20 años del IFE

Autor:

Nada mejor que la presencia de Carlos Salinas de Gortari en el 20 aniversario del Instituto Federal Electoral (IFE) para que entendamos la naturaleza de este Instituto, que es el aparato de legitimación y control del gobierno neoliberal que creó el mismo Salinas en 1990, después del fraude electoral de 1988 que lo llevó a la Presidencia. Desde ahí desarrolló el plan del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para subordinar a México a través de las privatizaciones, y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que le entregó nuestra planta productiva, distribución y finanzas a las corporaciones estadunidenses.

Salinas declaró que “la alternancia es la prueba de la democracia”. Lo dijo insinuando que ahora le toca heredar el poder a su pupilo Enrique Peña Nieto, luego del desastre de dos gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN), que lo que han hecho es continuar con el rumbo entreguista que marcó el Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante décadas. En todos los tonos, nos venden la idea de que “alternancia es igual a democracia”, sin embargo no es así. La alternancia sustituye en México a la democracia, porque nos dan “más de lo mismo”, ya que el PRI y el PAN sirven al proyecto neoliberal y comparten el poder, al grado que el pueblo les llama “PRIAN”.

Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada, Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa son cinco presidentes neoliberales que se han sucedido en el poder, todos al servicio incondicional de la dictadura neoliberal que nos impone Washington. El PRI y el PAN, dúo dinámico que ha conducido al país a la dependencia, subordinación y sometimiento a los intereses de las grandes corporaciones. Para subyugar a México y a su pueblo, han impulsado la “transición”, pero no es la transición a la democracia como anuncian todo el tiempo, sino a un régimen que cada vez tiene más rasgos fascistoides y retardatarios, y que nos ha hecho caer, bajo formas modernas y nuevas, a un nuevo colonialismo. Desde luego que ha habido cambio… pero en ¡reversa! Para favorecer a las corporaciones, despiden a 44 mil electricistas y liquidan Luz y Fuerza del Centro; suspenden el rescate de 65 mineros en Pasta de Conchos a los cinco días del desastre provocado por Grupo México y, luego de cuatro años, no han rescatado los cadáveres; dejan impune el crimen en la Guardería ABC; liquidan Mexicana de Aviación, despiden a los pilotos y aeromozas; dejan varados a los pasajeros ¡que habían pagado sus boletos! Y Gastón Azcárraga –poseedor de una gran fortuna– se evade de su responsabilidad. Mientras que los bancos extranjeros “hacen su agosto” en México. En resumen: todo para favorecer al gran capital, nada para el pueblo; para los trabajadores y consumidores que son atracados, los crímenes quedan impunes… es la dictadura del gran capital disfrazada de “democracia”, donde nos dan opción de escoger entre Coca Cola y Pepsi Cola.

El flamante premio Nobel Mario Vargas Llosa –que ahora guarda silencio frente al gobierno del PAN– calificó al PRI-gobierno como “la dictadura perfecta”. En estos 20 años, el IFE ha colaborado en perfeccionar aún más la dictadura de la oligarquía proyanki y el imperio del Norte, disfrazándola de “democracia”, gracias a la “transición”, a “la alternancia”, el “pluripartidismo” que oculta que en México son sólo dos partidos, PRI y PAN, los que toman las grandes decisiones. Ése ha sido el proyecto de Washington y a ese proyecto ayudan las alianzas que promueven las cúpulas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del PAN; para servir, como lo expresó López Obrador, de “bastón del PAN”.

El IFE es el órgano de control del PRIAN al servicio del gobierno de la oligarquía proyanki. La “transición democrática” no fue otra cosa que la transición del PRI-gobierno al PRIAN… al bipartidismo, en el que ambos sirven al mismo proyecto antinacional y antipopular. La “alternancia” del PRI al PAN no es democracia… es dictadura simulada. Ambos partidos y sus aliados responden a los mismos intereses, por eso el IFE solamente hostiga a López Obrador por tener un proyecto alternativo de nación y pretender defender la soberanía, recuperar el petróleo, petroquímica, minas, etcétera, frenando la explotación de nuestros recursos por parte de las corporaciones extranjeras. Si el PRD se alía al PAN, no hay problema, si defiende los intereses de la Coca Cola y la Pepsi Cola, entonces se le acepta, pero no si responde a los intereses populares. Por eso el IFE impidió el triunfo de Andrés Manuel en 2006. Con el presupuesto de miles de millones que usufructúa, no fue capaz de aceptar el voto por voto, casilla por casilla, como lo demandó el pueblo ese año. Es sintomático que Enrique Peña Nieto o Marcelo Ebrard Casaubón puedan estar en campaña televisiva y al único que cuestiona el IFE es a López Obrador, quitándole sus spots y citándolo a comparecer en el IFE, donde se le cuestiona hasta por sus ingresos y cuentas bancarias. ¿Por qué a Cesar Nava no le pregunta de dónde sacó para el departamento de Paty Lu? Pero la cosa no es personal; en el fondo subyace la defensa de los grandes intereses y la decisión de las puertas a una verdadera alternativa frente al desastre actual.

