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La gran tragedia del “México neoliberal” radica en que en el mismo año del doble festejo del bicentenario y el centenario haya probablemente pasado a ser controlado voluntariamente y en secreto por el Comando Norte de Estados Unidos: el sucesor de la Defensa Aeroespacial de Norteamérica.


México vive una permanente tragedia geopolítica desde el siglo XIX, cuando perdió la mitad de su territorio en beneficio del ascenso neoimperial de su vecino del norte.

El cataclismo geopolítico decimonónico de México ha sido prácticamente olvidado por los jóvenes de inicios del siglo XXI, gracias a la exitosa labor intensa de socavamiento histórico, desmemorización y descerebración fomentados por Televisa (un canal sionista hasta la médula), cuya principal tarea ha sido embrutecer masivamente a la población mediante un holocausto mental que ha provocado su castración generalizada.

Es curioso que, pese a su balcanización decimonónica, México haya podido superar relativamente su cataclismo geopolítico durante el periodo dictatorial de Porfirio Díaz, vinculado a los intereses europeos (en ese entonces anti-estadunidenses), que, independientemente del régimen político, guste o disguste, difundió la prosperidad (concentrada y asimétrica, desde luego) impulsada por un vigoroso crecimiento que pudo detener su entropía acelerada.

En forma espectacular, pese a la Revolución Mexicana que geopolíticamente benefició a Estados Unidos en detrimento de las potencias coloniales europeas, la brutal degradación sufrida en el siglo XIX fue revertida relativamente en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial hasta la duración de la Guerra Fría de la bipolaridad estadunidense-soviética, cuando el país creció, se desarrolló y se industrializó hasta alcanzar el séptimo lugar de las potencias industriales del mundo.

El mismo iniciador del proyecto neoliberal en México, Miguel de la Madrid Hurtado –de quien su anterior secretario particular, Emilio Gamboa Patrón, sigue gozando imperturbablemente del maná del decadente sistema político en medio del desastre nacional–, ha reconocido públicamente en varias ocasiones (pese a haber sido fustigado de enfermo mental por su sucesor presidencial inmediato, con la poco gloriosa anuencia de sus hijos Federico y Enrique) la parálisis del vigente modelo económico librecambista en los pasados 28 años, lapso durante el cual México ha ostentado las peores cifras de Latinoamérica.

El desdibujamiento del “México neoliberal” ha sido gradual y en paralelo a su paulatina absorción a los esquemas propuestos y/o impuestos por Estados Unidos, que inician formalmente con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1988 bajo los auspicios del espíritu de Houston por Carlos Salinas de Gortari, sucesor de Miguel de la Madrid Hurtado.

Se pudiera aducir que los recientes cinco presidentes neoliberales bajo la égida del decálogo neoliberal del anacrónico “Consenso de Washington” –tres de ellos impuestos: dos por la vía del fraude electoral (Salinas y Calderón) y otro (Zedillo) colocado gracias al asesinato del candidato Luis Donaldo Colosio– han cumplido estupendamente la parte del guión geoestratégico estadunidense que les fue asignado de acuerdo con las circunstancias, y que ha desembocado en el pacto secreto que incorpora a México, después del TLCAN, al Comando Norte de Estados Unidos, que ha llevado a su culminación el panista michoacano Calderón: la antimateria de otro michoacano ilustre, Lázaro Cárdenas del Río.

Más allá de la perniciosa propaganda local, nada menos que el muy influyente National Bureau of Economic Research (NBER) –un conglomerado de los mejores economistas estadunidenses y que es quien dictamina oficialmente la existencia de las recesiones en Estados Unidos–, desde febrero de 2004, demostró que “el desempeño de México en el TLCAN” había sido “menos que estelar”.

Hoy, seis años más tarde a la publicación del NBER, se puede afirmar sin tapujos que el TCLAN no solamente fue perjudicial desde el punto de vista mercantilista (el único sector que funcionaba era el automotriz, hasta que alcanzó al “México neoliberal” la quiebra de las grandes marcas de Estados Unidos: GM, Chrysler y Ford, rescatadas por el gobierno estadunidense), sino que, peor aún, inició el desmantelamiento del Estado mexicano.

Dejaremos atrás el tsunami agrícola del “México neoliberal”, su desindustrialización deliberada y el exterminio de la banca nacional, sin contar la expulsión soterrada de la cuarta parte de la población allende la frontera –que no son migrantes ni “terroristas”, sino genuinos “refugiados económicos” que buscan la “libertad económica” inexistente en México, debido al imperante modelo neoliberal que beneficia exclusivamente a la plutocracia oligárquica y oligopólica–, para enfocarnos en dos datos puntuales que, a nuestro juicio, desembocan ineluctablemente en la fagocitosis del “México neoliberal” por el Comando Norte estadunidense: 1. El libre tránsito de mercancías, que no de personas como lo grita a los cielos el muro transfronterizo de la ignominia, que hizo explotar el libre flujo de cocaína, por lo que en su momento nos atrevimos a catalogar al TLC como un “TLC bis”: un tratado de libre cocaína; y 2. La venta masiva de armas por los mercaderes texanos y los cárteles de la droga en México (varios de ellos entrenados por Estados Unidos), que adquieren con asombrosa facilidad.

