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Israel pretende presionar a Estados Unidos y Gran Bretaña a una guerra contra Irán. Para ello, ha iniciado una campaña discursiva y mediática parecida a la que precedió a la invasión de Irak. Sn embargo, las condiciones ahora son muy diferentes: Teherán no está aislado y cuenta con el apoyo de las potencias del BRIC; además, el gobierno de Ahmadineyad posee más elementos disuasivos, tanto militares como políticos. El mundo podría verse envuelto en un callejón sin salida en las próximas semanas

 
Pepe Escobar/Red Voltaire
Los países que representan un modelo de soberanía –Venezuela, Irán, Rusia, Brasil, China o Libia en un pasado reciente, por citar algunos– y de resistencia al dominio imperialista de Estados Unidos y de sus socios europeos, naciones  soberanas que cuentan además con enormes riquezas energéticas (minerales, gas, petróleo) están bajo la agresión constante de las potencias imperialistas (con un pasado colonizador) que han visto en esas riquezas un medio de solucionar los endémicos problemas económicos a los que se enfrentan por sus desmedidos gastos militares y de una economía especulativa controlada por una oligarquía financiera internacional que la guerra una opción de ganancia.
 
Como clímax de un frenesí de filtraciones en los medios corporativos occidentales que llevó –literalmente– a la histeria nuclear, los inspectores de las Naciones Unidas en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) publicaron un informe que acusa a Teherán de haber intentado diseñar en 2010 un arma nuclear que se ajusta a la ojiva de un misil. De acuerdo con el informe, Irán trabajó “en el desarrollo de un diseño propio de un arma nuclear incluidos los ensayos de sus componentes”.
 
Aparte del esfuerzo de rediseñar y miniaturizar un arma nuclear paquistaní, también se acusa a Teherán del intento de desarrollar una operación clandestina para enriquecer uranio –el “proyecto sal verde”– que podría utilizarse para “un programa oculto de enriquecimiento”.
 
Todo esto lleva al OIEA a expresar “serias preocupaciones” sobre la investigación y desarrollo “específicos de armas nucleares”.
 
El informe vende la idea de que mientras el OIEA ha intentado durante años de monitorear las reservas iraníes declaradas de mineral de uranio y uranio procesado, actualmente 73.7 kilos de uranio es enriquecido al 20 por ciento en la planta de Natanz, más 4.922 kilos de uranio enriquecido a menos del 5 por ciento, Teherán tratado, en secreto, de construir un arma nuclear.
 
 

Información dudosa

 
El OIEA insiste en que se fundamenta en información “creíble” –más de 1 mil páginas de documentación– de más de 10 países y basada en ocho años de “evidencia”.
 
Pero el OIEA no tiene medios independientes para confirmar la enorme masa de información –y desinformación– de potencias en su mayoría europeas. Mohamed el-Baradei (predecesor de Yukiya Amanocomo jefe del OIEA) lo dijo muchas veces. Y siempre cuestionó lo que sucede por ser “inteligencia sobre Irán”, porque sabía que se politizaba en extremo y que traspasaba los límites de los rumores y las especulaciones.
 
No es nada sorprendente que el ultraconservador periódico iraní Kayhan haya tenido motivos para preguntar si se trataba de un informe del OIEA o de un dictamen estadunidense al fácilmente manipulable Amano.
 
No hay nada que sea siquiera un descubrimiento trascendental en el informe; imágenes satelitales y especulaciones de los “diplomáticos”, presentadas como “inteligencia” irrefutable. Si esto se parece a la preparación de una guerra contra Irak, es porque así es. Esencialmente, es una regurgitación de una farsa de hace cuatro años, conocida como el “salto de la muerte”.
 
El escenario más próximo a la realidad –incluso si se considera la existencia de un programa encubierto, lo que no está demostrado– indica que la construcción de una ojiva nuclear sería contraproducente para Teherán.
 
No obstante, el Cuerpo Islámico de Guardias Revolucionarios (IRGC, por su sigla en persa) –a cargo de todos los programas militares de alto nivel– puede conservar la opción de construir una ojiva nuclear con la rapidez de un relámpago, como disuasivo en caso de que estuviera absolutamente seguro de que Estados Unidos invadiría, o que lanzaría una prolongada campaña de “conmoción y pavor”. La consecuencia real de que Irán acabe fabricando un arma nuclear es que terminaría de una vez por todas con la permanente amenaza de un ataque estadunidense. Quien tenga alguna duda que consulte el expediente norcoreano.
 
