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La catástrofe humanitaria en Haití permitió la instalación en ese país de, al menos, 11 trasnacionales especializadas en los “servicios de protección”. Los paupérrimos siniestrados siguen siendo materia de expoliación de las compañías que fabrican armas, crean guerras y luego “venden” las soluciones


Silvio González / Prensa Latina

Empresas mercenarias se aprestan ahora a repetir en Haití lo ya experimentado en Irak, donde se alzaron con suculentos contratos millonarios por ofrecer servicios de seguridad, destaca la organización legal estadunidense Centro por los Derechos Constitucionales.

La Asociación Internacional de Operaciones de Paz (IPOA, por sus siglas en inglés) ha revelado que 11 compañías especializadas en servicios de protección en el exterior tienen interés en radicarse en Haití.

La IPOA engloba a unas 60 compañías privadas especializadas en el negocio de las llamadas “operaciones humanitarias en países peligrosos”.

Estas compañías, entre las que llegó a figurar la siniestra Blackwater, no son organizaciones no gubernamentales sin ánimo de lucro, sino que se proponen saquear los fondos aportados por países solidarios para la reconstrucción y la creación de empleos para los empobrecidos haitianos.

La IPOA ofrece los contactos de las distintas empresas que están listas para actuar en Haití, desde aquellas especializadas en temas de seguridad que venden sus servicios contra los saqueos de establecimientos privados como puede ser la llamada Triple Canopy, hasta otras especializadas en proporcionar transporte aéreo o guardaespaldas.

La privatización no sólo afecta a las guerras, sino sobre todo a la llamada “ayuda humanitaria” estadunidense.

Y este tipo de tercerización deja mucho más dividendos que la propia contienda bélica.

La paradoja es que las grandes empresas que operan en el sector de la guerra contra el terrorismo son las mismas que se ofrecen ahora en el sector de la ayuda civil, dice Marcus Luttrell, autor de la novela Único sobreviviente.

La Red de Noticias Independientes Americana asegura que estas empresas pueden llegar a obtener diversos contratos con el Departamento de Defensa por más de 200 millones de dólares.

Los medios de prensa estadunidenses jamás abordan la falta de ética de estas empresas oportunistas que aparecen en lugares cuando la población está traumatizada y necesitada de ayuda desinteresada, destaca el blog “The Michigan Messenger”.

Por ejemplo, la Triple Canopy es una compañía privada con amplia experiencia en asuntos paramilitares que tiene importantes operaciones en Irak e Israel y que ahora se quiere desplazar también hacia Haití.

Cuenta prácticamente con un ejército privado propio y su dueño ha sido acusado por tráfico de armas y extorsión en Australia.

El periodista investigador Jeremy Scahill manifestó que esa empresa se alzó con las operaciones de su homóloga Xe/Blackwater en Irak cuando la misma cayó en desgracia por atentar contra cientos de civiles indefensos.

El propio periodista menciona varios incidentes sangrientos donde jefes de los destacamentos armados de Triple Canopy gritaban con toda seriedad que hoy tenían deseos de asesinar a alguien, porque salían de vacaciones al día siguiente.

La canadiense Naomi Klein, en su libro La doctrina del shock, repasa la historia mundial para dar la palabra a las diezmadas poblaciones civiles sometidas a la voracidad del conglomerado industrial, comercial y gubernamental para quien los desastres y las guerras son el siniestro combustible de la economía salvaje de aquel sistema.

La conmoción que generan los desastres naturales o las zonas arrasadas por las guerras es aprovechada con desparpajo por estos mercenarios para hacer negocios.

Jeffrey D Sachs, director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia, en New York, estima en un artículo en The Washington Post que Haití necesitará más de 14 mil millones de dólares para hacer frente a esta catástrofe.

El ambiente es tan propicio para el negocio que existen empresas privadas especializadas en rescates de víctimas en zonas de desastres y éstas envían equipos no a rescatar a cualquier persona, sino solamente a aquellas que tienen el dinero para pagarles.

Por ejemplo, había un grupo de estudiantes de la Universidad de Lynn de la Florida que se encontraban en Haití cuando sucedió el terremoto, por lo que ese centro decidió contratar a una empresa privada nombrada Red24, especializada en rescates, para que los trajera de regreso a Estados Unidos.

Otra empresa nombrada EODT Technology, que ahora también opta por abrir oficinas en Haití, ha trabajado en Afganistán desde 2004, apoyando las caravanas que abastecen a las tropas estadunidenses.

Ellos además ofrecen servicios de protección portuaria, chequeo visual de sujetos sospechosos y de seguridad personal para personas “importantes”.

La empresa Overseas Security & Strategic Information fue fundada por oficiales retirados de la Agencia Central de Inteligencia y también pretende establecerse en Haití.

Sus destacamentos armados tienen entrenamiento, provienen de las Fuerzas Especiales y algunos de sus miembros fueron militares surafricanos defensores del depuesto régimen del apartheid.

Patrick Elie, un exministro de Defensa en Haití, dijo que estos contratistas, que siempre llegan después de las tropas invasoras, son como buitres que vienen a comer la carroña dejada por un desastre y su único interés es ganar bastante dinero.

Newsweek publicó que se debía priorizar el tema de la ayuda humanitaria antes que el de la seguridad, ya que cualquier agencia extranjera temerosa de los propios haitianos debe retirarse de ese país.

La idea de que empresas no gubernamentales se ocupen de los asuntos de seguridad nunca ha beneficiado ni a Estados Unidos ni a ningún otro país en el mundo.

Los contratistas militares se han caracterizado por despilfarrar el dinero de los contribuyentes con gastos excesivos, por cometer fraudes y violar sistemáticamente los derechos humanos, dijo el congresista estadunidense Jan Schakowsky.

El senador Bernie Sanders, por su parte, introdujo un proyecto de ley para que los contratistas militares no pudieran hacerse cargo de cuestiones de seguridad en el extranjero, dado que el gobierno no toma medidas para supervisarlos ni controlarlos.

El corresponsal de guerra estadunidense Christopher Hedges, autor del guión de la premiada película The hurt locker escribió: “Lo trivial domina nuestras conversaciones e incluso cada vez más hasta las noticias. Por eso el tema de los desastres y las guerras es como una adición letal, ya que es como una droga que uno consume durante muchos años.

“La misma es traficada por mercenarios, creadores de mitos, historiadores, directores de cine, corresponsales, novelistas y por el propio Estado, todos los cuales la adornan con cualidades como por ejemplo el espíritu de aventura, de poder, y la oportunidad de remontarnos por encima de nuestras pequeñas existencias personales y de un universo que tiene una belleza grotesca y oscura.”

FUENTE: CONTRALÍNEA 177 / 11 DE ABRIL DE 2010

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