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Nuevo León cuenta con excelentes cuerpos de rescate que día a día salvan vidas aun a costa de las propias, y aunque la entidad carece de playas, los ríos y presas se pueden convertir en parajes peligrosos por culpa de la imprudencia de la gente. Ahí es cuando actúan los buzos de rescate, un selecto grupo de héroes listo para brindar apoyo


Emanuel Suárez / Monterrey, Nuevo León

Para la mayoría el bucear representa una actividad divertida y relajante, pero ¿se imagina hacerlo en condiciones adversas? Aguas heladas, poca visibilidad, en contacto con ramas, sedales y toda clase de objetos que pueden poner en riesgo la vida propia y todo con la única finalidad de rescatar cuerpos extraviados en el fondo de lagunas, ríos o presas.

Esa es la función de los buzo de rescate, y en Nuevo León son Bomberos, Cruz Verde y Cruz Roja las instituciones que congregan a grupos de heroicos individuos comprometidos con la población y disponibles los 365 días del año para atender cualquier emergencia.

Dentro de la Cruz Verde se encuentra Sergio Lugo, considerado el decano de los buzos de rescate en el Estado, gracias a las habilidades que ha adquirido durante los 28 años que ha realizado esta labor.

“¿Qué te puedo decir?, trabajar con Sergio es todo un privilegio porque es una persona muy preparada, con gran capacidad”, comentó Mario Franco, amigo de Lugo y quien también se desempeña como buzo de superficie.

A sus 58 años de edad, Sergio ha participado en más de mil 500 rescates y es uno de los pocos submarinistas que puede permanecer bajo el agua de 40 a 45 minutos con un tanque de 5 mil libras de presión.

La fama de Sergio Lugo trasciende las fronteras del Estado, por lo cual es frecuentemente requerido en rescates acuáticos de otras entidades del noreste del país, en donde además de la recuperación del cuerpo se tiene que enfrentar a la desconfianza de la población.

“En una ocasión, los familiares de la persona extraviada no querían que Lugo dirigiera la operación porque desconfiaban que pudiera, por su edad. En ese momento había buzos de la empresa, de Pemex de Coahuila y Tamaulipas que ya conocían a este señor y dejaron que él coordinara las labores de rescate. Nosotros lo que hicimos fue hacerles ver que Sergio era de los mejores”, expresó Ángel Flores, buzo de rescate de Cruz Verde.

Además de Sergio Lugo, la Cruz Verde de Monterrey cuenta con cuatro integrantes más, quienes durante la época de Semana Santa aprecian un aumento en la incidencia de los rescates acuáticos, sobre todo en las presas La Boca y El Cuchillo.

“La temporada invernal es muy tranquila, pero en Semana Santa es cuando los casos y las llamadas aumentan, principalmente en las presas porque la gente acostumbra ir a acampar.

“La presa de La Boca es de la que recibimos el mayor número de llamadas, tal vez por la cercanía, pero en la presa de El Cuchillo es en donde se presentan los rescates más tardados y complicados, debido a su tamaño”, explicó Diana Gámez, asistente del Departamento de Comunicación de Cruz Verde.

La institución registra que al año se recuperan cerca de seis cuerpos en la entidad, en algunos casos las labores toman tan sólo unos minutos, pero en otros se pueden prolongar incluso por más de una semana, todo depende de las característica que presente el cuerpo de agua y la ubicación de la víctima.

“Depende mucho de la temperatura, la presión y la visibilidad del agua. Otra de las complicaciones es que abajo hay ramas y sedales de pescar que puede atrapar a los buzos; otro problema es el desperfecto en el equipo o que sufra daños dentro del agua, es por eso que siempre se necesita de un buzo de superficie”, dijo Ángel Flores.

Además del desgaste físico, otro de las obstáculos es la impresión que le causa al buzo encontrarse de frente con el cuerpo extraviado, ya que puede alterarse al punto de terminar con el oxígeno de su tanque en un par de minutos.

BOMBEROS NUEVO LEÓN

Bomberos Nuevo León es otra institución que cuenta con grupo de buzos de rescate, 11 integrantes en total, de los cuales la mayoría son voluntarios, lo cual llena de satisfacción a Joel Bernal, instructor del equipo.

“Algo que quiero recalcar es que todos los integrantes del equipo son voluntarios, cada uno tiene su trabajo, su profesión, pero están aquí, dispuestos a ayudar”, indicó Bernal, quien aprovechó para pedir el apoyo de la comunidad al patronato de Bomberos de Nuevo León.

