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El pasado 26 de julio festejamos la independencia de Cuba, pero el 25 de julio de 1898 Puerto Rico perdió la suya

La serie de movilizaciones universitarias que ocurrieron en Puerto Rico en abril de 2010 fueron un pequeño 1968 francés, dada la solidaridad que incitaron. Las medidas “económicas” ordenadas por Washington al presidente Luis Fortuño en contra de la Universidad de Puerto Rico (UPR) fueron su origen. Para no quedar mal, el gobernador aplicó el único lenguaje que conoce: el garrote policiaco. Pero con tan mala suerte que, ante una protesta que empezó a asemejar a los indignados de España, no le quedó más opción que negociar con los estudiantes: el movimiento agitó las delicadas estructuras en que se asienta tanto la seudoautonomía universitaria, como la arcaica dominación colonial en ese país.

Se produjo una lucha por la educación universitaria casi tan importante como la que en 1918 protagonizaron los estudiantes argentinos en Córdoba, a decir del excelente periodista Ángel Guerra.

Contexto

Si se desea conocer una nación que haya sido invadida, sometida a bombardeos, a la criminalización social y crimen político; donde el 65 por ciento de la población fue obligada a abandonar el país y al resto se le otorgó una “ciudadanía” de segunda que no le permite votar, pero sí enrolarse en el ejército; donde la expropiación de sus tierras ha dejado a la población sin empleo y la ha sumido en la pobreza; además, donde se ha impuesto la cultura del dominador, así como su sistema económico, entonces no se debe ir a buscar esa nación a Gaza –o el “gueto” de Israel contra los palestinos–, sino a unos cuantos kilómetros de México, justo en Puerto Rico, que, en nombre de un supuesto “destino manifiesto”, fue invadido por Estados Unidos en 1898.

Ésta es la “tierra del edén” que cantaba Rafael Hernández, el Jibarito. Obviamente él pensaba en las playas y mares hermosos, en el calor que atonta, en sus verdes montañas, su gente noble. Pero esta “perla de los mares” está asentada sobre un volcán social que, recurrentemente, explota. Esto es lo que pasó en 2010, cuando todas las estructuras políticas y sociales fueron cuestionadas por los estudiantes y gran parte de la población. Esas protestas embonaron con la lucha que libran contra la dominación colonial, como sucedió en 2003, cuando la marina estadunidense fue expulsada con un puntapié de la isla de Vieques, perteneciente a Puerto Rico.

Tal fue el peso de la lucha y el miedo de Washington que fue necesaria la visita del presidente Barack Obama el pasado 14 de junio para dar un espaldarazo político al virrey Luis Fortuño, y formular enésimas promesas de autonomía para los boricuas. Pero para matar dos pájaros de un tiro, la visita del jefe de la Casa Blanca también buscaba fondos para su reelección, y enviar un mensaje de acercamiento a la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos, aunque los habitantes de la isla no tengan derecho a votar en las elecciones federales de ese país. Pero Obama sí regresó a Washington con las alforjas llenas de dólares, a cambio sólo dejó promesas vacías a los boricuas.

Respecto del gobernador Fortuño, cabeza del Partido dizque Nuevo Progresista, debe mencionarse que por primera vez vio frenada su imposición de medidas ultraliberales, que en el último año expulsaron a más de 30 mil empleados públicos. Dicho funcionario aseveró que tales medidas debían aplicarse a la universidad, pues lo “costoso de su presupuesto” convierte en un “privilegio” estudiar en ella (ipse dixit).

“Perdone los inconvenientes, estamos creando una universidad pública”

Sin estos antecedentes es imposible entender la trascendencia de la victoria de los estudiantes. Pero esta lucha inició en abril de 2010, cuando se lanzaron a la huelga en respuesta al intento de la administración universitaria por eliminar las exenciones de matrícula a los alumnos talentosos en las áreas artísticas, deportivas y académicas. Dichas medidas no prosperaron ante la oposición de la comunidad que, para variar, sufrió una fuerte represión policiaca.

Luego, en diciembre del mismo año, el gobernador y las autoridades universitarias (de 13 síndicos que la componen, 10 son designados por el alto funcionario) intentaron imponer una “cuota” de 800 dólares por encima del costo de matrícula. El presidente de la UPR, Ramón de la Torre, anunció también un “recorte” de 100 millones de dólares al presupuesto de 2011, la eliminación de las exenciones en el pago de matrícula y un aumento de ésta. Cabe señalar que desde la huelga de abril, los estudiantes acordaron con las autoridades que no se harían “recortes” ni exenciones, y que responderían si eso se violaba, por lo que al ser traicionados pasaron a los hechos y se apoderaron de las instalaciones: se encerraron en ellas.

Se inició así uno de los movimientos políticos más valientes de los últimos años, ya que las autoridades nunca imaginaron esa respuesta. Tomado por sorpresa, el gobernador ordenó a la policía cercar las instalaciones, cortar la luz y el agua e impedir el ingreso de alimentos y medicinas. El barrio estudiantil de Río Piedras, en San Juan, se convirtió en una zona sitiada.

Entonces los universitarios procedieron a implantar la autogestión en sus escuelas, ajena al individualismo y el consumismo: empezaron a sembrar sus propias hortalizas, sin fertilizantes ni pesticidas; con ello, demostraron que se puede buscar la soberanía en un país que importa el 90 por ciento de sus alimentos. Pese a las dificultades de comunicación, organizaron turnos de cocina, limpieza y reciclaje, con un sistema de distribución cooperativo y ecológico en bicicletas. Asimismo, fundaron la estación Radio Huelga, que tuvo un impacto político y educativo en la isla que los cooptados medios de “comunicación” boricuas apenas pudieron desacreditar.

