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La paz estable y duradera es posible para Euskal Herria (País Vasco) con el uso de vías y medios exclusivamente políticos y democráticos; así lo decidió la militancia de la izquierda independentista Abertzale (en euskera, patriota) tras una consulta que duró varios meses. Walter Wendelin, delegado para América Latina de esa organización, emprendió un periplo que lo trajo a México y que concluyó abruptamente en Venezuela cuando fue deportado hacia Europa

En este momento, el sujeto de cambio en Europa no es la clase obrera ni la izquierda –porque está muy maltrecha–. Quienes están cambiando la estructura europea son las naciones y los pueblos sin Estado. Por lo tanto, y contra el rechazo de España y Francia, la Izquierda Abertzale vasca considera real la autodeterminación de Euskal Herria (País Vasco), pues están dadas las condiciones objetivas para avanzar hacia el fin del conflicto y acceder a un futuro de paz, considera el internacionalista Walter Wendelin.

Detrás de esa visión, está el medio siglo de lucha del movimiento nacional independentista vasco, que ha influido en la configuración de la Europa actual. En ese continente surgen o resurgen naciones sin Estado que se autodeterminan, como las islas Aland –un archipiélago de Finlandia cuyos habitantes hablan sueco–, Escocia, Groenlandia o Irlanda.

El pueblo vasco tiene identidad propia y reclama todos los derechos que le corresponden a cualquier nación del mundo. La negación de este hecho generó un conflicto de carácter violento que aún provoca muertes, represión, tortura, cárcel y exilio para miles de personas, manifiesta el nacionalista vasco de origen alemán que visitó México a fines de marzo.

Llegó para comunicar el resultado del debate que por casi un año reunió en asambleas a más de 270 pueblos de Araba, Biskaia, Gipuskoa y Nafarroa. También invitó a la comunidad internacional a acompañar el proceso por la autodeterminación de los 3 millones de habitantes del País Vasco que, afirma, constituyen un pueblo organizado, dinámico, con madurez y suficiente bases políticas, sociales y económicas.

Este hombre corpulento, cuyo rostro enmarcan una larga barba y una melena rubia, precisa: “Para nosotros, y hablo en nombre de la izquierda independentista vasca, la autodeterminación es un derecho y no se puede negociar”. Describe que los militantes de Izquierda Abertzale no están contra la lucha institucional, a pesar de su desacuerdo con las instituciones impuestas por el Estado español.

Señala que, en esta etapa de lucha del pueblo vasco, los frentes político y social de masas son los más importantes y en los que más esfuerzo ha invertido. El participar así en los ayuntamientos, bajo las normativas y legislaciones españolas, les ha ganado hasta 20 por ciento de votos en las comunidades autónomas vasca y navarra de España, para situarse como la segunda fuerza política.

El conflicto vasco en Francia se manifiesta de otra manera. Ahí, el País Vasco se extiende en tres territorios: Lapurdi, Nafarroa Bereha y Zuberoa en Bayona interior y la parte norte de los Pirineos (Biarritz), que para Wendelin es “una zona turística que ni siquiera tiene un ente administrativo”.

El mundo conoce más las acciones españolas para frenar la autodeterminación del pueblo vasco que las francesas. El documento final del debate de Izquierda Abertzale expresa que París “mantiene una agresiva actitud de negación” sobre el norte de Euskal Herria. Afirma que ya sea en la reivindicación institucional, en la defensa de la lengua propia (el euskera) o en las luchas del ámbito socio-económico, las movilizaciones sociales demuestran “las ansias de vivir” y la determinación por el reconocimiento de este país.

Wendelin atribuye al chovinismo y al centralismo jacobino la negativa francesa a la autodeterminación del País Vasco. En cambio, el rechazo español obedece a su resistencia a perder sus colonias, aunque desde el siglo XVI comenzaron a perderlas, una tras otra: Bolivia en 1609, Cuba, Filipinas y el Sahara.

En esa descripción, el militante anticipa que, como seguirá ese proceso, España “perderá Cataluña, perderá el País Vasco y perderá Galicia”. Agrega que, probablemente con lo mal que están haciendo las cosas y con la ayuda de la crisis, “puede que incluso los castellanos se levanten y digan que no quieren ser más españoles”.

España y Francia niegan que rechacen la autodeterminación de los pueblos, incluso, son firmantes de la Carta de Naciones Unidas, que establece que toda nación tiene derecho a esa autodeterminación, detalla Walter. Más adelante, la Carta indica que los pueblos tienen derecho a luchar por la reivindicación por cualquier medio o forma. “Eso quiere decir, y se incluye en el texto, el derecho a la lucha armada por la autodeterminación”.

