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El pasado 29 de junio, Adam Thomson pretendió diagnosticar en The Financial Times –rotativo portavoz del neoliberalismo global– la irresistible declinación del “México calderonista”.

http://contralinea.info/archivo/2010/julio/190/fotos/opinion/financial.jpgNo es ninguna novedad la putrefacción del sistema político en manos del Partido Acción Nacional durante su pésima gestión de nueve años consecutivos. Lo que llama poderosamente la atención es que, en vísperas de las elecciones estatales del 4 de julio, el rotativo neoliberal británico se haya percatado de tal declinación cuando –antes del cataclismo ambiental de la petrolera británica British Petroleum– el sionista Gideon Rachman le había lanzado todas las apologías posibles a Calderón Hinojosa, quien se alistaba para entregar los pletóricos yacimientos en las profundidades del Golfo de México a las depredadoras petroleras británicas.

¿Darán por muerta en Londres a la tramposa reforma energética del panismo calderonista en colusión con la triada priista Beltrones-Labastida-Gamboa, al unísono de los Chuchos entreguistas?

En su extenso “análisis”, Adam Thomson pretende ocultar que desde 1982, en forma ininterrumpida, los tres presidentes “priistas” –en realidad unos crípticos panistas– (De la Madrid, Salinas y Zedillo), así como los panistas Fox y Calderón, desarrollaron los programas del decálogo del Consenso de Washington, en sincronía de las órdenes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, los cuales, en forma integral, son controlados por la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña: Tratado del Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), desnacionalización de la banca mexicana; Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), plan México/Mérida, desnacionalización de Petróleos Mexicanos (Pemex) y, probablemente, próxima incorporación al Comando Norte.

Como se nota, el “México neoliberal” –en sus distorsionadas versiones priista, panista y chuchista– aplicó dócilmente 28 años de una suicida política económica y financiera a instancias de Estados Unidos y Gran Bretaña.

¿Qué habrá pasado ahora para que la prensa anglosajona, en general, y The Financial Times, en particular, denigren el modelo económico-financiero que impusieron en México a través de la globalización neoliberal?

Mata de risa que Adam Thomson cite a los mismos teóricos del fracaso en México (Jonathan Heath, Jorge Castañeda Gutman) –unos verdaderos apátridas– para justificar su demoledora crítica, orientada quizá a ahuyentar los capitales y las inversiones de México y así redirigirlas a las famélicas plazas de Wall Street y la City.

Adam Thomson reconoce que el “México calderonista”, la segunda economía más importante de Latinoamérica, “está saliendo apenas de su peor caída desde 1932, con una contracción de 6.5 por ciento el año pasado”. De hecho fue mucho mayor a lo que aduce, pero no nos vamos a pelear por nimiedades y decimales.

Sale sobrando contrastar el mediocre crecimiento de México desde hace 10 años con Brasil y el resto de Latinoamérica. En realidad, México no crece desde 1982, como reconoció en un excepcional momento de lucidez Miguel de la Madrid Hurtado antes de que Salinas de Gortari lo obligara a desdecirse en forma humillante.

Cita la frase clásica del sionista Mario Vargas Llosa, quien confunde las novelas con sus alucinaciones políticas, al fustigar la “dictadura perfecta” del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Si el sionista neoliberal Vargas Llosa supiera algo de economía, hoy debería criticar “la dictadura perfecta del neoliberalismo” en México, en América Latina (que incluye a su despedazado Perú) y en el resto del mundo, donde ha sido aplicado el capitalismo cibernético más salvaje que haya conocido la historia de la humanidad. Sería mucho pedirle al novelista sionista neoliberal de Perú, cuando ha sido un fracasado de la práctica política y no sabe nada de economía ni de finanzas.

Ahora resulta que, para el “analista” del rotativo neoliberal británico The Financial Times –no me refiero a Vargas Llosa, sino a Adam Thomson–, México “se encuentra implicado en una sangrienta guerra de las drogas que ha sido elevada al más alto nivel de la agenda doméstica y se ha vuelto una preocupación real para Washington (sic), conforme crecen los temores de que la violencia pudiera desestabilizar al vecino sureño de Estados Unidos, con todas las implicaciones a la seguridad que ello conlleva”.

Desde luego que Adam Thomson no comenta que en México se despliega “la cuarta guerra del opio” (Radar Geopolítico, Contralínea 149), desde el punto de vista geopolítico, y que ha sido la tónica de la dupla anglosajona para avanzar su agenda oculta desde el siglo XIX: dos veces en China y ahora en Afganistán y en México. No es gratuito que los teóricos anglosajones tilden simultáneamente de “Estados fallidos” a México y Afganistán.

Evidentemente que Adam Thomson no explora ni siquiera con el pétalo de una rosa el magno lavado de dinero de la banca israelí-anglosajona que efectúa en México.

Comenta que Obama anunció el envío de 1 mil 200 tropas “adicionales” de la Guardia Nacional a la transfrontera. !Pobrecitos gringos! Hasta aquí lo referente a la cuarta guerra del opio que libra la dupla anglosajona en México.

