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Los pobladores de Arcabuz, en el municipio de Miguel Alemán, fueron las primeras víctimas de “álex”. El sábado 3 de julio en la madrugada sus casas empezaron a inundarse ante la crecida del río San Juan.

Víctor M. Reyes

Reynosa, Tamaulipas

Nadie les había avisado que las compuertas de la presa El Cuchillo, en Nuevo León, se abrieron para desfogar millones de metros cúbicos de agua que habían caído por la tormenta.

Ante autoridades estatales y federales el alcalde de ese municipio fronterizo, Servando López, reveló días después de la inundación que el problema no fue el huracán sino la falta de comunicación de la Conagua, quienes no alertaron sobre el desfogue de las presas.

El diluvio cayó sobre las comunidades de San Antonio Reyna y Arcabuz. Sus pobladores quedaron varios días incomunicados, casas, cultivos de sorgo, telefonía, todo se perdió. Un metro y medio subió el agua por las calles principales de los dos poblados. No hubo muertos, pero sí desesperación, miedo y llanto al ver perdido lo que con mucho esfuerzo los pobladores habían acumulado. En Facebook pueden verse fotografías que muestran la inundación en Arcabuz y los comentarios de algunos de sus habitantes, quienes detallan lo ocurrido durante esos días terribles.

Hasta el momento de la inundación, en esos poblados nada se sabía de informes, recomendaciones o llamadas de la Conagua para prevenir lo que se cernía sobre los poblados asentados a orillas de los ríos.

En Nuevo León simplemente se dio la apertura de las presas y el agua cayó sobre Tamaulipas.

El Servicio Metereológico Nacional (SMN) informó la tarde-noche del 28 de junio la llegada de “álex” a Tamaulipas como huracán de categoría 2. En esos momentos se encontraba a 250 kilómetros de Campeche e impactaría según pronósticos la noche del jueves 1 de julio.

Pero el SNM, a pesar de venir con vientos sostenidos de 110 kilómetros por hora y rachas de hasta 140, solamente le otorgó un indice de peligrosidad apenas “moderado”, según el reporte publicado en medios impresos.

El 30 de junio por la mañana, la Dirección de Metereología de la Secretaría de Marina era un poco más contundente sobre lo que se acercaba. La dependencia recomendaba extremar precauciones ante el riesgo inminente de inundaciones y deslaves, tanto en Tamaulipas como Veracruz y Tabasco.

Un día antes, el gobernador Eugenio Hernández Flores había emitido la alerta a través del Consejo de Protección Civil, lo mismo pasó en los municipios fronterizos, especialmente Matamoros que se inundó aún antes de que llegara con toda su fuerza el huracán.

“álex” pegó a la 9 de la noche del miércoles 30 de junio por el poblado Punta de Piedra, de Soto la Marin. Ya todos sabían lo que se venía. La Isla del Padre estaba cerrada, la población de Brownsville, Harlingen y McAllen estaban resguardadas y algunos residentes habían huido a San Antonio y Houston, alejándose del peligro.

El primero de julio, Matamoros amaneció inundado, miles de personas evacuadas de sus casas, carreteras intransitables y Ciudad Victoria, sin energía eléctrica, agua potable, telefonía domiciliaria y móvil. En la zona fronteriza las comunicaciones simplemente “se cayeron”.

Ese día, en la capital tamaulipeca, hubo reunión del Consejo de Protección Civil. Reportes de prensa indican que el gerente de la cuenca Golfo-Norte de la Conagua, Roberto Schuldes Dávila, afirmó que monitoreaban los escurrimientos de las presas El Cuchillo, Marte R. Gómez y Las Blancas.

“El pronóstico para las próximas 48 horas es que en todo Tamaulipas habrá lluvias de intensas a torrenciales, con 150 a 500 mililitros en algunas partes; a pesar de que ya se convirtió en tormenta tropical, lo que sigue ahora es el efecto por los posibles daños por los escurrimientos”, dijo en esa reunión.

Los focos rojos, explicó el funcionario, se ubicarían en los municipios del centro del estado, y que, si bien no serían de alta intensidad, como los registrados una vez que entró el fenómeno, sí causarían estragos en la energía eléctrica, telefonía y suministro de agua potable.