Para Walter, la “trampa” consiste en que la Carta de Naciones Unidas deja en los gobiernos la competencia de definir quién es pueblo y quién no. Así, el Estado español argumenta que el pueblo y la nación españoles ya ejercen su derecho de autodeterminación; es decir, se niega la existencia del pueblo vasco como nación; “lo mismo hace Francia”, señala.

El embate desde México

Quienes tuvieron que huir de distintos conflictos, entre ellos, los exiliados de la Guerra Civil española, de las distintas dictaduras latinoamericanas así como cientos de personas de origen vasco, han observado cómo México abandonó su larga tradición de asilo desde 1995.

Entonces, España y México acordaron la modificación del Tratado de Extradición vigente desde 1978 “con el fin de respaldar políticamente al Estado español en su lucha contra el independentismo vasco”, afirmaron los diputados del Partido de la Revolución Democrática, Humberto Zazueta y José Jacques Medina, el 24 de febrero de 2009.

En esa ocasión, ambos legisladores presentaron un punto de acuerdo que exhortaba al Ejecutivo Federal a solicitar a España el cumplimiento de las recomendaciones que contiene el informe del relator especial de Naciones Unidas, Martin Scheinin. Ahí se hacía mención a los derechos de los ciudadanos vascos procesados.

Zazueta y Jacques Medina expusieron que, hasta ese momento, el gobierno mexicano había expulsado de su territorio “a, cuando menos, 27 ciudadanos vascos –19 en la gestión de Ernesto Zedillo, siete en la de Vicente Fox y uno en la de Felipe Calderón– y extraditó a siete más (uno con Zedillo y seis con Fox). El 12 de junio de 2007, Andoni Azpiazu Alcelay fue detenido en Morelos y expulsado hacia España; de acuerdo con la agencia informativa EFE, el ministerio español del Interior aseguró que la captura de Azpiazu era consecuencia de “una operación conjunta de la Guardia Civil y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) españoles.

Los diputados aseguraron que las autoridades mexicanas optaron por “detener a estas personas sin mediar petición de extradición por el Estado español” y agregaron que algunos de ellos denunciaron tortura e incomunicación por las autoridades españolas, que corroboraron instituciones internacionales. Por ello, manifestaron que “la Comisión Nacional de Derechos Humanos consideró vulnerados en su momento los derechos humanos de estas personas”.

“Nos caen con su ley”

El entrevistado examina la forma en que los gobiernos del Partido Popular (PP) y del Partido Socialista Obrero Español han combatido al movimiento nacionalista vasco. Asegura que “las condiciones son bastante más duras y bastante más violatorias a los derechos humanos bajo un gobierno supuestamente socialista obrero. Subraya que sus palabras de ninguna manera significan una defensa a la política del PP.

Recuerda los procesos de negociación que sostuvieron en el pasado el gobierno y la organización armada vasca Euskadi Ta Askatasuna (ETA, País Vasco y Libertad, en español) desde 1989 hasta 2000, cuando el Estado español cambió de estrategia. Entonces, apunta Wendelin, se planteó que los vascos no eran verdaderos demócratas porque no participaban al ciento por ciento en todas sus instituciones, “y por lo tanto, nos caen con toda su ley, y cuando no basta, se inventan una ley ad hoc para imposibilitarnos cualquier trabajo político”.

Trae a la memoria la creación de los Grupos Antiterroristas de Liberación, activos entre 1983 y 1987, que actuaron principalmente en el País Vasco, sobre todo en el lado francés. Atentaron contra militantes y simpatizantes de la organización armada ETA en una etapa de la historia española conocida como Guerra Sucia, durante la gestión de Felipe González.

Wendelin advierte que en los últimos dos años regresaron esos “brotes” de guerra sucia; señala, como lo más grave, “la ejecución, un acto vil”, del expreso político John Antza. Un mes después de ocurrida su desaparición, la organización armada ETA la denunció y así evidenció que Antza aún era su militante; 11 meses y 11 días después de su desaparición, el pasado 11 de marzo, su cuerpo se encontró en una morgue francesa, en medio de argumentaciones y versiones oficiales “muy contradictorias y sospechosas”.

Lo que oculta el conflicto

Wendelin encuentra varias causas reales detrás del rechazo a la autodeterminación del País Vasco. Asegura que España está en “muy mala situación económica” porque hace lo mismo desde hace 500 años, cuando “cogieron todo el oro, toda la plata y todas las riquezas” de América y las despilfarraron en lugar de desarrollar un sistema económico productivo. En 1986, al ingresar a la Unión Europea, el país recibió “un montón” de fondos y subvenciones que despilfarró al crear una “economía de burbuja, pelotazos financieros y especulación”. En consecuencia, España tiene un promedio de desempleo del 20 por ciento contra el 11 por ciento de Europa.

