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Con un producto interno bruto insuficiente para la generación de empleo, la inflación al alza, la pérdida del poder adquisitivo; con el gasto público centrado en la “guerra contra el narcotráfico” y sin medidas contracíclicas para hacer frente a la incertidumbre económica de Estados Unidos que desplomará de nuevo las exportaciones y remesas, 2011 será otro año negro para la economía mexicana. Lo peor del sexenio aún no termina, advierten economistas

Ana Lilia Pérez

Con el país bañado en sangre y la violencia exacerbada, inicia 2011. En términos económicos, otro año negro en el que, a falta de políticas gubernamentales efectivas, el país seguirá con el lastre de la crisis económica mundial que en México hizo mella como en ningún otro lugar del mundo, debido al histórico desplome de las exportaciones y remesas, las principales fuentes de divisas. Contrario a los indicadores del Banco de México (Banxico), analistas, calificadoras y organismos internacionales avistan un crecimiento insuficiente, mayor desempleo, agudización de la pobreza y de la pérdida del poder adquisitivo.

Éste, aseguran algunos analistas, podría ser el peor año del sexenio de Felipe Calderón en términos económicos, debido a que, a partir de ahora, los esfuerzos gubernamentales estarán centrados en la elección de 2012 y la posibilidad de garantizarle al Partido Acción Nacional (PAN) la continuidad en el gobierno.

Salvo en 2010 en que el repunte de las exportaciones particularmente del sector automotriz abonaron al crecimiento, en ninguno de los años anteriores la administración calderonista logró sus metas de crecimiento. De manera que aún con el 5 por ciento que, según cálculos del Banxico, creció el producto interno bruto (PIB), la cifra no alcanza para cubrir el decrecimiento acumulado desde el primer año del sexenio.

En 2007 se estimó una meta del crecimiento del 3.75 por ciento del PIB, pero éste llegó al 3.3 por ciento. En 2008 se promedió un crecimiento del 3.5 por ciento, la cifra sólo alcanzó el 1.3 por ciento. Pero en 2009 el PIB se desplomó 6.8 por ciento, cuando se había prometido que el PIB crecería 1.5 por ciento. De manera que el crecimiento alcanzado en 2010 no alcanza ni para compensar el desplome de 2009. Para 2011, dice Agustín Carstens, el PIB crecerá 4.7 por ciento. Pero los analistas internacionales dicen que lo que crecerá es la incertidumbre en la economía de Estados Unidos, lo que de nuevo hará tambalear el PIB mexicano.

El pasado 13 de diciembre, al presentar el Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe 2010, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena, alertó: “Vemos un 2011 donde el entorno se prevé turbulento, la región registrará una desaceleración en su crecimiento”. El impacto, refirió, podría presentar velocidades de crecimiento distintas para los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo. Para la región, el crecimiento máximo se estima en 4.2 por ciento.

Pero para México, ante un gabinete económico estático y sin medidas contracíclicas, frente a la nueva caída que se augura en la economía estadunidense, “definitivamente no hay posibilidades de crecimiento”, explica el doctor en economía Arturo Huerta González, autor del libro La crisis en Estados Unidos y México: la dificultad de su salida.

Con tales indicadores, el crecimiento promedio máximo del PIB en el sexenio será de 1 por ciento anual, de acuerdo con estimaciones de la Comisión de Hacienda y Crédito Público de la Cámara de Diputados. En términos económicos, el legado será “un país cada vez más chiquito con una población cada vez más grande”, explica la doctora María Teresa Aguirre Covarrubias, de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Desde 2009, diversos organismos internacionales, como la Cepal y el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (Sela), ubicaron a México en el último lugar de crecimiento económico de toda América Latina, incluso por debajo de Haití, el país más pobre del continente. Ello, como resultado de una política económica estrictamente subordinada a la de Estados Unidos, vía comercio exterior y remesas.

La cifra de crecimiento real que tendrá el PIB en el sexenio dista completamente de la comprometida por Calderón: un crecimiento anual del 6 por ciento. Trasladada al impacto social en el país, significa “un rezago histórico en inversión, empleo y pobreza”, explica el economista Mario Di Costanzo Armenta, integrante de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados.

