Las cifras del maltrato…

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Jazmín vivió la pesadilla de su vida el pasado 2 de julio. Su esposo Pedro, bajo los efectos del alcohol, la encerró en la casa bajo llave y la golpeó, la tiró al piso, la agarró del cuello y con cuchillo en mano quiso degollarla. Un sobrino la ayudó a librar la muerte. Después de varios años de martirio, decidió acudir a la Policía Ministerial para denunciar a su esposo, quien finalmente quedó preso.

Edgar Ramírez

Ciudad Victoria, Tamaulipas

Un caso similar es el de Nadia, una enfermera de 33 años, casada con un albañil que la golpeaba y amenazaba constantemente. Cuando se encontraba ebrio la agarraba a puñetazos hasta el cansancio. Pudo ser rescatada gracias al apoyo de policías que un día la rescataron de su casa. Puso la denuncia, lo detuvieron y su esposo ahora está preso por intento de homicidio y daños en propiedad ajena. Nadia ahora es feliz.

La violencia contra la mujer no ha recibido la atención y los recursos que se requieren en todos los niveles para abordar con seriedad el problema de darle visibilidad necesaria, en consecuencia el maltrato en sus diferentes manifestaciones continúa siendo devastador.

Los testimonios de mujeres y niñas de todo el mundo son escalofriantes. Se trata de una violación generalizada a los derechos humanos y un impedimento para lograr la igualdad de género.

Y es que de acuerdo a estadísticas del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), el maltrato físico, psicológico, económico, y laboral al sector femenil se ha incrementado en un 50 por ciento de manera general.

La misma encuesta del Inegi sobre la dinámica de las relaciones en los hogares asegura que la probabilidad de que una mujer sea víctima de violencia, de cualquier tipo, en México es del 51 por ciento.

Y Tamaulipas no se queda atrás: la incidencia es del 30 por ciento.

En opinión de Theresa Kilbane, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), estas cifras reflejan la necesidad de ofrecer una mejor atención integral, especialmente a las familias de bajos recursos, para evitar que la tendencia se mantenga.

“Hay que recordar que la pobreza detona la violencia y que la falta de acceso a la educación provoca un mayor grado de tensión en las familias”, explica.

La más reciente encuesta nacional del Inegi sobre la dinámica de las relaciones en los hogares revela que el nivel social incide en los casos de violencia contra la mujer, ya que en el nivel alto el porcentaje es de 43 por ciento, mientras que en el estrato muy bajo, del 50.

La violencia está asociada entre otros aspectos al crecimiento poblacional, desintegración familiar e incluso al cada vez más empoderamiento de la mujer en los ámbitos sociales, públicos y políticos, que, según especialistas, han creado una competencia entre géneros que detona una guerra del más fuerte con el más débil.


Entra al quite

Yoliria Joch González, directora del Instituto de la Mujer Tamaulipeca, establece un patrón de conducta: son familias donde hay un padre desobligado, muchas veces alcohólico, o una madre que carga el peso de la agresión del hombre.

Las que sufren el mayor índice de violencia son las que provienen de una familia sin progenitores; las que han vivido la mayor parte de su vida en una ciudad, trabajan fuera del hogar, tienen un alto nivel de libertad y de decisión.

En otra arista de la violencia intrafamiliar, el número de niños y niñas maltratados, fuera y dentro del hogar, también ha incrementado en casi un 50 por ciento desde 1999, revela otro documento publicado recientemente por el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Los niños y niñas que llamamos ‘de la calle’, generalmente salen de sus hogares argumentando maltrato y abandono.

“De allí que se involucren en la delincuencia, consumo de drogas y otras conductas antisociales creando un circulo vicioso: niños maltratados que serán padres y esposos agresores”, manifiesta Nayma Karina Balquiarena Pérez, de la Asociación Viva Mujer.

Considera necesario hacer un balance de los progresos realizados y de los desafíos para el futuro del sector femenil, principalmente en Tamaulipas, en donde se ha dado muestra de los avances y apoyo que se brinda a las mujeres y a las niñas a través de acciones gubernamentales pero aún falta por hacer.

“La mujeres hoy expresamos nuestra voluntad de participar en condiciones de igualdad en sectores en los que tradicionalmente nuestra participación ha sido minoritaria”.


Cifras Maquilladas

Si bien hay organismos que se encargan de hacer mediciones sobre el nivel de violencia intrafamiliar o de género, en un 80 por ciento estas se basan en las denuncias presentadas ante las autoridades correspondientes, mientras que los datos reales se quedan en el silencio, convirtiéndose éste en el principal cómplice de los agresores.

La violencia intrafamiliar afecta al 50 por ciento de la población femenina y seis de cada 10 hogares en México. Este fenómeno no reconoce clases sociales, e incluso está incrustado en los más altos niveles de la política.

Según información proporcionada por el Instituto de la Mujer Tamaulipeca, sólo uno de cada cuatro casos de maltrato doméstico se denuncia.

