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La integración económica y política hacia Estados Unidos es tan descarada que el gobierno promueve que se celebren las fiestas estadunidenses: el Thanks Giving Day con sus campañas de consumo que aquí se tradujo en el Buen Fin, al imitar el Black Friday, durante la conmemoración de la Revolución Mexicana, el pasado 20 de noviembre. Buscan suplantar las tradiciones patrióticas y revolucionarias por la cultura gabacha del consumo, y que no está separada de los 26 ejecutados en la zona metropolitana de Guadalajara; de los 24 en Culiacán, Mocorito y Salvador Alvarado, Sinaloa; del tráfico de armas y drogas; de los 22 contratos privados más en Petróleos Mexicanos (Pemex) y del Teletón; y el desastre nacional que aprovechan los candidatos republicanos a la Presidencia para promover una intervención cada vez más declarada en el país.
 
La integración política, económica y militar hacia dicho país también se refleja en la cultura. El imperio quiere imponer su modo de vida como único válido. También venden su “democracia” que tan malos resultados trae para el pueblo. Después de experimentar la democracia al estilo estadunidense (que consiste en la “alternancia” entre dos partidos que sirven al gran capital), México ha conocido lo que es el desastre. Mientras las grandes corporaciones han impuesto su proyecto y obtenido grandes ganancias, los mexicanos han visto demeritar su nivel de vida, seguridad y futuro. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) sentó las bases del proyecto neoliberal al endeudar a la población, a su vez subordinada a las decisiones de los organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio), al arruinar el sector público al privatizar la economía al someterse a las corporaciones extranjeras con el Tratado de Libre Comercio y demoler las conquistas de los trabajadores. El Partido Acción Nacional (PAN) llegó al poder federal con la bandera del “cambio”, pero éste fue en retroceso. En los últimos 11 años el deterioro económico, político, social, cultural ha sido considerable y la pérdida de la soberanía por demás peligrosa. La firma de la Alianza por la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN) fue el inicio de la integración en seguridad y energéticos, que implica la anexión de México bajo el lema de la “cooperación y coordinación con Estados Unidos”.
 
Los resultados han sido nefastos. A cada paso aumenta el sometimiento y cesión de la soberanía, y quienes han conducido este proceso son el PRI y el PAN (el PRIAN como lo conoce el pueblo consciente). Ambos partidos se disputan el gobierno federal de cara a 2012. No hay que olvidar que son dos caras de la misma moneda: los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo no hubieran podido implementar la integración económica y política con Estados Unidos, ni aplicar el neoliberalismo sin el apoyo de Diego Fernández de Cevallos y la cúpula panista. En las décadas de 1980 y 1990, el PRI se empanizó. Después ocurrió lo opuesto; el PAN continuó con la cultura y prácticas priístas. Vicente Fox respetó al PRI y éste avaló la ASPAN, Iniciativa Mérida, el fraude electoral de 2006 y la permanencia del PAN en el poder. Ambos partidos y sus aliados son corresponsables del desastre nacional.
 
Que estén en disputa no cambia el fondo del asunto. Existen pleitos de cúpula. Calderón quiere impedir el paso a Enrique Peña Nieto. Al interior del PRI y del PAN hay una lucha enconada por el poder, pero es coyuntural. A la hora de las grandes definiciones los que mandan (las grandes corporaciones) apoyarán a quien consideren su “campeón” para permanecer en el poder. Es probable que Washington y las corporaciones “castiguen” a un PAN desgastado y favorezcan al PRI. Ahora la jugada es la “alternancia” del PAN al PRI. Peña Nieto recién presentó su libro México la gran esperanza: un Estado eficaz para una democracia de resultados, en el que habla de “impulsar una mejor integración con la región de América del Norte”. Se ha cansado de asegurarle a Washington que seguirá la línea de Calderón en todo, también en la privatización de Pemex y la subordinación a las corporaciones extranjeras, cuando lo que hace falta es dejar de estar de cara al extranjero y desarrollar un mercado interno fuerte, con los poderosos sectores agropecuario, industrial y de servicios de la economía mexicana que favorezcan la soberanía económica, proporcionen paz, trabajo y bienestar a los mexicanos.
 
De acuerdo con el guión de la “democracia al estilo estadunidense”, ahora es turno del PRI regresar a Los Pinos para continuar con la política neoliberal, pero frente a las decisiones de la oligarquía proestadunidense y del gobierno imperial; sin embargo, existe la fuerza de un pueblo que organizado y con consciencia puede tomar sus propias decisiones y optar por terminar definitivamente con este régimen.
 
México y el mundo requieren de una salida. La gente comienza a comprender que la única alternativa es organizarse por la soberanía y sus derechos, y que la actual política sólo favorece a una minoría. En Europa la inestabilidad crece: Italia, España, Grecia, Portugal. En Estados Unidos y Canadá se desarrolla la movilización popular. En Latinoamérica se despliega una vía alternativa que enfrenta a Estados Unidos. El monopolio de medios de desinformación sólo reportan lo que les favorece y como les conviene a los nuevos patrones, mas ya no se puede ocultar la necesidad de un nuevo modelo político, económico, social, cultural que esté al servicio de la sociedad y ponga en el centro el interés del ser humano.
 
