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Las economías más desarrolladas del mundo entran en un periodo de estancamiento –e incluso, contracción– combinada con un incremento acelerado de la inflación. “Estanflación” o “contracflación”, se apresuran a decir los economistas. Lo cierto es que las economías de Estados Unidos y Europa occidental ingresan en periodos de dificultad como no se vieron desde la segunda mitad del siglo XX. Cada vez más, las economías ricas dependen de los países emergentes. La Reserva Federal estadunidense reconoce que el problema es profundo y no tiene visos de solución en el corto plazo

Santiago Brugal Almanza / Prensa Latina

Comienza a escucharse la palabra “estanflación”, algo definido como estancamiento económico con inflación, considerada como “el peor escenario posible”; pero lo que parece estar produciéndose es todavía mayor: una contracción económica con inflación o “contracflación”.

En una reciente serie de artículos, The Wall Street Journal aborda diferencias de opinión de los presidentes de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, por sus siglas en inglés), donde se manifiestan contradicciones irreconciliables.

Señala que el presidente de la FED de Dallas, Richard Fisher, dijo que los precios más altos del petróleo podrían motivar al banco central a retirar su enorme estímulo monetario para evitar un brote de inflación.

Contrariamente, el presidente de la FED de Atlanta, Dennis Lockhart, argumentó que podrían necesitarse más estímulos para evitar otra recesión, después de la segunda flexibilización cuantitativa dispuesta por el gobierno, que vence en junio.

Con esas inyecciones de liquidez, otros estímulos y la emisión de deudas, se ha estado manteniendo artificialmente la economía estadunidense, provocando burbujas financieras (flujos de capitales especulativos) y dando una falsa sensación de “efecto riqueza”.

El problema, entre otros, es que el aumento de los precios puede llevar a un incremento en la inflación si el crecimiento es fuerte y las empresas elevan el valor pecuniario de sus productos y servicios para contrarrestar los mayores costos de las materias primas, o una recesión al perjudicar el gasto de los consumidores si la economía es débil.

Fisher señaló que el factor crucial para determinar si se acelerará la inflación general será la capacidad que tengan las compañías para trasladar a los consumidores los mayores costos de los insumos a través de precios más altos.

El presidente de la FED de Atlanta destacó que las aerolíneas ya están trasladando los costos más altos de los combustibles a los consumidores, y el transporte terrestre podría imitarlas. Otras materias primas también están golpeando a las empresas, recordó.

Anteriormente, el presidente de la FED de New York, William Dudley, reconoció la existencia o convivencia y confrontación tanto de las tendencias deflacionarias como de las presiones inflacionarias, es decir algo nuevo: deflación con inflación.

Dijo que el rol prominente de las presiones en los precios sobre la economía ha despertado algunos temores sobre un retorno de la estanflación, es decir una alta inflación acompañada de crecimiento débil y alto desempleo.

Es poco probable que la economía crezca lo suficiente para cambiar el curso de la política económica en los próximos meses, si bien los crecientes precios de los bienes básicos justifican una mayor vigilancia en el frente inflacionario, agregó Dudley.

“La capacidad ociosa en nuestra economía aún es muy grande, y esto seguirá siendo un factor que presiona a la baja los precios”; aunque reconoció que los precios están “aumentando rápidamente” y “algunas de estas presiones podrían elevar la inflación básica”.

La también llamada inflación subyacente excluye de la general los componentes energía y alimentos, que tienden a ser volátiles, por lo que es una medición más objetiva, utilizada por la FED para valorar los cambios en la política monetaria.

El presidente de la Reserva Federal de Saint Louis, James Bullard, dijo que quieren llevar la política monetaria hacia un perfil más normal y “finalizar el programa un poco antes de lo que se pretendía inicialmente, para luego tomar una pausa por un tiempo”.

