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La enorme y todavía inexplicable deuda de Coahuila es todo un rompecabezas, no sólo para entender su dimensión y gestación, sino para cumplir con los pagos que están pactados para los próximos 20 años. Aunado a lo anterior, este fenómeno producido durante el gobierno de Humberto Moreira, constituye todo un reto profesional del mayor interés para un economista (como quien escribe esto). Lo anterior adquiere una mayor relevancia luego de la información que el 30 de noviembre pasado –fecha límite para hacerlo– proporcionó la Auditoría Superior del Estado.

 
 Mario Dávila Flores
 

El primer dolor de cabeza: ¿qué sucedió en 2010?

 
Esta dependencia subordinada al Congreso local reveló que el monto total de la deuda de Coahuila con los bancos ascendía a 35 mil 540 millones de pesos, sin embargo, lo sorprendente es que tan sólo en 2010 se contrataron créditos por 20 mil 778 millones de pesos, que sumados a los 29 mil 700 millones del presupuesto ordinario, arrojan un gran total de 50 mil 478 millones; ese fue el flujo de ingresos que manejó el estado en ese año, de lo que hasta ahora se sabe.
Esta cifra resulta sumamente elevada, pues si se considera que del presupuesto ordinario de dicho año se destinó el 20 por ciento para inversión en obra pública, se tiene que, por ese concepto se asignaron 5 mil 940 millones de pesos; es decir, el 11.8 por ciento del total. La pregunta es: ¿qué se hizo con el resto del dinero, es decir, más de 44 mil millones de pesos? ¿En que se gastaron o invirtieron esas montañas de recursos financieros? Ante la falta de información oficial surgen de manera natural las especulaciones que apuntan en una primera instancia las siguientes posibilidades: el gasto político, la corrupción y el desorden administrativo.
La hipótesis del gasto político surge debido a que la burbuja crediticia se produce un año antes de las elecciones para gobernador en Coahuila, y en las vísperas de los comicios presidenciales. Por la ausencia de datos no es posible establecer una afirmación definitiva al respecto, sin embargo, resulta una extraña coincidencia la que se da entre la explosión crediticia y los calendarios electorales. Al respecto, existe un antecedente. Cuando en el proceso electoral para renovar la gubernatura de Zacatecas, fue detenido en esa entidad Alfonso Yáñez Arreola, quien se desempeñaba como recaudador de Rentas en Coahuila, al ser sorprendido repartiendo dinero en apoyo al Partido Revolucionario Institucional.
Sobre la corrupción y ante la ineficiencia de los órganos de control, la información no oficinal ha tejido toda suerte de historias de enriquecimiento, en este caso explicable dentro del grupo gobernante, destaca por ahora los casos de Vicente Chaires y de Javier Villarreal como ejemplos. El fenómeno de la corrupción adquirió la forma de los círculos concéntricos, como cuando se lanza una piedra al agua; las mayores olas son las más cercanas al lugar del impacto, esto significa que los beneficios más altos están en relación a la cercanía con el núcleo del poder. A medida que se aleja del epicentro, los beneficios son menores, sin embargo, debido a que la piedra lanzada fue de gran tamaño se levantó un oleaje muy poderoso que alcanzó a numerosos beneficiados.
El desorden administrativo es otro factor a considerar, ya que hubo personas, incluso en nivel medio del gobierno, que gozaron de una doble o triple plaza, o está el caso de las lideresas que hicieron su agosto sexenal mediante el acaparamiento de los recursos que tuvieron en sus manos, como tarjetas en efectivo, materiales de construcción, etcétera. Otro aspecto es el precio al que se realizó la obra pública, pues en México de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad, es una práctica común un sobreprecio promedio de entre el 20 y el 30 por ciento en el costo de las compras gubernamentales.
Se registró un aumento notable en las nóminas de las oficinas de gobierno, así como un mayor endeudamiento de los municipios, que entre 2007 y 2010 vieron crecer sus pasivos de 738 millones a 1 mil 357 millones de pesos, un 84 por ciento, sin pasar por alto aspectos como los viajes masivos a Cuba totalmente pagados. Estos son algunos de los posibles destinos de los recursos presupuestales, a reserva de nuevas revelaciones.
Algo que también llama la atención es el hecho de que el Banco Interacciones de Jorge Hank Rhon, concentra el 48.5 por ciento del total de créditos que contrató Coahuila. ¿Se trata de una casualidad? ¿Se dio preferencia a la institución crediticia por los mejores términos negociados, o intervinieron criterios de otro tipo?
 

El segundo dolor de cabeza: ¿cómo pagar la deuda?

 
De acuerdo a lo que se conoce, los coahuilenses tendrán que pagar una deuda de más de 35 mil millones de pesos en 20 años, aunque hay quienes afirman que eso será poco probable, ya que se requiere más tiempo para saldar el pasivo. ¿Se está en condiciones de cumplir con este compromiso? ¿Existen indicadores que permitan conocer si es factible hacerlo? Para intentar responder a estas preguntas recurriré a la fórmula que publicó la revista inglesa The Economist el pasado mes de noviembre.
Ésta, que se aplica a los países, consta de dos elementos fundamentales: el primero, y considerado el más importante, tiene que ver con la relación entre la tasa de interés real y el crecimiento del producto interno bruto (PIB). Si el incremento en éste es mayor a la tasa de interés real, los países podrán reducir el monto de su deuda, en caso contrario, los pasivos aumentarán. La tasa de interés real se define como la tasa nominal de interés menos la inflación. El segundo elemento es el saldo primario de operación, que es el saldo presupuestal antes del pago de intereses. La existencia de un superávit permitiría a los gobiernos destinar recursos excedentes para pagar la deuda.
 
