paso a la solución de los problemas nacionales.
 
Estamos en el siglo XXI, lo viejo ya caducó. Hacen falta nuevas formas de organización y métodos de lucha, que se fortalezcan los colectivos y se resuelvan los problemas con la participación y discusión de todos. Aprender de los viejos errores para encontrar vías nuevas. La situación de México ya llegó a un límite y es hora de salir adelante, organizándose de una manera nueva para resolver cómo defender nuestros derechos en momentos en que se criminaliza el derecho de los trabajadores a resistir, lo que es un problema práctico para encontrar una solución. Una sociedad diseñada para satisfacer las necesidades del pueblo requiere de roturar nuevas tierras, abrir nuevos caminos, actuar de forma novedosa. Ése es el reto de los proles.
 
En la coyuntura actual, la clase obrera debe de hacer oír su voz y defender sus intereses. La lucha es larga y con objetivos profundos: que el pueblo sea quien tome el poder. Para ello se necesitan varios pasos y el primero es la derrota del PRI y del PAN y el fortalecimiento del movimiento democrático y por la soberanía nacional y popular.
 
La clase obrera debe hacer política en su interés y tener sus propios políticos. La campaña actual contra la política y los políticos en general es reaccionaria. No distingue y mete a todos en el mismo costal. La idea de abstenerse en las elecciones de 2012, de darle la espalda al proceso electoral y votar nulo es profundamente negativa porque conduce a garantizar el triunfo del PRIAN. Hoy dicha lucha –y muy agudizada– por seleccionar al campeón de la oligarquía, cuando quede uno de los candidatos, el más viable, ya sea del PRI o del PAN, tendrá el apoyo de todos. Del otro lado está el proyecto popular del Movimiento de Regeneración Nacional con su candidato Andrés Manuel López Obrador, y los partidos que lo apoyan. Los trabajadores tienen esa alternativa para derrotar al PRIAN y para defender su propia agenda. El único candidato que tiene un proyecto alternativo de nación y que se ha comprometido puntualmente a respetar aspectos esenciales de la soberanía nacional, como los derechos laborales y a desarrollar un programa social es López Obrador. En torno a él se construye una alianza muy amplia que incluye a empresarios que buscan un cambio verdadero y defender el mercado interno en contra de las grandes corporaciones extranjeras. Es necesaria la unidad para que triunfe el proyecto popular, la clase obrera debe de contribuir a ésta y darle una orientación progresista. Viene lo nuevo, preparémonos a construir un futuro para México.
 
*Dirigente de Mexteki y vocero del Congreso de la Soberanía
 
Fuente: Revista Contralínea 268 / 22 enero de 2012