Una historia ejemplar

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Los reporteros estamos acostumbrados a buscar historias que reflejen la descomposición del mundo en el que vivimos. A mayor descomposición mostrada, suponemos, mayor interés del público. Y para lograr nuestro objetivo nada más indicado que el actuar de los políticos y servidores públicos. Por eso resulta casi un milagro encontrar a alguien que en ese mundo intenta recuperar un poco de la dignidad perdida en ese bajo mundo.

Ignacio Juárez Galindo

A mis manos llegó un expediente en el que un juez del distrito judicial de Acatlán Osorio, llamado Enrique Romero Razo, decidió cumplir con el trabajo para el que le paguen, es decir, administrar y buscar justicia ¡Sorprendente!

Resulta que el servidor público de marras tiene una vasta colección de anécdotas que de haber sido conocidas por el escritor Franz Kafka hubieran sido motivo de varias novelas. Una de esas historias quedó asentada en un oficio enviado el pasado 20 de enero al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Puebla, León Dumit Espinal, en donde denuncia la desaparición del dinero destinado a fianzas.

De acuerdo con el documento, en el proceso 205/2008 iniciado contra cuatro sujetos acusado del delito de despojo se detectó que alguien “rasuró” el cheque que los responsables tuvieron que depositar por concepto de reparación del daño. Los informes financieros indican que a la cuenta del Poder Judicial fueron entregados 8 mil pesos, mediante el folio 610847997, pero al momento de exigir la entrega del dinero comprobaron que sólo había mil pesos disponibles.

Contrario a lo que dictan las reglas del sistema judicial, Romero Razo no dejó pasar por alto la irregularidad y decidió rastrear los movimientos financieros hasta llegar a la conclusión de que alguien había rasurado el cheque. De igual forma, buscó a sus homólogos de otros distritos judiciales para comentarles lo sucedido, pero cuál fue su sorpresa que la mayoría terminó por regañarlo y echarle en cara su “cruzada idealista”.

“Sólo son 8 mil pesos, no te metas en broncas, no vale la pena”, “Yo encontré que los cheques los rasuraban hasta por 50 mil pesos, pero nunca dije nada, para qué, sólo es meterse en problemas”, fueron algunos de los reclamos que encontró.

Pese a las “recomendaciones” de “no quemarse” por tan poco dinero, el juez de Acatlán decidió enviar un oficio al presidente del TSJ en donde expone la situación y advierte: “esta situación contradice abiertamente los felices resultados reportados por la Contraloría del Tribunal Superior de Justicia del Estado, respecto de la auditoría supuestamente practicada por esa oficina a este juzgado mixto de distrito”.

Otra historia de Enrique Romero Razo que no tiene desperdicio es la que lo involucra con la detención de tres presuntos integrantes del cártel de los Beltrán Leyva, en el municipio de Izúcar de Matamoros. La captura ocurrió el 12 de enero pasado y pese a que se trataba de sujetos calificados como de “alta peligrosidad” fueron internados en el reclusorio de la localidad que, sobra decirlo, cuenta con ínfimas medidas de seguridad y sobrepoblación.

La detención, como era se esperarse, no cayó nada bien entre los operadores de los Beltrán Leyva en la zona, quienes hicieron llegar diferentes amenazas veladas contra distintos servidores públicos en el sentido de que debían ser liberados o sufrirían las consecuencias. La advertencia llegó hasta Romero Razo, quien solicitó de inmediato la intervención del presidente del TSJ a fin de que los presos fueran trasladados la penal de mediana seguridad de Tepexi de Rodríguez.

Pero cuál sería la sorpresa del juez que al entrevistarse con León Dumit, éste lo conminó con evidente sarcasmo que para lograr su cometido mejor acudiera a las instalaciones de la XXV Zona Militar, porque el presidente del Poder Judicial no estaba para atender ese tipo de casos ni estar pendiente de la seguridad de nadie.

Al final, la historia terminó con un final feliz, pero fue gracias a que el juez de Acatlán decidió mejor solicitar la intervención de la Dirección de Centros de Readaptació Social en Puebla que cumplió sin chistar con la reubicación de los presos.