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El cambio climático, incipiente en algunas regiones del planeta, es devastador en los países del sur de Asia. En los próximos años podrían desaparecer decenas de miles de hectáreas de cultivo e innumerables islas quedarían definitivamente bajo el agua. El drama social, aún incalculable


Susana Ugarte / Prensa Latina

Hanói, Vietnam. Una cadena de devastadores desastres naturales hizo irrefutable en 2009 la sentencia de medios científicos internacionales que vaticinan al sureste asiático como la mayor víctima del cambio climático en el orbe.

El calentamiento global y la elevación del nivel del mar fustigan a los países de la zona, encabezados por Vietnam, si se trata además de tifones, sequías, inundaciones y penetraciones del agua salada en las cuencas fluviales.

Otro país sería Indonesia, flagelada por una frecuencia sísmica que parece nunca acabar, sobre todo desde el tsunami de 2004, aunque tampoco escapa a las fatales consecuencias de torrenciales aguaceros y desmedidas riadas.

La escena se repite en una u otra dimensión cuando se pasa revista a Filipinas, diezmada por los letales Ketsana y Mirinae, dos tifones que entre septiembre y octubre de 2009 siguieron después rumbo a la península indochina para cobrar también cientos de vidas vietnamitas y otros cientos de millones de dólares, y de paso golpear duro también a Cambodia y Laos.

Quizás el ciclón Nargis, que un año antes sesgó la existencia de más de 130 mil personas en Myanmar, fue preludio de la andanada de calamidades registradas en el año, más de una docena, para terminar sin saber para cuándo privará la razón y el mundo logrará un acuerdo de reducción de los gases contaminantes. En la Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre Cambio Climático no fue. Son tantos los intereses que pesan sobre la amenaza de que el hombre marche hacia su autodestrucción, que no pocos aún se atreven hasta a negar esa realidad, comentan expertos de la región.

Asia-Pacífico es el área donde ocurre el 70 por ciento de las catástrofes naturales en el mundo.

El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) pareció lleno de ímpetu cuando –en la reciente cumbre– esbozó en sus posibles acuerdos el de reducir en un 50 por ciento el nivel de 1990 de emanaciones de gases contaminantes para 2050.

Sin embargo, reunidos en Singapur, los estadistas del arco del Pacífico, que va de Argentina hasta China, se proclamaron “realistas”, pues consideran la imposibilidad de alcanzar un acuerdo con vistas a la cita de las Naciones Unidas, fijada para Copenhague en el último mes del año.

Al decir de analistas, la política ambiental parece haber secuestrado a APEC, un grupo que encarna a muchas de las grandes contradicciones y dilemas de la diplomacia en materia de cambio climático.

En la ciudad-estado del sureste asiático se reunió la punta de los pesos pesados de la escena económica mundial, léase Estados Unidos, China, Japón, con medianos para nada desestimables como Surcorea, Canadá y Australia.

Lo curioso, señalan con insistencia los expertos, radica en que si bien las naciones en vías de desarrollo y las aún pobres reciben la mayor embestida de la amalgama de fenómenos derivados del calentamiento global, los hechos vienen probando que ya nadie escapa a sus negativas manifestaciones, incluida la propagación de enfermedades transmisibles con tendencia pandémica.

La Asociación de Naciones del Sureste Asiático asumió posición común a sus 10 Estados miembros: Brunei, Cambodia, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia y Vietnam. Su propuesta consiste en limitar a 2 grados centígrados calentamiento global o fijar la concentración de gases de carbono por debajo de 450 partes por 1 millón.

Datos sobre la mesa

Hay conciencia. La economía regional sufrirá más afectaciones del calentamiento del planeta que las de otras partes del mundo, según un estudio del Banco Asiático para el Desarrollo (BAD).

La investigación del BAD fue realizada en cinco estados del área: Indonesia, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam.

De no tomarse medidas para enfrentar tal perspectiva, esas naciones sufrirán a partir de 2100 una pérdida anual de 2.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), cifra que duplica el promedio mundial, estima el documento.

Las pérdidas podrán ascender a 5.7 por ciento del PIB si se toman en cuenta otros factores, como la salud y los sistemas económicos, y a 6.7 por ciento, de contemplarse los riesgos de desastres naturales.

El calentamiento de la tierra viene afectando gravemente a la industria exportadora de los países de la región, afirma el estudio.

La falta de un acuerdo global conllevaría al peor escenario regional: la temperatura subiría 4.8 grados centígrados, elevación del mar de 70 centímetros y la pérdida del 75 por ciento de los campos de arroz, según indica la investigación del BAD.

Apenas dos ejemplos de los cinco países estudiados por el BAD bastan para prever la posible dimensión de las consecuencias del cambio climático.

Una cadena de devastadores desastres naturales hizo irrefutable en 2009 la sentencia de medios científicos internacionales que vaticinan al sureste asiático como la mayor víctima del cambio climático en el orbe, algo que puede ser confirmado por varios países.

Vietnam

En la elevación del nivel del mar radica uno de los mayores peligros que ya azotan a Vietnam.

