John Reed: escritor y héroe socialista

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Cronista magistral de dos revoluciones –la Mexicana, iniciada en 1910, y la Rusa, de octubre de 1917–, el estadunidense John Reed (1887-1920) representó a una juventud idealista que a mediados del siglo pasado leía ávidamente sus obras. En su país, sufrió persecuciones a causa de sus ideas socialistas, pero en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde murió en 1920, encontró una honrosa sepultura. En su breve pero fructífera existencia, Reed relató los abusos del capitalismo y de las fuerzas reaccionarias, que hoy en día actúan de la misma manera.

Guerra en Paterson

John Silas Reed nació en Portland, Oregon, el 22 de octubre de 1887, proveniente de una familia acomodada. En 1910 se graduó en la Universidad de Harvard, y pronto inició su carrera periodística.

Fue uno de los organizadores de la agrupación sindicalista International Workers of the World y luego del Partido Socialista de Estados Unidos. En 1913, en Paterson, Nueva Jersey, denunció la violencia capitalista contra la clase obrera. En esa ocasión, el propio Reed fue detenido y encerrado 20 días en la cárcel del condado, donde conoció muchos testimonios de los obreros perseguidos.

“Hay una guerra en Paterson, Nueva Jersey. Pero es un curioso tipo de guerra. Toda la violencia es obra de un bando: los dueños de las fábricas. Su servidumbre, la policía, golpea a multitudes respetuosas de la ley. Sus mercenarios a sueldo, los detectives armados, tirotean y matan a personas inocentes. Sus periódicos… incitan al crimen publicando incendiarios llamados a la violencia masiva contra los líderes de la huelga. Su herramienta, el juez penal Carroll, impone pesadas sentencias a los pacíficos obreros capturados por la red policiaca. Controlan de modo absoluto la policía, la prensa, los juzgados.

“Se les enfrentan cerca de 25 mil trabajadores de la seda, de los cuales quizás 10 mil participan activamente y su arma es el piquete de huelga” (John Reed, Guerra en Paterson. Era, México, 1981, página 43).

Parecería la guerra de Calderón contra el Sindicato Mexicano de Electricistas; la guerra sucia que en México han vivido desde 2006 los sectores populares, con agresiones de todo tipo, que los panistas, violentos y reaccionarios, ejercen cotidianamente contra la pacífica sociedad: campañas de odio contra la izquierda, represión militar y judicial, etcétera.

Reed registró, incluso, la complicidad del clero (presbiteriano, en ese caso) con los capitalistas: “Tenía el cinismo de fustigar a los líderes de la huelga y recomendar a los trabajadores respeto y obediencia hacia sus patrones…” (Guerra en Paterson, página 50).

Pancho Villa: el papel de los soldados

En noviembre de 1913, Reed viajó a México como corresponsal de la publicación Metropolitan Magazine. Conoció directamente algunos episodios del conflicto y se relacionó con Francisco Villa, cuyas ideas y personalidad describió en su libro México insurgente, publicado originalmente en Nueva York en 1914.

En uno de sus capítulos, Reed  citó conversaciones que tuvo con el caudillo acerca del ejército, muy oportunas hoy en día, cuando el gobierno derechista mantiene a los soldados en las calles como una forma de represión contra el pueblo.

Leemos: “…[Pancho Villa] Me lo dijo una vez: ‘Cuando se establezca la nueva República, no habrá más ejército en México. Los ejércitos son los más grandes apoyos de la tiranía. No puede haber dictador sin su ejército. Pondremos a trabajar al ejército. Serán establecidas en toda la República colonias militares, formadas por veteranos de la Revolución. El Estado les dará posesión de tierras agrícolas y creará grandes empresas industriales para darles trabajo… porque el trabajo honrado es más importante que el pelear y sólo el trabajo así produce buenos ciudadanos’”.

En su país se declaró, con estas palabras, partidario decidido de la Revolución Mexicana: “Sí, México se halla sumido en la revuelta y el caos. Pero la responsabilidad de ello no recae sobre los peones sin tierra, sino sobre los que siembran la inquietud mediante envíos de oro y de armas, es decir, sobre las compañías petroleras inglesas y estadunidenses en pugna…” (Albert Rhys Williams, “Biografía de John Reed”, http://marxists.anu.edu.au/espanol/reed/biografia.htm).

La revolución socialista

Trabajó como corresponsal en la Primera Guerra Mundial; cubrió tanto el frente Occidental como el Oriental en países como Serbia, en aquel entonces azotada no sólo por la guerra, sino también por el tifus.

Por sus puntos de vista críticos acerca del conflicto, al regresar a Estados Unidos “se gana el odio del gobierno, la prensa y hasta el de su propia madre” (“Historia y marxismo: John Reed, una vida al rojo vivo”, historiaymarxismo.blogspot.com).

En 1917, visitó Rusia, al inicio de la revolución socialista, experiencia con la que en 1919 elaboró su libro Diez días que conmovieron al mundo que es, de acuerdo con el propio Reed, “un trozo condensado de historia tal como yo la vi. No pretende ser más que un detallado relato de la Revolución de Octubre en que los bolcheviques, al frente de los obreros y soldados, conquistaron el poder del Estado en Rusia y lo entregaron a los soviets”.

Dicha crónica de la toma del poder por los bolcheviques se ha llegado a considerar uno de los mejores trabajos periodísticos del siglo XX.

Cuando regresó a su país, fue expulsado del Partido Socialista por sus ideas radicales y colaboró en la creación del Partido Obrero Comunista. En 1918, el gobierno estadunidense intentó encarcelarlo por “sedición”.

En 1919, regresó a Rusia, donde buscó el reconocimiento oficial de su partido por la Internacional Comunista, la Comintern, y participó en el famoso Congreso de los Pueblos de Oriente en Bakú. El 19 de octubre de 1920, murió de tifus en esa nación; fue enterrado junto al Kremlin en la Plaza Roja de Moscú como héroe de la Revolución. Cuatro años antes, había escrito estos versos premonitorios: “Así viene la muerte, yo lo sé: suave como la nieve y con gentil frialdad”.

*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México

Contralínea 207 – 7 de Noviembre de 2010