Autor:

Comité Central de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México*

Mediante la globalización económica, la oligarquía mundial ha logrado un control casi absoluto de las economías nacionales e, incluso, de las locales. Con ello, llega a todos los espacios de la actividad humana. La educación no es la excepción: se ha convertido en un instrumento útil para formar la mano de obra que, en el mejor de los casos, será explotada (en el peor, habrá de engrosar las filas de la miseria).

Históricamente, México siempre ha buscado copiar los modelos educativos del exterior. No se ha forjado un proyecto educativo realmente mexicano, a pesar de los fracasos permanentes. Sólo como un ejemplo, podemos citar la supuesta descentralización de los servicios educativos: la responsabilidad del Estado mexicano trasladada hacia las entidades federativas.

La descentralización en México tiene sus antecedentes en el gobierno de José López Portillo (1976-1982), el primero en reclutar tecnócratas. Propuso la reorganización de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para disminuir la fuerza del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), lo cual no consiguió.

Hubo otro intento en 1978 con el nombramiento de delegados que no estuvieran afiliados al SNTE. El objetivo: evitar la resistencia a los cambios que ya tenían en mente. Así, en marzo del mismo año comenzaron a operar las 31 delegaciones. Su labor era administrar y planear el presupuesto para la educación básica que entonces impartía el gobierno federal en cada uno de los estados. Todos comenzaron a operar de manera simultánea y sin advertir a los gobiernos estatales, lo que causó un descontrol en las administraciones.

Con la crisis de la década de 1980 se redujo considerablemente el presupuesto del sector público. La SEP perdió la capacidad de mejorar los salarios docentes. Ante este escenario, el entonces presidente de la república Miguel de la Madrid (1982-1988) propuso una reforma más radical para descentralizar la educación. No se concretó debido a la oposición del SNTE: temía perder su poder de gestión ante el gobierno federal. El SNTE percibió que se encontraba en “peligro” y manifestó su rechazo a la medida. De la Madrid cedió a cambio de apoyo político.

Carlos Salinas de Gortari (1998-1994) logró la descentralización. Quitó a Carlos Jonguitud e impuso a Elba Esther Gordillo como primera medida. Se suponía que sería un cambio para acabar con el cacicazgo y mejorar las condiciones de los maestros. Pero Elba Esther traicionó los principios de lucha de los trabajadores del pueblo, de los misioneros de la educación, y aceptó firmar el acuerdo en 1992. A pesar de la resistencia de algunas delegaciones sindicales, el gobierno concretó la descentralización.

La primera consecuencia fue la eliminación del currículo nacional del sistema educativo.  Inmediatamente, se vinieron en cascada muchas más, entre ellas, la reducción del financiamiento para educación y la intensificación de diferencias en la capacidad institucional para administrar los sistemas educativos en los estados.

A raíz de la descentralización de la educación en México, la SEP federal se deslinda de responsabilidades para atender las demandas de las escuelas normales rurales, bajo el argumento de que son los estados los responsables de la educación pública y de la formación del maestro rural.

Aun con estas limitantes, las escuelas normales, pertenecientes a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), continúan con la misma mística formando verdaderos maestros, es decir, forjadores de conciencia social, que provean a las comunidades de herramientas para su organización colectiva y liberación.

Ahora, una nueva moda amenaza no sólo a las normales rurales, sino a todas las instituciones formadoras de profesores para el nivel básico. Un nuevo pacto entre la dirigente del SNTE, Elba Esther Gordillo, y el gobierno más reaccionario de la historia reciente de México pretende controlar todos los ámbitos de la educación: desde la contratación de las personas que educarán, hasta los planes de estudios que habrán de aplicarse en el nivel básico.

La Reforma Integral de la Educación Básica es la nueva amenaza para las escuelas formadoras de profesores. En primera línea, pretenden desaparecer la contratación de profesionales (una aspiración de hace muchos años de los gobiernos derechistas), para dar paso a “exámenes de competencia”, en los que participarían no sólo los egresados de las escuelas normales, sino los profesionistas de todas las ramas del saber humano (que al no encontrar oportunidad de laborar, aspiran a ocupar una plaza docente).

