Empeora crisis mundial

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La crisis económica mundial se transformará en una crisis alimentaria. La especulación financiera, la explosión demográfica y el cambio climático podrían acelerar y profundizar la escasez de alimentos. El hambre aparecería en zonas hasta ahora prósperas

Ernesto Montero Acuña / Prensa Latina

A las crisis se añade ahora la inflación en los precios de los alimentos, fenómeno que se intensifica en los últimos cuatro años y se extenderá durante la próxima década, aunque se ignoran su magnitud final y su presumible conclusión.

Sin embargo, puede afirmarse que una de sus principales causas, aunque no la única, es la creciente especulación, característica del orden predominante en el mundo, utilizando alimentos de los cuales dependen todos.

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación expresa, en un reciente comunicado, que el índice de precios de estos productos alcanzó su nivel máximo histórico en diciembre de 2010.

Considera que tales valores superan los de 2008, cuando provocaron disturbios y saqueos en varios países, y conducen ahora a pronosticar que podrían sobrevenir tiempos difíciles, a menos que la producción de los principales cultivos se incremente significativamente en 2011.

“Con la presión que hay sobre los precios mundiales de la mayoría de los productos básicos, la cual no cede, la comunidad internacional debe permanecer en alerta ante nuevos vaivenes en la demanda en 2011 y estar preparada”, pronostica.

En tiempos de crisis económica y de mayor desempleo, encarecimiento de la energía, cambio climático, desastres naturales y aumento poblacional, el precio de los bienes básicos será un factor de la ecuación que signará 2011 como año precario, excepto en regiones y países donde las transformaciones hacia la equidad se expandan.

Augurios en apariencia optimistas no solucionarán graves dificultades que dependen de problemas económicos y sociales determinados por un ordenamiento en retroceso y que jalona hacia la crisis, con sus típicas consecuencias.

América Latina y el Caribe son ejemplo de que varios de sus países impulsan programas de mayor justicia social, mejor ordenamiento económico y, por tanto, más próximos a la equidad. Pero deben lograrlo enfrentados a fuerzas empeñadas en sostener el orden en retroceso.

Esta región, cuyo producto interno bruto superó en 2010 el 6 por ciento de crecimiento, se enfrenta a un pronóstico de expansión del 4.2 por ciento para 2011, muy insuficiente para impulsar su mejoría y menos aún con la disparidad actual.

Esto ocurre cuando varias de sus naciones avanzarán en los modelos de distribución social, insuficientes para abandonar la condición de región más desigual del mundo, aunque en alza respecto de los países desarrollados en crisis.

Gran parte de los resultados económicos latinoamericanos son enviados a casas matrices de naciones que hoy representan un lastre global, incluso para la mayoría de sus propias poblaciones, como ocurre en Estados Unidos y Europa.

América Latina puede existir y desarrollarse sin Estados Unidos, porque se liberaría de que las fuerzas productivas y los recursos naturales latinoamericanos, junto con los del resto de los subdesarrollados, sean sometidos a los elevados niveles de consumo y explotación estadunidense, comenzando por los energéticos.

Sucede parecido con la crítica Unión Europea, donde hasta los gobiernos de la social democracia más tradicional abandonan posiciones históricas y asumen, contradictoriamente, las del neoliberalismo fracasado hace varios años en Latinoamérica.

Estados Unidos y la Unión Europea sufren un desempleo en torno al 10 por ciento, que en los próximos años no tendrá solución; por el contrario, se incrementará, sin que se apliquen políticas sociales redistributivas que estimulan al empresariado y el consumo poblacional.

En ninguna de tales naciones se implantan medidas socialmente superiores, sino las tendientes a favorecer a clases sociales dominantes y a empeorar la situación de los sectores ya deprimidos.

Se eleva el desempleo, empeoran los salarios, se afectan las jubilaciones, merman las medidas de protección social y jóvenes y mujeres, globalmente, resultan más dañados, cuando se requieren medidas que mejoren sus posibilidades de empleo, salud y educación.

