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Todos tenemos memoria de que en la historia de un pueblo siempre joven y próspero como en Grecia existieron rectores para su desarrollo biológico, psicológico, espiritual, político, económico y social. En pocas palabras, en su desarrollo integral hombres preclaros que fueron conocidos como los siete sabios, que fueron determinantes para lograr el nivel alcanzado para toda una época y una sociedad. Los hombres son muchos, pero sus obras son claras hasta el momento

Mariano González Pérez

En nuestro país, a principios del siglo XX, se logró integrar una generación de hombres y mujeres que fueron nominados como los siete sabios de México, casi todos ellos surgidos de las aulas y con un conocimiento del momento histórico resultado de un movimiento armado. Sus consideraciones fueron escuchadas por los hombres rectores de la política, en su gran mayoría, y, lo que es más importante, se conforman en una Secretaria de Educación y se fortalece la Universidad Nacional Autónoma de México.

Todo esto hizo posible un avance importante en el desarrollo de nuestro país con incremento de población muy significativa hasta llegar a lo que somos con más 112 millones de mexicanos.

Los que llevan el timón de la barca por la manifestación de sus obras no son los mejor dotados para ello, y los que sí tienen las grandes capacidades en su gran mayoría están muy ocupados en algunos casos a hacer ciencia y filosofía en su castillo de cristal o en tener grandes capitales, y mientras la gran mayoría no se quiere ensuciar, pues considera que la actividad política es de lo más sucia y los resultados los tenemos a la vista. Los sabios de Grecia, que deberían seguir presentes en todos los pueblos, no se manifiestan en forma evidente, y hoy más que nunca es necesaria su presencia.

Es indiscutible que el desarrollo del hombre es deficiente. Los estudios realizados no por encuestadoras nacionales, sino por organizaciones internacionales muestran que en casi todos los índices difícilmente pasamos de seis y en algunos estados es grave la manifestación mínima de desarrollo humano. Es indiscutible que vamos mejorando en algunos dígitos, pero para que el desarrollo sea integral y se superen síntomas de inseguridad, desempleo, muerte por enfermedades que pueden ser evitadas a través de la prevención, problemas de analfabetismo y demás, es necesaria la presencia de operadores que superan los problemas del materialismo y la secularización en el cual, sin darnos cuenta, está inmersa la sociedad.

En las campañas electorales nos perdemos en lo anecdótico, que presenta el dictador moderno que se expresa a través la sociedad mediática y no se dan espacios para el debate profundo de las ideas y soluciones. Cuando mucho, se hace demasiado énfasis a la corrupción y que su solución no está en los medios de difusión, sino en los palacios de justicia. Tenemos diagnósticos sociales basados en ocurrencias y no en evidencias, mientras el pueblo sigue pensando que lo más importante es “el chivo” o la comida, y la espera de las soluciones sigue en el club de los sentados. Ya que cuando menos “el chivo” hay que tenerlo resuelto, y si esto no se logra, un buen resguardo para no sentir el hambre es el alcohol, aunque los hijos tengan frío y sigan teniendo hambre. Y que nos cansemos de seguir en la espera de soluciones que se presentan en campañas electorales como magia de solución en 15 minutos y luego se olvidan.

Es indiscutible que el problema sigue estando en la familia, en su integración y en su ambiente de verdadero amor y responsabilidad. Que la forman papá y mamá, pero que siempre fue estimulado su integración y desarrollo por los verdaderos sabios.

La sociedad civil ha pensado que para que la familia avance y resuelva sus problemas es importante su integración y capacitar en lo que se llama habilidades para la vida o como lo nombre la organización mundial de la salud Life Skills, que en resumen comprende acciones que promuevan el amor, el respeto y la responsabilidad frente a la vida; promover la comunicación humana, principalmente dentro de la familia a través de un diálogo creativo y propositivo; que los seres humanos sepan decir “no” desde que son niños y más cuando se encuentran en la adolescencia; dejar a un lado la grave agresividad verbal y física que es preponderante en la sociedad de hoy convertida en asertividad.

Se debe promover la empatía entre los seres humanos; saber tener bases firmes para tomar decisiones maduras; fomentar el pensamiento crítico que tan minado se ha visto por la presencia de la caja mágica. Ser un humano que no se evalúa periódicamente, sobre todo ahora que finalizó un año que se vivió tan rápido.

Y no ver la paja en el ojo ajeno y no sentir la viga en el propio frente a una sociedad patológica por las condiciones de estrés y depresión que van en incremento en la familia. Y por último, en una sociedad donde crecen los conflictos a todos los niveles. Debemos aprender a resolverlos y no endosarlos a los demás.

Todo esto y otros elementos más se resumen a lo que debemos promover para lograr mejor vida personal y comunitaria, pero para ello es necesaria la acción de los hombres de pensamiento: los “sabios”.

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