Continuidad en desempleo

El impacto más visible del fracaso de la política económica de Felipe Calderón es el desempleo, que en el sexenio alcanzó –entre 2009 y 2010– récords históricos del 6.5 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) desempleada.

“Mi objetivo es crear empleos bien pagados para que tú y tu familia vivan mejor”, aseguraba Calderón Hinojosa en su spot de campaña. Hoy tiene a más de 5 millones de mexicanos sin empleo y 24 millones empleados en la informalidad, según cifras del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM.

Como principal carta de su gobierno, al tomar la silla presidencial, en diciembre de 2006, aseguró que cada año crearía 800 mil empleos formales, los que entonces se requerían para ocupar al ciento por ciento de la PEA. El rezago de año con año dejó el incumplimiento a la meta más los despidos masivos consecuencia de la crisis que no supo paliar, más el crecimiento demográfico no calculado provocaron que a partir de 2011 se requiera de la creación de 1 millón 200 mil nuevas plazas por año para cubrir la demanda de la PEA.

La estimación más optimista del Banxico es que, en 2011, se generarán 500 mil empleos (siempre y cuando se logre el crecimiento del 4.7 por ciento del PIB que calcula Carstens). Aun cuando se cumpliera la meta, esas 500 mil plazas no alcanzarán ni para compensar las 995 mil que, dice la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se deberían haber creado en 2010 para compensar los empleos perdidos en 2009.

El rezago laboral se amplía si se considera los más de 200 mil puestos que apenas en diciembre se perdieron “por estacionalidad”. Según el estimado de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, la cifra representa 14 mil empleos más que en diciembre de 2009.

La OCDE no es tan optimista como el Banxico. Su diagnóstico es que a lo largo del año y hasta el último del sexenio de Felipe Calderón, el desempleo irá a la alza. Cyrille Schwellnus, el especialista del organismo para el capítulo México, calcula que por lo menos entre 2011 y 2012, la tasa de desempleo no bajará del 6 por ciento, o bien que en los próximos dos años por lo menos 2 millones 700 mil personas de la PEA no hallarán trabajo.

En la administración del “presidente del empleo”, el tema del desempleo se convirtió en un asunto de seguridad nacional, así lo decretó la Asamblea Legislativa en diciembre pasado, al tiempo que hizo un llamado a que el Congreso federal y el Ejecutivo establezcan medidas emergentes para frenar el desempleo, que es hoy “un problema letal en México”, considera el legislador Alejandro López Villanueva, autor de esta iniciativa.

Además de ser botón de muestra de la fallida política económica de Felipe Calderón, las cifras de desempleo son también otro elemento que expone el porqué de la fallida “guerra contra el narcotráfico”, explica la economista María Teresa Aguirre: “Porque el altísimo nivel de desempleo está generando que la gente, sobre todo los jóvenes, se involucren en actividades ilícitas, desde pequeños o grandes robos hasta enrolarse al sistema de delincuencia organizada, porque el país no les está ofreciendo nada; no hay oportunidades laborales, no tienen una sola opción de desarrollo”.

Edgardo Buscaglia, consultor de la Organización de las Naciones Unidas en materia de combate al narcotráfico y delincuencia organizada, abona la tesis. Explica que cuando el Estado está ausente de la necesidad económica y la vida social, los grupos delincuenciales buscan cubrir ese vacío a través de mecanismos violentos, o bien, ofreciendo lo que el Estado no hace: opciones de empleo.

“Para contrarrestar la delincuencia y violencia social que hay en México, no basta con construir cárceles, sino crear infraestructura social, una inversión en serio para la educación y, sobre todo, la creación de empleo. Porque este tipo de problemas se atacan a través de la prevención y de la educación, no a través de armas y soldados. Así que mientras siga existiendo un ausentismo del Estado, un Estado fallido, seguirá la delincuencia y la violencia, traducida como el lenguaje cotidiano de las sociedades que han sido infectadas por esta violencia”, expone Buscaglia, director del International Law and Economic Development Center.