En tanto, el presidente de la Reserva Federal de Richmond, Jeffrey Lacker, admitió que los precios del petróleo podrían afectar los del productor, y tendrán un efecto de filtración hacia el consumidor, lo que podría detonar la inflación básica.

A su vez, el Libro beige de la FED, un resumen de la actividad económica, examinó las condiciones en sus 12 regiones con la información obtenida hasta el 18 de febrero y expone:

“Los informes de los 12 distritos de la Reserva Federal sugirieron que la actividad económica general continúo expandiéndose en enero e inicios de febrero a un ritmo entre modesto y moderado.”

Agregó que “las empresas manufactureras en muchos distritos expresaron que estaban trasladando los mayores costos de los insumos a los clientes o que planeaban hacerlo en un futuro cercano”.

The Wall Street Journal opina que “en el peor escenario posible, esto puede provocar ambas cosas: una economía débil con alto desempleo y elevada inflación, conocido por los economistas como estanflación.”

Pero lo que se está produciendo es un fenómeno nuevo, peor y más complejo que la estanflación, pues es estructural, sistémico e irreversible, acelerado por la crisis y que no tiene solución bajo las leyes del capitalismo.

Es la contracción de las economías desarrolladas y no un peligro de una nueva recesión o de un estancamiento con inflación, mientras los países emergentes crecen impetuosamente, como han venido mostrando todos los indicadores macro globales.

Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo, en su última previsión a la baja, que en 2011 el producto interno bruto (PIB) de Estados Unidos se desacelerará hasta el 2.7 por ciento y en la eurozona, en torno al 1.5 por ciento.

Para los países en desarrollo, revisó al alza su previsión para 2011, situándola en 6.5 por ciento.

“El PIB de los países desarrollados continúa bajo presión, el desempleo sigue alto y las situaciones de estrés agravadas en los países periféricos de la eurozona continúan siendo un factor negativo adicional para la economía mundial”, resumió Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI.

“Vemos que la recuperación continúa, pero muy desigualmente: rápida en Asia y América Latina, incierta en Estados Unidos y lenta en Europa”, indicó.

El FMI también reconoció que los países emergentes han estado bajo amenaza debido a la excesiva liquidez global del dólar y la apreciación de las monedas locales, lo cual ha afectado la competitividad de sus productos en el extranjero.

“Parte del problema puede ser atribuido a la flexibilización cuantitativa en Estados Unidos, pero desde otro punto de vista puede ser necesario porque todos dependemos del crecimiento de la economía estadunidense”, dijo.

Es decir, para Strauss-Kahn, el mundo debe soportar los efectos nocivos de la invasión de los mercados con emisiones de dólares cada vez más devaluados (o efecto dólar), porque “todos dependemos de Estados Unidos”.

Tal afirmación resulta una paradoja porque en realidad ocurre que no sólo Estados Unidos, sino la Unión Europea y Japón están dependiendo cada vez más de los emergentes, especialmente de China.

Pero esos flujos de capitales especulativos que se están sumando a los otros componentes de la inflación, sobre todo en los mercados emergentes, comienzan a regresar a Estados Unidos a través del alza de los costos de las materias primas.

Los precios siguen con tendencia al alza, por lo que la FED está considerando modificar el balance inflación-recesión (subir los tipos de interés), como anunció el Banco Central Europeo, para mantener bajo control la inflación en la zona del euro.

Evidentemente, la FED está dividida y reconoce que las herramientas para atacar la inflación provocan más contracción, y las utilizadas contra la deflación generan más inflación, y ésta, a su vez, contracción, por lo que están atrapados en un círculo vicioso.

Conducir la política monetaria con creciente inflación, contracción económica, alto desempleo y extremo endeudamiento (que se dirige a la cesación de pagos o default) y crecientes gastos militares parece ser una tarea imposible para el banco central estadunidense; es decir, la FED perdió la fe en sí misma.

Fuente: Contralínea 224 / 20 de marzo de 2011

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