“Esto refleja una enorme falta de cultura de la denuncia, la mujer aún no se atreve. Ello no sólo afecta a las clases populares, hay un sinfín de casos de violencia en niveles pudientes y es que ahí la mujer le teme más al rechazo social y al qué dirán”, expone Joch González.

Otra causa que disfraza las cifras oficiales es la ignorancia y la falta de conocimiento de las leyes en esta materia, la burocracia, e incluso, insensibilidad de algunas autoridades encargadas de aplicar sanciones a los golpeadores de mujeres.

Joch González dice que esta situación, aunado a la falta de credibilidad que la sociedad tiene en los organismos gubernamentales, ha obligado a instancias como la que ella preside a capacitar al personal de las agencias del Ministerio Público y dependencias de la Procuraduría General de Justicia, para que se sensibilicen ante la problemática de la violencia de Género.

“Nosotros hemos hecho varios diplomados dirigidos a los servidores públicos, no solamente para que tengan conocimiento de los tratados internacionales sobre violencia contra la mujer sino para que tengan sensibilidad en cada caso”, dice.

Pese a que el maltrato es un delito que se persigue de oficio, muchas mujeres no reciben la atención adecuada por parte de las autoridades, se quejan del burocratismo de las agencias especializadas y desisten en el intento de terminar con su martirio debido a las trabas y lagunas legales que aún existen en el sistema de impartición de Justicia de Tamaulipas.


El DIF

Leticia Rodríguez Rodríguez, procuradora de la Defensa del Menor, la Mujer y la Familia del DIF Tamaulipas, aseguró que Tampico encabeza a nivel estatal la lista de abusos contra la mujer, menores y adultos mayores, seguido de Ciudad Victoria, Matamoros, Ciudad Madero y Altamira.

Dice que en toda la zona conurbada se han presentado 627 casos denunciados de violencia familiar, de los cuales 468 corresponden a Tampico, 109 a Ciudad Madero y 50 a Altamira.

La capital del estado, en cambio, está en segundo lugar. Se han presentado 444 casos, de los cuales 158 se registraron en el DIF municipal y 286 en el DIF estatal a través de la línea de auxilio; mientras que Matamoros aparece con 161 casos.

En lo que va del año, 325 mujeres, niños y niñas han sido víctimas de delitos sexuales en toda la entidad.

Los delitos sexuales se presentan tanto en el núcleo familiar como en las escuelas, principalmente en Victoria, Nuevo Laredo, Matamoros, Reynosa, Río Bravo y la zona conurbada.

Al iniciar la administración estatal –refiere Rodríguez– la estadística de violencia familiar era de 11 mil 800 casos en las once delegaciones, mientras que el año pasado las cifras se redujeron a 6 mil 500.

A su consideración, la legislación aún es muy ‘laxa’, ya que la violencia familiar no está considerada como delito grave, por lo que dice hace falta que los diputados “se pongan en acción para que se considere como tal”.

Actualmente hay 13 agencias del Ministerio Público para la defensa de la mujer, además de la línea 075, considerada como línea de auxilio en el estado de Tamaulipas.

Destaca que en la entidad el Sistema DIF tiene ‘casas de seguridad’ para las mujeres e hijos que son violentados, e inclusive amenazados de muerte por el espodo o padre.

Hasta el momento, en estos albergues se han atendido a 250 mujeres y sus hijos en situación de emergencia, quienes han debido que ser aisladas y resguardadas en los hogares de seguridad para evitar que las parejas las encuentren y vuelvan a ser víctimas de maltrato.

Las cuatro casas están ubicadas en Nuevo Laredo, Matamoros, Victoria y Ciudad Madero. Allí las mujeres e hijos llegan a la rehabilitación, para comenzar una nueva vida.


Los casos aterradores

El Centro de Estudios Fronterizos y de Promoción de los Derechos Humanos, A.C. (CEFPRODHAC), registra un aumento de feminicidios en Tamaulipas en comparación con el año pasado.

Rebeca Rodríguez Gómez, presidenta del organismo, refiere que en 2009 cerró con 33 casos, por lo que se teme que al concluir el 2010 rebase la cifra, ya que de enero a la fecha sólo han registrado 17.

“Desafortunadamente, muchos de los casos terminan con el homicidio de la mujer. El trauma es muy grande para el niño cuando su propio padre es quien mata a la madre. La mayoría por causa de celos y problemas económicos”.

Rodríguez Gómez explica que uno de los casos pendientes es el asesinato de dos mujeres a las que después de asesinarlas les pusieron una leyenda “mueren por prostitutas”.

De los casos registrados en 2009, Reynosa ocupó el primer lugar con 19 casos y segundo lugar Matamoros con 7.

De los casos registrados en el año cuatro son en Reynosa, cinco en Matamoros, dos en Nuevo Laredo , Victoria y Valle Hermoso y uno en Tampico y Ciudad Guerrero.