Tratándose de Coahuila, se realiza una adecuación de la fórmula que consiste en utilizar la variable del presupuesto estatal en lugar del PIB, debido a que el presupuesto es el origen de los recursos para cubrir el servicio de la deuda. Si se considera como variables una tasa nominal de interés del 7.55 por ciento –versión oficial–, menos 3.6 por ciento de inflación estimada para 2012, un incremento del 3.6 por ciento en el presupuesto estatal para dicho año, un monto de deuda de 35 mil 540 millones de pesos y 0 superávit de operación, al sustituir estos valores en la fórmula se tiene como resultado un incremento teórico de la deuda de 124.4 millones de pesos para 2012. Hay que señalar que lo relevante en este punto es que los ingresos presupuestales deberán crecer en el corto plazo a tasas superiores al 4 por ciento anual, para estar en condiciones de cubrir los pasivos.
 
Fórmula: deuda (2012)= deuda 2011 (r-y) – (p).
(r) es la tasa de interés real, (y) el ingreso presupuestal y (p) el superávit primario de operación.
Al sustituir los valores se tiene: deuda 2012= (35 540) (3.95-3.60 por ciento) –(0)
Se tiene: (35540) (0.35 por ciento)= 124.4 millones de pesos.
 

El gancho al hígado

 
Recurriré al ejemplo del boxeo para ilustrar los efectos de largo plazo de la deuda de Coahuila. Como se sabe en el box existen golpes aparatosos que son impactantes a la vista, como los moretones, flujos sanguíneos, cortaduras, etcétera. Éstos serían los impuestos de todo tipo que nos están cobrando. Sin embargo, hay otros golpes que no dejan huella visible, y que son más dañinos, me refiero al gancho al hígado, esa letal arma que puede doblegar al adversario y definir una pelea (por cierto esta técnica la han dominado con maestría a lo largo de la historia los pugilistas mexicanos).
Pues bien, la analogía se relaciona con el hecho de que el pago de la deuda impide atender aspectos cruciales de enorme importancia para el desarrollo futuro de la entidad, en concreto a las previsiones necesarias para hacer frente al enorme reto que implica el cambio en la estructura demográfica del país y de Coahuila, cambio marcado por el creciente envejecimiento de la población, y que tiene muchos impactos sobre la sociedad, especialmente en los fondos de pensiones y los servicios de salud.
En ambos casos se debe de definir las políticas públicas que permitan enfrentar esta tendencia demográfica antes de que sea insostenible. El tema de las pensiones ya causó crisis en algunos países desarrollados como en España, en donde en la actualidad existe una relación de dos trabajadores en activo por uno pensionado, situación que pone en riesgo los fundamentos del Estado de bienestar del que hasta ahora han disfrutado los españoles.
El punto es que antes de que se llegue a tal coyuntura, se debe de fortalecer, por un lado, los fondos de pensiones, y por el otro, formar los recursos humanos calificados que generen una mayor productividad para cubrir las percepciones de los nuevos trabajadores que ingresan al mercado laboral, además de sostener a quienes ya no trabajan y reciben una pensión.
De manera personal pude constatar la respuesta de los japoneses a este dilema, siendo esta la de fomentar en la niñez, desde los cuatro años de edad, el interés por las actividades científicas y tecnológicas, para que las nuevas generaciones sean más productivas.
Por desgracia, en Coahuila no se le da el impulso requerido a la ciencia y la tecnología, pues el presupuesto para este rubro es apenas de 18 millones de pesos para 2012, menor incluso en términos nominales al que prevalecía hace seis años, mientras que Nuevo León se destinarán 288 millones de pesos a estas actividades, además de la creación del Parque de Investigación e Innovación Tecnológica.
El otro impacto del cambio demográfico será en el sector de salud, pues los adultos mayores demandan con mayor frecuencia estos servicios con el añadido que los tratamientos son más prolongados y por consiguiente, se elevan los costos en relación a otros grupos de edad. El presupuesto para 2012 en salud muestra un retroceso respecto al de 2011, al disminuir de 1 mil 300 millones de pesos a 1 mil 200, esto en términos nominales, y si le agrega el efecto de la inflación, el deterioro es mayor; alrededor del 12 por ciento.
Otro ángulo para visualizar lo anterior, es comparar los recursos que se destinarán al servicio de la deuda, que son 4 mil 628 millones de pesos, contra 1 mil 300 millones del sector salud, es decir, se va a canalizar 3.6 veces más dinero para remediar la ineficiencia, la corrupción y el desorden que imperaron en el gobierno anterior, que a cuidar la salud de los coahuilenses, en particular la de quienes menos tienen.
Seguramente el asunto de la deuda seguirá dando más noticias y habrá nuevos acontecimientos en torno a este problema, el cual ya comenzó a cobrar sus facturas políticas, pero aún están pendientes las legales y quizá las penales, si es que en México se logra erradicar la impunidad de los servidores públicos que fallaron en su responsabilidad, y que de manera dolosa hipotecaron a Coahuila al menos por los próximos 20 años.