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De los 20 mil homicidios por la fallida estrategia calderonista –durante los nueve años y pico de los yunquistas en el poder presidencial– 69 son periodistas.


De viaje turístico por Japón, Calderón declaró: “Me quedó claro que no basta la acción policiaca y militar contra el crimen” (La Jornada, 3 de febrero de 2010).

Los tres homicidios más recientes, hasta la redacción de esta nota, han marcado el año que empieza. El del periodista Jorge Ochoa Martínez, editor y director de El Sol de la Costa, acaecido en el Guerrero bajo el despotismo sangriento de Zeferino Torreblanca, quien también estuvo de paseo por el viejo continente, como el resto de los desgobernadores, sin que por eso tengan a bien decir que “los viajes ilustran”, ya que regresan tan burros como se fueron, gastando el dinero del pueblo.

El de José Luis Romero, reportero del noticiario Línea Directa, de Sinaloa, brutalmente ultimado (El Universal, 21 de enero de 2010). Y el de Valentín Valdés Espinosa, en Coahuila, periodista de El Zócalo de Saltillo. El reportero Emir Olivares Alonso (La Jornada, 7 de febrero de 2010) nos informa de los tres ciudadanos que fueron privados de su vida por dedicarse al trabajo profesional en la prensa escrita y oral.

En el clima aterrador de “matar por matar, pues el poder es el poder de matar”, cientos de miles de mexicanos han muerto, pues los sicarios de las delincuencias, adueñados del país para imponer la ley del más fuerte, han respondido con “ojo por ojo, diente por diente” a las fuerzas militares-policiacas, y éstas, a su vez, disparan a discreción, llevando a cabo un baño de sangre por todo el país, donde civiles ajenos al conflicto son víctimas del fuego cruzado en la guerra de Calderón que, por su excesivo militarismo, apesta a golpismo.

Como todo lo que divulga el supuesto gobierno presidencial, la cifra es resultado de sus cuentas alegres. Varias investigaciones apuntan a que, durante esos últimos tres años, el país tiene en sus entrañas más de 50 mil muertos. Un sinnúmero de asaltos soldadescos a domicilios, sin orden judicial y violaciones sexuales consignadas como violaciones a los derechos humanos ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos y algunas defensorías en los estados.

Los 69 homicidios de periodistas, los más de 4 mil feminicidios y los 15 adolescentes de Ciudad Juárez se adicionan a los 50 mil que arrojan las investigaciones no oficiales. Estamos metidos al despotismo, como todo golpe militar y policiaco, de facto y disimulado por el escenario de una división de poderes y aparente vigencia institucional, donde la criminalidad gubernamental y la violencia de las delincuencias ya impusieron un nuevo régimen, cuestionado por el ejercicio de las libertades de información y de crítica, que se atreven a practicar los periodistas. Los más osados han caído víctimas de la falta de garantías para el desempeño de su trabajo, como manda nuestra Constitución Política.

Se ha filtrado que Calderón, Cortázar y García Luna (poder policiaco tras el trono calderonista y que goza de toda clase de impunidad) habrían manifestado que “nadie debe preocuparse” de las críticas ni informaciones que impliquen a funcionarios de la elite y empleados de confianza del calderonismo. Mientras tanto, han tenido lugar otros tres homicidios. Son los periodistas José Luis Romero, Valentín Valdés y Jorge Ochoa, en Sinaloa, Coahuila y Guerrero. No sobrevivieron al calderonismo. Pagaron con sus vidas su dedicación a las libertades de expresión.

cepedaneri@prodigy.net.mx

Fuente: Contralínea 173, 14 de marzo de 2010

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