Aquí queda sellado el desmantelamiento del Estado mexicano visto en forma integral y no parcelar.

Para cerrar el negocio neoliberal redondamente perfecto del binomio drogas-armas, faltaba el tercer eslabón: la privatización extranjera (primordialmente anglosajona y española), que no mexicana, de la banca, que realizaron impecablemente Zedillo y Fox. Aquí podemos aducir que se escribió la irreversibilidad del inicio del fin de la Independencia de México sin posibilidad aparente de arrepentimiento en la coyuntura presente.

A partir del derrumbe de la transfrontera –permeable a todo tipo de mercancías lícitas y, sobre todo, ilícitas– se acelera la entrega sumisa del país por sus dos presidentes panistas: Fox y Calderón.

Fox y su canciller Castañeda Gutman (un saltimbanqui ideológico que sin rubor pasa del comunismo a la extrema derecha panista, pero más que nada, un instrumento del sionismo financiero que opera en Latinoamérica, el megaespeculador George Soros, al unísono de Joseph-Marie Córdoba, el verdadero exterminador de la banca mexicana) celebraron en marzo de 2005 el ASPAN, que suena a una broma semántica: “Alianza para la Seguridad (sic) y la Prosperidad (sic) de América del Norte”, que adelanta de facto la entrega de los pletóricos hidrocarburos del Golfo de México y la integración energética de toda Norteamérica según los esquemas estratégicos de Estados Unidos.

Cabe señalar que los contenidos del ASPAN se mantienen en “secreto” y fueron firmados por Fox a espaldas de la nación y sin su consentimiento. ¿Por qué guardar en secreto lo que los progenitores del ASPAN consideran benéfico para México?

Más que la estadunización de México, asistimos a su texanización: si el TLCAN fue firmado bajo el espíritu de Houston, el ASPAN fue rubricado en Waco, Texas. El TLCAN fue impuesto por Daddy Bush, mientras el ASPAN lo fue por Baby Bush. Quizá fuera más correcto aseverar que, más que una texanización gradual y transgeneracional de México, se trata de su siniestra bushización: el peor de todos los cataclismos globales.

Judicial Watch ha divulgado algunos de los documentos confidenciales en torno al ASPAN, avalado posteriormente por Calderón (como era de esperase), donde se plasma la privatización total de México, primordialmente de los hidrocarburos, mediante el “Consejo de la Competitividad de América del Norte”: un conglomerado de empresarios parásitos beneficiados tanto por el TLCAN como del “TLC bis”. Esta situación la hemos expuesto in extenso en nuestro reciente libro La desnacionalización de Pemex (Editores ORFILA, 2007).

Curiosamente, la tragedia geopolítica que hoy vive la transfrontera fue prevista en forma omnisciente desde 1996 por Caspar Weinberger, anterior secretario del Pentágono (con prólogo de la británica Maggie Thatcher), en su libro La próxima guerra.

Justamente en nuestro libro La desnacionalización de Pemex explayamos la “ruta trágica de los hombres perversos”, parodiando al filósofo galo René Girard, que inicia con el TLCAN, el “TLC bis” y el desmantelamiento de la otrora banca mexicana para facilitar y concentrar el lavado de dinero.

Todo se encontraba escrito en el muro. Siete días después al 11 de septiembre de 2001, el muy influyente Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Estados Unidos –donde fulguran pomposamente los exasesores de seguridad nacional Kissinger y Brzezinski, para percatarse de la dimensión geoestratégica en juego– lanza el ultrajante cuan infame documento Los nuevos horizontes en las relaciones EU-México, avalado por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y cuya lista del lado “mexicano” encabezan, para citar a los más ignominiosa e hiperquinéticamente conspicuos: Jesús Federico Reyes Heroles González Garza (anterior secretario de Energía con Zedillo, exembajador de México en Estados Unidos, dueño de GEA, la empresa fraudulenta de encuestas; luego exdirector de Petróleos Mexicanos y, sobre todo, cabildero de las trasnacionales petroleras texanas), Jaijo Jaime Serra Puche, el facilitador zedillista-cordobista del “efecto tequila” que puso en bandeja de plata la extranjerización de la banca mexicana, y el venezolano-israelí Andrés Rozental Gutman (medio hermano de Jorge Castañeda Gutman), cuyo cuñado el argentino-israelí Andrés Holzer Newman fue implicado en el escándalo “Irán-Contras”: la triangulación de armas-cocaína-lavado de dinero entre el Pentágono, Israel e Irán, cuyo engendro es nada menos que el Edificio Omega de Paseo de Reforma (frente al Campo Marte). Figuran también otras beldades empresariales y académicas “mexicanas” que preferimos obviar y que han sido extensamente expuestos ante la opinión pública.