De las presas, ya rebasadas su capacidad, nada dijo el funcionario sobre posibles desfogues controlados. Habló de presas que no correspondían a su área de control pues éstas eran responsabilidad de Pedro Garza Treviño, director de Conagua en la cuenca del río Bravo, que no apareció por esos días y ni el gobernador lo encontraba.

Fue por esto que el mandatario de Tamaulipas tronó contra la Cobagua y contra Garza Treviño.

Según se publicó en El Universal y la prensa nacional, Eugenio Hernández afirmó que por decisiones de la dependencia federal se había colocado en condiciones de peligro y vulnerabilidad a miles de personas en el estado.

Y se fue contra el titular nacional de la dependencia, José Luis Luege, de quien dijo “no ha tenido la capacidad para tener un manejo adecuado de las cosas, en el norte del Estado”.

En la cuarta reunión que sostuvo el gobernador con el Comité de Protección Civil reclamó: “Tenemos una preocupación muy fuerte, por lo que pueda ocurrir en el río Conchos, en San Fernando, en Méndez y en Burgos, yo reclamaba la ausencia tanto física como telefónica del director de la cuenca del río Bravo de la Conagua.

“No es posible que esta persona no esté aquí presente, que sea alguien con quien siempre he batallado muchísimo para localizarlo y que sea de esa manera tan irresponsable sobre un tema tan delicado como es el manejo de las presas del río Bravo”, agregó.

El golpazo fue directo y es que el mismo gobernador había sido ignorado por el funcionario responsable de la cuenca, Pedro Garza Treviño, y tampoco asistir a las reuniones de contingencia.

Finalmente, cuando el gobernador tuvo a Garza Treviño frente a frente le llamó irresponsable y le ordenó: “Aquí te vas a quedar hasta que no me digas cuánta agua nos vas a enviar a Tamaulipas, por dónde va ir y cuánto va a subir el nivel de nuestros afluentes”.

Los daños materiales eran cuantiosos, Matamoros, un desastre, Ciudad Victoria incomunicada, los municipios costeros arrasados y cuando se pensaba que el presidente acudiría en ayuda de Tamaulipas, Felipe Calderón mejor se fue a Monterrey en donde declaró que estaría “codo a codo con los nuevoleoneses”. Ese jueves primero de julio Calderón sobrevoló Monterrey, constató daños, e hizo que la Secretaría de Gobernación emitiera declaratoria de emergencia para 21 de los municipios de ese estado. Y mientras el gobernador de Tamaulipas luchaba en la maraña burocrática para solicitar recursos federales, el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, no tuvo que solicitar ayuda económica, pues el mismo presidente llegó para darle todo. Inmediatamente a su llegada se comprometió a darle celeridad a la entrega de dinero del Fondo de Desastres Naturales, (Fonden).

“Tendremos que hacer un acopio extraordinario de recursos… hablaré también con el secretario de Hacienda para que el fondo cuente con recursos”, dijo el presidente.

Cuando Calderón, en lugar de ir a Matamoros mejor visitó Monterrey, la clase política daba rienda suelta a las explicaciones del motivo, y todas tenían que ver con el proceso electoral que se desarrollaría el 4 de julio. Así lo explicaría el columnista Leo Zuckermann el 1 de julio en su columna que tituló ¿Por qué no fue Calderón al funeral?

(…) “Quiero suponer que en algún momento se pensó la posibilidad de que el presidente Calderón asistiera al funeral de Torre. Quizá lo discutieron el secretario de Gobernación, quien andaba en Tamaulipas, con los líderes del PRI. Es posible que hayan desechado esta posibilidad debido al enojo que existía entre los priistas agraviados por el asesinato de uno de sus candidatos más populares. A lo mejor pensaron que era inconveniente que asistiera el jefe del Estado mexicano porque le podrían chiflar, gritar y hasta mentarle la madre. No lo sé. Lo cierto es que Calderón no acudió y eso también manda un mensaje: que el presidente no puede presentarse como jefe del Estado porque se le percibe más como jefe de gobierno y hasta como jefe del PAN”.

