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La tercera parte del presupuesto total del Instituto Nacional de Migración no es suficiente para garantizar el traslado de los miles de migrantes que se quedan estancados en la frontera mexicana después de haber sido deportados de Estados Unidos. Lo más preocupante es que su    número es cada vez mayor

Nadia Irene González Guzmán / Matamoros, Tamaulipas
 
Ricardo Robles es originario del Estado de México, tiene 36 años y pisa Matamoros por primera vez luego de tres años de permanecer en Charlotte, Carolina del Norte, donde trabajó –entre otras cosas– en la construcción, limpiando “yardas” (jardines) o como empleado doméstico.
Su llegada a Matamoros es por el “puente nuevo”, mismo que cruza siguiendo a otros hombres quienes, como él, también fueron deportados por haber estado viviendo de manera ilegal en Estados Unidos.
Se nota desorientado y, aunque disimula, le mortifican las cosas que le han dicho acerca de los peligros de estar de regreso en México. Sin embargo, su mayor preocupación es escontrar la forma de volver a Estados Unidos.
En víspera de Navidad, Ricardo no tiene mucha ilusión en ver a su familia, su esposa, un hijo de 11 años y su mamá, ahora le preocupa cómo poder volver a cruzar. Sabe que de no hacerlo se tendrá que quedar aquí a juntar dinero porque a su casa sería penoso regresar con las manos vacías.
“No me puedo quedar en México, allá gano 25 ó 30 (dólares) la hora y no saco lo que aquí. Allá en Huixquilucan a veces llegaba con 20 pesos a la casa y con eso no se puede comer, la única manera de sostener a mi familia es que trabaje en Estados Unidos, pero lamentablemente pues… me regresaron”, dijo.
Tan sólo durante febrero de 2011, las autoridades norteamericanas repatriaron a 100 personas al día por la frontera con Matamoros, lo que representa un aumento del 40 por ciento en comparación con años anteriores.
Esto se debe a que las autorides de Estados Unidos aumentaron las restricciones y algunos Estados endurecieron sus leyes migratorias, con acciones que contemplan las redadas en los lugares de trabajo de forma masiva.
Y aunque saben que si son detenidos en su intento por regresar a la unión americana pueden ser encarcelados por varios meses, la mayoría afirma que volverá a intentar cruzar.
 
LLEGAN PARA QUEDARSE
 
En esta frontera ya no se ve al migrante como un individuo que sólo va de paso, sino como parte del entorno y como un factor detonante de problemas a mediano y largo plazo. Desempleo, aumento en la inseguridad y el incremento en la violación flagrante de los derechos humanos son algunas de las consecuencias que se atribuyen al constante crecimiento de la población en esta frontera.
Esto sucede particularmente durante esta época del año en que es menos probable que estas personas intenten volver a su casa o cruzar nuevamente, debido a que el clima es adverso. Frío y lluvia son motivos suficientes para quedarse en la frontera.
La inseguridad relacionada con el crimen organizado o las vejaciones atribuidas y no denunciadas de parte de todos los niveles de autoridades, no impacta directamente en la disminución del número de migrantes ni de la permanencia de repatriados.
Diariamente llega a esta zona un gran número de deportados que buscan volver a Estados Unidos, pero con la frustración de los intentos fallidos terminan por quedarse. Se calcula que uno de cada cuatro opta por no regresar a su lugar de origen.
Grupos que se conforman por al menos 10 mexicanos, y de tres a cinco centroamericanos, son los diariamente registrados en los albergues que prestan ayuda a migrantes.
Un ejemplo de dichos albergues es La Casa del Migrante en Matamoros “San Juan Diego”. El albergue tiene más de 22 años brindando servicio a quienes llegan a esta frontera, los que vienen de paso en busca del “sueño americano” y los que han sido repatriados o deportados.
El responsable, el padre Francisco López Gallardo, asegura que se ha buscado ampliar la capacidad de alojamiento debido a que el espacio que se tiene, actualmente brinda apoyo a entre 15 y 20 familias, se ha vuelto insuficiente.
Ahí se les brinda principalmente alojamiento, comida y ropa, pero se requiere más espacio, más infraestructura e incluso más voluntarios.  Además de lo elemental se les da a los migrantes apoyo espiritual, pues el cansancio no sólo es físico sino también emocional. Muchos de los deportados se sienten atribulados porque dejan atrás la forma de sostener a sus familias.
Entre los migrantes que se quedan un par de días en la casa “San Juan Diego” hay algunos que están sólo en busca de regresar tras haber sido deportados y esperan a que mejoren las condiciones del clima, que en la actualidad dificultan enormemente su propósito.
Por otra parte hay quienes han decidido dejar de intentar. En una vialidad de Matamoros, Carlos (N) presume haber estado en Houston, Nueva York y Boston durante 15 años de su vida, pero fue deportado y no planea regresar por un tiempo.
“Hace un mes me deportaron, me dijeron que si regreso me van a detener y me van a encerrar y luego me van a botar… la verdad yo no creo que valga la pena, mejor vendo mis chácharas y ya”, dice mientras se mezcla en el creciente mar de vehículos y vendedores informales cercanos a uno de los puentes fronterizos de Matamoros.
Dice que vive en el centro de Matamoros, en un cuarto por el que paga 200 pesos semanales. Aunque usa un baño compartido con el resto de los inquilinos, considera que no necesita nada más. Aún así, extraña la vida en Estados Unidos y sobre todo el dinero en su bolsillo.
 
