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Para la fracción de regidores del Partido Acción Nacional (PAN), la inamovilidad del ayuntamiento que preside la priista Blanca Alcalá Ruiz no es un asunto de falta de capacidad o cerrazón política, sino de sometimiento absoluto de la edil ante el gobierno del estado

Martín Hernández Alcántara

Cuando a Pablo Montiel Solana, coordinador de los representantes populares del albiazul en el cabildo poblano se le pregunta cuál ha sido la característica de esta administración, sin titubeos responde: “el tiempo perdido”.

Enseguida, enumera los yerros y lastres de Alcalá: una deficiente procuración de seguridad pública, porque los mandos medios y altos de las corporaciones policiacas no han tomado estrategias efectivas para hacer eficiente el trabajo de los agentes.

Y en este rubro, el de la seguridad pública, el panista inicia los ejemplos de la sumisión de Alcalá al titular del Poder Ejecutivo local: durante el quinto informe de gobierno, apuntó, hubo un desplazamiento importante y una coordinación destacada de los uniformados. Lo paradójico es que la Policía Municipal se utilizó para proteger al gobernador de cualquier protesta social, cuando los uniformados deben guarecer a los ciudadanos en primera instancia.

Hubo, apunta, otros fracasos rotundos, por ejemplo, en la dotación de los servicios básicos como las vialidades y los alumbrados. El proyecto de establecer parquímetros hubiera sido apoyado por el PAN, pero ni Alcalá ni su equipo hicieron lo suficiente.

Se le plantearon a Blanca Alcalá, abunda, varios proyectos e ideas para mejorar el tránsito vehicular en la capital: la correcta sincronización de semáforos, el cambio de sentido en vialidades, la mejora en la señalización.

Montiel resalta una decisión “que no hubiera resultado nada cara, si no al contrario, barata” y además hubiera contribuido dramáticamente a agilizar el aforo vehicular: volver de un solo sentido la 31 oriente-poniente y también hacer de un solo sentido el Circuito Interior Juan Pablo II.

“Eso hubiera desahogado en mucho los conflictos viales que se generan en esas dos que son unas de las principales arterias viales de la ciudad”, apunta.

Lo mismo sucedió con el rastro. Montiel considera que es uno de los más graves problemas, que fue heredado por anteriores gestiones sí, pero que en el bienio terminó agravándose de una manera desorbitada: “yo loes invito a que ojalá algún día, ustedes como periodistas pudieran darse una vuelta como a eso de las 12 de la noche, se puede ver a las ratas bebiendo la sangre en los canales de degüelle”.

El coordinador de los regidores PAN añade que Alcalá también hizo promesas que no podía cumplir porque escapan a sus facultades como presidenta municipal. Por ejemplo, menciona que ella habló en campaña de mejorar el abastecimiento de agua, cuando eso es una tarea que sólo puede ser comprometida por el Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado (Soapap).

Eso sin mencionar obras suntuosas o francamente inútiles, abunda el entrevistado, como la ciclopista de la 31 oriente, que es más bien utilizada, en el mejor de los casos como estacionamiento de bicicletas y de motos, porque nadie la quiere usar debido a que es impráctica, pero además está mal ubicada, pues cerca tiene dos verdaderos centros de recreación: el Parque Ecológico Revolución Mexicana y el Parque Benito Juárez. En todo caso, apunta el regidor, la obra ha reducido el arroyo vehicular.

De todas formas, a pregunta expresa, Pablo Montiel reconoce la apertura que: Alcalá ha tenido para dialogar con la oposición: “pero es una desgracia que no se pueda llegar a acuerdos porque ella tiene que obedecer al gobierno del estado”, remata.

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