Tal intención no es otra cosa que un plan más de control… y un negocio. Es sabido que mediante la corrupción se otorgan plazas. Se busca que las oportunidades para los maestros sean muy limitadas, de tal forma que no tenga sentido acudir a estudiar a una escuela normal, pues para ocupar las plazas de maestros de educación básica no sería requisito haberse formado para ello.

Por otro lado, la propuesta de formación de los niños bajo el “enfoque de competencias” está lejos de ser lo ideal para desarrollar las facultades de los alumnos, pues se propone un plan de estudios en el que se da más valor a las asignaturas y contenidos que no contribuyen a la formación de una verdadera conciencia social. Asignaturas como la de historia se “recortan” en forma alarmante. Todos lo especialistas coinciden en que sin las ciencias sociales y humanísticas es difícil formar una sociedad cuya convivencia esté basada en el respeto y la justicia.

Esta propuesta, además, pretende homogenizar a los alumnos de todo el país. Plantea la misma atención para todos los alumnos sin que importe su espacio geográfico ni sus condiciones de vida. La estandarización del ser humano es uno de los valores promovidos por la globalización y los organismos internacionales que, a fin de cuentas, son los que marcan el ritmo en países subdesarrollados como el nuestro.

Ante esta situación, surge la necesidad de generar propuestas alternativas. Pensamos que éstas deben surgir fundamentalmente de las normales rurales, porque el sector más afectado será el del medio rural.

Se requiere de una propuesta que permita la formación revolucionaria del profesor, con una educación que lo llene de valores, de conocimientos y de una actitud de servicio para las clases desprotegidas.

Se hace necesaria, también, la elaboración de un plan y de programas alternativos para que en la educación de los niños estén presentes las herramientas que les permitan entender su condición de clase explotada y su derecho a luchar por mejores condiciones de vida.

No será fácil, por supuesto. En el contexto en que nos encontramos, el gobierno no sólo se vale de reformas aprobadas sin ningún consenso, sino también de la represión. Los actuales gobernantes pasan sobre lo que sea con tal de instaurar su hegemonía política. La represión no sólo es contra estudiantes; pero éstos son uno de los blancos principales de los toletes, los gases lacrimógenos y hasta las balas.

La FECSM ha sido fuertemente golpeada en los últimos años. Sólo nos referiremos a las dos represiones más recientes, ocurrida una de ellas en la Normal Rural de Cañada Honda, Aguascalientes, en junio, y la otra, en la Normal de Panotla, Tlaxcala, el lunes 13 de septiembre.

Todas las normales rurales pertenecientes a la FECSM manifestamos nuestro repudio a las políticas educativas discriminatorias y de fines empresariales. Tenemos claro que, solamente organizados, podemos hacerle frente a estos embates del gobierno. No nos callaremos ante las injusticias, como no cerraremos los ojos ante la opresión de nuestros hermanos.

Lanzamos un enérgico llamado a las normales públicas de todo el país para organizarse en cada uno de sus estados. Es momento organizarnos entre normalistas, como hermanos que somos, como gente de abajo, en busca del poder popular.

Desde este espacio y con total independencia, convocamos a elaborar un plan de estudios alterno que siga el modelo de la educación integral; reavivemos ese lazo tan estrecho entre el campo y la escuela; privilegiemos el modelo de educación que garantice la convivencia armónica de la sociedad; hagamos a un lado la política individualista que promueve el gobierno con sus “modelos de competencia” y certificaciones innecesarias.

El papel que hemos asumido como normalistas rurales es el de contribuir en la abolición definitiva del modelo cuasi esclavista en que viven nuestros pueblos. Ese compromiso adquirimos como estudiantes y lo mantenemos como maestros. Privilegiar la colectividad sobre el individualismo exacerbado es el modelo más apropiado para desarrollar un pueblo educado.

*Organización estudiantil semiclandestina de carácter nacional que agrupa a los estudiantes de todas las escuelas normales rurales de México.

Contralínea 201 / 26 de Septiembre de 2010

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