Estudios demuestran que el mundo transita hacia la perspectiva de que el equivalente a la mitad de la población actual sufra crisis alimentaria en 2100 como consecuencia del cambio climático, el cual afectará las cosechas en las zonas tropicales y subtropicales del planeta.

Para entonces, los habitantes podrían situarse entre los 8 mil 400 millones y los 9 mil millones, algo que tornaría más tensas las condiciones de sobrevivencia en un mundo que marcha hacia ese futuro desde este presente.

Estudios revelan que la población, más incrementada en los dos siglos pasados que en todos los anteriores, viene registrando elevadas tasas de crecimiento en las últimas décadas, con índices de hasta 80 millones anuales.

Se estima que al final de 2011, se arribará a los 7 mil millones de habitantes, contra 728 millones que existían a mediados del siglo XVIII, 1 mil 171 millones en el siglo XIX y 2 mil 516 millones hace apenas 60 años.

Podrían alcanzarse los 9 mil 400 millones en 2050 y los 11 mil 200 millones en 2100, cifras que provocan alarma y aceleran la necesidad de aplicar un verdadero proyecto de desarrollo sostenible.

En su estudio El fin del crecimiento de la población mundial, el Instituto Internacional de Sistemas de Análisis Aplicados de Laxenburg, en Viena, estimaba, el año pasado, que los pobladores del planeta alcanzarán su cifra máxima de este siglo en 2075.

El análisis, publicado en la revista científica Nature, reflejaba que, a partir de entonces, la cantidad de habitantes descendería hasta situarse en los 8 mil 400 millones para 2100, cifra menos elevada que la de otras previsiones.

La disminución la atribuye, sin embargo, a factores como la aplicación de mayor control de la natalidad, que considera se ampliará, y a “los efectos devastadores” que prevé para el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, especialmente en África.

Medios académicos y políticos insisten en la necesidad de que se realicen estudios científicos y prácticas adecuadas respecto de la previsible explosión demográfica, incluido el envejecimiento poblacional y la consiguiente crisis alimentaria global.

Lo cierto es que el costo de los rubros alimenticios mantuvo durante 2010 una tendencia alcista en prácticamente todas las materias primas y que, según medios internacionales, se espera que tales aumentos continúen este año.

“El precio de los bienes primarios seguirá subiendo en 2011 y posiblemente en 2012”, le declaró Neils Jensen, analista del fondo londinense de inversión Absolute Return Partners, a la británica BBC Mundo.

Lo peor es que esa intensificación, iniciada en 2008, se mantendrá durante la próxima década, sin que se sepa hasta cuándo.

El banco de inversiones Goldman Sachs pronostica un aumento del 18 por ciento para las materias primas, estimado que será mayor en el caso de los metales, cuya alza previsible se fija en el 28 por ciento.

Caroline Bain, analista de la Unidad de Inteligencia de la revista británica The Economist, le dijo a BBC Mundo que “prácticamente todas las mercancías, con excepción del gas natural, han aumentado en los últimos tiempos, con los metales a la cabeza”.

Las alzas se justifican de diversas formas, si bien muy frecuentemente se elude que los desastres naturales en importantes países los origina un cambio climático que, cual bumerán, cobra a todos los hombres lo que una parte de ellos toma desmedidamente de la naturaleza y lo distribuye de manera desequilibrada.

Una creciente poblacional mundial –crecientemente más desigual– resulta afectada por el empeoramiento de las condiciones naturales, los precios de los bienes básicos y la energía; el desempleo y una crisis económica que algunas fuentes auguran desde hace tres años, cual malabar de ciencia ficción, que mejorará… sin que se sepa cuándo.

Pero analistas consideran que no ocurrirá sin aplicar fórmulas económicas, demográficas, políticas y sociales que establezcan el equilibrio posible, en un siglo que se avizora como de crisis prolongada si no se cambia el presente ordenamiento social.

Sin ello, un mundo peor se augura inevitable.

Fuente: Contralínea 217 / 23 de enero de 2011

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