¡Arrancan!

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El próximo 7 de octubre el todavía fragmentado Instituto Federal Electoral (IFE) dará el banderazo de salida para la contienda de 2012. Pero como es normal, a pesar de los calendarios oficiales, la disputa ya comenzó. Sobre todo en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el que el exgobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, lleva más de un lustro en campaña, y el Partido Acción Nacional, institución en que el dedo oficial –en este caso encarnado en el presidente Felipe Calderón– ya nominó a su discípulo, Ernesto Cordero, exsecretario de Hacienda y Crédito Público.
 
El PRI ha utilizado los medios de comunicación como nadie en los últimos tiempos. Se ha echado en los brazos de Televisa, la cual ha llevado a cabo una cobertura fuera de serie para apuntalar a un funcionario que tiene unos cuantos pronunciamientos acerca de la sociedad, pero muchas oportunidades para hacer su ambiciosa campaña. Por ello, desilusiona que en el noticiero de Joaquín López Dóriga, el pasado 19 de septiembre, el mexiquense dijera: “Sí quiero ser presidente de México, sí aspiro [sic que se ahoga] a ser presidente, así de claro, así de abierto, así de franco”. Pronunciamiento que es obvio, lógico después de su último informe de gobierno e incluso en la toma de posesión de su sucesor, Eruviel Ávila. En ambos actos hubo porras de acarreados que gritaban: “¡Se ve, se siente, Peña presidente!”.
 
Lo más destacado en la ceremonia final de su administración no fue el que llegaran la mayoría de los gobernadores compañeros de sector y de partido, como se decía hace lustros, sino que asistiera el padrino de Peña Nieto, Arturo Montiel. El tipo no aparecía hace tiempo, lo mismo por su divorcio con Maude Versini, que por estar en graves problemas de adicciones, de acuerdo con comentarios diversos. Incluso, Ricardo Alemán publicó en su columna Itinerario Político (Excélsior, 14 de septiembre de 2011) que Montiel tuvo un grave problema en Miami, por el que le retiraron la visa estadunidense. Por lo tanto, fue un atrevimiento mayor el hacer la apología de quien fue acusado por Roberto Madrazo de enriquecimiento muy explicable pero ampliamente ilícito.
 
Ya sabemos que a los políticos no les interesa la opinión pública. Tanto así, que Peña Nieto le deja a Ávila una inseguridad terrible en 15 colonias de Netzahualcóyotl (Milenio, 16 de septiembre de 2011). Diversos periodistas han señalado que hay pendientes en Atenco; no se han resuelto multiplicidad de feminicidios (Denise Dresser, Reforma, 18 de septiembre de 2011), y que hay un Peña Nieto de exportación, ya que muchos de sus compatriotas tuvieron que emigrar a Estados Unidos por falta de trabajo. Amén de que el Estado de México es de los últimos en transparencia en asuntos públicos. Y las lluvias, como vemos frecuentemente, arruinan las casas y los objetos de cientos de pobladores sin remedio gubernamental.
 
Todo ello parece no importar y Peña Nieto va a la cabeza de los aspirantes que buscan la silla del águila. Incluso ahora habla de tener un programa de gobierno antes que el candidato, hacer una elección interna en el PRI donde participe toda la población, ataca a Felipe Calderón porque debido a su tozudez no se llegaron a acuerdos de fondo y hasta defiende al impugnado por Cordero, Humberto Moreira, “el bailador”.
 
En síntesis, Peña Nieto está echado para adelante aunque le indique a Emilio Chauyffet, presidente de la Cámara de Diputados y empleado del exgobernador, que no apruebe la reforma política, impida el nombramiento de los tres consejeros del Instituto Federal Electoral faltantes y quiera imponer la cláusula de gobernabilidad; esto es, tener mayoría de diputados con 33 por ciento de la votación.
 
Para ver la desmesura peñista, es necesario leer el excelente libro de Jenaro Villamil El sexenio de Televisa. Conjuras del poder mediático (Grijalbo), que en la página 130 señala: “Enrique pagó a Televisa 742 millones de pesos en promocionales durante 2005-2006. Con esos apoyos, nadie podrá desbancarlo, a menos que ocurra otra tragedia similar a la de su tío Montiel”. Veremos, pues.
 
En el lado blanquiazul las cosas no pintan muy bien para el favorito de Calderón, Ernesto Cordero. Incluso hay periodistas que le insisten a éste que renuncie a sus aspiraciones, aunque, curiosamente, varios que son informadores de gran prestigio aseguran que como secretario de Hacienda y Crédito Público realizó muy bien su misión y hasta era moderado en sus juicios ante los adversarios.
 
Si por sus logros los conoceréis, al decir de los textos importantes, el aumento de la pobreza, la baja de las exportaciones, el retroceso en la reforma impositiva y el crecimiento económico que en el sexenio llegará cuando más al 1.9 por ciento en promedio, nos muestran a un funcionario más bien mediocre que a alguien importante. Y si a ello le sumamos que la paridad ya está en más de 13 pesos por 1 dólar, entenderemos que ni siquiera lo que presumía el itamita está bien. Tan difícil ve la contienda que incluso aceptó dos retos de sus contrincantes: Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel. La primera, hacer un debate acerca de la realidad nacional y las propuestas; claro, una de éstas sería tratar asuntos económicos. La segunda, aceptar verbalmente que la elección del candidato panista fuera ante toda la población. Ambas lo desfavorecen, pero no le queda otra a quien no levanta ni con globos de helio.
 
Pero si sus frases han sido desafortunadas (desde los 6 mil pesos que alcanzan para todo, mejor que la Bartola de Chava Flores), hace poco elogió al secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna. Dijo que sería un honor para Cordero que el jefe policiaco siguiera en su puesto y “que no había evidencia empírica de que la lucha contra el narco ha fracasado” (sic que evita ver cifras nacionales e internacionales).
 
Para aceptar los retos que le lanzaron Vázquez Mota y Creel, Cordero utilizó una frase mexicana que se usa en los juegos de palabras sexuales: “Como quieran quiero, y como se acomoden puedo” (El Financiero, 20 de septiembre de 2011). Valdría la pena que el finolis de Cordero buscara a la sexagenaria Lourdes Ruiz, la más rápida alburera de Tepito, que se presenta frecuentemente en la Galería José María Velasco, para que supiera algo fundamental: el lenguaje habla de uno mismo. Esto último lo dice mejor el filósofo Ludwig Wittgenstein: “Los límites del lenguaje son los límites de la mente”.
 
Entre quien busca la televisión para todo y el que se expresa sin conocimiento del lenguaje, estamos fritos.
 
*Periodista