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En los nueve años de la frustrada alternancia-transición, que anunciaron inaugurar el foxismo y el calderonismo, con el herraje del Partido Acción Nacional (PAN) –y sus apéndices: El Yunque, Los Legionarios, no de Cristo, sino de Marcial Maciel, y La Casa en la Roca–, la creciente inseguridad por el combate a muerte entre los sicarios del narcotráfico y los militares, la Marina Armada de México (estos marinos haciendo a un lado a los soldados) y la Fuerza Aérea, arroja más de 20 mil homicidios, entre los que se encuentran 17 periodistas (especialmente reporteros, a los cuales también los ministerios públicos de las 32 entidades y la Procuraduría General de la República están obligando a comparecer para que aborten sus fuentes de información).

Hay profesionales que ejercen sus derechos y obligaciones de las libertades de prensa desaparecidos, es decir, secuestrados por los temibles levantones; otros emigraron, vía el asilo o visas concedidas por humanitarismo, a territorio estadunidense, canadiense y europeo, víctimas de toda clase de amenazas, no pocas cumplidas en las vidas de sus familiares. Otros viven atemorizados por las agresiones y presiones de los desgobernantes, para impedir que informen sobre la violencia delincuencial y abusos de los poderes de todos los niveles.

Las cifras y análisis del Comité de Protección a los Periodistas, en Nueva York, y de la no muy imparcial Sociedad Interamericana de Prensa, en Miami, en sus informes de 2009, precisan que han ocurrido 88 homicidios, sobre todo en Irak, en Filipinas, en Brasil y el asesinato no aclarado en Guadalajara de un periodista radiofónico. En el caso mexicano, los periodistas padecen esta terrible situación con la indiferencia de Calderón y casi todos sus directores de Comunicación. Y es que los panistas miran con beneplácito que los periodistas, principalmente, de la prensa escrita, sean víctimas del fuego cruzado de militares y policías contra los narcotraficantes (coludidos con la narcopolítica).

Si Irak, Afganistán y Filipinas tienen las condiciones más riesgosas para los periodistas, con México tenemos los cuatro países donde durante el año pasado los homicidios de periodistas establecieron una marca sangrienta. Calderón ya tiene su Irak y su Filipinas por cuanto hace a la militarización del país en una guerra contra los “talibanes” del narcotráfico, donde matan, secuestran y desaparecen a los reporteros que, a pesar de eso, cumplen con su deber constitucional de informar acerca de la violencia y los abusos de los poderes. El panismo parece estar de acuerdo con las embestidas a la prensa y sus trabajadores, pues de boca de Calderón jamás ha salido censura alguna. Al contrario, se alegran y se muestran indiferentes, ya que consideran a los periodistas como sus enemigos y los ubican al mismo nivel de los delincuentes.

La inseguridad nacional se recrudecerá con las fiestas calderonistas del bicentenario y el centenario, y siembra la duda de si el pueblo se volverá a levantar en armas al ver a millones de trabajadores despedidos y amontonados sobre el desempleo; a los pobres ya en hambruna, y que de una población de más de 100 millones de mexicanos, la mitad padezca todas las carencias, enfermedades, desnutrición. Y que este neoliberalismo salvaje no estimule el consumo y la producción.

cepedaneri@prodigy.net.mx

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