México se polariza aún más

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Mientras se alimenta la polarización del país con el debate sobre el aborto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), cuyos ministros deberían tener plena conciencia sobre los riesgos que conlleva una situación así en estos momentos, la lucha por debajo de la mesa en los partidos para decidir a sus candidatos para la Presidencia de la República en 2012, cada día se exacerba más.
 
En el Partido Revolucionario Institucional (PRI) las cosas ya están decididas con Enrique Peña Nieto como el abanderado que acabará siendo de unidad. En el Partido Acción Nacional el nerviosismo sube de tono porque el delfín de Felipe Calderón no despunta, sino que camina en reversa. Y en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) causó gran alarma la declaración de Humberto Moreira respecto de que el enemigo a vencer en la contienda electoral es Andrés Manuel López Obrador.
 
De inmediato saltó el jefe de los Chuchos, Jesús Ortega, para protestar porque Moreira pretende influir en la designación del candidato del PRD. No es así, desde luego, porque en definitiva lo que buscó el presidente del partido tricolor fue crear un ambiente que contribuya a dividir todavía más a la izquierda. Por su parte, Gustavo Madero, dirigente del blanquiazul, con su estilo característico pidió a Moreira “que no se haga güey”, pues lo que pretende con sus declaraciones es “generar miedo y que la gente diga, ‘vámonos con el copetón’. No es por ahí”. Se advierte que logró su propósito el coahuilense, por lo que se equivocan sobremanera quienes suponen que cometió un error; que le salió lo provinciano.
 
Sin embargo, aun cuando no lo haya pretendido, habló con la verdad. El contendiente a refrenar por parte de la tecnocracia neoliberal es López Obrador, el único político sin compromisos con la oligarquía. Pero precisamente por ello su designación es muy cuesta arriba, situación que se podrá superar en la medida en que el Movimiento de Regeneración Nacional, que encabeza, logre su objetivo de cubrir territorialmente todos los distritos electorales del país, y se imponga a los designios de los liderazgos regionales perredistas, la mayoría en manos de los Chuchos. Por otra parte, los resultados del viaje del tabasqueño a Chicago, que realiza en estos días, serán determinantes para saber si tiene o no posibilidades reales de lograr la candidatura de la izquierda. Si son favorables, el siguiente paso sería evitar una ruptura.
 
Como quiera que sea, lo fundamental es que tanto Marcelo Ebrard como López Obrador no rompan el compromiso de seguir juntos en el viaje, independientemente de quien esté mejor posicionado, con absoluta objetividad y sin recurrir a golpes bajos o triquiñuelas inaceptables. Sin una izquierda unida, el triunfo será prácticamente imposible. Así debieran entenderlo los Chuchos y sus aliados, si es que quieren seguir teniendo vigencia en el escenario político nacional. Si la derecha llegara a “ganar”, incluso con un fraude monumental, ya no necesitaría de esquiroles ni traidores de la “izquierda”, porque serían un estorbo.
 
Por otro lado, causó asombro la imprevista reunión entre Manlio Fabio Beltrones y Ernesto Cordero, que fue sorpresiva incluso para sus colaboradores más cercanos. De inmediato se iniciaron todo tipo de especulaciones sobre los móviles de este inopinado encuentro. La única explicación lógica es que se reunieron porque así lo quiso Calderón. Pudo haberlo hecho para enviar con su delfín algún mensaje específico al presidente de la Cámara de Senadores, por conducto de su gente más confiable. Es muy improbable que la iniciativa haya salido de Beltrones, pero si ese fuera el caso la única finalidad sería hacerle saber al inquilino de Los Pinos que no lo habría de afectar si gana la Presidencia, pero a cambio de jugar limpio en el proceso y de apoyo para lograr la victoria.
 
De cualquier manera, la lectura que deja esta reunión es que Peña Nieto no tiene asegurada la candidatura del PRI, y que para Calderón es importante en este momento, cuando todavía tiene fuerza política, aunque muy menguada por los sucesivos fracasos de su “guerra” contra la delincuencia organizada, buscar las mejores condiciones para abandonar Los Pinos sin miedo a un ajuste de cuentas, sino con la cobertura del Ejecutivo para evitar persecuciones y venganzas.
 
Por lo pronto, el debate desatado por la SCJN es muy oportuno para que la opinión pública se distraiga con un tema muy polémico, pero al mismo tiempo sumamente peligroso en la actual coyuntura. El hecho concreto es que así se contribuye a una mayor división entre los mexicanos, situación que podría servir a los fines del grupo en el poder, que tiene temor a que el pueblo cierre filas en torno a López Obrador, como en efecto está sucediendo, de conformidad con los resultados de las constantes giras del tabasqueño por todo el territorio nacional. De ahí la astucia de Moreira para salir con una declaración igualmente controvertida, que habrá de contribuir a una más lamentable división de la izquierda. Ojalá que no sea así.
 
*Periodista