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Wikileaks ha evidenciado lo que hemos venido denunciando desde hace años: la intervención de Washington en México y el control que ejerce sobre el gobierno de Calderón, que la solicita con “angustia”, y sobre las Fuerzas Armadas y policiacas. Todo, en flagrante violación de la Constitución y de nuestra soberanía.

El gobierno de Washington, que predica “democracia” y “libertad”, ha sido desenmascarado por Wikileaks y por sus acciones de persecución, censura y encarcelamiento contra Julian Assange, con la colaboración de gobiernos subordinados que atienden a una demanda por el delito de “abuso sexual y violación”. Nadie en el mundo ignora que la prisión de Assange tiene carácter político, como venganza por el golpe que atestó a la política y los intereses del imperio, por lo que desde el inicio contó con la solidaridad de millones de personas, e incluso de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Lula y Putin.

Los cables develados por Wikileaks han mostrado a los ojos de todo el mundo la política de intromisión, chantaje, corrupción, hipocresía que emplea Estados Unidos para controlar al mundo a través de gobiernos serviles y del uso descarado de la fuerza y de actividades criminales. Ya antes, Wikileaks había dado a conocer 70 mil cables militares secretos respecto de la guerra en Afganistán y había mostrado un video de 2007 en el que se comprueba cómo un helicóptero del ejército estadunidense mata a 12 civiles, entre ellos a dos periodistas de Reuters.

Los documentos filtrados a Wikileaks únicamente pertenecen al Departamento de Estado y exhiben la acción de las embajadas y la de las redes de gobernantes y funcionarios subordinados al imperio. Aquí, Felipe Calderón se muestra como un burócrata de una provincia del imperio, tratando con los gringos problemas de política interior, “delatando” a la oposición con los agentes estadunidenses y colaborando en la política divisionista de Estados Unidos respecto de América Latina.

Sin embargo, también es claro que la información verdaderamente peligrosa sigue en completo secreto, puesto que no se han dado a conocer públicamente los planes secretos de dominación mundial de Washington, ya que esa información la tiene el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia; tampoco se cuenta con documentos de la agencia antidrogas estadunidense, la Agencia Federal de Investigación ni la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos.

Hasta ahora no se ha informado nada nuevo. La política de Estados Unidos es conocida por sus propios hechos, documentos, planes, tratados, crímenes; la hemos denunciado tanto en Contralínea como en www.mexteki.org, múltiples publicaciones y sitios web.

El hecho de que una vez más se comprueben nuestras acusaciones en los propios cables diplomáticos del Departamento de Estado, nos da gran credibilidad a quienes sistemáticamente hemos dado a conocer los peligrosos planes de Estados Unidos. En el caso de México, está en marcha –desde la aprobación de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte y la Iniciativa Mérida– la integración militar y la anexión de México a los intereses de Estados Unidos. En los documentos filtrados se muestra –como lo habíamos denunciado– a la Armada totalmente subordinada a Estados Unidos, mientras que en el Ejército hay sectores nacionalistas que resisten los planes que anulan por completo la soberanía nacional, por lo que hay contradicciones entre la Marina y el Ejército. También se ha dado a conocer el plan que hemos denunciado para fascistizar la vida del país, suspender garantías y declarar estado de excepción en términos del artículo 29 constitucional, que ya fue incluso propuesto por el secretario de Defensa, lo que consta en uno de los documentos filtrados. Esto muestra que el peligro es real, sobre todo si se quieren suspender las elecciones de 2012 frente al fortalecimiento del movimiento democrático en México que va a derrotar al Partido Revolucionario Institucional y al Partido Acción Nacional.

Para contrarrestar la toma de conciencia que puede generar la publicación de estos documentos, se ha puesto en escena, desde el monopolio de los medios, un gran escándalo, con la intención de usar el tema Wikileaks como un arsenal de chismes, dimes y diretes, para dividir a las fuerzas democráticas y ocultar la atención de los problemas más graves y crear una cortina de humo. Hoy por hoy, los grandes peligros para el mundo se ubican, por un lado, en la Península de Corea, con el desarrollo de maniobras militares en el Mar Amarillo, por parte de Estados Unidos, y Corea del Sur, en la frontera con la República Democrática Popular de Corea. Esto constituye una gran provocación en la que se empleó el submarino nuclear George Washington y 37 naves más. En días pasados, dispararon sobre territorio de la República Popular Democrática de Corea; la respuesta defensiva de ésta fue calificada como “ataque de Corea del Norte”, en una típica campaña de desinformación. Por otra parte, el otro foco rojo es el Medio Oriente y el blanco es Irán, al que en las filtraciones se exhibe como el gran “peligro”, al mismo tiempo que Israel sale muy bien parado y se instigan todas las divisiones del mundo árabe, al grado que despierta sospechas sobre si no es la Mossad (Instituto Central de Operaciones y Estrategias Especiales) quien está detrás de las filtraciones.

