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Impotencia, frustración, coraje, miedo, fueron factores determinantes que obligaron a la maestra Verónica a callar ante una situación de negligencia médica que sufrió su mamá.

Edgar Ramírez

Ciudad Victoria, Tamaulipas

Eso ocurrió hace un año con 4 meses cuando la mamá de la maestra se sometió a una cirugía de matriz  en un hospital de Ciudad Victoria.

“Fue en una región de la columna, después de la cirugía, la herida derramaba líquido, así que no se podía levantar de la cama porque le daban dolores de cabeza insoportables”. No hubo denuncias, no sabían qué pasaba, qué había salido mal.

Después de varias vueltas a consultas, los médicos decidieron reparar el daño y la tuvieron que meter a quirófano de nuevo y “no sé qué cosa le hicieron para remediar el daño, creo que les ponen un parche pero no se de que”, dice.

“Aquel día que salió mi mamá del quirófano no me dejó que fuera a la dirección a quejarme, porque yo sí lo iba hacer. Gracias a Dios ahora ya está un poco mejor, pero qué sufrimiento, en serio, hubieras visto los días que pasé con ella, nada más de verla me daban ganas de llorar pero gracias a Dios todo pasó.

“Fue en el ISSSTE, ya sabes, ¿cuál más?”. Verónica revela sólo lo que pudo conversar con su mamá porque según ella hay muchas cosas más por conocer y sólo su mamá puede decirlo.

“Pero ella no quiso decir nada o no quiere hablar, pues porque es de esas personas que como salió más o menos bien de ahí, no quiso o no quiere problemas ni echar de cabeza a los doctores, así que decidió quedar callada”, continúa.

Sin embargo reconoce que la culpa no fue tanto del doctor que la operó sino de quién la anestesió, “pero a mi me dio mucho coraje que él (el doctor) se quedara callado cuando yo le pedí los datos de la anestesista; me evadió y me dijo que para qué los quería, que ahí la iban atender de nuevo y, como cualquier persona que atraviesa por una situación así, yo tomé esa actitud del doctor como la estaba encubriendo y me dio mucho coraje”.

Agrega que en otra consulta posterior que tuvo ella y su mamá con el doctor no se aguantó las ganas, “de la que se salvaron”, le alcanzó a decir, y el doctor respondió: “Yo no m’ ija”.

“Yo le insistí: usted también porque en el simple hecho de no haberme dado los datos de la doctora se convirtió en su cómplice”.

Porque ellos se dieron cuenta que la regaron en el momento preciso, eso me dijo mi mamá, que la doctora dijo: “Híjoles le perforé de más”, asegura.

La parte oficial

Casos aislados como este podrían ser muchos más sobre las denuncias que llegan al escritorio de Xicotencatl González  Uresti, actual titular de la Comisión de Arbitraje Médico en la entidad.

Pues de acuerdo a los datos que revela, indican que durante los tres trimestres de 2010, se recepcionaron 425 denuncias en ese organismo por presunta negligencia médica.

De esas denuncias registradas, el 80 por ciento es contra servicios de médicos o instituciones particulares de salud; el restante 20 por ciento es de los hospitales de gobierno de índole federal, así como de la Secretaría de Salud, ISSSTE e IMSS.

Ante la situación alerta a la población a evitar el uso de servicios médicos privados, ya que son estos los que ocupan los primeros lugares en denuncias que se presentan en la comisión.

González considera que como servicios de salud dudosos son aquellos paquetes promocionales, así como el servicio que otorgan especialistas que llegan a las ciudades y que no cuentan con un lugar de residencia permanente, en el cual puedan ser contactados en caso de algún mal servicio o atención.

Asegura que entre los municipios que encabezan la lista de denuncia se encuentran Nuevo Laredo y Reynosa, pero se abstiene de mencionar a Victoria porque aunque se presentan casos como la mamá de Verónica, la familia es intimidada para que se desista o se encubre la negligencia.

