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El 23 de marzo, día que llegó a México el “gabinete de guerra” de Estados Unidos –como lo calificó Carlos Fazio–, durante la inauguración de la Mina Peñasquito del Grupo Canadiense Gold Corporation en Zacatecas, Felipe Calderón declaró que “sólo con colaboración prospera… la familia…”, y señaló la existencia de un “vínculo complementario” entre México y Estados Unidos.

Pablo Moctezuma Barragán* / Tercera parte

En 2005, Vicente Fox firmó la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, comprometiendo la “integración energética y de seguridad” con Estados Unidos y Canadá. En 2007, Calderón acordó la Iniciativa Mérida. Ambos han actuado por “acuerdo ejecutivo” sin sujetarse al Congreso ni ajustarse al marco constitucional. En el plan México 2030, Proyecto Gran Visión, dado a conocer por Nancy Flores, queda claro el proyecto de integrar militarmente a México con los vecinos del norte. Lo que implica el desarrollo en México de bases militares –tal como sucede en Colombia–, integración de nuestro Ejército y fuerzas armadas al Comando Norte y a los ejércitos internacionales que comanda Estados Unidos, para usar soldados mexicanos en sus guerras, como sucede actualmente con los canadienses que colaboran en la ocupación de Afganistán y los ataques de aviones (drones) no tripulados sobre objetivos en nuestro territorio, con los consabidos “daños colaterales” que masacran a la población civil, como sucede hoy en Pakistán.

Lo que acordaron las cúpulas permanece en secreto, pero lo trascendido es alarmante. Hillary declaró en la ciudad de México: “La relación entre nuestras dos naciones es tan compleja, tan completa, tan amplia, tan expansiva (sic), es algo que no se limita por fronteras o divisiones burocráticas (sic)”. En su primera visita, el 25 y 26 de marzo de 2009, Hillary logró que la Armada de México participara en las maniobras militares Unitas 50-09, en Mayport, Florida, por primera vez en la historia. Este año vinieron por más.

Ni nuestro territorio ni nuestra Constitución son producto de fronteras o divisiones burocráticas, son la salvaguarda de nuestra soberanía; somos dueños de nuestra tierra. La Constitución defiende la autodeterminación y prohíbe la acción de fuerzas armadas extranjeras en nuestro territorio y la dependencia del Ejército de un mando extranjero. Los artículos 16, 32, 33, 34, 89, 118, 129, 133 consagran la soberanía militar de México. Esto choca frontalmente con el proyecto de Washington y sus cómplices locales, a quienes les estorba la Constitución.

Para Washington, México está ubicado “dentro del perímetro de seguridad de Estados Unidos”, su territorio, riquezas, recursos naturales y humanos, pero nos quieren como nación dominada, sin derechos soberanos y como un pueblo sujeto a la esclavitud moderna, trabajadores sin derechos y de carne de cañón para sus guerras. Desde hace décadas nos bombardean con programas televisivos y películas de Estados Unidos en donde se glorifica al ejército y la policía de ese país, para culturizarnos e imponernos sus intereses y visión del mundo.

Pero no va en nuestro interés. Eso hoy está claro luego de 16 años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de “integración”, “amistad”, “sociedad”, libre tránsito de mercancías y capitales (mas no de libre tránsito para los mexicanos, ya que 12 millones siguen siendo ilegales y son criminalizados). Con cinismo habló Clinton en su conferencia de prensa del 23 de marzo en la Secretaría de Relaciones Exteriores: “Orgullo que le motiva la frontera y los lazos que genera”, sin mencionar los cientos de mexicanos que mueren cada año cruzando esa frontera, y del dolor que generan sus políticas migratorias excluyentes a millones de familias mexicanas, ni las redadas y deportaciones contra los “ilegales”. La integración de México es una anexión subordinada, por esa razón construyeron el muro de la muerte en la frontera, con el aval del entonces senador Barack Obama.

Los lazos entre Estados Unidos y México fueron calificados por Hillary como “alianza singular” (sic), pero el término preciso para calificar estos lazos de dominación es “neocolonialismo”. El pretexto para la injerencia directa es la guerra contra el narcotráfico. Según Hillary, “estamos trabajando en nuestros dos gobiernos, juntos, para resolver los problemas que representan los cárteles delictivos que están al acecho en sus calles y las nuestras, que matan e hieren a gente inocente y que propagan un reino de terror, de intimidación y que utilizan el tráfico de la droga para generar la adicción en la gente”.

¡¿Pero en Estados Unidos cuál cártel estadunidense han ubicado y perseguido?! ¡¿Si persiguen a los cárteles mexicanos, por qué no a quienes son sus amos en Estados Unidos?! Allá lavan el dinero, venden armas, compran drogas. El negocio y las fabulosas ganancias se generan en Estados Unidos ¿Quiénes son los capos allá? ¿Son exclusivamente mexicanos? ¿Quién puede siquiera imaginar que el Estado policiaco militar más poderoso del mundo no tenga el control de su propio territorio? Estados Unidos habla de “responsabilidad compartida”, pero los vecinos del norte tienen la responsabilidad de desmantelar la red criminal que opera en Estados Unidos, que obviamente no es dirigida por mexicanos.

