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Fox, Calderón y los panistas, incrustados en la administración pública y cargos claves para auxiliarlo como jefe de gobierno y jefe de Estado (que ojalá la reforma del Estado les meta cuchillo para separarlas conforme a un presidencialismo semiparlamentario), resultaron una nulidad por su ineficacia política y su total falta de oficio para resolver problemas. Vicente Fox fue un payaso mediocre y sin la menor información cultural. Con sus hijastros y su cónyuge, nadó de a muertito en las aguas de la corrupción. Pero Felipe Calderón ha resultado peor.

Así han completado 10 años en cargos donde se les concedió el beneficio de la duda a través de la alternancia, a la que pervirtieron y, finalmente, frustraron, para hacer retroceder a la nación en lo económico, lo social, lo político y lo cultural. Históricamente, el país se retrajo a 1980 ante los índices de pobreza, desempleo, inseguridad, corrupción e impunidad generados por esta década maldita que devastó lo alcanzado en crecimiento económico, afianzó el autoritarismo, anuló las conquistas sociales y arruinó, en todos los aspectos, a 50 millones de mexicanos que sobreviven en la miseria. Y en una década, cientos de miles de homicidios, que rebasan las cifras oficiales (las cuentas alegres de los “daños colaterales” de un calderonismo atrapado sin salida en su fallida estrategia contra el terrorismo del narcotráfico y las delincuencias que mantienen a la sociedad en la zozobra).

En ese contexto, los derechos humanos con sus garantías han sido pisoteados. De entre ellos, los derechos de la libertad de prensa que ejercen los periodistas y, sobre todo, los reporteros. En 10 años, 26 de ellos fueron privados de sus vidas y son homicidios en la total impunidad, pues Calderón y sus panistas ni la burla perdonan al comprometerse a dar máximas protecciones. Éstas se han quedado en el “prometer, que no empobrece”.

El inquilino del búnker en Los Pinos, cuyo estacionamiento fue remodelado con entradas a esa cueva, ha echado en cara de los periodistas que no perdonan el “criticar abiertamente al presidente o al gobierno, incluso en el exceso del escarnio o la burla”, como si su mal gobierno no mereciera, además de la crítica y la información (que Calderón confunde perversamente con “apología del crimen” y asegurar que “las organizaciones criminales controlen la información y definan que es noticia y que no”), la burla, caricaturizarlo, ironizar y ridiculizar su mal desempeño.

Ya sin posibilidad de ejecutar decisiones, para empezar “al cuarto para las 12” de su final sexenal (si antes no mejor renuncia… o lo hacen renunciar), el calderonismo insiste en censurar la información sobre el militarismo y el narcotráfico y, para atacar las libertades de expresión, se hace el ofendido por la crítica sarcástica y las caricaturas que exhiben al panismo presidencial como el peor gobierno desde hace, al menos, 80 años, de tal manera que el desacreditado priismo es ahora mucho mejor si se le compara con el calderonismo. Éste no ha titubeado en comportarse mezquino, miserable, ante las libertades de los mexicanos, sin tomar en cuenta ninguna voz de la oposición (como la de las madres de los niños de la guardería incendiada en Sonora, ABC; los familiares de los miles de feminicidios, etcétera, que ejerciendo las libertades de expresión, como derechos humanos, lo han criticado duramente por su indiferencia).

Contra el trabajo de los periodistas y medios de comunicación menos complacientes o que informan verazmente y mantienen la bandera de la crítica, Calderón, el Partido Acción Nacional y casi todos los panistas se han sumado al foxismo para, en 10 años, enderezar su autoritarismo. Ignoran que la democracia y el republicanismo de nuestra Constitución, en todos sus fines políticos como contenidos de nuestras libertades, exige una prensa implacable, más si los gobernantes abusan del poder y no cumplen con sus obligaciones de someterse a los reclamos del pueblo. Y éste ya está harto del mal gobierno calderonista que pretende dictar reglas para el ejercicio de esas libertades del estado de derecho.

*Periodista

Fuente: Contralínea 227 / 3 de abril de 2011

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