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Desde el sexenio de Lázaro Cárdenas, la sucesión presidencial inicia a partir de los dos últimos años. “En su informe al Congreso del 1 de septiembre de 1938, el presidente Cárdenas dijo abiertamente que lo dejaran trabajar, siquiera los dos años que me faltan” (Daniel Cosío Villegas: La sucesión presidencial). Desde entonces, se repite –y se nota más cuando el presidente en turno es, política y administrativamente ineficaz–. Y la opinión de los aspirantes-suspirantes y de los mexicanos que quieren acelerar el final del que ocupa el cargo, pone mayor énfasis a la adivinanza del nombre del sucesor.

Incluso se plantea la posibilidad de la renuncia. Se hizo desde Salinas hasta la fecha. Y todo el asunto se convierte en moda de los medios de comunicación; más en este tiempo de la televisión (que impone candidatos y hasta sucesor, como cuando Bernardo Gómez, de Televisa-Azcárraga, se precipitó a felicitar a López Obrador, pues sus cuentas le decían que éste se había hecho de la victoria, aunque su favorito era Calderón).

En los medios de comunicación se publican análisis con biografías de quienes buscan entrar al juego, para dar una mayor dimensión publicitaria. Los electores ya no eligen en las urnas; sólo concurren a ellas para designar a él o los candidatos que impone sobre todo la televisión. Por eso los trabajos de investigación: reportajes, entrevistas y cuestionarios críticos, son indispensables para que los lectores-ciudadanos conozcan a fondo a los que buscan un cargo representativo (así sea en el contexto de algunas democracias indirectas o representativas que ya no funcionan y que hacen necesario ejercitar la democracia directa en manifestaciones, protestas, revueltas… en el filo de convertirse en conatos de revoluciones o revoluciones).

El libro de entrevistas televisivas del periodista Jorge Ramos se titula: Los presidenciables. En sus casi 250 páginas publica los retratos políticos de las vísperas de la sucesión presidencial: Peña Nieto, Beltrones, López Obrador, Ebrard, Creel y Vázquez Mota. Los otros: Lujambio, Cordero, Lozano… Y otros de los otros que el autor incluye, como para “atinarle”, no vaya a ser que uno del montón resulte puntero. Son, dice el subtítulo del texto, entrevistas incómodas con los que quieren el poder (presidencial, agrego) y con los que lo tuvieron; como Salinas, Zedillo, Fox y Calderón.

Ramos logra, con su estilo, profesionalismo y conocimiento de la naturaleza del mexicano-grillo, mexicano-politiquero y del más o menos político a la mexicana (y entre ellos: una auténtica cabeza política), buenas radiografías de los aspirantes-suspirantes.

Este libro de Jorge Ramos, que por la foto parece gringo, pero es mexicano que emigró al otro lado de lo que fue caudaloso río Bravo y cosechó credibilidad con su trabajo periodístico por televisión, resultó de cuestionar a los presuntos precandidatos de los partidos de la Revolución Democrática, Acción Nacional y Revolucionario Institucional con la mira de que alguno de esos seis logre la Presidencia de la República.

Ramos, empero se va con la finta de que Peña Nieto es el “puntero”. Allá él.

Ficha bibliográfica:

Autor: Jorge Ramos

Título: Los presidenciables

Editorial: Grijalbo

*Periodista

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