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Tan solo en Matamoros, en los últimos dos meses ocho niños han sido objeto de abuso sexual en diferentes incidentes. Ante la gravedad del asunto, las autoridades y organismos sociales trabajan para vencer la política del silencio que permite a muchos abusadores permanecer impunes durante décadas, en las que provocan serios daños psicológicos a sus víctimas
 
Nadia Irene González Guzmán / Matamoros, Tamaulipas
 
En Matamoros el problema del abuso infantil es muy grave. Sólo en dos meses, las autoridades del Sistema del Desarrollo Integral de la Familia en esta frontera recibieron las denuncias de ocho menores de edad supuestamente violados.
Y es que durante las primeras semanas del mes de septiembre, la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia inició cinco investigaciones por el presunto abuso en contra de igual número de niños en esta frontera.
Las víctimas, todos de menos de 10 años de edad, supuestamente fueron violentadas por personas muy cercanas a ellos. De acuerdo con la investigación, tres fueron sometidos por sus padrastros, quienes se encargaban de cuidarlos mientras la madre trabajaba.
Alejandro Peña Jara, titular de la procuraduría, reveló que a inicios del mes de octubre recibió la denuncia de la supuesta violación a tres niños más, por parte de un operador del servicio de transporte escolar identificado como Ignacio Pérez Buenrostro.
De acuerdo a la acusación, las madres de los niños atacados pagaban a esta persona tanto para que llevara a sus hijos a la escuela, como por el servicio de “guardería” en que prestaba en su domicilio particular.
Lo que alarmó a las autoridades, es que el agresor tenía más de diez años de servicio como chofer del transporte escolar y además fue durante muchos años entrenador de equipos deportivos.
El esfuerzo para frenar el delito de abuso sexual se ha vigorizado al detectarse un promedio de 35 niños que son atacados al año en esta frontera.
Miriam Nenninger, psicóloga, terapeuta y autora del libro “No me toques! ¡Me lastimas!”, que aborda la prevención del abuso sexual, dijo que cuatro de cada diez niños son víctimas de tocamientos y abuso por parte de un adulto durante la infancia.
La procuraduría que apoya al Desarrollo Integral de la Familia precisa que el número de casos que tienen registrados, fácilmente puede triplicarse si se cuentan aquellos que van directamente al Ministerio Público por flagrancia y otros tantos que no se denuncian hasta que transcurren varios años de dolor y sufrimiento.
Durante el último trienio, la violencia sexual contra menores es cada vez más frecuente. Lamentablemente, este abuso se detecta varios años después de iniciado, lo que deja a la víctima en la vulnerabilidad de estar a merced de su agresor hasta que puede denunciar o alguien más se percata del problema que vive.
 

EL PORQUÉ DEL SILENCIO

“Me solía hacer tocamientos cuando nadie nos veía, luego me daba dinero y todos me decían ‘te quiere mucho tú abuelito’, pero yo estaba triste porque sabía que no podía decir nada contra él, era su palabra contra la mía y yo sólo tenía 10 años”, dijo Guadalupe, una victima de abuso sexual.
Dijo que sólo se liberó del acoso hasta que se mudó con sus padres a otro Estado de la República y sólo visitaba a sus abuelos en fechas importantes, evitando en todo momento quedarse sola con el padre de su mamá.
Hoy día esta víctima, como otras tantas que llegan a la edad adulta, recibe apoyo psicológico debido a que el abuso marcó su confianza al establecer relaciones afectivas.
Desgraciadamente, Guadalupe comprobó en carne propia que las señales de alerta que pueden manifestar los niños que sufren abuso físico y sexual son ignoradas o inadvertidas.
El miedo, la vergüenza, la poca credibilidad que muestran los adultos hacia los menores abusados, incluso en algunos casos el encubrimiento al agresor, son algunas de las razones por las que se guarda silencio frente a un caso de abuso.
Las autoridades son las primeras en admitir que lo más difícil de lograr es que se de la denuncia cuando se registran estas agresiones en contra de menores de edad, no obstante el sufrimiento que viven.
Coinciden en que una vez que un niño rompe el silencio queda expuesto a ser dañado con cuestionamientos que inicialmente vienen de la propia familia y que pueden incluso situarle como el responsable o causante del problema.
Peña Jara detalló que a veces los propios padres no son cuidadosos y preguntan al menor lo que ocurre sin valorar que se trata de un niño o niña y que solamente un especialista puede manejar adecuadamente una situación de este tipo.
Y es que los interrogatorios realizados sin la debida cautela son apenas el principio de un tortuoso camino que viene tras la denuncia.
“Tristemente hemos visto casos en los que las madres por comodidad o por no perder a su pareja permiten que ésta abuse de su hijo o hija o incluso anteponen la tranquilidad del agresor sobre la del niño”, dijo Peña Jara.
Recordó un caso cuando el responsable del abuso era tío de la víctima y, aunque
su hermana estaba enterada de lo que había hecho, se rehusó a denunciarlo pues
tenía miedo de que “se fuera a morir en la cárcel”.
“En ese caso tuvimos que denunciar también a la madre por encubrimiento”, explicó.
 
