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San Lázaro, líbranos de una llamada anónima y dos presidentes incapaces. Es cuanto
 
Ernesto Zavaleta
 
Claro que tenemos miedo. Todos tenemos miedo. Ya no tienen respeto por nadie ni nada. Ellos mandan. Ellos imponen las condiciones no sólo de la guerra en su contra: ya inciden en todas las decisiones. No hay gobernabilidad, admiten una decena de diputados y diputadas cuestionados sobre un asesinato, un allanamiento y 90 muertos frente una reunión de procuradores.
 
Al menos 35diputados federales han sido asaltados en las inmediaciones de la Cámara de Diputados; dos fueron asesinados en sus estados; tres más sufrieron agresiones de las “fuerzas del orden”, y seis admiten estar amenazados de muerte. Son los resultados de una breve encuesta en el pleno.
 
Los políticos tenemos miedo, acepta el diputado Cuauhtémoc Salgado Romero, y apenas baja de la tribuna de la Cámara de Diputados donde denuncia la actitud prepotente del gobernador de Guerrero Ángel Aguirre, le avisan:
 
“Secuestraron a Janet; la tiene en un hotel; dijeron que también tienen a su hija”. Janet Cruz es la responsable de la oficina de prensa del diputado Cuauhtémoc Salgado, en Guerrero. Minutos después, a las 15:20 horas, llega un mensaje al celular del legislador.
 
Es de Janet. Es de su celular: “díganle a mi hermana que no pegue nada”. Se rastrea el mensaje; se llama al gobernador y al procurador de Justicia de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero y Alberto López Rosas, respectivamente; el primero no contesta, el segundo atiende el caso.
 
Una hora más tarde un nuevo aviso al diputado Cuauhtémoc Salgado: encontraron a Janet, sola, en un hotel de Ocotlán; no hay detenidos. Y dicen que el gobierno no tiene nada que ver en el asesinato del diputado Moisés Villanueva de la Luz. Claro que fue una ejecución con motivos políticos.
 
El crimen organizadoha rebasado la capacidad de respuesta del gobierno federal y de los gobiernos estatales; estamos en una grave crisis de gobernabilidad, dice el diputado veracruzano Antonio Benítez Lucho.
 
Felipe Calderón no sólo no pudo reparar las torpezas del gobierno de Vicente Fox: las empeoró y no acepta que se equivoca. La guerra del crimen es de soldados contra soldados. El primer presidente panista de México mandó y formó lo que ahora es la organización de los Zetas. Son soldados.
 
En el Partido Revolucionario Institucional estamos asustados, admite el diputado Antonio Benítez Lucho. “Sí, pero estamos más preocupados por revisar un presupuesto que no se va a ejercer. De este año hay un 35 por ciento de subejercicio, por falta de gobernabilidad y de garantías: el crimen manda, ellos tienen el control y eso debemos entenderlo. Felipe Calderón y Vicente Fox son los responsables de la descomposición de este país. Debimos deshacernos de ambos a tiempo, y vamos a esperar a ganar las elecciones presidenciales; pero mientras, ¿a escondernos?”
 
Pero también hay priistas que se equivocan, dice el diputado Antonio Benítez. Califica de “torpe e ingenuo” al procurador de su estado, Reynaldo Gaudencio Escobar Pérez, quien dice que los 90 muertos encontrados en Veracruz en dos días no son un mensaje; que entre los asesinados “no hay civiles”. Así lo dijo. “Sabe más que el Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía)”, se burla su paisano. “Tiene el dato de a qué se dedicaba cada víctima”.
 
A dos calles de donde encontraron la pila de 35 muertos, inició la reunión de los 32 procuradores de justicia del país, encabezados por la titular de la Procuraduría General de la República, Maricela Morales. Otros 60 cuerpos fueron localizados a lo largo de la carretera Jalapa-Veracruz. ¿Y no fue un mensaje?
 
Como casi todos, el diputado Cuauhtémoc Salgado está molesto e indignado por la actuación de las autoridades de justicia y seguridad. Cuando el procurador de su estado, Guerrero, Alberto López Rosas, le preguntó: “y tú qué harías contra la delincuencia”, el legislador respondió que los expertos eran ellos. “Lo único que se me ocurrió ante la insistencia fue que hicideran una campaña invitando a denunciar: a los tres días estaban repartiendo volantes todos los policías con la leyenda ‘Denuncia’”.
 
Por un momento la respuesta para el diputado Reginaldo Rivera de la Torre son las armas. Manda a su estilo un mensaje a la delincuencia: “todos los diputados podemos tener permiso de portar armas. El gobierno federal debiera ponernos guardias ante este clima”. Deja a los medios y, en solitario, aclara: “lo que quise decir es que ya es suficiente; estaba enojado”.
 
Mientras la ira, la indignación y, sobre todo, el miedo avanzan entre las 500 curules, se guarda un minuto de silencio, uno más, dice el diputado Miguel Pompa Corella, en memoria del diputado Moisés Villanueva de la Luz. La corona fúnebre en la tribuna de la Cámara de Diputados fue parte del escenario donde se denunció otro ataque contra un diputado: el diputado Eduardo Bailey Elizondo y su familia fueron agredidos por 32 militares de la Secretaría de Marina, en su casa de Monterrey, Nuevo León.
 
Bastó una llamada anónima. El denunciante había acusado: “hay una fiesta en este domicilio”. Y 32 valientes militares, con un teniente de corbeta al frente, armas largas y un ariete acudieron al frente de la guerra contra el crimen; su objetivo: el diputado federal Eduardo Bailey, su esposa y sus dos hijos.
 
Destruyen la puerta, destrozan la casa, se roban un celular, y el teniente de corbeta toma la difícil decisión en el frente de batalla: “No hay nada, vámonos; y, diputado, usted disculpe”.
 
“Usted disculpe” fue lo mismo que le dijeron los militares del reten en la carretera Chetumal-Cancún a la diputada Susana Hurtado, luego de obligarla a abandonar el asfalto y llevarla a 100 metros de distancia, en un camino de terracería.
 
El chofer trató de protegerla y le pidió permanecer en el vehículo; pero la guerra es la guerra:
 
—Usted bájese ya.
 
—Soy diputada federal.
 
—A mí que me importa lo que sea.
 
Termina el diálogo, revisión de vehículo y personas. “Ya se puede ir, usted disculpe”. Se enteró el gobernador de Quintana Roo Roberto Borge y éste, a su vez, lo hizo del conocimiento del general de la zona militar, la respuesta fue exacta: “usted disculpe”.
 
San Lázaro, como dice el diputado Miguel Pompa, quiénes nos asustan más: ¿soldados o delincuentes?
 
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