Opina que España tiene dos fuentes para solucionar su crisis: una es “apretarle más a la explotación” de Cataluña y al País Vasco, pues tienen el mayor entramado productivo y desarrollado que el resto del Estado. Refiere que, en los países catalanes, el desempleo es de 14 por ciento y en Euskal Herria es de 13 por ciento –encima del promedio de la Unión Europea, pero debajo del Estado español.

“Y la otra fuente son ustedes. Nosotros avisamos y quien avisa no es traidor”. Las trasnacionales Repsol, Telefónica, Unión Fenosa, Iberdrola y otras más situadas en México y los países en desarrollo “van a exprimir al máximo” sus ganancias y lograr salvar a España de una situación como la de Grecia, a la que dos diputados alemanes propusieron vender sus islas, comenta.

Por ello, considera que en México hay conciencia y voluntad alrededor de la causa vasca, aunque admite: “Necesitaríamos mucho más”. Por ello aprecia que los mexicanos deben ser más conscientes de esa situación, porque básicamente “nos enfrentamos al mismo imperio”.

A la debilidad económica de España se suma su política antiterrorista que se centra en el nacionalismo vasco. Wendelin aclara que su organización, Izquierda Abertzale, es parte del movimiento de la izquierda independentista vasca, en la cual también se encuentra la ETA, pero con quienes coinciden en los objetivos, no en la forma de hacer, en los métodos.

Admite que en el pasado sí hubo una estructuración con esa organización, aunque tras la política de ilegalización que emprendió el gobierno español, Izquierda Abertzale tomó su camino. Esta decisión respondió a las medidas del juez Baltasar Garzón, “que es parte de un instrumento –la Audiencia Nacional, el viejo tribunal franquista– por el que el Ejecutivo español dirige o utiliza una labor de derecho, una labor judicial para intereses políticos y, a veces, partidarios”.

Afirma que “la estrategia española no va en contra de esa organización armada”, a pesar de que, para cualquier Estado o ente policial, lo necesario es ir en contra de quien lleve armas. En cambio, asegura, toda la policía, todo el aparato judicial y todo aparato mediático se instrumentan por el Ejecutivo para ir contra la parte política e ideológica del movimiento nacionalista.

Walter Wendelin refiere que se da la “curiosa situación” de que, al capturar a algún miembro de la organización armada, la propaganda hace aparecer que la ETA consta única y exclusivamente de dirigentes, sin militantes, porque siempre se anuncia la detención de un “máximo dirigente”. Eso es poco sincero. Para resolver el conflicto, “necesitamos un paso hacia la sinceridad”. Por esa falta de honestidad del gobierno español, fracasó la negociación para resolver este problema.

A ello atribuye que el gobierno español hoy se sienta “mucho más cómodo y mucho más seguro en un marco con lucha armada, que enfrentándose política y democráticamente al conflicto”. Y en el balance de esa confrontación, Wendelin refiere que prácticamente la mitad de los presos políticos vascos, que en su vida no han tenido un fierro en la mano, cumplen penas muy largas: hay quien ya lleva 30 años en prisión.

Llegan cada día a detenerlos a cualquier sitio, a sus trabajos y a sus casas, normalmente de madrugada; hacen gran barullo y entra la policía, “una de las muchas que tienen”: la llamada Autónoma Vasca, la Foral de Navarra, la Nacional de España o la Guardia Civil, llamada Benemérita, famosa en todo el mundo.

En este momento están en prisión 800 presos políticos vascos que pertenecen al Colectivo de Presos Políticos Vascos; hay otros fuera de esa organización. Hombres y mujeres están dispersos en cárceles de toda España conforme a una política “ilegal e inconstitucional” en España y Francia de dispersión total, incluso en las mismas prisiones.

A los presos y presas vascos se les detiene por el delito de colaboración o participación en banda armada, terrorismo, bajo una ley especial terrorista con un tribunal especial. Así lo confirmó el 6 de octubre de 2009 el informe del relator especial de Naciones Unidas de Derechos Humanos, el finlandés Martin Scheinin, cuando alertó que “cerrar las vías políticas es extremadamente peligroso”.

La mentira mediática

El complejo y añejo conflicto por la autodeterminación del pueblo vasco es lejano para la cultura política de los mexicanos. Sus principales referencias acerca de esa problemática las obtienen de los medios nacionales y extranjeros que centran la cuestión en tres palabras: “ETA” y “terrorismo vasco”. Walter considera que el problema no radica en el desconocimiento de esa causa, sino en “la manipulación que básicamente proviene de los grandes medios de comunicación, como El País –el diario madrileño que pertenece a Promotora de Informaciones, SA (Grupo PRISA), el principal grupo de comunicación de España– o CNN”.

