Autor:

No hay enemigo pequeño, y mucho menos si es un bocón resentido. Es el caso de Vicente Fox, quien ha sido desdeñado y hasta maltratado por Felipe Calderón. En ocasiones, a través de interpósita persona: en este caso, de Manuel Espino, expulsado del Partido Acción Nacional (PAN), aunque con una demanda en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

No ha sido la única agresión ni desprecio del michoacano quien, todavía, se siente agraviado al ser prácticamente despedido del gabinete cuando lo destapó Francisco Javier Ramírez Acuña. Y tampoco es la desamparada contestación del expresidente, el cual en muchos lugares, sobre todo en el extranjero, ha discrepado de la errónea política del actual sexenio.

Hace poco, desde el periódico La Nación de Costa Rica ?al tiempo que exhibe el bajo nivel de la clase política mundial al impartir conferencias y embolsarse inusitadamente miles de dólares? señaló nuevamente que la “guerra” de Felipe Calderón contra el narcotráfico es incorrecta. Asimismo, criticó al PAN por no haber hecho bien su trabajo.

Pero lo más curioso es que dijo: “Hay una nueva generación de priístas cuyos miembros crecieron en un ambiente democrático”. Seguramente Fox piensa que él propició la democracia moderna. Basta rememorar, empero, la sucia elección de 2006 y el casi desafuero de López Obrador.

Fox agregó que Enrique Peña Nieto pertenece a esa generación. Lo que ratifica la tesis foxista de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ganará en 2012. Algo que muestra, a las claras, la ruptura blanquiazul en momentos que se necesita unidad para sacar adelante una candidatura. Tal vez por ello, Calderón insistió en una conferencia de prensa que no descarta un aspirante ciudadano, pues entiende que no avanzará en su propósito de imponer a su delfín (Ernesto Cordero).

Fox también expresó que no habrá regresión, que es necesario legalizar las drogas, que habrá cambio de régimen y atacó a la izquierda ?algunos de cuyos integrantes impulsaron el voto útil por él en 2000?, a la que llamó “desdibujada, sin sentido y sin Norte”. En esto último mostró su verdadero espíritu, el de un reaccionario de pura cepa.

Vicente Fox supo entender lo que piensan sus correligionarios: hay muchos panistas que dicen “que se calle ese pinche Fox, que todo el día dice pendejadas”. Aunque señaló que es su libertad –en lo cual tiene razón–, muestra la caricatura de los políticos que nos han gobernado. Autosicoanálisis en unas cuantas líneas.

Por su parte, Enrique Peña Nieto publicó un artículo titulado “El PRI ante el 2012” (Reforma, 23 de julio de 2011). No es la primera ocasión que lo hace. En los dos pasados años ha incursionado en diferentes tribunas, quizá con la pretensión de hacer creer que reflexiona y escribe coherentemente. Pero igual que en el caso de Miguel Alemán Velasco, sus críticos señalan que ha publicado más líneas de las que ha leído, exceptuando sus informes de gobierno.

En el texto, curiosamente, está de acuerdo con su adversario más priísta, Manlio Fabio Beltrones, cuando dice que es necesario “en primer lugar, construir de manera colectiva un proyecto de gobierno que ofrezca un rumbo claro para el futuro del país”. Es decir, inicialmente el programa y luego el hombre, algo que sorprende.

¿En qué se basará ese documento? Dice Peña que en “un piso sólido: la declaración de principios y el programa de acción del partido”, el PRI. Y entonces, nos damos cuenta que el gobernador del Estado de México no piensa en el futuro, sino que está en el conservadurismo, pues el tricolor no plantea ninguno de los graves desafíos que enfrentamos ahora y ni en los años turbulentos por venir.

Señala que debe haber un “Estado eficaz” (sic). ¿Cómo lograrlo? Dando tres pasos: “que todos los derechos, de todos los mexicanos, pasen del papel a la práctica; que el país crezca a su verdadero potencial; y recuperar nuestro liderazgo como potencia emergente”.

Lo primero es realmente imposible dada la crisis actual. El empleo, la educación, la vivienda, la salud y otros derechos no se resolverán con un copete mágico. Los otros dos enunciados son eso, no hay metas serias, sólo verborrea.

Una definición neoliberal: construir “una sociedad en la que el mérito individual se convierta en el principal motor de la innovación y el progreso del país”. Es decir, negar la Constitución y los principios del antiguo partidazo. Contradicción evidente y total.

No hay propuestas de cómo gobernar, ni de lo que señalan otros analistas, la rendición de cuentas y la transparencia (Salvador Camarena).

Pero también en Michoacán hace aire. Marko Antonio Cortés Mendoza, quien aspiraba a la gubernatura de esa entidad, recordó las palabras que Luisa María Calderón, la Cocoa, expresó el 24 de septiembre de 2006: “Hemos hecho un acuerdo Felipe y yo, y estaré fuera de la vida pública mientras él es presidente de la República” (Reforma, 26 de julio de 2011). Ya vemos que no es así, la hermana de Calderón va con todo en sus aspiraciones de suceder a Leonel Godoy, el desastroso gobernador que no ha podido ni siquiera unificar a la izquierda en su estado.

Por todo lo anterior, es importante leer el artículo “¿Por qué quieren ser políticos?”, de Javier Marías (El País Semanal, 3 de julio de 2011). Dice el escritor que hay cinco clases de políticos: sujetos mediocres, aquellos que quieren enriquecerse, los que sólo ansían tener el poder, los fanáticos de sus ideas y, los que se salvan, individuos con espíritu de servicio y ganas de ser útiles, la minoría.

En las encuestas españolas aparecen como segundo problema nacional los políticos, en las mexicanas están peor evaluados que los gendarmes. Por ello se pregunta Marías, algo que ya criticó Pérez Reverte: “Nuestros políticos gozan de muy mala fama desde hace mucho. Tan mala que lo que cabe preguntarse es por qué quieren serlo”.

*Periodista

Fuente: Contralínea 245 / 07 agosto 2011