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Estados Unidos “estrecha lazos” con México, a semejanza del lazo que asfixia al ahorcado. El 24 de enero, en medio de un gran aparato de seguridad, llegó la secretaria de Estado Hillary Clinton en su tercera visita a México. Se presentó como parte del “alto mando” de la potencia militar del Norte para respaldar a Felipe Calderón, quien enfrenta un repudio popular cada vez más fuerte por los casi 40 mil muertos de la guerra que ordenó Washington y él asumió; por la carestía, alza de impuestos, gasolina y gas, desempleo, represión, apagones eléctricos, censura a periodistas, la inseguridad, etcétera. Clinton dejó claro que Barack Obama le da todo el respaldo a Calderón ?a quien Washington y la oligarquía pro yanqui colocaron en la Presidencia por medio de un fraude, con la misión de intensificar la integración de México a Estados Unidos que había iniciado el Partido Revolucionario Institucional con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y continuada por el Partido Acción Nacional con la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN)?. También vino Clinton a respaldar al embajador Carlos Pascual, el experto en “Estados fracasados”, que mal quedó luego de que se revelara la forma en que se entromete en la política interna de nuestro país, al grado que se especuló su remoción.

Por supuesto que Clinton no se disculpó por la abierta intromisión de su gobierno en México ni por la injerencia del embajador Carlos Pascual que develó Wikileaks. Tampoco, por los arteros asesinatos de niños y jóvenes mexicanos por parte de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. Al contrario, la señora, con mucha prepotencia, se puso a dar “indicaciones” al Ejército, al Congreso, como si fuese su jefa. Para el imperio, nuestros asuntos internos son de su competencia. Dice Hillary: “Vamos bien, vamos progresando”. Habla ya de un México integrado a Estados Unidos. ¿Y la Independencia de cada país? ¡La soberanía de nuestro México! Para ellos no existe. Con desparpajo, elogió en público a Calderón: “Es realmente importante subrayar que el presidente Calderón está haciendo lo que un líder debe hacer y que por eso es que el presidente Barack Obama, nuestro gobierno y yo lo apoyamos”, y añadió, con su gran sonrisa: “Soy su fan. Yo creo y admiro mucho lo que está haciendo el presidente Calderón” (sic). No sabemos lo que hablaron en privado, pues la reunión fue en completo secreto y de espaldas al pueblo de México y al de Estados Unidos.

Poco se informó, pero se habló del avance del proyecto –acordado por Obama y Calderón en 2010– de instalación de puertos internos para agilizar el flujo de mercancías en la frontera; es decir, van a “correr la frontera” para que agentes gringos operen en territorio mexicano y las mercancías fluyan ágilmente a Estados Unidos. ¡Las mercancías! Porque a los mexicanos los deportan o los asesinan como a Sergio Barrón, a Sergio Adrián Hernández o a Anastacio Hernández, entre otros. De la libertad de flujo de personas no se habló, pero Carlos Pascual sí habló de “la tecnología moderna [que] nos permite reconceptualizar la frontera como algo más que una línea jurídica que separa a dos países” y de establecer “puertos internos posiblemente en Monterrey y Guanajuato”. Claro que tampoco se habló de que Estados Unidos impida que decenas de miles de armas fluyan “libremente” desde su país y menos de eliminar el muro de la muerte que separa a los dos países y no permite el “libre flujo” entre “socios” y “aliados”. Ese muro está en territorio que Estados Unidos le robó a México en el siglo XIX y que cada vez se parece más al muro que separa Israel de Palestina, en territorio que le robaron a los palestinos. En ambos muros, se asesina a niños con el pretexto de que “avientan piedras”.

Desde la llegada de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos, la intervención en México ha escalado de forma alarmante, así como la criminalización y discriminación contra los mexicanos que trabajan en aquel país. Recién arrancó su gobierno y comenzó la andanada. Los días 25 y 26 de marzo de 2009, vino Hillary Clinton en su primera visita a México, con toda la plana mayor de las Fuerzas Armadas y policiacas de Estados Unidos, para anunciar la creación de la Oficina Binacional de Inteligencia (OBI), que “coordinará” las fuerzas de seguridad. Dicha Oficina ya está operando en Reforma 265, donde labora el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia, la Agencia Federal de Investigación, la agencia antidrogas y la Immigration and Customs Enforcement (ICE), etcétera.

Es claro –y se constata en la información publicada en el sitio Wikileaks–que Estados Unidos tiene el control y el embajador Carlos Pascual lleva la voz cantante. La OBI opera en Reforma 265 de manera anticonstitucional y violando la soberanía de México. Por otra parte, en 2009, por primera vez en la historia, la Armada de México se integró a las maniobras militares conjuntas con Estados Unidos. Del 20 de abril al 5 de mayo, se desarrollaron las maniobras Unitas 50-09, en las que participó la IV Flota, reactivada en abril 2008 por George Bush (luego de 58 años) para patrullar –con submarinos nucleares– Suramérica, de cara a los procesos progresistas de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, etcétera. Esa visita de Hillary también trajo consecuencias. Se ha hecho público que la Marina –a diferencia del Ejército– apoya con entusiasmo las indicaciones de Estados Unidos. A dos días de la partida de Clinton, la Marina efectuó operativos militares en el Distrito Federal, en las colonias del Valle, Nápoles y en Iztacalco, preparando la militarización de todo el país y de su capital.

