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Los capitalismos, a partir de sus matrices (europeas, con la inglesa a la cabeza, y trasladada a la estadunidense, con la japonesa y china como sucursales), tienen en sus crisis, trabajo-producción-consumo, sus características más destacadas por los estragos que generan al pueblo. Y paga y sufre todo el que malbarata su fuerza para ser explotado. Sobre el tema hay que consultar: Michel Albert, con su clásico Capitalismo contra capitalismo; Andrew Shonfiel, El capitalismo moderno; y al domador del capitalismo para hacerlo sobrevivir… o prepararle un largo, larguísimo agonizar que no llega a funeral, en la obra de Keynes, en su teoría y política económicas.


Desde la crisis de 1929, analizada en toda la obra de John K Galbraith, empezando por su ensayo El crack del 29, esas crisis han irrumpido de un capitalismo a otro… y a otros, hasta la crisis financiera global estadunidense de 2009 (con recesión, desempleo, cierre de empresas, caída del consumo y aparentes quiebras bancarias salvadas de la bancarrota por la mano visible del gobierno). En su fase de capitalismo salvaje, entra y sale por las puertas abiertas del neoliberalismo económico de todos los países, causando en unos devastaciones, en los menos auges, y en otros, retrasos.

Hasta seductor es el cuestionamiento de Gil Calvo (periodista, de formación en sociología política): “Respecto del contenido concreto del libro, su objetivo central es investigar la inducción mediática y el control público de las epidemias sociales, unas epidemias que son las que explican el origen y desarrollo de los colapsos sociales. Y la crisis económica de 2009 no podía ser una excepción. Se originó a partir de una burbuja especulativa alentada por los medios y tolerada por las autoridades, que sólo pudo formarse como consecuencia de una epidemia de endeudamiento colectivo. En efecto, progresivamente, todos los agentes se fueron contagiando unos a otros en la práctica de contraer más y mayores créditos, bajo la infundada expectativa de que los valores adquiridos siempre crecerían por encima del valor de las deudas. Y en cuanto esa expectativa se vio frustrada, porque los activos empezaron a valer menos que las deudas, entonces la burbuja se pinchó y se produjo un pánico social”.

El texto recorre los efectos internos y externos de la más reciente crisis global (a menos que la crisis de Grecia, Portugal, España, Irlanda e Italia logren otra nueva) y plantea la refundación del capitalismo, “que haría necesario reforzar el intervencionismo gubernamental”, para evitar que la crisis se vuelva crónica mediante “un nuevo keynesianismo verdaderamente global. Y no estatalista como el actual. Un keynesianismo internacionalista, dirigido coordinadamente a escala planetaria, y en la que las nuevas potencias emergentes, encabezadas por India y Brasil, y caminando al alimón con la nueva potencia china, pudieran negociar de tú a tú con las viejas potencias declinantes (Rusia, Unión Europea y Estados Unidos). A fin de redistribuir el acceso al crédito, relacionándolo a escala mundial, como única forma de controlar la recurrente formación de crisis crónicas”.

No basta con rescates bancarios a corto plazo, agrega Gil Calvo, estímulos fiscales a mediano plazo y supervisión financiera a largo plazo; se requiere la mano visible de los gobiernos. Y no sólo cuando estallan las crisis. El autor del libro Crisis crónica, la construcción social de la gran recesión encuentra que adquieren dimensiones catastróficas cuando la prensa sensacionalista cae presa de su mismo pánico y las magnifica. En esto el autor exagera, ya que sin la información sobre los hechos (y hasta de las estupideces, como las de Calderón-Ebrard y Córdova a raíz de la epidemia gripal), éstos pueden causar mayores males, debido a la tardanza de los gobernantes para paliar la crisis económica. Según él, los medios son actores que generan “acontecimientos mediáticos que aceleran las crisis hasta convertirlas en colapsos”. Haciendo de ellas “crónicas del género literario de las historias de terror”.

“Ante el evidente fracaso de la mano invisible del mercado, hace falta que la mano visible del Estado intervenga para poder coordinarlo”. Es indispensable amputarle esa mano a los capitalismos e injertar en ese brazo la mano visible. Esto salvo que esta crisis no se quiera que sea sistémica: reestructuradora del orden económico. Y sea tratada como cíclica: conservadora y restauradora del mismo orden anterior. Esto para socializar las pérdidas y seguir privatizando las ganancias… para que los pueblos (a la espera de un nuevo llamado a la revolución social) sigan sufriendo las desgracias. Y con su dinero, pagar a los banqueros, empresarios y depredadores del capitalismo salvaje.

Gil Calvo insiste en que “los relatos mediáticos de nuestra clase periodística han hecho de la burbuja especulativa un monstruo de película de terror, una especie de hongo nuclear, engendrado por la codicia irresponsable de unos malvados ingenieros de la inversión de alto riesgo que violaron y pervirtieron el delicado equilibrio de la economía financiera”. Empero, avanza al analizar desde 2007 la gestación de la crisis. Y así, dice, hemos pasado de la Gran Depresión (1929-1930) a la Gran Recesión (2007-2009), donde los capitalismos han vivido una “pandemia económica de alcance global y duración indefinida, una crisis aguda que ya se ha hecho crónica… que hundió a los mercados financiero e inmobiliario… pero esta epidemia de vuelta o de salida en seguida contagió al resto de la economía, dando lugar a otra epidemia más lenta pero más profunda y devastadora de desendeudamiento colectivo”. Y de crisis de los déficits, del gasto antisocial, desempleo masivo, más empobrecimiento y de vísperas de una crisis social por hambre, insalubridad, injusticias, impunidad y concentración de la riqueza. Y porque muchos gobiernos guardan el dinero del ahorro nacional para presumir de multimillonarias reservas, como Calderón.

Excelente bibliografía da sustento al libro de poco más de 200 páginas, donde, en “resumen, en éste se busca a título de hipótesis un modelo explicativo de la actual crisis sistémica que trascienda el estrecho marco individual del homo economicus. Y para ellos se explicará la contradictoria conducta de éste tanto a partir de las redes sociales (y mediáticas) en que participa como función de las instituciones que lo regulan”. Y “la ocasión de aplicar mi hipótesis mediática a otros nuevos hechos singulares que desde entonces continuarán produciéndose, siendo inmediatamente convertidos en acontecimientos mediáticos por la prensa sensacionalista. Finalmente, la crisis económica de las hipótesis subprime, que fue formándose a lo largo de 2007, hasta que estalló como una tormenta perfecta en el verano de 2008… tiene como resultado este nuevo libro”.

Ficha bibliográfica:

Autor: Enrique Gil Calvo

Título: Crisis crónica: la construcción social de la gran recesión

Editorial: Alianza editorial, 2009

cepedaneri@prodigy.net.mx

CONTRALÍNEA 185 / 06 DE JUNIO DE 2010

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