Autor:

Comité Central de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México*

Las problemáticas que aquejan actualmente a las escuelas normales rurales mexicanas y a nuestra organización, la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), se derivan de la política económica de apertura indiscriminada de los mercados, que ha llevado a la firma de 11 tratados de libre comercio de México con 43 naciones. El más importante es, sin duda, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, puesto en vigor durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, en 1994. La pelea encarnizada por los mercados no se hizo esperar y las empresas trasnacionales han estrangulado el campo, la artesanía y la producción nacional de productos básicos.

La educación, de ser un derecho, se transforma en una mercancía más, sometida a las reglas del mercado. Los grandes corporativos ven en ella un campo fértil para incrementar sus utilidades y convertirla en un negocio redituable. Es claro que sólo buscan obtener ganancias. Ni de lejos, contribuir al desarrollo progresivo armónico de la sociedad, en la que se vuelvan a respirar valores éticos y, sobre todo, seguridad social.

La competencia por adueñarse del “mercado” educativo cancela totalmente este derecho. Las instituciones y personas que se encuentran al frente de la educación en el país lo confirman. Como ejemplos, podemos mencionar al proempresarial y antiacadémico Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior y a la presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo. El modelo educativo de esta mancuerna es el de una sociedad sin orígenes ni propósitos claros, en la que las insuficientes conquistas de la Independencia y la Revolución se echen para atrás.

Las puntas de lanza de esta contrarreforma educativa son la Alianza por la Calidad de la Educación, el Plan Estatal de Fortalecimiento de la Educación Normal y la certificación ISO9001-2000. Pero las autoridades pretenden hacer pasar estos programas discriminatorios y que deslindan al Estado de su responsabilidad de otorgar educación gratuita como benéficos y tendientes a mejorar la infraestructura de las escuelas. Se trata de programas que buscan ocultar que, cada vez más, la responsabilidad de mantener las escuelas se traslada a las familias. ¿Cuántas veces no llegan los niños a sus hogares con una nota de parte de la dirección de la escuela en la que se informa al padre de familia que debe aportar una “cooperación” de 200 pesos para la construcción de los sanitarios escolares o para el nuevo pizarrón?

Las normales rurales no escapan de estas condiciones. El presupuesto destinado a cada normal se acota y se pone en peligro la misión de educar a los jóvenes de escasos recursos que provienen de las zonas más pobres del país.

La política que promueve actualmente el Estado es la de sustituir a las instituciones que ofrecen el derecho a la educación por las que venden educación. Por ello, el acoso al modelo educativo del normalismo rural y los constantes intentos de acabar con las normales rurales. En marzo de 2003, las autoridades lograron cerrar la Normal Rural Luis Villarreal, ubicada en sus tiempos de gloria en la comunidad El Mexe, Hidalgo.

Otra de las normales que no escapó a esta embestida fue la de Mactumaczá, ubicada en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. En 2003, fue cerrada su área asistencial, que comprendía los dormitorios y el comedor, y a cambio se les otorga a los estudiantes una beca raquítica que no cubre las necesidades de los estudiantes.

Además, el embate es también académico. Se sustituyen los planes y programas de estudio por cursos y talleres que atomizan el conocimiento y limitan el desarrollo integral de las capacidades del ser humano y de la formación como docente. Si el espíritu de las normales rurales no se ha acabado, es gracias a que la organización estudiantil mantiene un programa alterno basado en la ciencia del materialismo dialéctico y en la firme convicción de que “un pueblo culto es un pueblo libre; ser cultos para ser libres”, como nos enseñó José Martí.

La transformación de los contenidos de los planes de estudio se realiza sin consulta alguna y sin ningún estudio serio que justifique tales cambios. Y tanto la Secretaría de Educación Pública como la Dirección General de Educación para Profesionales de la Educación se deslindan de su obligación: hasta el momento, no ha concedido audiencia a la FECSM. La organización estudiantil sólo pretende explicar las necesidades que tienen las normales rurales. De manera honesta y abierta, nos interesa contribuir en la construcción de un auténtico modelo educativo integral.

También, nuestra audiencia es para decirles a las autoridades que las normales rurales seguirán existiendo mientras la pobreza exista en México. No claudicaremos. No permitiremos el cierre de otra normal. Nuestra lucha por seguir subsistiendo se intensifica.

Sirva, pues, la presente colaboración en Contralínea, donde hemos encontrado auténtica libertad de expresión, para solicitar al pueblo de México que se solidarice con las luchas por la defensa de la educación que emprenderán los estudiantes campesinos socialistas de este país. Le pedimos al pueblo que no olvide que somos sus hijos, sus hermanos, sus niños; y que tampoco olvide las represiones, las veces que nos han golpeado por no quedarnos callados.

Los atentados contra los estudiantes son contra el pueblo, como ha quedado demostrado en 1968, y en 2000, cuando se reprimió al Consejo General de Huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México. Pero la lucha de los estudiantes no ha sido en vano. La muestra palpable de que ha valido la pena es que siguen vigentes espacios de educación pública y de lucha al servicio del pueblo.

Las normales rurales refrendan su compromiso de luchar por la libertad y justicia para los pobres de México y por una educación que les permita tomar decisiones y actuar ante quien los explota y engaña.

*Organización estudiantil nacional de carácter semiclandestino integrada por los estudiantes de las escuelas normales rurales de México

Fuente: Contralínea 205 / 24 de Octubre de 2010

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