La integración militar –ASPAN entre Estados Unidos, Canadá y México– busca la participación de los mexicanos en las guerras del imperio, como las de Irak y Afganistán. En los proyectos de ley migratorios de Obama, un aspecto fundamental es el de reclutar mexicanos para las guerras del imperio con la oferta de obtener su residencia en aquel país. A su vez, promueven la intervención abierta en territorio nacional. Hillary ha hablado abiertamente de llevar a cabo un plan Colombia para México, lo que significa poner bases militares de Estados Unidos en nuestro territorio.

En la visita de Calderón a Washington, en mayo de 2010, él y Obama hablaron de “asociación estratégica” entre los dos países, pero ¿cómo nos trata el “socio”? El gobierno de Obama ha aumentado las redadas y las deportaciones ?tres veces más que en el gobierno de Bush?­: en 2010, 400 mil migrantes fueron deportados. Ha militarizado la frontera con 20 mil guardias nacionales y drones –que pueden ser ocupados para bombardear como en Pakistán, donde han matado 2 mil 500 personas en seis años.

En el gobierno de Obama, se ha intensificado el asesinato de mexicanos, y es un contraste la forma en que el gobierno de Francia defiende a su ciudadana Florence Cassez, con la nula defensa del gobierno de Calderón frente a los continuos asesinatos de mexicanos por agentes de Estados Unidos, que se han vuelto más descarados durante la administración de Obama. De los asesinatos cometidos por los patrulleros fronterizos, no se dijo ni media palabra durante la visita de Hillary. Los asesinos quedan en la impunidad.

De modo que el gobierno de Obama ha intensificado el sometimiento de nuestro país y la represión a los mexicanos, rompiendo todas las ilusiones sobre el demócrata y Premio Nobel de la Paz, quien en su reciente informe a la nación, del 25 de enero, ni siquiera hizo una mención a México. Pero sus funcionarios sí que han desatado una ofensiva declarativa para preparar el terreno para la intervención directa. El subsecretario del Ejército de Estados Unidos, Joseph Westphal, declaró, el 8 de febrero, que en México hay “una forma de insurgencia” encabezada por los cárteles de la droga y que podrían “tomar el gobierno”, lo cual llevaría a una invasión militar directa de Estados Unidos en nuestro territorio. Westphal se disculpó posteriormente: dijo que era una posición “personal” y no “oficial”. Pero al día siguiente, Janet Napolitano especuló en el Congreso estadunidense sobre una posible alianza Zetas-Al Qaeda, y advirtió sobre una respuesta “muy muy vigorosa”; dijo trabajar muy de cerca con Calderón y tener individuos en México “trabajando estos temas”. Habló de estar trabajando con México para llevar a un final la guerra”. Es claro que toman la guerra en México (desatada a iniciativa de Estados Unidos) como un asunto interno, y que preparan a la opinión pública para una intervención militar directa de Estados Unidos, con el pretexto de salvaguardar su seguridad interna. Paso a paso, avanzan sus planes de anexión de México. Y luego de la declaración de Janet Napolitano, a las 24 horas fue James Capplan, jefe máximo de Inteligencia del gobierno de Barack Obama, quien dijo que México ha sido elevado a la categoría más alta como amenaza potencial de Estados Unidos. La realidad es lo opuesto: Estados Unidos es la amenaza real más grande para la seguridad y la soberanía de México. Luego, el 15 de febrero, dos agentes de la ICE, que depende de Napolitano, fueron atacados en San Luis Potosí; uno murió. ¡¿Qué hacían agentes de la ICE en ese estado?!

Los planes de Estados Unidos y la oligarquía pro yanqui contra México son claros, pero los planes de nuestro pueblo son otros. La soberanía radica en el pueblo. En Túnez, con 15 días de movilizaciones, se logró la caída del dictador Ben Alí; en Egipto, tras 18 días de manifestaciones de millones de personas, Hosni Mubarak fue derrocado. De nada les sirvió a ambos todo el apoyo que recibieron de Washington y del gobierno de Israel. Los pueblos deciden. El regreso de Carmen Aristegui a la radio se debió a la movilización popular en su apoyo. El plan del pueblo mexicano aspira a la renovación democrática y a la plena soberanía, y tiene una fuerza potencial colosal, contra la que no puede el imperio del Norte. Ha llegado el momento de reafirmar nuestros derechos.

Ya somos millones de mexicanos organizándonos para recuperar la plena soberanía de nuestra patria. Que no hagan cuentas alegres los estrategas imperiales de los vecinos del Norte y la oligarquía pro yanqui. Ellos han avanzado en sus planes con el total sometimiento del gobierno de Calderón; pero el pueblo de México tiene su propio proyecto alternativo y un futuro que defender. Un futuro soberano, por supuesto.

*Politólogo; vocero del Congreso de la Soberanía y dirigente de Mexteki

Fuente: Contralínea 221 / 20 de febrero de 2011