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Para el gobierno mexicano, al frente de las amenazas a la seguridad nacional están Los Zetas. Toda la fuerza policial y militar parece estar empeñada en el desmantelamiento de esta organización criminal.


http://contralinea.info/archivo/2010/junio/188/fotos/opinion/los-zetas.jpgEn la superficie, la dimensión de la fuerza empleada contra esta agrupación criminal es proporcional al tamaño de la amenaza que representa. Una analista de inteligencia militar adscrita al Ala Aérea 146 de la Guardia Nacional de California, desplegada en las Islas Channel, lo explica en estos términos:

“Los análisis de la época posmoderna reconocen que los conflictos mundiales están influidos crecientemente por la interacción entre terroristas, criminales, pandillas y ejércitos privados, y por el hecho de que esta interacción es una amenaza para la nación-Estado”, escribe Lisa J Campbell en el número de marzo de 2010 de Small Wars and Insurgencies, una revista británica sobre conflictos de baja intensidad. “Ahora una amenaza similar está entrando al juego, pero ésta encarna a todos esos grupos y los funde en un solo adversario. Y uno de estos grupos es el de Los Zetas”.

Campbell destaca la capacidad de Los Zetas para desarrollar una extensa red compartimentada, sus sistemas de inteligencia y contrainteligencia, la enorme acumulación de arsenal avanzado, el empleo sistemático de tácticas más y más brutales, el entrenamiento policial y militar de primera clase, así como la habilidad de debilitar gobiernos estatales y controlar porciones cada vez mayores de territorio nacional.

Sin miramientos diplomáticos ni gremiales, la analista militar pone en tela de juicio la capacidad del Ejército Mexicano para enfrentarlos: “Junto con otros grupos más nuevos que están emergiendo y copiando su experiencia como grupos paramilitares pequeños, inteligentes y altamente móviles, Los Zetas están vistos como estrategas mejores y más inteligentes que los del propio Ejército Mexicano”.

El enfoque de Campbell no presta atención a los problemas de la falta de equipo adecuado. El Ejército Mexicano ha vivido la contradicción entre el intento de desarrollarse como una fuerza de despliegue rápido y la falta de apoyo real del gobierno para conseguirlo.

Hasta hace pocos meses, las unidades de Infantería y Caballería, y las de Fuerzas Especiales, habían estado combatiendo a Los Zetas con vehículos pesados y sistemas de comunicación caducos. Esos equipos fueron adquiridos después de 1994 y estaban diseñados para combatir a grupos irregulares en la montaña y en la selva, pero no para enfrentar a narcotraficantes con camionetas último modelo en las carreteras de alta velocidad y las calles abigarradas de las ciudades del norte del país.

Analistas de corporaciones de seguridad privada en Washington, DC, con buen acceso a información de lo que ocurre en México, observan que las unidades del Ejército Mexicano, que sostienen combates callejeros en el norte del país, carecen de inteligencia táctica de buena calidad que les permita más eficiencia contra los narcotraficantes y menos excesos de fuerza y bajas colaterales entre los ciudadanos. Ése es el terreno a donde los narcotraficantes quieren llevar al Ejército Mexicano; ahí ocurre con frecuencia la muerte de civiles inexpertos en el cruce de retenes militares o de simples estudiantes que tienen la mala suerte de encontrarse en medio de calles convertidas en zonas de batalla.

Los efectos han llegado a Estados Unidos. Al proponer la aplicación de esquemas militares como la Preparación de Inteligencia para Operaciones, la analista sostiene que el gobierno de Estados Unidos debe detectar cualquier movimiento de Los Zetas antes de que éstos puedan controlar territorios, subvertir a gobiernos locales o corromper y coercionar personas, creando potencialmente zonas de ingobernabilidad en territorio estadunidense.

En los últimos años, Los Zetas y el cártel del Golfo han logrado corromper a por lo menos dos sheriffs, uno en el condado de Cameron, en la frontera con Matamoros, y otro en el condado de Starr, en la frontera con Miguel Alemán. Recientemente, hace unas semanas, la Oficina Federal de Investigaciones arrestó al jefe de policía de Sullivan City, fronteriza con Reynosa, por su presunto contubernio con narcotraficantes mexicanos.

Pero el área de operaciones de Los Zetas es quizá más grande de lo que las autoridades sospechan. La analista de la Guardia Nacional dice que varios incidentes en Estados Unidos han arrojado señales sobre la probable existencia de células dormidas de asesinos, métodos de distribución del control territorial en la franja fronteriza, así como de campos de entrenamiento para operaciones de invasión de casas y secuestro de narcotraficantes rivales.

Es claro que el gobierno mexicano ha empeñado sus fuerzas en destruir y aniquilar a Los Zetas, en parte como un castigo al hostigamiento abierto contra las Fuerzas Armadas, asesinando a agentes de inteligencia militar, degollando a jóvenes soldados y ejecutando a generales que estaban creando grupos de elite en las policías municipales.

Pero la decisión de aniquilar a Los Zetas también proviene de la presión estadunidense. Nunca antes ningún grupo del crimen organizado mexicano había alcanzado tanta atención en los órganos de seguridad estadunidense como Los Zetas. Al análisis de Campbell sobre las capacidades operativas, tácticas y estratégicas de esta organización criminal, habría que agregar los análisis recientes de George W Grayson, del Instituto de Investigación de Política Exterior, y de Max G Manwaring, investigador del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra de Estados Unidos.

El gobierno mexicano ha logrado asestar fuertes golpes con la detención de Zetas originales, el decomiso de arsenales y la muerte de mandos medios y bajos, pero el grupo siempre ha hallado la manera de reproducirse. Lo peor de todo, afirma Campbell, es que los posibles cursos de acción de Los Zetas pueden ir más allá de las previsiones de ambos gobiernos.

De seguir el mismo camino, advierte la analista, Los Zetas controlarían porciones del territorio estadunidense, como ya lo hacen en México y Centroamérica, y se vincularían con grupos terroristas para aprender la fabricación de bombas y armas más letales. Aunque podrán carecer del entrenamiento militar que recibieron Los Zetas originales, los grupos emergentes, aliados o enemistados con Los Zetas, seguramente intentarán sobrepasar a sus maestros en términos de brutalidad y letalidad.

De alguna manera, Estados Unidos está empujando a México a poner la mayor energía en el desmantelamiento de Los Zetas. Ese énfasis podría afectar el equilibrio de fuerzas con las organizaciones criminales rivales y alejar el diseño de una estrategia integral contra el crimen organizado. Concentrar toda la fuerza en un solo adversario, así sea el más temible, tocando apenas a los demás, parece ser un error que año tras año, sexenio tras sexenio, han cometido los gobiernos en turno. Hasta ahora, la logística empresarial y protomilitar de Los Zetas y sus métodos de reproducción están intactos. Sus debilidades, producto del crecimiento y la disolución de la fuerza de origen militar, tampoco han sido explotadas. Parece suceder lo que Campbell reclama: que la inteligencia y la creatividad están del lado de la estrategia criminal, pero no del lado gubernamental.

*Especialista en fuerzas armadas y seguridad nacional, egresado del Centro Hemisférico de Estudios de la Defensa, de la Universidad de la Defensa Nacional en Washington


CONTRALÍNEA 188 / 27 DE JUNIO DE 2010

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