Por supuesto que ése no es su objetivo, sino el de contar con el pretexto para intervenir militarmente en México. Ya lo dijo Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto –uno de los miembros del gabinete de guerra que visitó México–, cuando habló el 5 de febrero en la Universidad de Princeton: “El Plan Colombia es un buen ejemplo de colaboración militar de Estados Unidos con un aliado en la región” (…). “Una colaboración militar entre Estados Unidos y México, en territorio de este último (sic), sería una novedad histórica entre dos países que mantuvieron guerras en el pasado” (sic).

Dieron ya los primeros pasos para “elevar el nivel de cooperación” y el trabajo en “equipo”; van a abrir la Oficina Bilateral de Implementación de la Iniciativa Mérida, en la que fuerzas armadas y de inteligencia de Estados Unidos y México trabajarán en coordinación en territorio mexicano. Además, en la conferencia de prensa se habló abiertamente del Programa Piloto Conjunto para revertir el crimen en Ciudad Juárez y de la acción de supervisores y capacitadores de Estados Unidos en México. La acción abierta y directa de fuerzas armadas de Estados Unidos en nuestro territorio ya comenzó; es ilegal y viola nuestra soberanía.

Pero es apenas el comienzo. El 18 de marzo, el general Víctor Renuart, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, declaró que la guerra contra el narcotráfico en México durará de ocho a 10 años más. Habló de la existencia de planes de contingencia en el caso del desbordamiento de la violencia hacia este lado de la frontera e informó que Washington otorga capacitación a México con base en el modelo empleado en Irak y Afganistán. El Washington Post opinó el 20 de marzo que “la batalla desesperada de México” (…) es “tan sangrienta y tan importante como las que se luchan en Irak, Afganistán o Pakistán”, donde está interviniendo directamente Estados Unidos. El Washington Post dice tajante: “Es difícil pensar en una prioridad más alta que la de estabilizar un vecino y socio comercial mayor.” De esta forma, van preparando a la opinión pública para que acepte que las fuerzas armadas de Estados Unidos intervengan en México para… “ayudar”.

La secretaria de seguridad interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, declaró en una entrevista para National Public Radio, con el reportero Robert Siegel, que Felipe Calderón está abierto a una intervención militar de Estados Unidos en México, en la forma de presencia de soldados estadunidenses en territorio mexicano. También descalificó la acción del Ejército Mexicano en Ciudad Juárez, dejando implícita la necesidad de intervención de fuerzas armadas extranjeras.

El mismo día de la visita, el embajador de Estados Unidos, Carlos Pascual, declaró a Joaquín López Dóriga, respecto de la estrategia de guerra de Calderón: “Tenemos una estrategia que hemos diseñado juntos (…) estamos trabajando en nuestros gobiernos juntos para resolver los problemas que representan los cárteles delictivos (…)”. Alardeó que, en México, el mando supremo de las fuerzas armadas lo tienen en “conjunto” los gobiernos de Estados Unidos y México.

Pero en Washington están jugando con fuego. Creen que teniendo al gobierno del PRIAN (Partido Acción Nacional-Partido Revolucionario Institucional) a su servicio, el pueblo mexicano va a permanecer pasivo. Hacen sus planes alegremente, sin tomar en cuenta al dueño de la casa. El pueblo de México no va a aceptar ser esclavo del imperio yanqui. Estamos en el siglo XXI y aspiramos a vivir en paz, con democracia, desarrollo y bienestar. El modelo que desde hace décadas nos ha impuesto Washington sólo ha traído guerra, miseria, dependencia y autoritarismo. Ha llegado el nuevo siglo y el tiempo luchar por la plena soberanía. Desde América del Sur soplan vientos de cambio y en México cobran fuerza. Aquí la lucha será más difícil y compleja, pero alcanzando México su soberanía, haremos una gran contribución a las futuras generaciones y también a los pueblos de todo el mundo, que ya contemplan el declive del imperio estadunidense, débil económica y políticamente, por lo que ahora quiere imponerse con la fuerza de las armas. La humanidad ya ha cambiado y aspira a un mundo en el que los pueblos se autodeterminen y se unan con lazos de auténtica amistad. Ese otro mundo que vamos a construir también lo quieren los pueblos de Estados Unidos y Canadá que, cansados del belicismo de sus gobiernos, quieren otro futuro para sus hijos. Por eso en todos lados resuena la exigencia popular: ¡Anexión no! ¡Soberanía sí!

*Analista político e historiador

CONTRALÍNEA 178 / 18 DE ABRIL DE 2010

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