REVUELTOS
 
El flujo de personas de Estados Unidos a México incluye a aquellos con antecedentes penales. El gobierno mexicano calcula que 2 mil 500 personas que han purgado condenas por crímenes menores y graves en Estados Unidos fueron regresados a México durante los primeros seis meses de 2011.
Algunas de estas personas son reclutadas por organizaciones criminales, lo que preocupó a las autoridades, que buscan activar mecanismos que filtren e inhiban la deportación de personas que pueden tratar de delinquir en este territorio.
En una conferencia realizada en la ciudad de Washington, a la que asistió la diputada Guadalupe Flores Valdez, quien encabezó la delegación tamaulipeca del 28 de febrero al 2 de marzo de 2011, se tocaron varios de estos temas.
La legisladora del PRI informó detalladamente, durante su participación, que numerosos extranjeros deportados de los E.U. se quedan en nuestro país en su paso a sus países de origen.
Todos, dijo, requieren ser atendidos con servicios urgentes de salud, educación y vivienda, entre otros, sin importar si son mexicanos o no, si tiene o no antecedentes penales en Estados Unidos.
Para los legisladores tamaulipecos es costoso el atender a la población, pero lo es más dotarlos de los servicios necesarios si buscan la permanencia.
La también presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado expresó que otro de los temas importantes abordados fueron la migración, la trata de personas y el desarrollo sustentable, que inciden en la vida de los habitantes de ambas márgenes del río Bravo.
A dicha conferencia también acudieron los diputados Reynaldo Javier Garza Elizondo, Rolando González Tejeda y la diputada Rosa María Alvarado Monroy.
 
EN TODA LA FRONTERA
 
El ingreso de connacionales por esta frontera es similar al que se refleja en Sonora y Baja California Norte, por lo que se calcula que entre 500 a 700 personas son diariamente enviadas a la frontera de México con Estados Unidos.
Las ciudades con mayor número de repatriados son: Nogales, Tijuana, Mexicali y Matamoros.
La presidenta de la Comisión de Población, Fronteras y Asuntos Migratorios de la Cámara de Diputados, Norma Leticia Salazar Vázquez, detalló en el análisis de la situación en materia de migración que por Matamoros tan sólo se habían deportado 99 mil personas en los últimos años.
Mientras que Tamaulipas y Texas no tienen una vigente colaboración para tratar el asunto migratorio, el Estado norteamericano de Arizona ha tomado otras medidas, trasladando a la Ciudad de México a un gran número de repatriados a través de dos vuelos diarios.
Con dicho convenio de colaboración se evita que se quede un gran número de repatriados como trabajadores informales o desempleados a formar parte de los grupos más pobres de sus urbes en el lado mexicano.
Además se inhibe que traten nuevamente de ingresar de manera ilegal al territorio norteamericano, lo que resulta menos costoso que mantener filtros para una cantidad creciente de ilegales.
Las personas que son detectadas en la zona fronteriza de Arizona son llevadas a la Ciudad de Tucson, desde donde canalizadas y el Instituto Nacional de Migración paga el resto del traslado vía terrestre a su Estado de origen.
“Tamaulipas solicitó a las autoridades de los Estados Unidos de Norteamérica, por medio de la Conferencia Legislativa Fronteriza, evitar que ciudadanos de otros países sean deportados a territorio mexicano”, explicó Salazar Vázquez.
Ello, dijo, en virtud de que generan atención urgente de servicios en las ciudades fronterizas, los municipios se ven rebasados y esto incrementa los problemas que atañen a la población local.
 
ESFUERZOS INSUFICIENTES
 
La tercera parte del presupuesto total del Instituto Nacional de Migración no es suficiente para garantizar el traslado de los miles de migrantes que se quedan estancados en esta frontera, explicó Norma Leticia Salazar Vázquez.
Por esta razón se ha creado el programa “Tres por uno para migrantes”, que busca que los tres niveles de gobierno aporten en igual proporción el costo del o los boletos de retorno de los migrantes detectados en la frontera hacia su lugar de origen.
A pesar de este esfuerzo, Salazar Vázquez admitió que un ejemplo de la falta de coordinación en los tres niveles de gobiernos es el pago a migrantes por una cobertura de trabajo eventual y otros apoyos.
“La Secretaria de Hacienda retiene en su mayoría este beneficio porque los municipios y los Estados no liberan el pago y tal lentitud congela los dineros de la federación”, dijo.
El informe sobre las Migraciones en el Mundo 2011, presentado en Ginebra, en el marco de la conferencia ministerial de la Organización Internacional de Migrantes (OIM), concluye de acuerdo a los resultados del censo de 2010, que en Estados Unidos más 11.6 millones de migrantes provienen de México.
Según el informe, los hispanos constituyen el 16.3 por ciento del total de la población norteamericana y que su número aumentó de 35.3 millones en el año 2000 a 50.5 millones en 2010. De esa cantidad, uno de cada tres es mexicano.
La OIM emitió un informe detallado el pasado 7 de diciembre, en el que indica que en 2010 Estados Unidos daba acogida a unos 43 millones de extranjeros, lo que representa el 13.5 de la población total del país.
Según los resultados, en lo que respecta a las remesas, el estudio prevé que continuará aumentando el flujo con destino a América Latina, siendo benéfico para las propias economías de los países de origen,
En tanto, los debates sobre la inmigración han dado lugar a un mayor estancamiento de la reforma migratoria en Estados Unidos, surgiendo en contraste leyes estatales “controversiales” sobre el fenómeno.