Un caso infantil

Si los médicos en su momento la hubieran atendido a tiempo, ahora “Clara” sería una niña tan normal como cualquiera otra de su edad. Ella tiene 10 años pero sufre de parálisis cerebral severa desde su nacimiento.

“Los médicos me decían que no era tiempo y me regresaban y el tiempo se les pasó. Por desgracia no tuvimos el nombre de quienes me atendieron y cuando nosotros quisimos ir a ver el expediente ya lo habían desaparecido”, dice su mamá.

Finalmente “Clara” nació pero había tomado ya demasiado líquido amniótico, lo que le provocó la parálisis cerebral que ahora enfrentan ella y sus papás, quienes cargan a cuestas la situación para no desatenderla.

La familia está segura de haber sido víctimas de una negligencia médica, pero ya no hay pruebas, papeles; no hay nada. “Días después fuimos al hospital para darle seguimiento al caso de mi hija, pero ya no encontramos ningún expediente, el responsable sigue trabajando ahí”.

La familia sostiene que los médicos, coludidos por la dirección general del hospital eliminaron los documentos que acreditaban que el parto había sido atendido en ese hospital. “No pudimos hacer nada, lo peor del caso es que no quisieron revelar los nombres de los médicos”, enfatiza. “En una oficina se puede cometer algún error en los archivos, en el papeleo, pero es inaceptable que ocurra esto en un hospital donde se juega la vida de los pacientes”.

Al respecto, González  Uresti aclara que “la manera en cómo nosotros intervenimos es parcial, en cada caso se recibe el expediente, se analiza y se otorga la resolución”.

Y aunque asegura que son totalmente imparciales y que no están a favor de ningún doctor, ni institución médica ni del paciente, ha sido criticado por ser funcionario de la Secretaría de Salud y presidente de la Comisión de Arbitraje Médico.

Daños en la familia

Por su parte Luz del Carmen Giese, presidenta de la Fundación Mexicana para el Mejoramiento de los Servicios de Salud, Madres y Padres de la Mano, comenta que cuando ocurre una negligencia médica, los familiares no se atreven a denunciar los hechos porque se encuentran moral, física y económicamente desgastados.

Pero además porque al acudir a las autoridades gubernamentales se enfrentan a una serie de trámites “burocráticos” sin obtener una respuesta alentadora.

Una de las tareas principales de la fundación es crear una cultura de la denuncia. Para ello es necesario que los usuarios de los servicios médicos conozcan sus derechos. De 1995 a la fecha la fundación ha atendido a mil familias, de esta cifra se encontró responsabilidad médica en un 80 por ciento y en el resto, responsabilidad institucional.

“Y es que los familiares cuando pierden a sus seres queridos a causa de negligencia médica, sufren daños irreversibles que les afecta su estado emocional y moral”, ataja.

Aún así en México no se cuenta con una legislación adecuada a la problemática actual, es necesario que la responsabilidad profesional médica e institucional, se considere como un delito grave y autónomo, ya que de esa manera habría precedentes y se ejercería con mayor cuidado la atención al paciente.

“La ignorancia, falta de preparación y poca cultura que tienen los mexicanos en cuestiones de atención médica, son armas que impiden realizar una defensa en cuestiones médicas”, asegura.

Aplicación de las leyes

Ante esta situación, poco o nada aporta la Ley General de Salud en México vigente si no se lleva a cabo lo que establece o que la gente común ignore sus derechos a la salud.

En su Capítulo VI, Artículo 469 precisa: Al profesional técnico o auxiliar de la atención médica que sin causa justificada se niegue a prestar asistencia a una persona, en caso de notoria urgencia, poniendo en peligro su vida, se le impondrá de seis meses a cinco años de prisión y multa de cinco a ciento veinticinco días de salario mínimo general vigente en la zona económica de que se trate y suspensión para ejercer la profesión hasta por dos años. Si se produjere daño por falta de intervención, podrá imponerse, además, suspensión definitiva para el ejercicio profesional, a juicio de la autoridad judicial.