 

¿CÓMO?, ¿CUANDO?, ¿QUIÉN?

 
El procurador de la Defensa del Menor dijo que la mayoría de las víctimas de abuso infantil que han apoyado son hijos de madres solteras o con una pareja que no es el padre del menor.
“No podemos imaginar qué hace un niño que sale a las 12:30 ó 13:00 horas y va a casa donde permanece solo, hasta que su mamá sale del trabajo, pues es difícil, pero hay un gran número de niños que crecen así”, dijo.
Precisó que cualquier niño puede ser vulnerable, pero la mayoría de las víctimas detectadas tienen ciertas condiciones que predisponen la violencia, como es el que la madre sea el sustento del hogar y se vea obligada a dejar al niño desde que éste sale de la escuela y hasta que ella llega a casa.
“Por citar un ejemplo, algunas madres trabajan casi todo el día y salen a las cinco o seis de la tarde o, peor aún, trabajan por la noche y dejan a sus hijos al cuidado de un adulto, que puede ser en apariencia confiable y que ve la oportunidad de someter al niño con amenazas, casi siempre”, explicó.
Lamentó que en algunas viviendas la situación sea tan precaria, que toda la familia duerme en una sola habitación y no existe la adecuada privacidad para los padres, incluso si requieren intimidad. Esto provoca que el niño no distinga el riesgo que representa que un adulto se quede a solas con él para, entonces, cometer el abuso.
Señaló que los menores que se han rescatado de la violencia sexual en sus hogares (unos 25 en lo que va del año), son enviados en su mayoría a la Casa Hogar del Niño Matamorense, localizada en la colonia San Rafael.
“Los menores del rango de edad de los 12 a los 17 años se canalizan al Programa de Atención a Niños y Niñas en Riesgo de Trabajo Infantil (Pannarti), cuyo albergue se localiza en el fraccionamiento Quinta Real y están bajo una constante atención”, dijo.
Explicó que en ambos sitios los niños reciben un trato especializado que les permite recuperarse y que consta de psicólogos, médicos y afecto de todas las personas que se aplican a su cuidado.
 
 

BANDERA ROJA, BANDERA VERDE

 
Para el grupo Principios de Vida A.C. la definición de abuso sexual infantil es: “Contacto e interacción entre una gente joven dependiente e inmadura en cuanto a su desarrollo y una persona de mayor edad que realiza con él o la menor una actividad sexual, utilizando para sus fines la persuasión, la autoridad moral o la fuerza física”.
Por eso organizó el Sexto Foro Internacional “Factores de riesgo del abuso sexual infantil y del adolescente”, los pasados los días 11 y 12 de noviembre, con la intención de difundir la importancia de estar alerta y detectar los signos que anteceden un abuso antes de que se consuma.
Se estima que en América Latina, más de 100 mil niños son víctimas de abuso sexual comercial y un número mayor de violencia sexual se realiza en sus propios hogares.
Otra de las acciones que se están llevando a cabo es el curso “Bandera roja, bandera verde”, en el que se les enseña a padres, maestros y niños a diferenciar las situaciones de riesgo más comunes.
Margot Saavedra, maestra en el Jardín de Niños Felipe Rocha Delgadillo (donde se llevó a cabo el curso), aseguró que esta plática es importante porque en esta edad los niños pueden ser más vulnerables, debido a que su expresividad es limitada.
Explicó que el curso permite enseñar a los niños que un abrazo de un ser querido es una muestra de cariño que les hace bien, por lo que es clasificado como una ‘bandera verde’; sin embargo, los tocamientos y otras situaciones incómodas son distintas y deben ser expresadas como una ‘bandera roja’, porque no deben callarse.
“Básicamente les infundimos confianza en que lo que dicen es valioso y no va a ser desestimado sólo porque sean pequeños… pero somos muy cuidadosos en que aprendan la diferencia para no caer en confusiones”, expresó.
Detalló que todas las maestras y adultos tienen la obligación moral de proteger a los menores y no deben actuar con cobardía cuando se hace evidente que se está cometiendo un posible abuso.
“Deben avisar inmediatamente a la autoridad a quien le corresponde investigar y establecer si existe un delito o no”, dijo.
La mayoría de los depredadores sexuales hacen una labor de convencimiento y sometimiento de sus víctimas, que podría ser detectada por los adultos más cercanos al menor si no se ignoraran algunos signos de alarma.
 