La transición que vivimos es la del PRI-gobierno hacia un sistema de partidos con hegemonía bipartidista, que es el modelo clásico en el capitalismo. Así como el PRI-gobierno tenía partidos “paleros”, hoy tenemos siete partidos, la mayoría al servicio del PRIAN. Por eso las alianzas del PRD con el PAN son una gran traición. El proyecto que tienen busca la alianza primero en el Estado de México y luego en la campaña presidencial. Esa alianza PRD-PAN consolidaría el bipartidismo en México. Pero hay tanta resistencia de las bases que no lo logrará la cúpula representada por Jesús Ortega y Manuel Camacho.

Detrás de la existencia de siete partidos, un IFE, un Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife), la Suprema Corte de Justicia, el Congreso, el Ejecutivo, instituciones que supuestamente se equilibran y controlan, tenemos un sistema de partidos. La clave antidemocrática radica en la selección de candidatos, ya que, en el sistema actual, la cúpula de los partidos tiene el monopolio de las candidaturas de diputados y senadores.

Los candidatos seleccionados sirven a la cúpula que los nombró y reciben “línea” de ellos. Y es la Cámara de Diputados, en la que el PRI y PAN tienen mayoría, quien elige a los consejeros del IFE. Que por cierto tienen sueldos de privilegio –más de 300 mil pesos mensuales–. Es la Cámara de Senadores la que elige a los magistrados del Trife y también la cúpula del Senado elige a los magistrados de la Suprema Corte de Justicia a propuesta del Ejecutivo, así como al presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y a los comisionados del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos. Así que el actual sistema político tiene todos los “candados” para que la cúpula mantenga el poder de decisión y lo coloque al servicio de los grandes intereses corporativos y de los planes del imperio yanki.

Pero el pueblo aspira a la democracia, lucha por una renovación democrática y no renuncia a sus derechos y a su soberanía. Dos proyectos se enfrentan: el de los grandes monopolios al servicio del extranjero y el del pueblo que quiere disfrutar las riquezas de la nación, los frutos de su trabajo, el bienestar y la paz que pueden vivirse en este siglo XXI si las relaciones entre los seres humanos se enfocan al desarrollo y al servicio del ser humano. Es necesario que el pueblo ejerza el poder de decisión para lograr romper con la situación actual y solucionar los problemas que no dejan de agravarse debido al proyecto del capitalismo salvaje.

El pueblo tiene su propio proyecto de renovación democrática. El Congreso de la Soberanía, realizado en la ciudad de México el 2 de octubre de 2010, plantea la necesidad de transformar el sistema político de México, financiando al sistema electoral para que la selección de candidatos corra a cuenta de los electores y no de los partidos políticos. Los candidatos servirían a los electores y no a las cúpulas. Los partidos, al no recibir financiamiento, serían más auténticos y no las franquicias en las que se han convertido; sus militantes lo serían por voluntad y no por una paga, y el pueblo seleccionaría a los mejores, a quienes sirven a la comunidad y tienen capacidad. Para elegir a los candidatos, se realizarían asambleas en lugares de trabajo, estudio, actividad, para que la gente proponga a los mejores mexicanos.

Los candidatos tienen que participar en campañas equitativas con tiempos iguales en medios y eventos públicos, sin anuncios, spots ni ataques, sino centrándose en las propuestas para solucionar los problemas. El corporativismo, el clientelismo tienen que ser superados para que las campañas sean procesos de participación popular para la solución de los problemas. Los candidatos electos tendrán que responder al proyecto que se aprobó en la campaña; estarían mandatados por el elector. ¡Basta ya de dar a los representantes un cheque en blanco para hacer lo que quieran al servicio de los poderosos!

Una vez en sus puestos de representación, los funcionarios tendrán que impulsar el proyecto que diseñó el pueblo; si no lo hacen, habrá un mecanismo de revocación de mandato para que los electores puedan deponerlos. Ésta es la forma de materializar la soberanía popular y romper el monopolio de los grandes intereses antinacionales y antipopulares. Controlando el sistema político, el pueblo pasará de la resistencia a la toma del poder, para construir un México democrático. Según el artículo 3 de la Constitución, implica “el mejoramiento económico, social y cultural”. La democracia llevará a la construcción de un México en el que los derechos se materialicen y se terminen los abusos, la violencia, el caos que ha generado el capitalismo en decadencia.

En el 20 aniversario del IFE y tras el espectáculo del nombramiento de tres nuevos consejeros, se impone la necesidad de construir las instituciones del siglo XXI, porque el sistema político actual fue diseñado en el siglo XVIII y ya está completamente caduco, como se puede constatar en todo el mundo que sigue este modelo y que tiene su plena expresión en la “democracia estilo estadunidense”. Ésta que quiere imponerse en todo el mundo, respalda las guerras, invasiones, saqueos, deterioro ambiental, crimen organizado, evitando que los derechos “consagrados” en el siglo XX, como la Carta de Derechos Humanos o la Constitución de 1917, se hagan efectivos. Hoy sólo están en el papel, sin materializarse.

Ha llegado el momento de los grandes cambios, de las transformaciones profundas producto de la movilización de millones de mexicanos conscientes. Es la hora de solucionar los profundos problemas que sufre la sociedad y de construir el futuro del siglo XXI.

*Vocero del Congreso de la Soberanía y dirigente de Mexteki

Contralínea 206 / 31 de Octubre de 2010

Comments

comments