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Los cinco ministros que integran la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia (¿de justicia?) de la Nación (Olga Sánchez Cordero, Jorge Pardo Rebolledo, José Ramón Cossío y el ponente de la pírrica resolución: Arturo Zaldívar) parecen haber actuado vengativamente, cuando este último, en una entrevista (cuyo contenido no ha desmentido), afirmó: “Es un primer precedente que establece que los medios de comunicación, cuando están en un debate entre ellos, por su posición en la sociedad, tienen que soportar un mayor grado de crítica, como lo tenemos que soportar los servidores públicos, por ejemplo, que tenemos un régimen con la crítica de los periodistas, y tenemos que soportar con mucha más fuerza la crítica que lo que sería un ciudadano que no tiene esta responsabilidad” (La Jornada: 24 de noviembre de 2011). Pasando por alto la singular sintaxis, queda claro que los funcionarios de la Corte soportan con ganas de un desquite que los periodistas ejerzan las libertades de prensa para, como contrapoder, informar, analizar, criticar y “para elogiar al poder cuando el poder acierta” (Luis María Anson, La prensa como contrapoder). Y criticarlo, cuando yerra.
 
El fallo contra La Jornada para favorecer a Letras Libres (del empresario Enrique Krauze, afiliado al liberalismo político y económico conservador y derechista), coloca a los cuatro ministros en la mira de la crítica porque, como no hay un tribunal constitucional autónomo e independiente en nuestro orden jurídico positivo, La Jornada no puede recurrir la resolución de marras, impugnando su contenido y la amañada técnica jurídica para apuntalarla. Pero tiene abierta la posibilidad de instancias internacionales para impugnar el fallo.
 
Primeramente, el fondo del asunto no es la libertad de expresión. Letras Libres, a través de un artículo, acusó a La Jornada, usurpando funciones de Ministerio Público, cuando ésta publicó información y opiniones, asegurando que el periódico era cómplice de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) y de estar al servicio de asesinos hipernacionalistas. Fue y es una falsa acusación contra el más elemental deber jurídico de un diario que ha informado y analizado los actos y hechos de la organización española ETA. ¿Por qué Letras Libres se permite acusar, en lugar de haber analizado y criticado lo que hacía La Jornada? Se pasó de nazifascista.
 
La cuestión, señores ministros, no es la máxima libertad de expresión, lo que se debió contemplar para negar el amparo a La Jornada. Y mucho menos que dos de esos cuatro hayan puesto reparos y, sin embargo, votaron a favor de absolver a Letras Libres del daño moral. Una vez más las “mayorías” de la Corte, en pleno y en sus salas, públicamente en sus sesiones, pasan a ser minorías en una maniobra antidemocrática. En siete años que se denegó justicia a La Jornada, salieron con su “domingo siete”.
 
Fueron incapaces de estudiar, no sólo la forma (algunos abogados aplaudieron la técnica jurídica de estos cuatro, como si solamente se tratara de técnica y no también de contenido), sino que su contenido asentaba que Letras Libres hizo una falsa acusación, difamó y sentenció (como si fuera órgano judicial), en lugar de criticar, desaprobar e incluso objetar la información y los puntos de vista periodísticos de La Jornada. Hay mala leche en la resolución de Zaldívar, Sánchez, Cossío y Pardo… ¡Dios nos agarre confesados si a Calderón se le ocurre, como a Letras Libres, acusar a los periodistas que informamos y censuramos la estrategia calderonista, de cómplices de la delincuencia organizada! Y la Corte lo apoya.
 
En nombre de la máxima libertad de expresión, los cuatro ministros han censurado a la libertad de expresión con una inquisición judicial. Y los guardianes de la constitucionalidad han violado la Constitución, pues “como toda norma, también la Constitución puede ser violada por aquellos que deben cumplirla”. Pero como no tenemos un tribunal constitucional, y las funciones de éste son un apéndice de la Suprema Corte, no hay manera de impugnar la absurda resolución que le permite a Letras Libres acusar de complicidad toda información, análisis y opiniones que hagan los periodistas sobre cualquier fenómeno político, social, económico y cultural.
 
Letras Libres se ha convertido en intocable, puesto que indirectamente han amparado que una revista bonita acuse de complicidad lo que se le antoje. Y esto es otorgar impunidad con el camuflaje de que se defiende la máxima libertad de expresión. La temeraria imputación del texto de Letras Libres-Krauze aprovecha la libertad de prensa, con su fundamento de los artículos 6 y 7 de la Constitución, para lanzar un ataque en términos de una acusación a La Jornada que se limita a dar información con sus análisis y opiniones. Esto no es complicidad ni elogio al terrorismo, como aseguró el autor del texto que acusó a La Jornada de cómplice de esa actividad.
 
Los cuatro ministros han mal interpretado el ejercicio de la libertad de expresión, queriendo quedar bien con el argumento de que lo han defendido; pero, de buena o de mala fe, han confundido la información y opiniones que publica La Jornada (y que debe continuar publicando para informar a sus lectores) sobre las actividades de ETA. Y de cualquier organización, terrorista o no, que irrumpan en el escenario de la información. Y en el caso de Letras Libres, con su acusación e imputación, atacó a La Jornada y de menos le generó un daño moral que los cuatro ministros pasaron por alto para justificar su favoritismo por Letras Libres, que es una complicidad con el liberalismo político conservador y derechista.
 
*Periodista
 
[TEXTO PARA TWITTER: Corte favoreció a Letras Libres y perjudicó a La Jornada, por afinidades ideológicas de ministros con Krauze]