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Alrededor de 13 mil personas requieren hospitalización en México por quemaduras severas al año. Sin embargo, el país no cuenta con un solo hospital especializado en la materia: apenas un centro y 17 unidades médicas. En total, se cuenta con menos de 130 camas para quienes sufren quemaduras graves. Apenas 66 pacientes han sido atendidos en un centro que costó 658 millones de pesos. Los elevados precios de la atención privada y la alta tasa de accidentes provocan que la mayoría no reciba atención médica

Rodrigo Santillán nunca supo que tenía la cara y los brazos en llamas. Cuenta que no le dolía. “Vi todo negro. Estaba mareado. No entendía nada”. Luego el frío; el punzar del abdomen; el tremor de la carne.
 
—Eran las siete de la noche de un día como éstos –recuerda Rodrigo, un niño de 12 años, desde la sala de la Fundación Michou y Mau, a la que acude con frecuencia para recibir apoyo económico, rehabilitación y medicamento–. Yo estaba haciendo una fogata, anochecía y alguien echó alcohol para que se encendiera y flameó y me tocó a mí.
 
Aficionado al futbol, seguidor del Cruz Azul y delantero del equipo infantil local, Rodrigo lleva los brazos y el rostro cubiertos por prendas de lycra que favorecen la correcta cicatrización de las lesiones que le causó el fuego en 14 por ciento de su cuerpo.
 
“Yo estaba en el negocio; escuché gritos pero no me imaginé que iban a hacer lumbre; jamás nos avisaron. Nunca lo hacían”, explica Víctor Santillán, padre de Rodrigo.
 
Agrega: “Le echaron alcohol. Él estaba agachado metiendo un pedazo de ocote prendido. La botella de alcohol no sabemos de dónde la sacaron porque sí se tenía una, pero no estaba a su alcance. La agarraron y la echaron al fuego. Como él estaba más abajo, lo agarró agachado”.
 
El hombre de 36 años recuerda que la noche del 20 de agosto de 2010 Rodrigo jugaba en el patio de la casa –ubicada en Atotonilco de Tula, Hidalgo– con Andrés, de 10 años, y Cristián, de siete, sus hermanos; y sus primos Carlos y Mariely, de nueve y siete años, respectivamente. “Ellos le echaron agua de la pileta para apagarle las llamas”.
 
Rodrigo añade: “Después mi papá me recogió en la camioneta y nos fuimos por un pueblo que se llama Texas. Encontró una patrulla y nos auxilió: llamó a una ambulancia”.
 
La unidad de urgencias los trasladó al hospital de Tula donde permanecieron apenas dos horas. “La doctora dijo que había que llevarlo a otro hospital porque ése no tenía unidad de quemados; el más cercano era en México”.
 
La ambulancia que llevaba a Rodrigo llegó a la una de la mañana al Distrito Federal. “El tráfico nos atoró. Me decía el doctor que lo despertara, que no lo dejara dormir. Él lo iba checando. A cada rato lo movíamos y le hablábamos”.
Rodrigo pasó 20 días en el Hospital Pediátrico de Tacubaya, que pertenece a la Secretaría de Salud del Distrito Federal. Durante ese tiempo su papá dormía y se aseaba en los albergues o en la casa de un amigo.
 
Propietario de una tienda de abarrotes, “en la que a veces se vende y a veces no”, Víctor Santillán se encuentra imposibilitado de costear la atención de su hijo. “Las medicinas son caras, pero la Fundación nos ayuda; ellos ponen la mitad. O a veces no tengo y ellos me dicen que luego se las pague”.
 
De acuerdo con la Fundación Michou y Mau, uno de los problemas fundamentales a los que se enfrenta el paciente quemado es el alto costo de la atención y el tratamiento.
 
“Es una de las afecciones que más dinero requiere, que más continuas operaciones necesita para restablecer al paciente”, enfatiza Eduardo Torres Izabal, director patronal de la Fundación Michou y Mau, Institución de Asistencia Privada.
 