Luego de Los nuevos horizontes, vino la firma del ASPAN que delinea el “perímetro de seguridad” de Estados Unidos con Canadá y México, programado para 2010 y que en su momento expusimos que sería la fecha para la incorporación forzada del “México neoliberal” al Comando Norte de Estados Unidos, y cuyo propósito primordial se centra en el control de los pletóricos hidrocarburos del Golfo de México.

A cada presidente “mexicano” le ha correspondido jugar su papel, asignado en la nueva tragedia geopolítica de México. Después de la entrega teórica de México a Estados Unidos por Fox –a quien se le escapó en una entrevista a CNN el proyecto de la creación de una divisa común norteamericana (que no pocos creen sería el “amero”)–, viene el desarrollo de los acuerdos secretos del ASPAN, que han aflorado obscenamente debido a sus nuevas enmiendas e iniciativas con el panista Calderón, quien avanza la integración en materia de seguridad –mediante la Iniciativa Mérida/Plan México, similar al Plan Colombia, donde Estados Unidos ha instalado siete bases militares en fechas recientes– y la fusión energética mediante la “reforma energética” de privatización de los hidrocarburos en las aguas profundas del Golfo de México, en connivencia con la tríada “priista” Beltrones-Labastida-Gamboa.

La espada de Damocles que pende sobre la cabeza de México, en caso de desviarse del mapa de ruta de su programada fagocitosis por el Comando Norte, es su balcanización como ha amenazado Stratfor, un centro de pensamiento texano-israelí, lo cual abordamos recientemente en Contralínea del 17 de enero de 2010.

En el lapso de la segunda mitad de marzo y en el lapso de 15 días sucedieron micro-eventos concatenados al esquema general programado (Bajo la Lupa, La Jornada, 24 de marzo de 2010) que a nuestro juicio, aceleraron la fagocitosis del “México neoliberal calderonista” al Comando Norte.

No es gratuito que, en fechas recientes, dos de los propagandistas turiferarios a la incorporación de México al Comando Norte, el sionista Jorge Castañeda Gutman y el chetumaleño-cordobista-filosionista Aguilar Camín, hayan intensificado en conjunto su exigencia de evisceración de la nación mexicana y hayan llegado hasta pretender en forma sicótica que “México no es Latinoamérica” (siendo México el más “latinoamericano” de toda Latinoamérica, debido a sus profundas raíces milenarias civilizatorias y culturales, cuando Estados Unidos es apenas un país de creación reciente y carente prácticamente de historia).

Detrás de la propaganda de la dupla Castañeda Gutman/Aguilar Camín se ha colocado en la segunda fila Federico Reyes Heroles González Garza, cuya empresa Transparencia Internacional ha sido delatada por el relevante portal Réseau Voltaire (de Francia) como “un seudópodo de la CIA (Agencia Central de Inteligencia)”. Un poco más atrás de sus tres aliados “intelectuales” y “demócratas”, se ha colocado el sionista-aznarista-calderonista Enrique Krauze Kleinbort, miembro del siniestro Comité del Peligro Presente que cobija a los super-halcones de Estados Unidos.

En nuestro libro comentamos que el Comando Norte fue creado un año después del ultrajante documento Los nuevos horizontes y representa la columna vertebral de los acuerdos secretos de la ASPAN.

El Comando Norte incluye el control de la seguridad del Estrecho de Florida y del Golfo de México, donde abundan los hidrocarburos que en medio de la crisis energética global cobran un valor geoestratégico inconmensurable.

Hace un año, lo cual expusimos con antelación en nuestra colaboración en Bajo la Lupa (La Jornada, 15 de abril de 2009), en una reunión en Washington, nada menos que el secretario del Pentágono Bob Gates conminó al líder priista del senado Manlio Fabio Beltrones a aprobar la Iniciativa Mérida calderonista para que así México sea incorporado al Comando Norte.

Desde entonces, varios “cenadores” –unos glotones del poder sin escrúpulos, más que verdaderos senadores– de todos los partidos de “México” han acudido sin rubor a la sede del Comando Norte en Springs, Colorado, para ser indoctrinados y condicionados al estilo conductista pavloviano.

Un grupo dilecto de “cenadores”, donde no podía faltar un representante de los Chuchos del Partido de la Revolución Democrática (hoy calderonistas), acudió a la sede del Comando Norte cuatro días después de los lamentables asesinatos de estadunidenses en Ciudad Juárez y cinco días antes del programado encuentro de Estados Unidos con Calderón, y cuya delegación fue encabezada coreográficamente por Hillary Rodham Clinton, la secretaria de Estado.

Lo más relevante de la reunión, prácticamente censurada por los medios calderonistas (que casi son todos, con sus heroicas excepciones), fue la presencia avasallante de Bob Gates, secretario del Pentágono; el almirante Michael Mullen, jefe de las fuerzas armadas conjuntas, y Dennos Blair, director de todos los servicios conjuntos de espionaje.

¿Fue ya incorporado el “México calderonista” al Comando Norte, como parte de los acuerdos “secretos” de la ASPAN y como extensión natural de la Iniciativa Mérida/Plan México, sin que lo sepamos en forma oficial los ciudadanos?

FUENTE: CONTRALÍNEA 177 / 11 DE ABRIL DE 2010

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