Así este sistema empezó a ser un “escaparate democrático” tal, que la solidaridad popular y la protesta que concitó obligaron a la policía a retirarse de los centros de estudio y algo más, que un juez digno prohibiera a la policía evitar pasar provisiones y medicinas a los estudiantes. Mientras el éxito de la huelga empezaba a vislumbrarse, no faltaron locutores histéricos tipo Televisa que comparaban el desafío estudiantil con ¡la Comuna de París! Pero uno sí puede conjeturar lo que estos eventos provocaban en una población previamente diezmada y exasperada por la crisis económica, el desempleo de 16 por ciento de la población (en Estados Unidos es del 9 por ciento) y los recortes a los gastos sociales. Y encima, que sus hijos fueran hostilizados por la policía y los medios.

“Perdone los inconvenientes, estamos construyendo una universidad pública”, escribieron los descontentos en grandes pancartas frente a la universidad. Así se centró el fondo del problema ante los intentos de las autoridades para quebrarla y justificar su privatización.

El asunto tomó tal sesgo para el gobierno que su “política” económica quedó cuestionada al percibir la población que la línea contra la UPR, era la que se aplicaba contra el país. Y al ser el país un “protectorado”, se sabe que existía una directiva de la calificadora de universidades de Estados Unidos que apremiaba reducirles la contribución. Esto hizo recordar que en 1903 el Comisionado de Instrucción, Samuel Lindsay, dispuso que todas las asignaturas en escuelas públicas debieran ser enseñadas en inglés. El español pasaba a la categoría de idioma extranjero. Los maestros fueron los primeros en oponerse a esta barbarie. Desde luego, ahí no hay lideresas “charras”.

La revuelta estudiantil empezó a ligarse con la lucha estructural de los puertorriqueños contra la dominación, pues la mayoría de las asociaciones de profesores se sumaron a la huelga, así como 72 sindicatos y asociaciones nacionales e internacionales, incluidas algunas de Estados Unidos. Llegó un momento en que se cumplió un paro nacional, respetado por muchos sectores: ahora el fantasma de Grecia empezaba a rondar en Puerto Rico, más cuando la solidaridad con la UPR empezó a ser conocida en Europa, Latinoamérica y México, donde hubo protestas de apoyo.

Semejante situación no se había vivido desde que la rebeldía popular expulsó de Vieques a la Marina en 2003. Pero Washington ya no podía realizar una matanza similar a la de 1950 en Jayuya, cuando bombardeó y asesinó a decenas de independentistas. Primero porque Puerto Rico ya está ocupado. Segundo, porque se supone que la isla es un Estado “libre asociado”, ficción jurídica con que los estadunidenses engañaron al mundo el 25 de julio de 1952.

Por todas estas razones el gobernador recibió una orden: dar marcha atrás a sus medidas económicas y administrativas y, ante su falta de capacidad política y negociadora, ceder la razón a quienes, por tenerla, le habían ganado la partida. Fue así como el pasado junio cesó la parte huelguística del movimiento; pero al tratarse de un proceso, el mismo no ha concluido, pues los estudiantes aún deben consolidar sus victorias y sumar otras, enfrentar la represión que todavía ejercen los aparatos gubernamental y administrativo de la UPR. Desde luego, el presidente de la Universidad debió renunciar; también, el jefe de la policía, aunque no los síndicos cínicos ni el repudiado “gobernador” Fortuño.

Conclusiones

La huelga universitaria que se inició por razones económicas escaló hasta ser una reafirmación de la autonomía, la autogestión y la educación. También contra la privatización, la política neoliberal y la sujeción del país. Ahora estas victorias se verán reforzadas por la combatividad de sus estudiantes y sociedad civil, pues frenaron al gobernador y sus burócratas de la UPR. La propia posibilidad de una reelección para el republicano Fortuño está cuestionada, no obstante que, transitoriamente, Obama lo respaldara por razones electorales.

Al sumarse a la huelga los que luchan por la autonomía, Washington debe meditar que la única solución es devolverles lo que les robó: su independencia. El plebiscito que Obama anunció en su visita, sólo quedan 3.7 millones de boricuas en la isla, y 4.5 millones en Estados Unidos, busca que se pronuncien por la “estadidad”, es decir, la anexión a este país, pero mediante un proceso viciado y con todo el peso de los aparatos de dominación ideológica, política y financiera que juegan a favor de esta “opción”, sin dejar a los boricuas que decidan libremente.

Al conectarse con el movimiento social mundial, los puertorriqueños cuestionan el decrépito colonialismo estadunidense, que receta fórmulas de ajuste presupuestal que no se aplica a sí mismo: ahí está su gigantesca deuda externa generada por los republicanos que amenaza la estabilidad mundial.

Puerto Rico necesita la solidaridad internacional para acceder a la independencia, porque ha defendido su nacionalidad, sus valores y, en general, su cultura pretendidamente borrada por sus dominadores. La violación de derechos humanos y el genocidio contra una nación no es un asunto “interno” de Estados Unidos.

Finalmente puede observarse cómo la lucha de la UPR tiene continuidad con la que libran en estos momentos los estudiantes chilenos contra la privatización de los gerentes de Sebastián Piñera. Es la reversión del proceso neoliberal inaugurado por el corrupto Pinochet, que se suma a la lucha de los pueblos y gobiernos latinoamericanos por su autonomía económica y su independencia.

*Excónsul de México en Puerto Rico y catedrático en el Colegio de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma Mexicana

Fuente: Contralínea 245 / 07 agosto 2011