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Durante 2010, Venezuela consolidó su presencia regional y mundial. El gobierno de Hugo Chávez logró vencer el “aislacionismo” en el que Washington buscaba sumirlo. Los intentos por hacer parecer la Revolución Bolivariana como inviable y autoritaria fracasaron. Como no lo hacía desde hace décadas, Venezuela promueve sus intereses como un actor autónomo

Odalys Troya Flores / Prensa Latina

Caracas, Venezuela. Cada vez se consolida más la inserción de Venezuela en la comunidad internacional como un actor autónomo e independiente, capaz de promover sus intereses nacionales y la integración.

El año pasado, el gobierno bolivariano insistió en el diseño de un nuevo mapa multipolar donde las naciones se involucren en función del desarrollo de sus pueblos.

Y es que la política exterior de Venezuela pasa necesariamente por la autodeterminación y desarrollo de la soberanía del país en los ámbitos territorial, económico, cultural, militar, alimentario, energético, y bajo principios como la promoción del nuevo orden económico internacional fundamentados en la cooperación y colaboración recíprocas.

De enero al cierre de 2010, diversas fueron las acciones encaminadas a profundizar esos objetivos, dentro de las cuales sobresale la gira del presidente Hugo Chávez por Rusia, Belarús, Ucrania, Siria, Libia, Irán y Portugal.

Acerca de ese periplo, realizado en octubre último, el jefe de Estado aseguró que “se consolidan líneas muy claras de nuestra política internacional, orientadas por los sagrados intereses del pueblo”.

Chávez destacó que la agenda de trabajo que lo llevó por el Medio Oriente, África y Europa es “de un impacto profundo y de largo alcance. Los impactos de esta gira no son superficiales”.

Con esos países se firmaron 69 acuerdos centrados en el impulso de sectores estratégicos, como la vivienda, la energía, la agricultura y la alimentación, entre otros.

La construcción de 37 mil viviendas para contribuir a la solución del problema habitacional de Venezuela emanó de los convenios con esas naciones que visitó Chávez.

Asimismo, de gran connotación es el acuerdo en materia nuclear con Rusia, destinado exclusivamente para fines pacíficos: generación de energía eléctrica de forma segura.

Entre otros conciertos, con esa nación se firmó un plan de acción para fortalecer el Banco de Inversiones Ruso-Venezolano, que permitirá financiar proyectos en diversas áreas, como la agrícola.

Por otra parte, en 2010 tuvo gran repercusión el relanzamiento de las históricas relaciones entre Venezuela y Colombia, interrumpidas al final del mandato del expresidente Álvaro Uribe.

El 2 de noviembre de 2010, el mandatario de esa nación, Juan Manuel Santos, se reunió con Chávez para dejar establecida una nueva etapa de fortalecimiento de las relaciones bilaterales.

Chávez y Santos se habían reunido el 10 de agosto de 2010 en la ciudad colombiana de Santa Marta. Entonces, decidieron retomar los lazos que siempre reunieron a los dos pueblos. El camino de la solidaridad internacional también se reflejó en la Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), realizada en abril.

El documento final de la cita, Manifiesto de Caracas consolidando la nueva independencia, recoge el interés de las naciones que integran el mecanismo regional de consolidar su integración y soberanía en aras de la construcción del camino hacia el socialismo.

También sobresalió en ese encuentro de la Alba la decisión de crear la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), sin presencia de Estados Unidos ni Canadá, propuesta surgida en la llamada Cumbre de la Unidad, del Grupo de Río, celebrada en Playa del Carmen, México, en febrero.

Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, Dominica, Ecuador, Nicaragua, Saint Vicente y Granadinas ofrecieron su apoyo a Venezuela como sede en 2011 de una cumbre para materializar la Celac.

El objetivo del nuevo organismo será proyectar a nivel global la región con fundamento en el respeto al derecho internacional, igualdad de Estados, los derechos humanos y la cooperación.

En 2010 se realizaron varias operaciones comerciales con el empleo del Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos (Sucre), cada uno de los cuales equivale a 1.25 dólares.

La primera fue en febrero, entre Venezuela y Cuba, por 108 mil sucres (equivalentes a 135 mil dólares) y la segunda, en julio, cuando el gobierno de Venezuela compró a Ecuador 1 millón 900 mil sucres en arroz.

En octubre, este país realizó la primera transacción con Bolivia, consistente en la compra de 5 mil toneladas de aceite desgomado de soya por la empresa boliviana Gravetal a la socialista venezolana Diana.

Las operaciones a través del Sucre son un ejemplo de soberanía continental, porque eximen a los países de la Alba del Fondo Monetario Internacional y los libera de la dependencia del dólar para el comercio internacional.

Asimismo, Venezuela participó activamente en el seno de la Unión de Naciones Suramericanas, organización que busca unificar el accionar de los países en materia política, económica y social para consolidar una visión integradora en América.

“Hemos consolidado una política exterior independiente. Sólo porque somos independientes, podemos jugar este papel”, dijo Chávez al regreso de su gira por Asia y Europa.

“Nuestra patria está jugando un papel muy importante: la misión y la dinámica cada día serán más exigentes, por eso cada día tendremos más trabajo”, añadió.

“Hemos venido consolidando unas líneas muy claras con trazos más gruesos de nuestra política internacional y cada una de ellas está impregnada por los intereses de nuestro pueblo”, aseguró Chávez.

Fuente: Contralínea 215 / 09 de enero de 2011

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