La Fundación estima que el costo promedio de la atención integral de un paciente con quemaduras en más del 50 por ciento de su cuerpo, en el Shriners Hospitals for Children de Galveston, Texas, Estados Unidos, es de entre 500 mil y 1 millón de dólares.
 
“En el centro de quemaduras Shriners el costo de la atención al paciente del 50 y 60 por ciento de la superficie corporal quemada, por día, que incluye la investigación, es de 15 mil dólares diarios; y el tiempo de estancia varía de 10 días hasta meses”, explica Fernando Ortiz Monasterio, cirujano plástico en el Hospital General Doctor Manuel Gea González, profesor emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y profesor de cirugía plástica de la División de Postgrado de la UNAM.
 
Ortiz Monasterio –quien de 1952 a 1954 recibió entrenamiento durante su residencia en cirugía plástica y reconstructiva en la University of Texas, Medical Branch, Galveston– explica, en entrevista con Contralínea, que la atención a pacientes con quemaduras graves significa altos costos para los hospitales.
 
Para la Fundación Michou y Mau los 80 o 100 traslados de menores que realiza anualmente a los centros especializados Shriners en Galveston, Sacramento, Cincinnati y Boston en Estados Unidos, representan una erogación por operativo de entre 10 mil y 12 mil dólares.
 

Largo tiempo de recuperación

 
Rodrigo, que actualmente cursa con interrupciones el primer año de secundaria, viajará en los próximos días a Galveston. Los especialistas van a realizarle una cirugía en el mentón para que el labio, ahora adherido a la barbilla, regrese a su posición original e intervendrán las comisuras de los labios para que adquiera movilidad.
 
Aunque las operaciones no lo asustan, recuerda con claridad la cirugía que le hicieron en una extremidad: “Me rebanaron la pierna para quitarme piel de ahí; la pusieron donde estaba más dañado que era la cara y los brazos. Más en mi brazo izquierdo. Me dolía mucho la pierna”.
 
Además del medicamento, las prendas de presoterapia y la hospitalización, una víctima de quemadura se ve sometida a constantes intervenciones quirúrgicas, principalmente por cirujanos plásticos que reconstruyen tanto estética como funcionalmente su cuerpo. Y es que otro de los problemas al que se enfrenta el paciente quemado, señala Eduardo Torres Izabal, de Michou y Mau, es el largo tiempo de recuperación.
 
“Son muchos años de cirugías, rehabilitación física, y terapia sicológica”. Una persona con quemaduras en el 50 por ciento del cuerpo se somete durante 10 o 12 años cirugías continuas para obtener una rehabilitación lo más cercana a lo que era antes del accidente, explica.
 

Sin datos

 

Ortiz Monasterio –quien ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Doctorado Honoris Causa de la UNAM– señala que probablemente no haya un accidente más grave y de más fatales consecuencias que las quemaduras. “No le puedo dar los datos exactos, pero hay cientos de miles de quemaduras todos los años”.
 
Para la Fundación Michou y Mau, en voz de Torres Izabal, no hay cifras confiables del número de pacientes quemados a nivel nacional: “Estadísticamente no hay una referencia, porque cuando fallece un paciente quemado en un hospital no se indica que murió por quemadura, sino por paro cardiaco o respiratorio. Todas las personas fallecen por estas causas aunque no sean quemadas. Muchas veces la persona entra por quemaduras pero su causa de muerte, que es lo que se registra, es por falla integral del organismo.
 
“Sabemos que existe un alto índice de niños quemados, y por cada niño que nosotros atendemos suponemos que hay 100 niños más que requieren atención.”
 
Con base en los datos reportados por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, la doctora Lourdes Rodríguez, subdirectora del Centro Nacional de Investigación y Atención a Quemados del Instituto Nacional de Rehabilitación (Ceniaq), refiere que en el país 11 mil 500 personas ingresan anualmente a hospitales públicos por quemaduras, el 20 por ciento con quemaduras de segundo grado profundo y tercer grado, las catalogadas como graves.
 
