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En general, existen dos visiones teóricas que intentan interpretar el desarrollo de una economía. Una concepción es la ortodoxa, cuyos reales están en la economía neoclásica o lo que hoy día se conoce como neoliberalismo; la otra es una visión crítica en donde se subsumen posturas que van desde los economistas clásicos hasta las posturas keynesianas, poskeynesianas, marxistas, etcétera. Este trabajo se inscribe en esta visión crítica y será desde ella de donde se realice un balance del gobierno de Calderón.

Víctor H Palacio Muñoz*

Oferta y demanda con Calderón

Desde el punto de vista de la oferta, el producto interno bruto (PIB) tuvo una tasa media de crecimiento anual (TMCA) de -0.57 por ciento; las importaciones cayeron en el mismo trienio en -4.06 por ciento (Banco de México, Banxico, 2010).

Por su parte, si se observa el comportamiento de la demanda se tiene lo siguiente: el consumo privado (donde nos encontramos todos los que consumimos) tuvo una TMCA de -0.14 por ciento, lo que no fue suficiente para satisfacer las necesidades de los consumidores; la formación bruta de capital fijo o acumulación de capital tuvo un ligero aumento en promedio anual de 1.26 por ciento, el cual fue posible al 14.82 por ciento de aumento anual que tuvo la acumulación de capital pública, contra una caída del -2.29 por ciento de la formación de capital privada (Banxico, 2010). Esta mayor actividad inversora por parte del Estado en relación con los capitales privados evidencia la preocupación de éstos por las labores especulativas.

Finalmente, las exportaciones disminuyeron anualmente en un promedio de -3.23 por ciento. La caída de exportaciones e importaciones pone un freno a los sueños aperturistas y globalizadores de las autoridades.

La visión heterodoxa

Vayamos más al fondo de las cosas. Cálculos y metodologías al margen, la riqueza social producida es la plusvalía generada en los sectores económicos productivos, es decir, se deja de lado al sector improductivo que se apropia de lo que aquél produce. Así, del total del valor generado, la plusvalía representó, en 2007, el 88.6 por ciento, mientras que los salarios productivos se quedan con el 11.4 por ciento de lo generado; en 2008, los datos fueron 89 por ciento y 11 por ciento; y en 2009, las cifras llegaron a 89.1 por ciento y 10.9 por ciento, respectivamente. Véase la gran disparidad existente entre lo que se quedan los asalariados con lo que se apropia la burguesía nacional y extranjera.

Al relacionar el producto excedente (valor agregado) con el producto necesario (salarios a trabajadores productivos), se obtiene una tasa de plusvalía de 7.76 en 2007, 8.16 en 2008 y 8.21 en 2009. Esto es, por cada peso pagado a los trabajadores productivos, se generaron para el sector empresarial (o burguesía, como se prefiera) de 7.70 pesos a más de 8 pesos en los tres primeros años de gobierno de Calderón. Significa que la explotación a la clase trabajadora se ha recrudecido, con todo y crisis económica. Y se ahonda debido a que se necesitan profundizar los mecanismos de explotación para así contrarrestar, hasta donde sea posible, la caída de la tasa de ganancia o la rentabilidad de las empresas.

Por otra parte, el valor de la hora de la fuerza de trabajo pagada a trabajadores productivos es de 0.1141 pesos en 2007, 0.1092 pesos en 2008 y 0.1086 pesos en 2009, es decir, la hora pagada a la clase obrera es de 0.11 pesos en promedio. Esto, traducido en minutos de trabajo, nos plantea que, por cada hora laborada, los trabajadores se quedaron con el equivalente a 6.64 minutos en promedio, mientras que los empresarios se embolsaron 53.36 minutos.

Ahora bien, si se relaciona la tasa de plusvalía con el valor de la hora de la fuerza de trabajo se obtiene un indicador clave que es el potencial de reproducción ampliada, el cual nos muestra el excedente que se genera por unidad de producción. Este coeficiente demuestra, ni más ni menos, la capacidad potencial que tiene la economía para generar excedentes. En otras palabras, indica el “máximo nivel de inversión y crecimiento al que podría llegar –bajo condiciones muy ideales– el sistema económico. En cierto sentido, podríamos hablar de un ‘techo’ (el más alto) al proceso de acumulación” (Valenzuela, 1999).

Al realizar los cálculos pertinentes se tiene que el potencial de reproducción ampliada para 2007 es de 88.58 por ciento; 89.08 por ciento para 2008 y 89.14 por ciento para 2009, lo que quiere decir que la economía mexicana dispone de casi el 90 por ciento de lo que produce para llevar a cabo inversiones. Es evidente que ninguna economía invierte todo lo que genera de excedentes, pero si se tiene un potencial de casi 90 por ciento, ¿por qué sólo se invierte el equivalente al 22 por ciento del PIB como ha ocurrido en este trienio?

Explotación exacerbada, bajos salarios, niveles de rentabilidad elevados, baja inversión, eso encontramos en este primer recuento. Evidentemente, un funcionamiento de este tipo no puede continuar y las políticas instrumentadas para paliar la crisis no han sido eficientes, por lo que se augura un recrudecimiento de las condiciones aquí planteadas.

Nota metodológica:

· Todos los cálculos fueron elaborados por el autor.

· El sector productivo de la economía está compuesto por agricultura, ganadería, minería, electricidad, agua y gas, construcción, manufacturas, transporte, correos y almacenamiento.

· La plusvalía es la riqueza generada por los trabajadores de los sectores productivos, y se obtiene restando al valor agregado total de la economía, las remuneraciones realizadas a los trabajadores productivos.

· El valor de la hora de la fuerza de trabajo es el tiempo de trabajo retribuido a los trabajadores.

Fuentes consultadas:

1) Banco de México, página web, consultada entre el 1 y 7 de marzo de 2010.

2) Valenzuela, José, Estancamiento y crisis en el México neoliberal, ed. Universidad Autónoma Chapingo, México, 2007.

*Profesor-investigador del Centro de Investigaciones Económicas, Sociales y Tecnológicas de la Agroindustria y la Agricultura Mundial de la Universidad Autónoma Chapingo; investigador nacional

Contralínea 174 / 21 de marzo de 2010

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