Si la temperatura mundial aumenta 2 grados centígrados y el mar sube 1 metro, se inundará un 90 por ciento de la extensión agrícola del Delta del río Mekong, alertaron expertos vietnamitas y extranjeros.

Especialistas y autoridades ambientales coinciden con científicos foráneos al estimar también que un tercio del medio natural en el territorio vietnamita desaparecerá si el nivel medio de la superficie del mar aumenta 1 metro comparado con su actual altura.

Más de 2 millones de hectáreas de tierra agrícola de la zona del Mekong están afectadas por la salinidad, debido a la penetración del mar hasta unos 70 kilómetros tierra adentro, y 1 millón 600 mil hectáreas están deterioradas por el alumbre, la erosión de su superficie y la disminución de la diversidad biológica.

La temperatura de la nación indochina aumentará en 2.3 grados centígrados en este siglo, según prevé un estudio del Ministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente.

Teniendo en cuenta el efecto invernadero, esa investigación estima que el nivel del mar se elevará 30 centímetros a mediados de la actual centuria y otros 75 centímetros de cara al siglo XXII.

Tal parece tratarse de una nueva guerra de Vietnam, que en estos 12 meses pagó 481 vidas y decenas de miles de millones de dólares por el ataque de los desastres naturales.

En una videoconferencia con dirigentes de diversos países previa al foro de la ONU, el primer ministro vietnamita, Nguyen Tan Dung, abogó por la creación de una organización coordinadora de acciones de respuesta a los efectos del cambio climático.

Dung exhortó a los países desarrollados a definir firmes compromisos y metas sobre la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y a proporcionar apoyo a las naciones en desarrollo mediante transferencia tecnológica y mecanismos financieros.

También urgió a los más ricos a contribuir activamente en los esfuerzos globales con programas de acción apropiados a sus condiciones y basados en el principio de la voluntariedad.

Desde principios de año, un estudio publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo había señalado a Vietnam como uno de los cinco países más afectados por los cambios climáticos, especialmente por el calentamiento del planeta.

Indonesia

El otro caso es Indonesia, el mayor archipiélago del mundo, asentado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, que intenta hoy día aclarar las cuentas sobre el número de islas que conforman el país, estimadas hasta ahora en unas 17 mil, aunque se teme sean muchas menos de ese cálculo.

Lo cierto es que los últimos datos oficiales fijaban su número en 17 mil 480, pero las autoridades indonesias admitieron que pueden resultar unas 2 mil menos.

Para los expertos locales en cambio climático, la actividad humana y los antojos de la geografía llevaron al gobierno a recontar las ínsulas de esa república.

Según el ministro de Asuntos Marinos y Pesca, Freddy Numberi, los manglares y los atolones no son islas, y también algunas de ellas quedaron sumergidas últimamente. Tiene que haber menos de las que habíamos calculado previamente, dijo el funcionario. La imbricada geografía indonesia se extiende por más de 5 mil 300 kilómetros y sólo están poblados unos 6 mil territorios insulares, mientras permanecen casi vírgenes otros remotos de formación volcánica o coralina, y cierto número no corresponde a la definición de isla de Naciones Unidas.

Junto a la acción del hombre, apuntó el ministro, otros elementos geográficos han desaparecido debido a la subida del nivel del mar y la degradación medioambiental.

El mar de Java se ha tragado unas cuantas de las afamadas perlas (pequeñas ínsulas) de la bahía de Yakarta.

Se calcula que varias decenas más se han sumergido a lo largo y ancho del territorio indonesio, y es real el temor de que centenares más puedan desaparecer durante este siglo, dijo el ministro.

El presidente indonesio, Susilo Bambang Yuhoyono, es uno de los líderes mundiales que ha hecho suyo el combate contra el enardecimiento del clima por la acción del hombre y por el alcance de un compromiso global para sosegarlo.

Según la ONU, el nivel de los océanos podría elevarse hasta 1 metro para 2100, debido al cambio climático, causante del deshielo acelerado de los glaciares del Ártico que altera las estaciones.

Ni pensar por ahora en un proceso similar en la Antártica, que con un número considerablemente mayor de glaciares elevaría los mares 7 metros, de acuerdo con científicos europeos.

El sureste de Asia alberga a naciones ubicadas todas en una zona tropical que se extiende por el mundo al conjuro del cambio climático, según expertos de la universidad australiana James Cook, quienes calculan que el trópico se ha expandido unos 500 kilómetros en los últimos 25 años.

La incompatibilidad de los intereses nacionales y regionales ha dado al traste con cuanto buen intento ha surgido; el último de ellos, el Protocolo de Kyoto.

Desde la cumbre de La Haya de 2000, las diferencias en torno al acuerdo de Kyoto eran ostensibles, incluso algunas potencias industriales intentaron comprar los derechos de emisión de países pobres.

En el sureste del lejano oriente está sobre todo la vida de casi 600 millones de personas, pero también los más grandes graneros de arroz y parte considerable del potencial de Asia para empujar al mundo hacia la salida de la actual crisis financiera mundial.

CONTRALÍNEA 164 / 10 DE ENERO DE 2010

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