El Codigo Penal para el Estado de Tamaulipas establece en el Articulo 319 que  comete el delito de lesiones, el que infiera a otro un daño que deje en su cuerpo un vestigio o altere su salud física o mental. Castiga  hasta con tres años de prisión al que cause lesiones o ponga en peligro la vida del paciente.

En el Artículo 322: Sin perjuicio de las sanciones  que les correspondan conforme a los artículos anteriores y en relación con los efectos de las lesiones inferidas se sancionará al responsable en los siguientes términos:

l.- De dos a cinco años de prisión y multa de cuarenta a setenta días salario, al que cauce una lesión que deje al ofendido cicatriz o deformidad permanentemente notable en la cara, cuello, cabeza o pabellones auriculares;

ll.- De tres a cinco años de prisión y multa de cincuenta a setenta días salario, al que cause una lesión que produzca debilitamiento, disminución o perturbación de funciones, órganos o miembros de la víctima; y

lll.- De cinco a ocho años de prisión y multa de sententa a cien días salario, al que infiera una lesión que produzca a la víctima enajenación mental, pérdida de algún miembro o de cualquier función orgánica o le deje incapacitado total y permanentemente para trabajar.

Negligencia en el plano nacional

Se calcula que en México, entre el 5 y 13 por ciento de los pacientes que son hospitalizados podrían sufrir daños no intencionales producto de la atención médica y no de su enfermedad de base.

Al respecto, Luis Miguel Vidal, vicepresidente de la Sociedad Internacional para la Calidad en Atención a la Salud, detalla que, mientras se sabe que en Australia la cifra de estos eventos adversos en hospitalizaciones alcanza 16.5 por ciento, en Canadá y Francia son de alrededor del 8 por ciento y en Estados Unidos del 5 por ciento, en México esta cifra no se conoce, pues nadie ha hecho estudios de fondo al respecto. “Estamos preocupados porque esta cifra no existe”, asevera.

El especialista señala que el gobierno federal tomó algunas acciones en la materia como el acuerdo que el Consejo de Salubridad estableció con las compañías de seguros, a fin de que a partir de enero de 2011 ninguna compañía de seguros pague a los hospitales por la atención de un paciente, si el hospital no está certificado.

Aunque estos esfuerzos van encaminados a aumentar la seguridad de los pacientes, Vidal asegura que éstos no son suficientes, pues en México ni siquiera se tienen cifras del porcentaje de eventos adversos en las hospitalizaciones, es decir, de las lesiones que tienen los pacientes debido a fallas de medicamentos o del sistema hospitalario, que no están relacionadas con la enfermedad por la que ingresó.

La negligencia: un problema universal

Hablar de la responsabilidad profesional médica es cuando el profesional por dolo, imprudencia o negligencia ocasiona un daño en la persona que ha requerido sus servicios.

La responsabilidad del médico se inicia con el juramento (de la Declaración de Ginebra, 1948) de un buen desempeño de la profesión y desde la inscripción en el Colegio Profesional y en relación con el cliente (paciente) que es de naturaleza contractual.

Existiendo deberes comunes para la mayoría de profesiones, como son: Deber de lealtad, secreto profesional e indemnización del daño que hubiera ocasionado. La responsabilidad médica es una variedad de la responsabilidad profesional.

“Al enfrentar una persona un lamentable caso de negligencia médica y su intención es denunciarla, necesita armarse de paciencia y tener la convicción de que se trata de un proceso lento”, advierte Gustavo López-Muñoz y Larraz, doctor en Derecho por la Universidad Complutense y autor de diversas publicaciones sobre negligencias médicas.

En su libro “El error sanitario”, el también consultor de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas afirma que nadie se meta en un proceso así si no tiene una fuerza importante, derivada de un sentido grande de justicia y de una convicción moral y necesidad ética de pelear, porque puede durar varios años, aunque recomienda que nadie se quede sin hacer valer sus derechos.

Existen de hecho leyes diferentes que gobiernan demandas por negligencias médicas, pero el proceso de juicio a un médico es largo e intimidante, así ¿quién quiere entrarle?

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