Mención aparte merece el tipo de empleos que creará el gobierno calderonista. El resultado de la Encuesta de expectativas de empleo, organizada por Manpower, indica que los empleos que se ofertarán en 2011 serán de técnicos en producción, soldadores, carpinteros, plomeros, enfermeras, cuidadores de niños y ancianos, especialistas en ventas y servicios. De los profesionistas, las compañías encuestadas enlistan ingenieros y médicos.

No habrá cabida para profesionistas de áreas como la ciencia de la comunicación, abogados y mercadotecnia, ante la sobreoferta de dichos profesionistas y la poca demanda laboral.

De manera que los empleos ofertados en 2011 abonarán a la pérdida de capital humano altamente calificado que se incrementó significativamente a partir de 2007, cuando, de acuerdo con el Sela, México se ubicó como el principal expulsor de cerebros (profesionistas con niveles de licenciatura, maestría y doctorado) en el ámbito mundial, otro de los saldos de gobierno de Felipe Calderón.

Inflación al alza

Este año, el quinto año de gobierno de Felipe Calderón, no será sólo de 8 millones de mexicanos de la PEA desgastando los zapatos en el pavimento, tocando puertas en busca de un empleo, ni de los jóvenes que se sumen a la fila de los 7.4 millones que, según cálculos del rector de la UNAM, José Narro, ni estudian ni trabajan; 2011 será un año de hambre, de penurias y cinturones ajustados para el grueso de los mexicanos que recibieron el año con la canasta básica encarecida al máximo y un risorio aumento salarial.

Los aumentos a diversas frutas y verduras y las altas tarifas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) al suministro de energía eléctrica provocaron que, a partir de noviembre, la inflación se disparara a 4.32 por ciento. Uno de los golpes más arteros al bolsillo de los mexicanos fue la alza a la tortilla, el alimento básico y para muchas familias único, que se incrementó de 8 a 12 pesos el kilogramo, aplicado en la víspera de los festejos guadalupanos.

La consultoría Merril Lynch calcula que, en el año, la inflación se mantendrá por encima del 4 por ciento. La cifra ubica a México como el quinto país con la inflación más alta entre el grupo de los 33 países que conforman la OCDE.

Aunque el encarecimiento de los combustibles que la Secretaría de Hacienda prevé para este año podría elevar la inflación, principalmente la gasolina, que con sus 12 incrementos registrados en 2010 fue uno de los productos que más impactó el índice inflacionario. En diciembre pasado, el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, advirtió que el energético continuará incrementando su precio todo 2011.

Desde diciembre, el encarecimiento de la canasta básica desvaneció las cuentas alegres que el Banxico proyectó para este año en el rubro inflacionario, que, según Carstens, se mantendría en un máximo del 3 por ciento.

Con la inflación a la alza y una economía que no despunta, la cuesta de enero se resentirá todo el año, en que los mexicanos deberán asumir los paulatinos incrementos a la electricidad, gasolina y gas licuado de petróleo, además de los nuevos gravámenes del 15 por ciento al impuesto al valor agregado y el impuesto especial sobre producción y servicios en tabaco, bebidas alcohólicas, telecomunicaciones, juegos y sorteos.

En las reuniones internas de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, se habla de una nueva propuesta de gravamen a los alimentos y medicinas que el Ejecutivo estaría enviando al Congreso en el primer semestre del año.

De concretarse, la medida hacendaria sin duda sería el golpe más artero a la economía de los mexicanos, que han visto significativamente adelgazados sus bolsillos en el sexenio calderonista, periodo en el que “el poder adquisitivo de los mexicanos ha caído abruptamente”, dice el legislador Jesús Alberto Cano, también integrante de la Comisión de Hacienda en el Congreso federal.

En los últimos cuatro años, el poder adquisitivo se contrajo 40 por ciento, de acuerdo con estimaciones de la Facultad de Economía de la UNAM, por lo que actualmente los mexicanos sólo pueden adquirir el 60 por ciento de lo que adquirían en el gobierno de Vicente Fox.