Ésa es otra gran pregunta. ¿Quién está detrás de las filtraciones y con qué objetivo? Ya lo sabremos. Por lo pronto, quienes seleccionan o publican la información es la prensa que ejerce el monopolio de la información: el Daily Mail, The Guardian, El País y las cadenas periodísticas de los diferentes países que escogen y publican aquello que les sirve para desinformar, banalizar, confundir, dividir, mostrar contradicciones y chismes. Para que el lector quede como observador pasivo de un “espectáculo” y no asuma su soberanía ni se organice para romper con el estado de cosas imperante. Así se busca la incoherencia y confusión y se satura de informes sobre cuestiones que ya son públicas y sabidas, mezcladas con información muy delicada, con mentiras y rumores que incluso le pueden servir a Washington. De chile, de dulce y de manteca: las fiestas del italiano Berlusconi, la corrupción del afgano Karzai, la duda en la estabilidad emocional de Cristina Kirchner; que el ruso Putin es Batman y Medvédev, Robin; que México no tiene capacidad para combatir al narco; que Arabia Saudita instigaba a tirar una bomba en las instalaciones nucleares de Irán; que espían al secretario General de la ONU; que dice Calderón que Chávez financió la campaña de López Obrador; que para Brasil, el único peligro para Washington proviene de México. La forma de presentar la información busca confundir y busca imponer la idea de que “así es el mundo”, “así es la diplomacia”. El viejo cinismo de Estados Unidos quiere mostrar que tiene el poder y se impone a toda costa no con el respeto de la ley, sino con la imposición de la ley del más fuerte. Quieren que aceptemos y nos acostumbremos con fatalismo a esta situación.

De modo que lejos de dejarnos llevar por el escándalo superficial, debemos organizarnos para transformar la situación actual, que es sumamente peligrosa. Las revelaciones sobre la incompetencia del gobierno de Calderón –que Estados Unidos ayudó a instalar fraudulentamente en el poder en 2006–, las pugnas entre la Armada y el Ejército mexicano, los pleitos entre la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Seguridad Pública, la nulidad de los servicios de inteligencia mexicana, la abierta injerencia de la embajada estadunidense y la Oficina Binacional de Reforma 265 llevan la intención de impulsar la abierta intervención de Estados Unidos en México. Esto es gravísimo y requiere que actuemos para controlar el destino de México y parar todo intento de intervención estadunidense. La información sobre la política exterior –subordinada a Washington– debe llevarnos a reforzar la solidaridad y apoyo a la lucha de todos los pueblos de América Latina y el Caribe, en particular Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador, El Salvador, Haití, Honduras y su unidad que busca ser rota por el imperio, y con los pueblos de Afganistán, Irán, Irak, Palestina, Corea del Norte que están bajo ataque. Lejos del escándalo y la banalidad, debemos retomar la información filtrada a Wikileaks como la oportunidad de mostrar que somos una sola humanidad y tenemos una sola lucha por la emancipación y la soberanía de cada una y de todas las naciones y el triunfo a nivel mundial de nuevas relaciones internacionales, apegadas a los principios que el pueblo de México tiene como regla básica: la no injerencia en países extranjeros, la solución pacífica de los conflictos y la autodeterminación de los pueblos.

La diplomacia secreta de las potencias y sus acuerdos a “oscuritas” para dividirse el mundo –que sufrió un gran golpe tras la Revolución de Octubre que dirigió Vladímir Ilich Lenin al divulgarse los tratados secretos del zar con las potencias de la época en 1918– han sido otra vez expuestos casi 100 años después por esta filtración de documentos secretos, que desnudan el actual sistema capitalista decadente. Frente a la “democracia estadunidense”, que es un sistema en el que la cúpula controlada por el gran capital y sus corporaciones toman todas las decisiones y las desarrollan con cinismo e hipocresía, completamente a espaldas de la población, cobijados en un sistema de partidos que usurpa la soberanía y el poder de decisión del pueblo, tenemos que desarrollar la renovación democrática en la que los gobiernos, como representantes del pueblo, actúen de manera transparente y estén bajo control del pueblo, en el que los medios de comunicación estén al servicio de la libertad de expresión y de la difusión de la verdad y sean no sólo informativos, sino forjadores de conciencia y coadyuven a que el pueblo ejerza el poder y asuma su soberanía.

Las filtraciones agudizan la crisis política que se vive en todo el mundo y llevan a la lucha por un nuevo sistema internacional en el que predomine la democracia, el respeto y la colaboración amistosa entre los pueblos del mundo y todas las naciones, y exigen nuevas relaciones entre el pueblo y el poder para que sea el pueblo quien tenga la información, el control y el poder de decisión sobre gobiernos que realmente lo represente. Las viejas prácticas del imperio estadunidense en decadencia ya no corresponden a las aspiraciones de la humanidad en el siglo XXI, que busca y se organiza para un mundo alternativo en el que reine la paz, la democracia, la justicia y el desarrollo sustentable.

Fuente: Contralínea 214 / 02 enero de 2011

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