En el marco de la inauguración del Ceniaq, en enero pasado, el presidente Felipe Calderón aseguró que anualmente se registran alrededor de 115 mil casos de quemaduras en México, de los cuales, 13 mil ameritan hospitalización.
 

Centros y unidades sin capacidad

 
Torres Izabal explica que para tratar las secuelas de tipo físico, sicológico y emocional se requiere de un equipo multidisciplinario de médicos, cirujanos, licenciados en rehabilitación física, nutriólogos, sicólogos y enfermeras. Lourdes Rodríguez, también cirujana plástica, considera que la atención a un paciente quemado es “un reto”.
 
El doctor Carlos del Vecchyo Calcáneo, profesor de cirugía plástica en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM y miembro honorario de la Asociación Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva, señala que desde el punto de vista de la cirugía plástica la principal intervención en un paciente quemado en segundo y tercer grado es el autoinjerto de piel.
 
“Esto le salva la vida a los pacientes pero no los dejan estéticamente con un buen aspecto; entonces recurrimos a procedimientos quirúrgicos o                    microquirúrgicos para remodelarlos. En algunos casos obtenemos resultados realmente espectaculares; en otros, no tanto. Lo principal es la función del paciente después de haberle salvado la vida, y esta función es muy importante en áreas como las manos”.
 
Además del equipo humano altamente especializado, la atención a un paciente con quemaduras graves requiere de una infraestructura focalizada. Las unidades de quemados, explica Torres Izabal, deben de cumplir con lineamientos internacionales: habitaciones aisladas con sistemas de filtración especial; quirófano únicamente para los pacientes de la unidad; área de baño-terapia; área de recuperación; y temperatura de entre 36 y 38 grados, entre otros.
 
A decir de Lourdes Rodríguez, la principal causa de muerte en un paciente quemado es la infección, sepsis. “El paciente se coloniza al no tener una cubierta cutánea: la piel es una barrera de protección termorreguladora al ambiente. Normalmente tenemos bacterias en nuestra piel que viven con nosotros. Cuando careces de esa barrera, los microorganismos que vivían contigo se convierten en agresores del organismo.”
 
Actualmente en el país se cuenta con 17 unidades equipadas para la atención a quemados: cinco en el Distrito Federal; una en Toluca, Estado de México; una en Morelia, Michoacán; una en Guadalajara, Jalisco; una en Hermosillo, Sonora; una en Villahermosa, Tabasco; una en Tlaxcala, Tlaxcala; una en Chihuahua, Chihuahua; Ciudad Victoria, Tamaulipas; una en Monterrey, Nuevo León; una en Xalapa y dos en el puerto de Veracruz, Veracruz. Además se cuenta con un centro nacional: el Ceniaq, ubicado en la ciudad de México.
 
El Instituto Mexicano del Seguro Social cuenta con una unidad para quemados en el Centro Médico Nacional de Occidente; otra, en el Hospital de Traumatología Lomas Verdes, y una más en el Hospital Magdalena de las Salinas. El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado cuenta con una unidad en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre. Todos se encuentran en el Distrito Federal.
 
De acuerdo con Lourdes Rodríguez, jefa durante siete años del Área de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Hospital Rubén Leñero y ahora subdirectora del Ceniaq, la diferencia entre las unidades y centros para quemados es el número de camas. “Puede haber unidades de quemados de cuatro o de seis camas, mientras que los centros cuentan con mayor capacidad. El Ceniaq tiene 24 camas y en el área de urgencias tiene dos camas para aislados y cuatro cubículos”.
 
 

Particulares, sin unidades de quemados

 
Los hospitales privados no cuentan con unidades especializadas para quemados. Lourdes Rodríguez refiere: “No hay ni en el Grupo Ángeles ni en el Médica Sur. Atienden quemados, pero no cuentan con un centro o área especial. Sería incosteable”.
 
Especifica que las unidades de quemados en México, en su mayoría, dan atención a menores de edad. Además, subraya que en donde se tiene mayor número y capacidad para manejar este tipo de pacientes es en las capitales, como el Distrito Federal, Guadalajara, Toluca y Monterrey.
 