El régimen de Teherán podrá ser implacable pero no está compuesto de aficionados: construir un arma nuclear –sea en secreto o a plena vista del OIEA– y hacerla estallar, no los llevaría a ninguna parte. El régimen –que ya está embrollado en una compleja batalla interior entre el supremo líder Alí Jamenei y la facción del presidente Mahmud Ahmadineyad– se vería totalmente aislado desde el punto de vista geopolítico.
 
La población iraní está mucho más preocupada por la inflación, el desempleo, la corrupción y el ansia de más participación política, como para lanzarla a una controversia nuclear global. Existe un amplio consenso positivo sobre un programa nuclear civil. Pero no existe ninguna garantía de que incluso una minoría apoyaría una “bomba islámica”.
 

El reto a Israel de que demuestre sus afirmaciones

 
Lo que inquieta no sólo a Israel sino a la amplia gama de intereses estadunidenses que 32 años después todavía no aceptan la pérdida de su valioso gendarme del Golfo (el shah de Irán, Mohammad Reza Pahlevi), es que Teherán los mantiene en un quebradero de cabeza permanente.
 
Es predecible que el gobierno del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu siga ladrando hasta niveles ensordecedores, mientras que prueba todos los trucos necesarios para hacer que actúe Estados Unidos.
 
Netanyahu (al que no soportan los presidentes Barack Obama ni Nicolás Sarkozy) tiene una estrategia decisiva: llevar a Washington y a unos pocos subalternos, de los británicos a la Casa de Saud (y no tiene nada que ver con la “comunidad internacional”) a que ejerzan la máxima presión sobre Teherán. De otra manera, Israel va a atacar. Esto no tiene sentido, porque ese país no puede atacar ni a un poodle. Todo su equipamiento militar es estadunidense. Necesita un permiso especial para cruzar el espacio aéreo saudí o irakí. Una tarjeta verde de Washington de la A a la Z. Al gobierno de Obama se le podrá acusar de cualquier cosa, pero no de suicida.
 
Sólo esos ceros a la izquierda del Congreso estadunidense –despreciados por la abrumadora mayoría de la población, de acuerdo con varios sondeos– pueden llegar a creer en las órdenes de marcha marcial que reciben de Netanyahu a través del poderoso lobby Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel.
 
Lo que queda es la posibilidad de más sanciones todavía. Cuatro vueltas de duras penas del Consejo de Seguridad ya afectan a las importaciones de Irán, su banca y finanzas. Pero hasta ahí llega la cosa.
 
 
Rusia no está convencida por el informe del OIEA, y ya lo afirmó. China no está impresionada: el Organismo Internacional de Energía Atómica no tiene suficiente evidencia para acusar a Irán de realizar un programa activo de armas nucleares.
 
Hay que olvidar la posibilidad de que Rusia y China acepten otra vuelta de sanciones impuesta por Estados Unidos en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que sería literalmente nuclear: un boicot de facto de las ventas de petróleo y gas de Irán.
 
Sólo un montón de payasos puede suponer que China votaría contra su interés nacional de seguridad en el Consejo de Seguridad de la ONU. Irán es el tercer proveedor de petróleo de ese país, después de Arabia Saudí y Angola. China importa 650 mil barriles de petróleo diarios de Irán –50 por ciento más que en 2010– y es más de un 25 por ciento de las exportaciones totales de petróleo de Irán.
 
Incluso el gobierno de Obama tuvo que admitir que un boicot es inimaginable: privaría a la economía global (en camino a la depresión), de por lo menos 2.4 millones de barriles de petróleo diarios, y el barril llegaría quizá a costar 300 o incluso 400 dólares.
 
Teherán tiene –y seguirá encontrando– medios para burlar las sanciones financieras. India ha pagado importaciones de petróleo iraní a través de un banco turco. Teherán también comienza a utilizar un banco ruso.
 
Esto demuestra que el mantra de Israel de que la “comunidad internacional” aísle a Irán es una argucia. Protagonistas clave como los integrantes del BRIC (sigla para referirse a Brasil, Rusia, India y China) mantienen estrechas relaciones comerciales con ese país.
 
Además, en medio de toda la histeria “iranofóbica”, la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO) –China, Rusia y cuatro stans centroasiáticos– tuvo su última cumbre en San Petersburgo, Rusia. Irán –que tiene estatus de observador– estuvo presente por medio del ministro de Relaciones Exteriores, Ali Akbar Salehi. Tarde o temprano Irán será admitido como un integrante pleno.
 
Incluso antes de que Irán se uniera a la SCO, China y Rusia consideraron una agresión contra Irán como un ataque contra ambos. Respecto a la idea de la integración asiática de la energía, será muy interesante ver a Israel tratando de convencer a Estados Unidos de que realice una ofensiva contra Asia.