SE PUEDE SANAR

 
En su cuento: “¡No me toques! ¡Me lastimas!”, Miriam Nenninger, psicóloga, colaboradora de Univisión, Televisa y otros medios informativos que se trasmiten en Estados Unidos y México, alerta a los niños y a sus padres sobre el abuso sexual con la siguiente historia: 
“El señor Gato le dijo a Rummy la ratoncita: ‘Esto es un secreto entre tú y yo, y no se lo vayas a decir a nadie, porque si lo haces voy a decir que tú tienes la culpa…”.
Nacida en McAllen, Texas, pero criada en el ejido Villa Cárdenas, Tamaulipas, esta autora está familiarizada con el desarrollo de los niños en la frontera y por lo tanto conoce lo vulnerable que son a sufrir, en algunos casos, maltrato o abuso.
Nenninger orienta y previene a los niños sobre el abuso sexual como parte del programa que creó llamado DAS-KIDS que está dirigido a sanar familias han sufrido la violencia sexual en algunos de sus miembros más pequeños.
El significado de DAS es: “Déjame Ayudarte a Sanar” y su dinámica está diseñada para que se lleve a cabo en 10 secciones, una por semana. A través de estos talleres, mujeres, hombres y adolescentes se reúnen en grupos separados y corrigen algunos de los daños que les dejó un evento traumático de abuso.
Ha escrito seis cuentos y en la presentación de su taller sobre abuso sexual en la infancia, realizado a finales del mes de octubre en Matamoros, habló del problema expresando su firme opinión como especialista sobre la curación y sanación total
de una víctima con el debido apoyo psicológico.
“Romper el silencio, recibir ayuda y recibir apoyo psicológico y espiritual, puede lograr que se sane. He visto que niños que fueron abusados sexualmente y a través de terapia del juego reincorporan lo ocurrido como parte de su vida, pero en sanidad”, dijo.
Indicó que en el caso de los padres es a veces más difícil la recuperación porque siempre piensan: “Es que yo estaba trabajando y lo dejé con mi cuñado, con mi hermano, con mi pareja”, y llega un momento en que la culpa los paraliza, los frustra y sobreprotegen al niño causándole un daño mayor.
 
Expresó que el abuso sexual sucede en segundos… pero se debe tomar el tiempo para sanar en el caso de los padres deben perdonarse y permitir que sus hijos sanen también.
“Un adulto agresor fue un niño abusado. Un niño de cinco años, que sabe lo que es bueno o malo y llega un joven o un hombre y se da la penetración, provoca en el menor dos emociones: Confusión y placer inconsciente, porque hay zonas erógenas y esto
se revierte cuando llega a la vida adulta”, refirió.
En éste caso, dijo, si la semilla “confusión-placer” se mantiene por muchos años, la víctima asocia “pene con placer” y es ahí donde inicia la perversión en la mente y es una persona que repetirá la conducta porque aprendió, es una conducta aprendida.
Como parte del taller invitó a las madres a mantener una comunicación constante con sus hijos y a confiar en lo que dicen.
“Si hay que enfrentar un caso de abuso sexual, entonces se debe denunciar como parte de la sanidad del niño cuando ven
que sus papás buscan que se haga justicia”, indicó.
En Tamaulipas, el Código Penal establece una pena máxima de 30 años para los violadores de niños y personas discapacitadas, de acuerdo con las reformas aprobadas apenas el año pasado. Pero la pena se reduce a la mitad por acuerdos de preliberación.
Mientras Texas tiene disponible en Internet la localización exacta de los domicilios de los “predadores sexuales” y la mayoría de los Estados norteamericanos comparten eficientemente este sistema, México no cuenta con un registro de quiénes cometen este delito, incluso una vez que salen de prisión.

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