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A casi un año –julio de 2012– para las elecciones presidenciales, “lo que tenemos ante nosotros no es la alborada del estío, sino una noche polar de una dureza y una oscuridad heladas, cualesquiera que sean los grupos que ahora triunfen” (párrafo casi al final de un brillantísimo ensayo de Max Weberqueal estudiarlo, forma un conocimiento de la política y del político como en ninguna otra parte).

Con esto vislumbro, no el futuro (que no tengo una bola de cristal), pero sí el más inmediato presente donde el país, con su sociedad (su pueblo) y Estado van al garete sin gobiernos en municipios ni estados y, sobre todo, que el timón de la nave estatal que nos lleva a bordo está en manos, sin duda alguna, del peor expresidente del montón que ha padecido la Nación. Realmente nos hundimos en la crisis social del dramático empobrecimiento; la dificultad económica del brutal desempleo, la baja del consumo,el alza de precios, crisis política con partidos descreditados ysin mujeres y hombres (adultos, jóvenes, etcétera), capaces de entrar al relevo generacional o cuando menos no están en la escena dando la cara.

Los panistas resultaron ladrones, ineficaces administrativamente y tontos políticamente. Foxistas y calderonistas han sido demasiado mediocres (bravucones como Lozano Alarcón; mosquitas muertas, como Vázquez Mota; servilmente opacos rayando en la imbecilidad, como Ernesto Cordero; sin nada en la cabeza como Creel; temerarios y vanidosos, como Molinar, etcétera). Los perredistas, con un chucho primero (Ortega), y otro chucho (Zambrano) ahora en la dirigencia, absortos en la corrupción y la traición, haciendo a un lado a su única carta (ya no con otros casi 15 millones de votos, pues las oportunidades se dan una vez, y ante el fraude de Calderón no había más que obligar a nuevas elecciones, estratégicamente viables, y otro gallo nos cantaría).

Mientras los priístas (como Obregón que desde Huatabampo vio la Presidencia), ante lo que parece el cumplimiento de la frase aquella “en la historia siempre hay un elemento de sorpresa” (Vladimir Lenin), y ahora sí por votos conquistar lo que obtuvieron por herencia de Alemán a Zedillo, están perdiendo de vista a dónde apunta la brújula, para dizque entregar la candidatura al “Luis Miguel de la política”, el galán Peña Nieto… y sus 500 fans contratadas para gritarle: “¡papacito!”.

La nación sobrevive una de sus peores crisis, porque los del Partido Acción Nacional (PAN) en mala hora recibieron, pírricamente con Fox y sobradamente dudosa, la victoria electoral, demostrando su incapacidad. Y otra vez con juicios de Weber, los panistas eran un grupo económica y políticamente en decadencia; ya que en sus mejores años de oposición gastaron lo mejor que tuvieron. Dejando sólo a un Fox oportunista y un Calderón, al que Carlos Castillo, último ideólogo del PAN, en memorable carta filtrada a la información, le colgó la sentencia de que perdió el gobierno y perdió el partido. Pues bien, además los panistas “no estaban políticamente maduros para la conducción del Estado”.

Y llevaron al país al desastre actual. Ya que no pudieron resolver los problemas que dejaron en el camino, sobre todo, Salinas y Zedillo, ni los que surgieron durante la llamada “década perdida” (2000-2010). En cambio, andan por las calles los soldados y más lo harán cuando se apruebe la ley reglamentaria del artículo 29 constitucional, para suspender garantías y derechos que nos llevará al golpe militar, al golpe de Estado, con todo lo queimplica para la elemental democracia que tenemos.

Incluso Calderón puede quedarse en el cargo (con el beneplácito de Barack Obama y los intereses empresariales y banqueros de aquí y de allá). O puede ser el galardonado García Luna, el sucesor. O Saynes, el de Marina. O Galván, el de la Secretaría de la Defensa Nacional. E, insisto: Calderón mismo, que sabe que el PAN no ganará las elecciones presidenciales. Y no quiere entregarle el poder central del deteriorado sistema-régimen al Partido Revolucionario Institucional (PRI) ni al Partido de la Revolución Democrática (PRD), aún con sus complicidades disfrazadas de alianzas y coaliciones (que le metió en la cabeza Manuel Camacho, el exteórico de Salinas, que ha pasado del centrismo a la ultraderecha para vengarse del PRI).

Estamos, pues, ante una alternativa: 2012: ¿Elecciones o golpe de Estado? Las condiciones de posibilidad, el caldo de cultivo: la militarización del país con la avanzada policiaca de García Luna (tenebroso calderonista dispuesto a todo por su jefe); la desesperación nacional por restablecer el orden y la paz pública; la angustia por parar, a cualquier precio, el baño de sangre nacional; el desempleo, la pobreza y que las instituciones han sido rebasadas por las demandas y el narcotráfico (“narcoinsurgencia”, calificaron los de Washington).Aunado a que las generaciones jóvenes no consiguen lugar en los centros de estudios superiores y después, no encuentran trabajo, todo eso y el perverso manejo del poder presidencial, apuntan en dirección al golpismo, con o sin uniforme.

El Congreso de la Unión, salvo el PAN, no aprobaría la suspensión de las elecciones, con sustento en la casi aprobación de la Ley de Seguridad Nacional que reglamentaría el artículo 29 constitucional. Esto significaría darle a Calderón facultades extraordinarias quien, entonces, puede suspender “en todo el país” las garantías y derechos de los mexicanos. Es posible, políticamente, la reencarnación de Victoriano Huerta. La nación está desprevenida. Entretenida en tratar de resolver sus problemas inmediatos, y creyendo que con protestas callejeras, algo así como ejercer a mediar la democracia directa, puede presionar a una democracia indirecta o representativa que con el PAN ha dejado de funcionar. El Golpe de Estado asoma la cabeza.

*Periodista

Fuente: Contralínea 244 / 31 de julio de 2011