Fueron 7 y no 3 como dice el fax

Los ánimos estaban exaltados y no era para menos. No había todavía información o acercamientos con la Conagua y lo que se sabía era apenas por medio de un fax (en realidad un boletín enviado por este medio).

El reportero Seth Rojas, en su columna Reporte Frontera, relata que durante la cuarta Sesión extraordinaria del Consejo Estatal de Protección Civil, el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, le hizo un fuerte reclamo al gerente general del Organismo de Cuenca Río Bravo de la Comisión Nacional del Agua, Pedro Garza Treviño, y lo calificó de negligente e irresponsable.

Le dijo al funcionario federal que las 0autoridades de Tamaulipas no tenían ninguna información sobre el desfogue de agua de la presa neolonesa El Cuchillo, que se ordenó para evitar que se desbordara por las lluvias provocadas por los remanentes del huracán “álex”.

Rojas señala que en la reunión, el alcalde de Miguel Alemán relató la severa inundación que se registró en muchas comunidades rurales del municipio debido a lo que calificó como el “Huracán Conagua”, atribuyendo la tragedia al organismo federal.

Hernández Flores, también le reclamó a Garza Treviño que lo único que hicieron para advertir a las autoridades estatales fue enviar un fax.

En el comunicado se advertía que el Organismo Cuenca del Río Bravo había determinado abrir tres compuertas de la Presa El Cuchillo para desfogar 445.7 metros cúbicos por segundo y evitar desbordamientos, pero días más adelante el mismo Pedro Garza Treviño, lo desmentiría en una entrevista con reporteros.

En esa entrevista publicada en Youtube, el funcionario regiomontano dijo que estuvieron aguantando al máximo por encima del 100 por ciento el nivel de la presa para desfogarla y aceptó haber abierto las 7 compuertas de la presa porque estaban a 10 centímetros de que se desbordara la presa. Sobre las comunidades inundadas en Miguel Alemán se limitó a expresar que para eso estaba el Fonden.

Finalmente, el presidente Calderón llegó el jueves 8 de julio a Matamoros, el gobernador no se esperó para quejarse y protestar por lo que había pasado.

La reportera Claudia Herrera Beltrán, del periódico La Jornada, señala en su crónica del viernes 9 que el gobernador recibió al presidente con reclamos porque la Conagua no le informó que las presas estaban llenas.

Sabás Campos, director de la Comisión Estatal de Agua, fue quien pidió a Calderón en presencia de Luege que instruyera a la Conagua a que entregara en tiempo y forma información sobre la evolución hidrométrica de las cuencas.

“En principio sí, nos quejamos, porque faltaba atención, faltaba información, no teníamos una comunicación”, expresó el gobernador luego de que sus colaboradores informaran que la presa de La Amistad estaba a 95 por ciento de su capacidad, El Cuchillo a ciento por ciento y Cerro Prieto a 93 por ciento.

Revelada esta falta de coordinación entre autoridades, Calderón reviró al gobierno estatal al señalar que los agricultores tamaulipecos, a quienes calificó como de los más importantes del país, ejercen “gran presión política”, sobre el uso de las presas.

Alude la reportera de La Jornada que ya antes y con diplomacia, el director de la Conagua, José Luis Luege, se había quejado de que hay “serias dificultades políticas” a la hora de tomar decisiones por los propios intereses de los distritos de riego, y añadió: “Saben perfectamente cuál es la dificultad a la hora de tomar una decisión de vaciado de las presas”.

Asimismo, consigna en su nota que los alegatos políticos afloraron desde el momento en que Calderón aterrizó en esta ciudad para evaluar los daños, sin salir del aeropuerto.

El presidente voló en el helicóptero y no hizo contacto con los tamaulipecos, como si lo hizo en Monterrey.

Finalmente, el presidente ya en Monterrey nuevamente declaró que brindaría todo el apoyo para los afectados por el huracán. A Calderón no se le ha visto por Tamaulipas tampoco ha hecho declaraciones contundentes de apoyo para el estado, en cambio Nuevo León y especialmente Monterrey han recibido un trato diferente, e inclusive por parte de los medios de comunicación, quienes consideran que lo ocurrido es una tragedia que ha merecido pedir a todo el país ayuda de toda clase, como alguna vez lo hizo Tabasco y Chiapas