“Algunos estados, como Guerrero y Oaxaca, no se cuenta con unidades especializadas; sólo hospitales generales sin el equipo médico y paramédico necesario y capacitado para atender las quemaduras.”
 

Ceniaq no resolverá problemática

 
Ante la insuficiencia de instalaciones para el tratamiento del paciente quemado, el gobierno federal invirtió casi 658 millones de pesos en la construcción y equipamiento del Centro Nacional de Investigación y Atención a Quemados, del Instituto Nacional de Rehabilitación.
 
En palabras de Lourdes Rodríguez, el Centro no pretende resolver por sí solo el problema. Incluso, ni siquiera es parte del sistema del Seguro Popular, lo que le permitiría ofrecer los servicios de forma gratuita.
 
Los objetivos 9del Ceniaq son: “Ser un centro modelo que pueda replicarse en toda la República y ser el centro nacional que regule, que aporte a la investigación a nivel nacional y mundial”, explica Lourdes Rodríguez. Agrega que “nuestra encomienda es disminuir la mortalidad en el paciente quemado y el tiempo de estancia hospitalaria; darle una atención de calidad y con todos los recursos que se requieren”.
 
Desde su apertura, en enero pasado, y hasta esta publicación –de acuerdo con datos proporcionados por la subdirectora del Ceniaq– han ingresado 66 pacientes. Por ahora en el Centro hay cinco pacientes.
 
En lo referente a investigación, existen nueve protocolos en desarrollo, de acuerdo con la respuesta a la solicitud de información realizada por Contralínea a la dependencia por medio de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.
 
La doctora Cristina Velasquillo, a cargo del Laboratorio de Biotecnología del Ceniaq, explica que el equipo que encabeza habrá de investigar, desarrollar y elaborar sustitutos biológicos de diferentes tejidos.
 
“Vamos a empezar con piel, pero sabemos que los pacientes no solamente se queman la piel; también pueden ser los ligamentos, las córneas, las orejas, el hueso, el cráneo. Asimismo elaboraremos este tipo de sustitutos para ayudar al paciente a tener una mejor calidad de vida”.
 
La especialista relata que el objetivo es proveer de sustitutos biológicos de calidad a los paciente del Instituto Nacional de Rehabilitación, a otros planteles y al país; de tal manera que no se tenga que comprarlos, pues hasta ahora la mayor parte de los materiales son traídos del extranjero, lo que incrementa los costos de atención a las víctimas. “Se espera, del mismo modo, reducir la importación de tejidos y disminuir nuestra dependencia tecnológica del exterior”.
 
Además, el Ceniaq cuenta con un laboratorio de tejido conjuntivo, donde se estudia la fisiopatología de la cicatrización, un laboratorio de infectología y un banco de piel donde también se desarrolla investigación.
 

Pobreza y quemaduras

 
De acuerdo con información proporcionada por la Fundación Michou y Mau, el Estado de México es la entidad con mayor índice de quemados. “Especialmente, porque ahí producen polvorines y pirotecnia. Los menores de edad trabajan en la producción”, añade Sergio López Ayala, paramédico de la Fundación. Las otras entidades que encabezan la lista de incidencias son el Distrito Federal, Jalisco, Guanajuato, Puebla, Chihuahua y Oaxaca.
 
Para el también director de emergencias y traslados de Michou y Mau, la ocurrencia de accidentes que implican quemaduras se relaciona directamente con la pobreza: “Las clases más desprotegidas son las que registran más casos”.  Resalta que en Oaxaca, Chiapas, la Sierra de Chihuahua, Veracruz, y en comunidades rurales y rancherías, donde el nivel económico es bajo, existen más probabilidades de sufrir quemaduras porque la gente calienta su comida a nivel del piso o usa velas para alumbrarse”.
 
Ortiz Monasterio asegura que pese a la existencia de unidades especializadas, y ante la falta de cobertura en las 32 entidades de la República, “un niño que se quema en la mixteca va a dar al hospital más cercano”.
 