La Confederación Nacional Campesina (CNC) calcula que, en los últimos cuatro años, la canasta básica se encareció hasta en 115 por ciento promedio, aunque hay productos como el frijol, cuyo costo se disparó un 220 por ciento. En contraste, en el mismo periodo el incremento del salario mínimo representa el 17 por ciento. El resultado: 30 millones de mexicanos dejaron de tener acceso a la canasta básica, dice Cruz López, líder de la CNC.

Con los precios a diciembre pasado y el salario mínimo establecido para este año, un obrero tendría que laborar 22 horas diarias para adquirir la canasta básica, casi tres veces más de lo que mandata la jornada laboral que regula la Organización Internacional del Trabajo. Dicho de otra manera, en el México de Calderón, un obrero que cumple con su jornada de ocho horas diarias que marca la ley, a partir de este año con su salario de 57 pesos diarios sólo podrá comprar 4 kilos de tortillas y medio kilogramo de frijol, o 2 de tortillas y 1 de frijol, siempre y cuando no disponga de un solo peso para transportarse a su lugar de trabajo.

El diputado Jesús Alberto Cano dice que el alto costo de las importaciones es otro factor que abona a la pérdida del poder adquisitivo, de manera que, al final, son los ciudadanos los que continuarán asumiendo el costo de la dependencia económica.

La mala administración

Con un gabinete económico indolente, sin rumbo ni liderazgo, Felipe Calderón achaca todos los problemas económicos que azotan al país como un efecto de la crisis mundial, pero “muchos de estos problemas se deben también a la mala administración de los recursos públicos, con un gasto corriente destinado a mantener los estratosféricos salarios y percepciones de los funcionarios públicos de alto nivel”, dice el diputado Mario Di Costanzo, también integrante de la Comisión Especial para Analizar el Presupuesto de Gastos Fiscales.

Las cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público arrojan que el gobierno de Felipe Calderón ha incrementado su gasto corriente en 2.5 por ciento en términos del PIB respecto de la administración de su predecesor.

Para 2011, de los 3 billones 438 mil 826 millones de pesos del presupuesto federal, 1 billón 954 mil 340 millones de pesos son para el gasto corriente (principalmente servicios personales y gastos de operación), un monto histórico que representa el 1.2 por ciento más que en 2010, cuando el gasto de “administrar” el país fue de 1 billón 840 mil 953 millones de pesos, de acuerdo con el Centro de Estudios Sobre las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados.

Lo anterior significa que en este año de crisis, recesión, inflación y pobreza, los mexicanos pagarán la administración más costosa en la historia.

En contraparte, en el sexenio la inversión pública ha decrecido. Ello tiene que ver no sólo con la disminución de recursos al rubro de inversión, sino con el subejercicio presupuestal. Las áreas de gobierno donde, acorde con las revisiones de la Auditoría Superior de la Federación, se ha registrado el subejercicio más significativo son las paraestatales Petróleos Mexicanos a través de todas sus subsidiarias, la CFE, y las secretarías de Comunicaciones y Transportes; la de Desarrollo Social; la de Medio Ambiente, y la de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación.

Dentro de los estándares de la función pública, el subejercicio presupuestal es considerado como un factor de corrupción.

Ante el subejercicio presupuestal registrado en las áreas medulares para el motor de desarrollo y crecimiento del país, ante el pleno de la Cámara de Senadores, Ángel Aguirre Rivero denunció que el subejercicio presupuestal es utilizado por el gobierno de Felipe Calderón como la vía para transferir millonarios recursos a fideicomisos, de los cuales no hay rendición de cuentas. Por ello, el senador propuso la iniciativa que considera inhabilitaciones de hasta 20 años y de seis a 12 años de prisión para los funcionarios que incurran en subejercicio presupuestal.

Pobreza, el gran saldo

En el estado financiero que Calderón inscribe de su administración, una cifra con muchos ceros será el saldo de pobreza. En ese rubro, sí ha habido un gran crecimiento en el país. De hecho, México es el país de América donde más ha crecido el flagelo.