En México se ha construido un sólido movimiento que no reportan los medios como “nota”, pero que ha sido capaz de construir a nivel nacional una organización alternativa y de movilizar a miles por toda la república. Es el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que encabeza Andrés Manuel López Obrador, que tiene un proyecto alternativo de nación y la propuesta puntual del rescate de la soberanía nacional, la autosuficiencia agropecuaria, la soberanía energética. La fuerza de López Obrador que ha recorrido incansable todos los rincones del país y que conoce de manera directa la realidad nacional se ha desarrollado notablemente. Quienes lo daban por “muerto” después del fraude, se han llevado una gran sorpresa. Y por añadidura promueve nuevos valores y moral que ayudarán en la lucha del siglo XXI.
 
Las encuestas de las firmas Nodo y Covarrubias indican una realidad inocultable: la fuerza de López Obrador, que además con paciencia y persistencia ha construido la unidad del pueblo consciente, de las fuerzas progresistas en torno a un proyecto de renovación nacional. Se maneja que “ha cambiado”, como si ya no fuera más “un peligro para México”. Ya está claro quiénes son el “peligro para México” y que su proyecto incluyente requiere del apoyo de todo el pueblo, incluido el sector de empresarios que en 2006 fueron engañados y que necesitan una economía nacional floreciente y rechazan el desmantelamiento de la economía y el saqueo de las riquezas mexicanas. La oligarquía proestadunidense que patrocina al PRI y al PAN está constituida por un puñado de magnates que afecta a millones de mexicanos (también a los empresarios). Es lógico que se requiera una unidad sólida para lograr la derrota del PRIAN. En un país que sufre una “guerra” y violencia, lo que el pueblo necesita es paz y trabajo, en medio del odio y la división es necesario hablar de unión y amor.
 
La fuerza de López Obrador va en aumento. Cuenta con el apoyo del 27 por ciento de los electores, pero aumentará porque quienes hoy lo apoyan lo hacen de manera mucho más consciente y organizada que hace un sexenio. Y porque la mayoría de los mexicanos está harta del PAN y no quiere el regreso del PRI. Existe una memoria histórica y la voluntad de cambio. Un Peña Nieto rodeado de Salinas, Elba Esther Gordillo, Humberto Moreira, Arturo Montiel no puede convencer a nadie de la existencia de un PRI distinto y menos si exhibe a un bebésaurio que reproduce los viejos vicios. Mientras Manlio Fabio Beltrones se fue a la banca, Peña Nieto ya se siente “presidente” de México, pero se le olvida que quien va a decidir el futuro de la patria es ese pueblo que busca soluciones al actual caos. Y éste no sólo va a votar: se está organizando para defender el voto y revertir el fraude electoral. La situación actual y la que prevalecerá en 2012 favorecen a Morena y a López Obrador, pero hay que trabajar mucho y se requerirá de una considerable labor de debate, discusión, análisis y clarificación. Todo en un ambiente de la ley de la selva como la acción de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al avalar las calumnias de la revista Letras Libres contra el diario La Jornada, y al bendecir las campañas de odio y mentiras que alimenta la derecha.
 
Se está avanzando a contracorriente y los poderosos harán lo que sea para evitar su vencimiento, incluso la agudización de las matanzas y enfrentamientos. La caída del helicóptero en el que Francisco Blake Mora, segundo secretario de Gobernación que perece en una tragedia aérea (éste en el inicio del arranque de la campaña electoral), puede ser presagio de un recrudecimiento de la lucha violenta entre las cúpulas, la agudización de las contradicciones entre los más poderosos y de situaciones complicadas para 2012.
 
Para que prevalezca el gobierno del PRIAN y que la gente no acuda a votar por un cambio se están impulsando campañas para anular el voto, o promover el voto en blanco, para meter a todos los políticos en el mismo costal y crear desánimo. Para provocar la apatía se desprestigia a la política y se busca que la gente se desentienda, en lugar de participar activamente. Si los mexicanos acuden masivamente a votar el 1 de julio de 2012 es segura la derrota del PRIAN y la victoria de López Obrador. Por eso la “mafia en el poder” busca desmoralizar a la población y aumentar la dosis de violencia con el fin de paralizarla. Pero la fuerza de López Obrador radica en la organización. Él no se presenta como un producto de mercado, sino que propicia la creación de comités y la acción colectiva y la defensa de los intereses generales. Su fuerza aumentará porque ha logrado sembrar consciencia y una gran fe en el futuro del país, y la fe mueve montañas: los mexicanos conscientes y organizados, que ya es una base muy sólida, se duplicarán en unos meses y llevarán a la transformación que requiere México. Para contribuir a esta labor el Congreso de la Soberanía ha convocado a un congreso extraordinario el 5 de mayo de 2012 para impulsar la lucha por un gobierno de paz, trabajo, democracia y que promueva la soberanía nacional y popular.
 
*Dirigente de Mexteki y vocero del Congreso de la Soberanía