Del Vecchyo Calcáneo, también miembro del Comité Académico de Cirugía Plástica y Reconstructiva de la Facultad de Medicina de la UNAM y médico especialista del Hospital General de México, señala dos aspectos fundamentales en relación con las quemaduras: la prevención y la conciencia de los médicos en la atención y el tratamiento.
 
“Algunas veces llegan los pacientes y, por razones económicas o por ignorancia, los mantienen horas, días o hasta semanas valiosísimas usando medicamentos que no sirven para las quemaduras, lo que hace que gasten; y cuando se les acaba el dinero, los pasan a los hospitales”.
 
El caso de Erandhi Girón es un ejemplo. La niña de seis años pasó un mes internada en un hospital de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, “y nunca hicieron nada”, reclama su mamá, Juana Romero.
 
Originaria de Cruzchén, municipio de Tenejapa –“una zona rural y de riesgo porque es cerro y todo está muy inclinado”, como lo describre Juana Romero, una campesina de 30 años–, Erandhi se electrocutó con un cable y cayó entre las rocas de una altura de más de 8 metros.
 
“Teníamos 15 días esperando que la trasladaran al Hospital Gea González y nunca lo hicieron. Mi esposo habló a la Fundación; envió fotos. Y los trajeron en avión y la internaron en el Ceniaq.”
 
Erandhi, quien habla castellano y zeltal, perdió el brazo derecho. Se lo amputaron en el Ceniaq. “Nos dijeron que dejaron pasar mucho tiempo; que se hubiera podido salvar”. Los cirujanos en Tuxtla le decían que iban a trasladar a Erandhi al Hospital General Doctor Manuel Gea González para que le reconstruyeran el brazo “pero la retuvieron un mes. Aquí nos dijeron que ya no se podía porque ya no tenía vida”.
 

Capacitación

 
El personal médico, paramédico y de enfermería del Ceniaq se capacitó en el Shriners Hospital For Children de Sacramento, California, Estados Unidos. La subdirectora del Ceniaq aclara que muchos de los médicos y paramédicos ya tenían experiencia en quemados, y que enfermeras y camilleros se capacitaron también en el Hospital General Rubén Leñero y en el Hospital Pediátrico Tacubaya.
 
Lourdes Rodríguez dice que, además de hospitales, “necesitamos un proyecto nacional de prevención de quemaduras para disminuir los incidentes”.
 
Del Vecchyo, agrega que la Facultad de Medicina de la UNAM, a través del Programa Único de Especialidades Médicas, contempla el estudio, aprendizaje y tratamiento de los pacientes quemados. “Todos los residentes que están en cursos de posgrado tienen acceso a este tipo de enfermos y de conocimientos, lo cual le asegura a la población que un egresado va a poder atender perfectamente bien a personas que han sufrido esta clase de incidentes. Nuestros estándares de atención son los mismos que existen en todo el mundo. No es cierto que en México no se atiendan o no se sepa cuidar a estos pacientes”.
 
Medicina y ética
 
Para la medicina especializada, la prioridad ha sido salvar la vida a los pacientes con quemaduras cada vez más extensas, asevera Ortiz Monasterio. El experto asegura que hasta hace 50 años las quemaduras de más del 50 por ciento del cuerpo eran casi siempre mortales. “Ahora sacamos adelante quemaduras de 80, 90 y hasta 95 por ciento de la superficie corporal”.
 
“Se salvan vidas, pero lo que queda es algo miserable. Si yo tuviera una quemadura grave no quisiera que me salvaran. El resultado final es terrible. No tienen calidad de vida.”
 
—¿Y entonces, cuál es el objeto de salvarles la vida?
 
—Pregúntale a la mamá del niño quemado; pregúntale al paciente.
 
—¿Qué dice usted como médico?
 
—Yo no haría intentos de salvarlo; tengo muy claro el concepto ético de la calidad de la medicina, el asunto bioético del maleficio-beneficio…