El último reporte de la Cepal, difundido en noviembre pasado, indica que entre 2008 y 2009 la pobreza en el país aumentó 3.1 por ciento. En consecuencia, el organismo que encabeza la mexicana Alicia Bárcena recomendó al gobierno promover el empleo formal y reforzar los programas de combate a la pobreza.

Los resultados de las Encuestas de ingreso y gasto 2007, 2008, 2009, y 2010, de Instituto Nacional de Estadística y Geografía, indican que en la administración de calderonista se empobrecieron otros 6.8 millones de mexicanos.

Otros organismos, como el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, manejan cifras alarmantes. Su último informe sobre pobreza multidimensional en México indica que, para 2008, 47 millones 200 mil mexicanos se convirtieron en “pobres dimensionales”, lo que significa que tienen más de tres carencias sociales.

Para 2011, las cifras no son nada halagüeñas. El Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados prevé que este año la pobreza se agudizará en las zonas urbanas del Distrito Federal, la zona conurbada y los históricamente marginados Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

La reasignación del presupuesto de 2011 para programas sociales más que aliviar la pobreza, advierte Mario Di Costanzo, “serán utilizados con una clara intensión: como botín electoral”.

Importaciones impagables

Desde 2008, el periodo más álgido de la crisis económica mundial, que tuvo a Estados Unidos como epicentro, organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y hasta el Banco Interamericano de Desarrollo le recomendaron a Felipe Calderón diversificar el mercado exportador, focalizado, casi el 90 por ciento, en Estados Unidos. Con esta fórmula y la reactivación del mercado interno, casi todos los países de América Latina sortearon la crisis, y para algunos como Brasil, fue incluso una veta de oportunidad que lo llevó a un superávit.

Ni Calderón ni su gabinete económico optaron por tales medidas. Para este año, en que la recuperación de Estados Unidos se avista más lenta y la recesión mundial que ya impacta duramente a la comunidad europea, en México se prevé una nueva caída en las exportaciones.

Arturo Huerta González, economista miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, explica que la economía mexicana caerá de nuevo porque todas las variables externas de las que depende reportarán saldo negativo: exportaciones, remesas, precio internacional de crudo y entrada de capitales.

“Si hubo crecimiento en México en 2010, fue por las exportaciones, no por la entrada de capitales. Pero este año, el mundo estará en recesión, caerán las exportaciones mexicanas y el gobierno no tienen ninguna política contracíclica, así que definitivamente será un peor año para nuestra economía”.

Las previsiones de la Cepal van en el mismo sentido. La secretaria ejecutiva Alicia Bárcena dice que la recuperación del sector exportador permitió a México un crecimiento de 4.3 por ciento en el ingreso per cápita durante 2010 tras el desplome de 7.0 por ciento en 2009; pero para 2011 se prevé una desaceleración respecto de ese año.

La obcecación del gabinete económico de circunscribir las exportaciones al mercado estadunidense ha provocado que se deje de lado la posibilidad de desarrollar el mercado interno, lo que en consecuencia ha incrementado las importaciones, explica la doctora María Teresa Aguirre.

“Un ejemplo de lo que el gobierno mexicano ha dejado de hacer es Brasil, que en medio de la crisis generó una política industrial propia que lo llevó a crecer a niveles insospechados, mientras que en México, el gobierno se ha desentendido de cualquier fomento en la política industrial, la consecuencia es la dependencia de las importaciones.”

La previsión para 2011 es que las importaciones rebasen el 24 por ciento que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, crecieron en 2010. Pero las finanzas del país no dan para sostener este ritmo ni a corto plazo.

En términos económicos, ello significa una bomba de tiempo, porque ante la baja en el flujo de divisas de las exportaciones, de las remesas y por inversión extranjera, “no se contará con recursos suficientes para mantener las importaciones que el país está realizando, es decir, la economía no podrá seguir comprando del exterior más allá de lo que vende”, explica Arturo Huerta, autor del libro Por qué no crece la economía mexicana y cómo puede crecer (Diana, México, 2006).

Sólo en 2010, en el periodo de enero a septiembre, la balanza de pagos de México registra un déficit de 2 mil 935 millones de dólares, según cifras del Banco de México.

Contralínea 215 / 09 de enero de 2011

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