Reitera que la lucha de su organización es social, institucional, de masas, política, pacífica, “y sólo se nos quiere conocer a través de lo que son las bombas y las balas”. Comenta que leyó la edición de El País (del 22 de marzo) donde se publica un artículo largo con una fotografía suya y de alguien a quien se identifica como Raúl Reyes, el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Con tono mesurado, explica: “A pesar de que está definido y demostrado claramente que lo que muestran en esa foto es mentira”, siguen insistiendo en que se trata de ese personaje. Ellos saben que el hombre que ahí aparece es otra persona, que ni siquiera es colombiano, sino de otro país. Explica que esa fotografía se tomó en la alcaldía de Quito, Ecuador, durante un encuentro público hace dos años, antes de que ocurriera el ataque del ejército colombiano en Sucumbíos. Y aunque para él, la versión sobre la fotografía “es una anécdota”, ejemplifica lo que sucede continuamente.

Nueve días antes, el 22 de marzo, José María Irujo, uno de los periodistas de investigación más premiados en España y enviado especial a Caracas por El País, publicó el artículo “Los amigos ‘abertzales’ de Hugo Chávez”. Refería las visitas a Venezuela de brigadistas vascos “desde que Hugo Chávez llegó al poder”, uno de ellos Iñaki Gil de San Vicente, y afirmaba que los “servicios de inteligencia españoles investigan desde hace años los viajes y relaciones de esta organización no gubernamental”.

Citaba que Iñaki Gil encabezó, en el verano de 2008, la delegación vasca que acudió al homenaje a Manuel Marulanda Vélez, dirigente de las FARC, y que no respondió a las preguntas de El País “para explicar por qué aparecieron fotografías suyas en el ordenador de Raúl Reyes”, el jefe de las FARC muerto en Ecuador, en un ataque del ejército colombiano. El periodista indica que, en la imagen, se observa a San Vicente y a Walter Wendelin sentados junto a Reyes. A esa fotografía se refiere el entrevistado cuando habla de la instrumentalización de la mentira sobre el movimiento nacionalista vasco.

Otro caso de manipulación mediática ocurrió el 21 de marzo cuando se transmitió la grabación de la cámara de un supermercado que enfoca a cinco hombres jóvenes, a los que se identificó por todo el mundo con nombre y apellidos y como miembros de un comando del ETA. En la transmisión se afirma que se preparaban para robar unos coches y se les identifica como “terroristas vascos”, ni siquiera como “presuntos terroristas”.

Esa filmación, asegura Walter, fue “filtrada por España, pero evidentemente proviene de Francia, cerca de París”. Más tarde se supo que se trataba de un grupo de bomberos catalanes que estuvieron ahí como turistas. La cuestión, reitera, es la instrumentalización, la manipulación de toda la información que trata del movimiento nacionalista vasco.

[RECUADRO 1]

La presión española

Walter Wendelin no se imaginó que nueve días después de esta charla sería deportado desde el aeropuerto Simón Bolívar de Caracas, Venezuela, hacia París.

“Alguna institución venezolana cedió a las presiones españolas y aceptó como buena su exigencia de “colaboración en la lucha antiterrorista”, dice Wendelin. El problema surge porque la lucha antiterrorista española es, precisamente, algo poco serio, muy interesado, que no tiene que ver con el combate al terrorismo, sino con intereses políticos.

“Éste no es el primer incidente ni el más grave, desgraciadamente ha habido otros. La lucha será larga y probablemente habrá otros incidentes. Sin embargo, esto no nos confunde y, por lo tanto, seguimos con todo nuestro apoyo y relaciones solidarias e internacionalistas al proceso bolivariano liderado por el presidente Hugo Chávez.”

[RECUADRO 2]

Negociación fallida

En 1989 tuvo lugar la negociación de Argel. Fue el diálogo clásico: organización armada-Estado. Para Izquierda Abertzale, el fracaso obedeció a la falta de voluntad política del gobierno de Felipe González. Entonces, caían todo el bloque socialista y los procesos americanos de Guatemala, El Salvador, Nicaragua; por eso, la sociedad vasca de nueva generación luchaba en las calles para pedir por una negociación que llevara a la autodeterminación.

Ese análisis condujo a un cambio en 1994 cuando se planteó abandonar el concepto de negociación clásico por el de la construcción nacional y social desde la autodeterminación. Esto condujo al acuerdo de Lizarra Garazi en 1998, que propuso los puntos mínimos del bloque nacionalista vasco. Entonces, la sociedad vasca propuso que el agente con el cual debía negociar el Estado español y su gobierno no era ya la organización armada, sino con el agente político y sindical de todo el país hegemónico.

Ese proceso fracasó porque fue boicoteado por el ala derecha del nacionalismo vasco, por el Partido Nacionalista Vasco, señala Wendelin. En 2000, el Estado cambió su estrategia porque el gobierno de Aznar quería recuperar competencias de gestión. (NE)