Ahora viene la parte política, exageradamente sesgada, cuando Adam Thomson cita a la corruptísima Transparencia Internacional, quien todavía se atreve a ver la viga en el ojo ajeno de México, a quien coloca, en su hilarante “Índice de Percepción de la Corrupción”, en el lugar 89 mundial. A su vez, el Foro Económico Mundial de Davos coloca al “México calderonista” en el lugar 60 de su “índice de competitividad mundial”. Y eso que se la han pasado turisteando en Davos Zedillo y Calderón.

Por último, invoca a Latinobarómetro, un instrumento del neoliberalismo británico que prácticamente da a entender que la mayoría de los mexicanos prefiere el autoritarismo a la democracia. Como se distingue en este feroz ataque multimodal de índices selectivos cocinados al gusto, el “México calderonista” representaría un fracaso multidimensional.

A juicio de Adam Thomson, la transición a la democracia de México se complicó con dos factores externos, muy discutibles a nuestro entender: 1. El ascenso de China y su apetito por las materias primas en Suramérica, lo cual en su conjunto tuvo un efecto adverso sobre el “rol de México como la base manufacturera de América del Norte”; asimismo, exagera la caída de México en su participación de las importaciones por Estados Unidos de 2000 a 2006, que pasaron del 11.2 por ciento al 10.7 por ciento; y 2. El 11 de septiembre de 2001, cuando Baby Bush “redefinió sus prioridades” bilaterales con México, lo cual afectó la reforma migratoria y el paso de camiones pesados desde México (que, por cierto, infringe el espíritu y la letra del TLCAN).

Sobre el asunto de China que abulta Adam Thomson, cabe señalar que también México es un importante productor de materias primas (hidrocarburos y plata). Cuando se contrasta a China con México, hay que tener sumo cuidado, ya que el gigante asiático no cometió los pecados capitales que le valieron a México su degradación global, como la desnacionalización de la banca, a nuestro juicio el peor error cometido por el neoliberalismo local que dejó a México sin una banca nacional propiamente dicha. China ostenta cuatro bancos estatales entre los 10 principales bancos del mundo. Este asunto de la desnacionalización de la banca mexicana no ha sido elucidado rigurosa y académicamente.

Respecto de la “caída” de la participación de México en las importaciones de Estados Unidos, caben dos señalamientos que ponen en relieve la perfidia de Adam Thomson: 1. Su recorte va de 2000 a 2006 y deja truncados los cuatro años siguientes; y 2. Suena ridículo que una “caída” de solamente medio punto, de 2000 a 2006, haya impactado no solamente en un brutal desplome de casi el 7 por ciento en 2009, sino que, peor aún, haya sido una de las principales causales de la desgracia multidimensional de México.

Sobre el montaje hollywoodense del 11 de septiembre, cabe señalar dos puntos: 1. La reforma migratoria inconclusa fue un error garrafal del sionista Jorge Castañeda Gutman, quien se aferró al poco diplomático “todo o nada” (su vulgaridad de las “enchiladas completas” que no alcanzaron ni para chilaquiles); 2. Dio cabida para que Estados Unidos impusiera el ASPAN a Fox y luego el plan México/Mérida a Calderón.

Sucede que con De la Madrid, Salinas y Zedillo, Estados Unidos avanzó su agenda de triple captura mercantil, económica y financiera con México, mientras que con los panistas Fox y Calderón, a partir del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos impuso su agenda militar a México. Así de sencillo.

En ningún momento, Adam Thomson aborda la doble militarización obligada de México por Estados Unidos: doméstica y externa.

Más allá de la nostalgia de Adam Thomson por la entrega del petróleo de México a las “inversiones foráneas”, el “analista” británico vuelve a la carga con las consabidas críticas anglosajonas a Pemex: falta de inversión por incapacidad doméstica, ignorancia de la tecnología de exploración en aguas profundas y baja en la producción de 3.4 millones de barriles al día (MBD) en 2004 a 2.6 MBD a la fecha.

¿Cómo se puede fomentar la inversión doméstica cuando México carece de una banca nacional para tal propósito? ¿Cómo puede invertir Pemex sus fabulosos excedentes cuando sus ingresos son erosionados por la parasitaria Secretaría de Hacienda, que deliberadamente la mantiene quebrada para regalarla al peor postor y al mejor impostor?

En forma paradójica, la baja de la producción ha sido compensada con creces por el descomunal incremento del barril del petróleo, que anda en 80 dólares, cuando De la Madrid, Salinas, Zedillo prácticamente regalaban nuestros hidrocarburos a Estados Unidos a un precio irrisorio que osciló de 8 a 20 dólares el barril.

Finalmente, Adam Thomson arremete contra el sistema federal de los 32 estados, cuando es obvio que desconoce, por lo visto, que fue producto de la inspiración de Estados Unidos.

Lo más interesante radica en que tampoco Adam Thomson concede demasiada esperanza a México con el probable retorno del PRI al poder en 2012.

Más allá del gran negocio del lavado de dinero por la banca israelí-anglosajona que se deriva presuntamente de la “cuarta guerra del opio”, ¿qué andarán pescando los pérfidos piratas británicos en las aguas turbulentas de México, como se desprende del feroz ataque inoportuno del The Financial Times?

Fuente: Contralínea 190 / 11 de julio de 2010

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