Entre otras peticiones también demanda equipo de buceo en buenas condiciones que ya no utilicen y deseen donar a la institución.

Joel Bernal imparte el curso sabatino de “Búsqueda y recuperación de rescate”, que forma parte de la capacitación del equipo en albercas y aguas abiertas, con una duración de tres horas durante seis meses, con un costo accesible.

Además de capacitar, el curso fomenta el deporte en los jóvenes de nueve años en adelante, con la intención de demostrar que el buceo está abierto para la mayoría de la población. Roger Balderas es un ejemplo de ello. El pequeño de 12 años desea convertirse en buzo de rescate.

“Me gusta el buceo por la sensación de ayudar a la gente y porque quiero ser buzo de rescate. Mi papá me impulsó a venir aquí a bucear, me gustó y lo sigo haciendo”, mencionó Roger, quien por el momento se desenvuelve como buzo deportivo.

El equipo de Bomberos Nuevo León no ha sufrido accidente alguno hasta el momento; sin embargo, sus integrantes están conscientes de los riesgos a los que se exponen en el cumplimiento de su labor, siendo la descompresión (presión del agua sobre el cuerpo) uno de los principales. El síntoma más recurrente es que se revienten los oídos.

“Los accidentes más frecuentes son los de descompresión, el cuerpo la sufre al sumergirse en el agua y esa compresión te da en todo el cuerpo al mismo tiempo, incluyendo orificios, incluyendo cavidades, entonces cualquiera puede sufrir un accidente”, explicó el doctor Rogelio Balderas, padre de Roger y buzo voluntario.

Además de servir como buzo, la responsabilidad del doctor Balderas es cuidar del equipo y acudir al llamado de las personas que soliciten su ayuda.

Esta actividad demanda mucho esfuerzo, es por eso que para Joel Bernal la clave del éxito está en la disciplina y la constancia pues el suspender la rutina de entrenamiento, aunque sea por pocos días, resulta perjudicial para la condición física del rescatista.

CRUZ ROJA

La base de la escuela nacional de rescate acuático de Cruz Roja se localiza en Monterrey y es la encargada de entrenar, en un período cercano a los dos años, a los interesados en ingresar al equipo de rescate acuático de la institución.

“Para poder tener las técnicas de buzo de rescate tienes que haber pasado por tres módulos y después por un cuarto en donde se les enseñan las técnicas de rescate y la atención pro hospitalaria aplicada al buceo.

“Estoy hablando de un entrenamiento de dos años para poder decir que se es un buzo de rescate”, comentó Oliverio Sánchez Cervantes, coordinador estatal y nacional de especialidades acuáticas.

Sánchez Cervantes asegura que la escuela nació debido a que anteriormente los rescates se realizaban de una manera muy rudimentaria, con equipo insuficiente y poca capacitación. Con el paso del tiempo y gracias a los programas implementados por Cruz Roja se ha logrado una mejoría en las técnicas, maniobras y equipo.

De acuerdo a Cruz Roja, en Nuevo León se atienden diariamente alrededor de cinco casos por ahogamiento, provocados principalmente por ingerir alcohol y el descuido o exceso de confianza de los paseantes, siendo los rescates en aguas rápidas los más complicados debido a la velocidad y presión de la corriente.

“Hay una gran incidencia en accidentes acuáticos. Obviamente en temporadas de verano y esto es debido a una mala educación en cuanto a la seguridad acuática, tanto en albercas, parques acuáticos, playa y que los paseantes no están entrenados en primeros auxilios”, dijo Sánchez Cervantes.

Es por eso que la dependencia sugiere a la ciudadanía portar dispositivos de seguridad como salvavidas y sogas cada vez que realicen actividades recreativas que involucren el ámbito acuático, para de esa manera facilitar las acciones de rescate.

Convertirse en un buzo de rescate requiere de gran fortaleza física y mental para soportar las extenuantes jornadas y la crudeza de los rescates, y aunque implica muchos sacrificios, los buzos también reconocen que este oficio está lleno de gratificaciones.

“El poder servir a la comunidad, el ayudar a una persona a salir de un accidente acuático, es algo que no se paga con dinero, es algo que es muy gratificante y obviamente nunca esperamos ni siquiera un ‘gracias’ pero cuando te lo dan, te dan fuerzas para trabajar varios años más”, manifestó Sánchez Cervantes.